Santiago aprendió la lección de Jesús

1.- A nuestro santo patrono le llamó el Señor, hijo del trueno… Y nosotros le hemos montado a caballo y le hemos puesto una espada en la mano y le hemos llamado Santiago Matamoros. Título bien poco cristiano, por cierto.

En el evangelio que acabamos de leer, San Mateo, piadosamente, mete en la escena a la madre de Santiago y Juan. San Marcos no se anda con paliativos y pone directamente a los dos apóstoles haciendo uso de influencias para pedir las mejores carteras ministeriales del Reino. Como en otra ocasión, cuando pedían que cayera del cielo sobre la aldea que no quiso recibir al Señor, éste les podía haber dicho “no sabéis de que espíritu sois”

Como a nuestro santo patrono, nos gusta ser protagonistas de grandes cosas. No nos gusta el callado protagonismo de las cosas pequeñas, de cada día. O los primeros puestos o nada.

Cuando el color que más abunda en la vida humana en la vida humana es el gris, siempre nos empeñado nosotros en dividirlo en blanco o negro, sin términos medios y hemos nuestras aquellas palabras: “el que no esté conmigo está contra mi”.

2.- El optimismo cristiano no se funda en el rodar de cabezas de enemigos por el suelo, ni en espadas en alto, ni en grandes manifestaciones esplendorosas de fe, ni en trompetas del juicio final.

Jesús lo puso en otra cosa:

–en la seguridad que el Reino de los Cielos está ya en medio de nosotros.

–en que es una semilla tan fuerte que aunque el sembrador esté dormido, ella va desarrollando el corazón aun de aquellos –hombres y mujeres—que nosotros consideramos fuera del Reino y un día saldrá la espiga.

–que el Reino de los Cielos es tan pequeño como el grano de mostaza, pero que crecerá sin medida.

–que aunque los enemigos son muchos y poderosos el Señor nos ha prometido que el infierno no podrá con la Iglesia.

–que cuando nos consideramos más solos y abandonados tenemos la promesa del Señor de que está con nosotros hasta la consumación de los siglos.

–que, precisamente, como nos ha dicho san Pablo, cuando la vasija es más despreciable y frágil en que llevamos la fe, más se manifiesta que esa fe no depende de nosotros sino sólo de Dios.

3.- Santiago, fogoso y violento, al fin aprendió la lección de su Señor, de que en el fracaso de la muerte, precisamente siendo vencido, estaba el triunfo de Dios y su propio triunfo. Seamos triunfalistas en el sano sentido de la palabra, sabiendo que nuestro poder esta en nuestra humilde fe, y no en el dominar de los demás, sino en el pasar por este mundo sirviendo a los demás haciendo el bien a los demás.

4.- Santiago, quieras que no, es patrón de España, de toda España. No hace mucho tiempo nos daban la noticia de que un porcentaje de españoles se sentían más europeos que españoles. Si somos cristianos nos deberíamos sentir ciudadanos del mundo porque todos somos hijos de un mismo Padre Dios.

Y sin embargo ese mismo Jesús que nos hizo a Dios Padre sentía amor a su patria, se sentía judío y por eso lloró profetizando la destrucción de tan hermosa ciudad y de su templo. Hoy alguno le llamaría despectivamente “patriota”

Pues la verdad es que yo me siento patriota como el Señor. Por mis venas corre toda España. Madrileño desde las abuelas, gallego por un abuelo, vasco por el otro abuelo, valenciano por una bisabuela. Y unido a una muy estrecha amistad con toda clase de personas, especialmente andaluces y catalanes. Y no me remonto a Europa, porque hasta donde sé, una tatarabuela, o algo así, fue una señorita de vida alegre de Paris. Y dejémoslo ahí…

José Maria Maruri, SJ

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