Meditación – Viernes XVII de Tiempo Ordinario

Hoy es viernes XVII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 13, 54-58):

En aquel tiempo, Jesús viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?». Y se escandalizaban a causa de Él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio». Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.

Hoy, sucede a menudo que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. Pero, en realidad, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado.

Necesitamos redescubrir el camino de la fe. No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5,13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en Él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4,14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6,51).

—Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Viernes XVII de Tiempo Ordinario

VIERNES DE LA XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido, Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-impar.

  • Lev 23, 1. 4-11. 15-16. 27. 34b-37. En las festividades del Señor convocaréis asamblea litúrgica.
  • Sal 80. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.
  • Mt 13, 54-58. ¿No es el hijo del carpintero? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?

Antífona de entrada          Cf. Sal 16, 15
Yo aparezco ante ti con la justicia, y me saciaré mientras se manifestará tu gloria.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, dispongámonos a celebrar estos sagrados misterios poniéndonos ante la presencia del Señor y, reconociéndonos pecadores, supliquemos con humildad su perdón y su misericordia.

• Tú que muestras el amor supremo de Dios. Señor, ten piedad.
• Tú que pones la grandes de la vida en el amor y en el servicio. Cristo, ten piedad.
• Tú, promotor de misericordia y de comunión. Señor, ten piedad.

Oración colecta
SEÑOR Dios,
cuya misericordia no tiene límites y cuya bondad es un tesoro inagotable,
acrecienta la fe del pueblo a ti consagrado,
para que todos comprendan mejor qué amor nos ha creado,
que sangre nos ha redimido y qué Espíritu nos ha hecho renacer.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Orgullosos de tener a María como Madre, a Jesús como hermano mayor, y a san José como protector, oremos confiados a Dios, nuestro Padre.

1.- Para que la Iglesia cada día con más gozo la Buena Noticia del Evangelio. Roguemos al Señor.

2.- Para que siempre haya corazones jóvenes dispuestos a seguir la llamada de Dios y dedicar su vida al servicio de sus hermanos. Roguemos al Señor.

3.- Para que quienes gobiernan los pueblos sean iluminados por el Evangelio. Roguemos al Señor.

4.- Para que los pobres y los que pasan hambre encuentren ayuda en sus necesidades. Roguemos al Señor.

5.- Para que Dios nos conceda la felicidad y la paz. Roguemos al Señor.

Dios todopoderoso y eterno, refugio en toda clase de peligro, a quien nos dirigimos en nuestra angustia; te pedimos con fe que mires compasivamente nuestra aflicción; líbranos de la epidemia que estamos padeciendo, concede descanso eterno a los que han muerto, consuela a los que lloran, sana a los enfermos, da paz a los moribundos, fuerza a los trabajadores sanitarios, sabiduría a nuestros gobernantes y valentía para llegar a todos con amor glorificando juntos tu santo nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
MIRA Señor, los dones de tu Iglesia suplicante
y concede que sean recibidos
para crecimiento en santidad de los creyentes.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Sal 83, 4-5
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor del universo, Rey y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.

Oración después de la comunión
CONCÉDENOS, Dios misericordioso,
que, alimentados con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
bebamos con fe en la fuente de la misericordia
y nos mostremos cada vez más misericordiosos con nuestros hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Laudes – Viernes XVII de Tiempo Ordinario

LAUDES

VIERNES XVII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Así: te necesito
de carne y hueso.
Te atisba el alma en el ciclón de estrellas,
tumulto y sinfonía de los cielos;
y, a zaga del arcano de la vida,
perfora el caos y sojuzga el tiempo,
y da contigo, Padre de las causas,
motor primero.

Mas el frío conturba en los abismos,
y en los días de Dios amaga el vértigo.
¡Y un fuego vivo necesita el alma
y un asidero!

Hombre quisiste hacerme, no desnuda
inmaterialidad de pensamiento.
Soy una encarnación diminutiva;
el arte, el resplandor que toma cuerpo:
la palabra es la carne de la idea:
¡encarnación es todo el universo!
¡Y el que puso esta ley en nuestra nada
hizo carne su verbo!
Así: tangible, humano,
fraterno.

