Meditación – Sábado XVII de Tiempo Ordinario

Hoy es sábado XVII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 14, 1-12):

En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas».

Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta.

Mas llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.

Hoy vemos al Bautista ser decapitado por defender la verdad sobre el matrimonio. También hoy, los abusos legislativos —que etiquetan como “matrimonio” vivencias afectivas variopintas— deforman el rostro del amor conyugal, hasta hacerlo irreconocible para muchos. ¡La vida humana no es un experimento, ni un contrato de arrendamiento! Sólo un ámbito de fidelidad realmente sólido es adecuado para la dignidad de la convivencia matrimonial y para la educación de los hijos.

El matrimonio —instituido por Dios— es el lugar para el amor total entre un hombre y una mujer. La genuina medida de su amor es la “totalidad”. Lo demás es “comercio” (donde los contratos ni obligan de “por vida” ni exigen “exclusividad”). Sólo darme por entero, sin reservarme una parte ni aspirar a una revisión / rescisión, responde plenamente a la dignidad humana. 

—Jesús, María y José: iluminad a la humanidad para defender el amor hermoso, porque casarse con el “paracaídas” del divorcio no es casarse; es, simplemente, engañarse.

REDACCIÓN evangeli.net