Comentario – Jueves XVI de Tiempo Ordinario

(Mt 13, 10-17)

Jesús hace notar a sus discípulos el inmenso valor de lo que está sucediendo en ellos, porque pueden conocer los secretos del Reino.

Se trata de un privilegio que deben reconocer con gratitud y gozo. Durante muchos siglos los profetas y los justos ansiaron llegar a encontrarse con el Mesías y recibir la llegada del Reino de Dios, pero aunque sus corazones estaban dispuestos, no llegaron a verlo ni a escucharlo. Ahora, que llegaba el Reino esperado, muchos no eran capaces de reconocerlo.

Por eso declara felices a los discípulos, que podían ver con sus ojos y escuchar con sus oídos. En sus vidas se unían maravillosamente la hermosura del Reino que llegaba y un corazón dispuesto para recibirlo. En sus corazones se realizaba lo que durante tantos siglos se estaba preparando.

Porque el Reino de Dios se ofrece a todos, a todos se presenta el espectáculo del amor divino, de su luz, todos son convidados a beber del agua de paz que Cristo trae, a todos se les brinda el acceso a un poder divino que ayude a cambiar el mundo de injusticia y violencia. A todos se les propone un camino de vida nueva. Pero no todos lo aceptan.

El texto de Is 6, 9-10 indica que la palabra del profeta puede producir un efecto contrario al que se espera, porque esa palabra fastidia a los que están apegados a un tipo de vida y no soportan nuevas propuestas. Esos corazones, ante la palabra del profeta, se molestan y se cierran más todavía. Las parábolas, que usan un lenguaje figurado, invitan a tratar de encontrar su significado; por lo tanto sólo pueden ser interpretadas por los corazones inquietos, que están abiertos a la novedad que Dios ofrece y así pueden detenerse a buscar el sentido de lo que Dios les dice en una comparación.

Oración:

“Gracias Señor, por haberme invitado al banquete, la fiesta, la vida nueva de tu Reino que se hace presente. Y gracias también porque tu amor ha tocado mi corazón para que pudiera abrirse a tu invitación, y pude ver y escuchar Vence Señor, con tu poder, las resistencias que todavía hay dentro de mí”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día