Ungir tus pies, que buscan mi camino,
sentir tus manos en mis ojos ciegos,
hundirme, como Juan, en tu regazo,
y -Judas sin traición- darte mi beso.

Carne soy, y de carne te quiero.
¡Caridad que viniste a mi indigencia,
qué bien sabes hablar en mi dialecto!
Así, sufriente, corporal, amigo,
¡cómo te entiendo!
¡Dulce locura de misericordia:
los dos de carne y hueso!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Amén.

SALMO 50: MISERICORDIA, DIOS MÍO

Ant. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mi toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor

CÁNTICO de ISAÍAS: QUE LOS PUEBLOS TODOS SE CONVIERTAN AL SEÑOR

Ant. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.

Es verdad: tú eres un Dios escondido,
el Dios de Israel, el Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el Señor salva a Israel
con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se sonrojen nunca jamás.

Así dice el Señor, creador del cielo
-él es Dios-,
él modeló la tierra
la fabricó y la afianzó;
no la creó vacía,
sino que la formó habitable:
«Yo soy el Señor, y no hay otro».

No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la estirpe de Jacob:
«Buscadme en el vacío».

Yo soy el Señor que pronuncia sentencia
y declara lo que es justo.
Reuníos, venid, acercaos juntos,
supervivientes de las naciones.
No discurren los que llevan su ídolo de madera
y rezan a un dios que no puede salvar.

Declarad, aducid, pruebas,
que deliberen juntos:
¿Quién anunció esto desde antiguo,
quién lo predijo desde entonces?
¿No fui yo, el Señor?
-No hay otro Dios fuera de mí-.

Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno más.

Volveos hacia mí para salvaros,
confines de la tierra,
Pues yo soy Dios, y no hay otro.

Yo juro por mi nombre,
de mi boca sale una sentencia,
una palabra irrevocable.
«ante mí se doblará toda rodilla,
por mí jurará toda lengua»;
dirán: «Sólo el Señor
tiene la justicia y el poder».

A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra él;
con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Ant. Entrad con vítores en la presencia del Señor.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Entrad con vítores en la presencia del Señor.

LECTURA: Ef 4, 29-32

Malas palabras no salgan de vuestra boca; lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno, así hará bien a los que lo oyen. No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo.

RESPONSORIO BREVE

R/ En la mañana hazme escuchar tu gracia.
V/ En la mañana hazme escuchar tu gracia.

R/ Indícame el camino que he de seguir.
V/ Hazme escuchar tu gracia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ En la mañana hazme escuchar tu gracia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.

PRECES

Adoremos a Cristo que salvó al mundo con su cruz, y supliquémosle, diciendo:

Concédenos, Señor, tu misericordia.

Oh Cristo, que con tu claridad eres nuestro sol y nuestro día,
— haz que, desde el amanecer, desaparezca de nosotros todo sentimiento malo.

Vela, Señor, sobre nuestros pensamientos, palabras y obras,
— a fin de que nuestro día sea agradable ante tus ojos.

Aparta de nuestros pecados tu vista
— y borra en nosotros toda culpa.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Por tu cruz y tu resurrección,
— llénanos del gozo del Espíritu Santo.

Ya que somos hijos de Dios, oremos a nuestro Padre como Cristo nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que has iluminado las tinieblas de nuestra ignorancia con la luz de tu Palabra: acrecienta en nosotros la fe que tú mismo nos has dado; que ninguna tentación pueda nunca destruir el ardor de la fe y de la caridad que tu gracia ha encendido en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Santa Marta

1.- Introducción.

Hoy, al entrar en la oración, me salen al encuentro dos mujeres, las dos muy queridas por Jesús, y que simbolizan dos actitudes esenciales en la vida cristiana. Yo quiero seguirte. Señor, con la actitud de servicio de Marta y con la actitud contemplativa de María. Que las dos hermanas me ayuden a vivir con plenitud este día y mantenga estas dos actitudes durante toda la vida.

