Donde hay experiencia de cielo, hay felicidad

1.- Celebramos, en medio de una situación un tanto delicada en nuestra nación, la Solemnidad de Santiago Apóstol. Digo delicada porque expresar “Patrón de España” tiene una serie de connotaciones que, tal vez a alguno, le pueda herir en su sensibilidad o, incluso, otros puedan pensar que este título ya no tiene sentido o que responde a épocas pasadas.

Pero, la figura de Santiago Apóstol, va mucho más allá de los esquemas –a veces simples e interesados- que podemos tener sobre este día. El gran calado de esta fiesta es el tesoro que nos trajo en sus manos: Jesucristo

El sentido, primero y último de esta efemérides, es el homenaje a una persona que fue grande porque enorme fue su empeño por llevar el Evangelio hasta los últimos confines de la tierra, hasta el final de la tierra. Hasta lo que hoy seguimos conociendo como España.

Su presencia, su historia, su huella ha ido entretejiendo “haciendo de patrón” a la hora de entender el arte, la familia, las relaciones entre las personas, el trabajo, el amor, la encrucijada de caminos, los pueblos, la poesía, la música o la misma iglesia. Su Patronazgo es en definitiva un esquema por el que, durante siglos, nuestra tierra ha intentado asemejarse y vivir con lo que fue decisivo en Santiago: CRISTO.

Santiago, y así nos lo demuestra el sentimiento de miles y miles de peregrinos, es experiencia de Dios. Cuando uno se adentra en el Apóstol de Cristo, llega a entender que cuanto más cerca se está y se vive de Dios, más feliz se es. Cuando uno abre las páginas y la historia de este hijo de los Zebedeos (pretencioso y vanidoso a la vez) llega a concluir que el mejor camino que uno puede escoger para ser feliz, es Cristo.

2.- Es fácil identificarnos con este hombre que pasa del trabajo en el lago, de un trabajo infructuoso y de esa noche deprimente, al trabajo en la orilla, reparando las redes; de la decepción por no tener pescado alguno para la venta, a la escucha de palabras que hacían arder su corazón; de ser un curioso observador de la aventura de Pedro, de adentrarse inútilmente al lago, para lanzar nuevamente las redes precisamente donde no se hallaban los cardúmenes, a colaborar con todas sus fuerzas en sacar tal cantidad de peces, que las redes amenazaban romperse

Al recordar al Apóstol en su primer encuentro con Jesús, no podemos dejar de identificarnos con él y de pedirle: Santiago apóstol, mira a los habitantes de esta tierra, que pasan por alegrías y por pesares, por agotadores jornadas y por decepciones, por rivalidades y por esperanzas, por incertidumbres y nubarrones ideológicos y mueve sus corazones a sentir una profunda admiración por Jesucristo, a escuchar sus palabras de vida eterna, también en medio de las labores cotidianas, a creer en su palabra y en sus peticiones, a remar mar adentro en este milenio, a echar con confianza y audacia las redes de la evangelización misionera, a colaborar con el fruto de sus obras milagrosas, y enséñanos a creer en Él y a seguirlo, dejando lo que sea, para ser más fieles a El.

3.- ¿Qué experiencia nos transmite para ello el apóstol Santiago en su fiesta? En un momento de gloria en el Tabor (donde estaba presente Santiago) se abrieron las ventanas del corazón para mirar a lo alto y compartir la conversación del cielo. Es cierto, nunca seremos muy felices si nuestra convivencia no abre su espacio a la presencia de quien nos promete la felicidad y la paz, de Nuestro Señor. Por otra parte, ¡cuánto gozo experimentamos cada vez que escuchamos la voz del Padre, que nos presenta a quienes encontramos en la calle, en la casa o en el trabajo, recordándonos: estos son mis hijos muy amados, tratadlos conforme a su dignidad, escuchadlos!

Y, entonces, en esta festividad de Santiago nos acordamos de la familia (no dignamente valorada), de la clase de religión (no dignamente situada), de la iglesia (no respetuosamente tratada) o, incluso, de esta tierra donde vivimos que, lejos de buscar signos de unidad, de concordia o de convergencia, corre el serio peligro de deslizarse hacia un viaje con incierto final y de difícil retorno.

¿Santiago Patrón de España? Ojala, que además de Patrón, sea un buen sastre que nos ayude a remendar y arreglar tantas prendas rotas y tanto descosido suelto.

ORACIÓN A SANTIAGO APÓSTOL

Tú que fuiste hombre, de carácter y ambicioso,
ayúdanos a ser fuertes en la fe y en ambicionar los bienes del cielo
Tú, el primero en derramar la sangre por Cristo,
ayúdanos con más radicalidad, a volcarnos por el Evangelio
Tú, predilecto del Señor,
enséñanos a vivir unidos a Jesús.
Tu, que valientemente te acercaste hasta España,
empújanos para llevar el mensaje de salvación
a todos los rincones de nuestra patria.
Tú, que en el camino hacia el corazón de los hombres,
encontraste la ayuda prodigiosa de Santa María,
que sea Ella, también, el pilar para fortalecer nuestra fe.
Tú, que te aventuraste a sembrar en el final de la tierra,
haz que no tengamos miedo
para seguir siendo portadores y anunciadores de Cristo.
Tú que dejaste caer la semilla en el surco de nuestra tierra
sé nuestro patrón para desarrollar y dejar
la huella de Jesús en los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Tú, que en el Campo de las Estrellas de Galicia
sigues brillando con singular fuerza,
ayúdanos a brillar por la fuerza de nuestras palabras
por el testimonio de nuestras obras
y por la grandeza de nuestra fe.
Tú, que bebiste el trago amargo del cáliz del Señor,
levántanos cuando, en el afán evangelizador,
nos asolen las pruebas o pesen las cruces.
Tú, que eres punto final de un camino;
conviértenos en puentes entre Dios y los hombres
en estrellas que iluminen la noche oscura
en senderos que lleven al encuentro con Jesús
en posadas donde los corazones descansen
en horizonte de un mañana mejor
En palabra oportuna frente al desaliento y la desesperanza.
Y, si en los atajos inciertos y traicioneros de la vida,
nos perdemos, confundimos o nos aturdimos
cógenos con tu mano y, con el Espíritu,
e intercede para que volvamos a la amistad con Jesucristo.
Amén.