Santiago Apóstol

1.- Cuando vayáis a Tierra Santa, mis queridos jóvenes lectores, si disponéis de un poco de tiempo libre en Nazaret, no dejéis de desplazaros a un pueblecito, a sus afueras, que se llama Jaffa de Galilea. Si podéis entrar y miráis por la iglesia, os parecerá que estáis en España. Las mismas imágenes que las que veis por el Camino de Santiago adornan sus rincones. Allá dicen que fue donde nació el apóstol. También explican que, si en la Cruz Jesús encargó a Juan que protegiera a su Madre y añade el evangelio que desde aquel momento él la acogió en la suya, como Juan debería tener unos 13 o 14 años, no tenía domicilio propio y, por tanto, donde estuvo María, fue en casa de Santiago. (Los más entendidos dicen que nació en Betsaida, pero es una población cuyos restos no están todavía bien estudiados)

2.- Cuando un santo es muy santo y sus amigos, la comunidad que le tiene devoción también, surge la leyenda. La leyenda es tan auténtica como la historia, aunque carezca, muchas veces, de rigor. En España se admiró mucho a aquel Hijo del Trueno, impetuoso y espontáneo. Y en aquella larga etapa de su historia que llamamos Edad Media, en la que vivió aquella hazaña que llamamos Reconquista, sintió gran veneración y creyó recibir su ayuda, de aquí que su ímpetu fuera capaz de engendrar leyendas. No se sabe exactamente como ni cuando, surgen dos historias paralelas. Una, la del que llamamos Santiago-matamoros, el protector de la huestes cristianas (tened cuidado con el nombre y advertid, si habláis de ello, que vosotros no sentís odio por ningún norte africano, que ese nombre que se le dio estuvo condicionado por las vicisitudes de aquel tiempo pasado). En la provincia de Logroño es el lugar donde cuentan que ocurrió la batalla de Clavijo. Yo he ido a aquellas eras y me he emocionado, y he rezado devotamente en la iglesia del lugar, aunque no me creyera la historieta.

4.- El otro fenómeno es el centrado en Compostela. No se entiende la cultura europea sin conocer las grandes catedrales góticas y los grandes monasterios que por el continente están sembrados. No se entiende su vitalidad, sin el Camino de Santiago, por donde, como si se tratara de las arterias de un gran organismo, circularon las ideas estéticas, la espiritualidad, la caridad, los estilos arquitectónicos y la literatura. Desplazarse por el camino, siguiendo las huellas de sus santos, desde Santo Domingo de la Calzada a San Juan de Ortega y San Amaro, para citar sólo los de Burgos, es uno de los viajes más impresionantes que uno pueda emprender, comparable sólo con Roma y Tierra Santa. Yo he querido también, pues la importancia lo requiere, ir a Nôtre Dame, a Vezelay, a Arles y a Le Puy, cabeceras de origen del peregrinar en Francia, para soñar, en la lejanía, el prodigio de la devoción que movió a caminar, hacia una meta de ilusión y esperanza, a tantos hombres de bien y santos, (no puedo olvidar a San Francisco de Asís, que dejó un reguero de recuerdos por donde se supone pasó). La dimensión de la devota admiración por el Apóstol, se capta mejor por Centro-Europa que por la misma España.

5.- Os he escrito, mis queridos jóvenes lectores, del significado simbólico de la fiesta de Santiago, al que también podéis llamar San Jaime o, en algún lugar, San Diego. Jesús, en su lengua, le llamaría Ya’qob. La liturgia, en la primera lectura de hoy, nos habla de su martirio. Fue, pues, el apóstol un valiente héroe, como hace falta haya muchos en nuestra adormecida Europa. Y gracias a Dios no faltan. Ya lo sabréis seguramente, no hace mucho, un generoso sacerdote de Roma, se fue a testimoniar a Jesucristo en Turquía y un muchacho de 16 años, estúpidamente, lo mató, como le pasó a Santiago, que fue víctima del vil Herodes.

6.- La segunda lectura nos recuerda que todos los creyentes llevamos el tesoro de la Fe y la fortuna de la Gracia, en un recipiente frágil, como en una simple cazuela de barro. De aquí que, como lo valioso no es el recipiente, que somos nosotros, sino el contenido de nuestro espíritu, que es el Señor que nos acompaña, con facilidad nuestra presencia debe rezumar y enriquecer su entorno. El evangelio hasta resulta entretenido. Es curioso como la inspiración divina quiso que nos enteráramos de las pequeñas disputas internas del minúsculo equipo del Señor. Me figuro al Maestro que les está riñendo, mientras sonríe por sus adentros. Ellos tienen el orgullo de un jovenzuelo ignorante, pero con el tiempo, como les anuncia Jesús, serán capaces de dar la vida por su Fe. Y aprovecha la ocasión el Maestro para dar una lección de humildad, que es una virtud fundamental, de la que otro día hablaremos.

7.- Y, mis queridos jóvenes lectores de fuera de España, no olvidéis que los peregrino de aquel tiempo, impedidos de peregrinar, por la ocupación militar adversa de los Santos lugares, al santo Sepulcro del Señor, lo hicieron al que creían era el sepulcro del amigo del Señor. En Compostela, como en Betania, se rinde pleitesía a la amistad cristiana. Amor al Maestro y a la amistad, es lo que uno encuentra en la celebración del Boanerges, como le llamaban en su tiempo.

Pedrojosé Ynaraja

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