2.- Lectura reposada del evangelio: Lucas 10, 38-42

Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Dentro del camino hacia Jerusalén, (Lc. 9,51-19,28) San Lucas quiere resaltar aquellos temas que le parecen más esenciales en el seguimiento a Jesús. Y, en este contexto, se encuentra el relato de Marta y María. Lo que quiere resaltar Lucas es la “importancia de la Palabra”. Por eso aparece Jesús dialogando con María que escucha su palabra. Lo novedoso es que, estando en casa Lázaro, Jesús aparezca enseñando a su hermana María. Sabemos que estaba totalmente prohibido enseñar la Biblia a una mujer. Lo que Jesús está diciendo es que “también la mujer tiene derecho a la enseñanza de la Biblia” y al mundo del espíritu, como cualquier hombre. Y así se explica la queja de Marta:” ¿No te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Lo lógico para ella hubiera sido que, mientras Jesús dialoga con Lázaro, las dos hermanas preparen la comida. El reproche cariñoso de Jesús a Marta es éste: Marta, lo haces muy bien en la cocina, pero me da pena que tu vida esté tan recortada que reduzcas el papel de la mujer a las labores de la casa. También tú, como tu hermana, como todas las mujeres del mundo, tenéis derecho al mundo del espíritu, de los estudios, de la vida social. Es decir, la mujer no puede quedar reducida a “la cocina y a la crianza de los hijos”. Me da la impresión de que, si Marta preparó la comida, fue María la que quitó la mesa y lavó los platos. Mientras tanto, Marta seguiría en la mesa conversando con Jesús.

         Palabra del Papa

“¿Qué quiere decir Jesús? ¿Cuál es esa cosa sola que necesitamos? Ante todo, es importante comprender que no se trata de la contraposición entre dos actitudes: la escucha de la Palabra del Señor, la contemplación, y el servicio concreto al prójimo. No son dos actitudes contrapuestas, sino, al contrario, son dos aspectos, ambos esenciales para nuestra vida cristiana; aspectos que nunca se han de separar, sino vivir en profunda unidad y armonía. Pero entonces, ¿por qué Marta recibe la reprensión, si bien hecha con dulzura? Porque consideró esencial sólo lo que estaba haciendo, es decir, estaba demasiado absorbida y preocupada por las cosas que había que “hacer”. En un cristiano, las obras de servicio y de caridad nunca están separadas de la fuente principal de cada acción nuestra: es decir, la escucha de la Palabra del Señor, el estar —como María— a los pies de Jesús, con la actitud del discípulo. Y por esto es que se reprende a Marta”. (S.S. Francisco, 21 de julio 2013)

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Hoy tendré algún detalle con una mujer de mi familia o de mi comunidad.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Hoy te doy gracias, Señor, por tu opción clara por el auténtico feminismo. La Iglesia debe seguir tu ejemplo y elevarlas al nivel cultural, social, religioso e institucional que tú, Jesús quisiste darles. Es el modo más eficaz de honrar a María que dio a luz un Hijo “nacido de mujer”.

Comentario – Jueves XVII de Tiempo Ordinario

(Mt 13, 47-53)

El Reino de los cielos es como una red que se arroja al mar para la pesca. La red no selecciona, y el que pesca con red no tiene pretensiones; sabe que a la red puede caer cualquier cosa, pero asume esa realidad.

Sin embargo, luego hace la selección, y sólo se queda con lo que vale la pena.

Así sucede con el Reino de Dios. El no quiere excluir a nadie, a todos dirige su invitación, pero el hecho de haber caído en la red no significa que de hecho tengamos asegurada la vida eterna.

Se tendrá paciencia hasta el fin, pero a la presencia de Dios no llega nada impuro, nada que opaque la belleza y el amor que reinan en la gloria celestial.

Del mismo modo, el hecho de pertenecer a la Iglesia no asegura nada, el hecho de contarse entre los discípulos de Cristo no asegura nada. Sólo el que ama ha comenzado a vivir lo que es eterno (1 Cor 13).

Por eso, la mejor actitud es la de implorar la misericordia del Señor, pedir el don de la perseverancia, y decir con San Pablo: «Yo no pretendo haberlo alcanzado. Sólo digo que me olvido del camino recorrido y me lanzo hacia delante, y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial…» (Flp 3, 13-14).

El versículo 52 es típico del evangelio de Mateo, que invita a valorar la riqueza de las tradiciones judías, que no son anuladas por Jesús en lo que tienen de válido. Del mismo modo, nos invita a no admirarnos solamente con lo que es novedoso, sino a valorar también las riquezas del pasado. La Iglesia tiene un caudal de dos mil años, además de la riqueza recibida del Antiguo Testamento. Ese tesoro no puede ser despreciado.

Oración:

«Señor, que has tirado la red y me has atrapado, que me has invitado a la aventura de tu Reino, dame la gracia de agradarte con mi forma de vivir y de perseverar hasta el fin en tu camino».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Olor a pan recién hecho

1.- Todo madrileño que se precie de serlo sabe lo bien que huele la casi esquina de la calle Mayor con Sol, donde está la Mallorquina, su horno de bollos y pasteles debería estar subvencionado por el Ayuntamiento, por lo que mejora la sucia imagen de la capital de España. Y sin embargo nada hay como el olor a pan recién hecho, cocido en horno de piedra y con leña.

El pan aparece en la Escritura ya en los comienzos, cuando Dios creador le dice al hombre: “comerás el pan con el sudor de tu frente” donde el castigo no es el trabajo, sino el sudor, el cansancio, porque recordareis que el Señor había puesto al hombree en el jardín para que lo cuidase y cultivase.

La dignidad del pan no le viene de ser pan, sino del hombre que dignamente trabaja para conseguir el pan a los suyos.

Con respeto y cariño guardo en mi corazón la imagen de mi padre, recorriendo Madrid andando de tienda de comestibles en tienda de comestibles ofreciendo artículos de sus representados los Mina, los Marraco, Marqués de Misa, trabajando con alegría e ilusión porque sabía que en su trabajo iba nuestra vida pobre y sencilla pero arropada por él y por los milagros económicos de nuestra madre. Bendito y sabroso pan el que comíamos.

2.- ¿Estaba Jesús refrendando el subsidio del paro cuando se pone a repartir pan gratis a miles de hombres en paro? No lo creo, porque el subsidio del paro es un mal menor de un mal mayor que es una sociedad no fundada en que cada hombre tenga un trabajo digno del que vivan dignamente él y su familia, sino fundada en la teoría del fuelle, que cuando las empresas no necesitan trabajadores los expelen y cuando los necesitan los absorben donde el hombre no es fin sino puro medio.

Jesús os habéis fijado que no empieza a repartir el pan hasta que todos están sentados, no se empieza a servir la comida a los invitados hasta que todos están sentados a la mesa. Jesús invitó a su mesa a esos miles de hermanos suyos que no tenían que comer.

Cuando el demonio tienta a Jesús en el desierto, el Señor se niega a conseguir pan con un milagrito, porque la dignidad del pan no le viene de la facilidad de conseguirlo, sino del esfuerzo digno del hombre para cocerlo.

El pan, como la dignidad del hombre es algo sagrado, por eso el repartir el pan en la familia tenía algo de culto y liturgia.

Tío Pedro, hombretón vasco y recio, sentado en lugar preferente en la cocina, nos repartía a cada uno una gran rebanada de pan, que muy cristianamente compartían con nosotros los exiliados de Madrid, que por cierto de estos exiliados nunca se habla. Aquello era toda una liturgia.

Pan abundante, y sobre todo pan digno, dignificado por el hombre sacerdote de la creación.

3.- Con un pan así compra el Señor su palabra y el fin en ese mismo pan se nos quedará El como alimento y vida.

¿Por qué no se quedó el Señor o no comparó su palabra con algún alimento más noble? El cordero tan común en sus tiempos podría haber servido. Sólo que el cordero no es comida de cada día y el pan sí.

Con esto no nos está diciendo el Señor algo a los que nos hemos empeñado en no comer más que de domingo en domingo, que no le extraña nada que llegado el jueves estamos tan flacos y débiles que caigamos en toda colase de pecados. ¿Cómo vamos a estar sanos y fuertes espiritualmente comiendo una vez a la semana?

Estoy a tu puerta y llamo, si alguno me oye y abre, entraré y cenaré con el, no olvidemos esta diaria invitación del Señor a participar en su cena.

José María Maruri, S. J.

¿Se puede creer desde el bienestar?

Señor,
¡cuántas veces,
consciente o inconscientemente,
idealizamos y anhelamos
el bienestar, el bien vivir!
Lo importante,
en nuestra escala de valores,
en nuestro proyecto de vida,
en nuestro programa,
en nuestro compromiso,
en nuestro horizonte…
es vivir cada vez mejor:
tener salud, dinero y amor,
trabajo y vivienda,
descanso y vacaciones,
protección y seguridad,
derechos adquiridos,
y una economía saneada
libre de preocupaciones…
pues solo así logramos
el reconocimiento de los demás,
la autoafirmación personal
y, en definitiva, la felicidad.

Pero el bienestar
nos lleva, temprano o tarde,
a un modo de vivir superficial,
insensible, y ciego
para las dimensiones más profundas
del ser humano;
y, entonces, nuestra fe se desvirtúa.
Desde él solo queda sitio
para un dios milagrero
y una religión centrada
en lo individual y privado,
donde la fe y la espiritualidad
se convierten, con frecuencia,
en mero alivio de frustraciones
y de problemas personales.
Y pronto, Señor,
te convertimos en un elemento más
de seguridad personal
al servicio
de nuestro ideal de bienestar.

Señor,
hoy necesitamos
escuchar nuevamente
tus palabras
junto al lago de Tiberíades,
creérnoslas
y hacerlas alimento saludable
para no desfallecer en el camino
y tener la vida que nos prometiste.

Vosotros me buscáis
porque comisteis hasta saciaros.
Trabajad, no por el alimento que perece,
ni por los manás de moda,
sino por el pan que perdura
y da vida verdadera.

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el evangelio

• La escena de hoy empieza con la “gente” (24) preguntando (25) a Jesús. Habían creído que lo dominaban, que sabían su identidad -éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo (Jn 6,14)-, pero Él se les escapa (desde el versículo 15 que no lo controlan).

• Y, además, Jesús es quien lleva la iniciativa: ha venido, y de modo sorprendente (Jn 6,19- 20); y a la pregunta de la gente responde con una interpelación, cuestionando los motivos por los que lo buscan (26).

• La interpelación va acompañada de una propuesta (27): hay que «trabajar» por el «alimento que perdura» -aquí a los judíos les resuenan unas palabras del profeta (Is 55,2ss)- y que da «la vida eterna».

– Hay que tener en cuenta que la «vida eterna» de la que habla Jesús no equivale a la inmortalidad que ofrecían los dioses paganos con sus néctares (esta vida no tendría término final). Jesús ofrece una vida nueva.

– Con estas palabras, Jesús conecta con los judíos: el alimento puede significar la Palabra de Dios, la cual da vida a quienes la practican -el maná del desierto (31), de hecho, tenía este significado: El Señor te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios (Dt 8,3)-

• Detrás de todo el capítulo -como también en el trasfondo bíblico- está la cuestión de la gratuidad: hay que trabajar por el alimento recibido como don ya que la necesidad del alimento es experiencia de dependencia. La misma Creación tiene que ser recibida no sólo como tarea – dominadla (Gn 1,28)-, sino como don -todo os lo doy (Gn 9,3)-.

– El salmo 104 (103), con el que podemos orar (buscándolo entero en la Biblia), lo expresa muy bien: haces brotar hierba para los ganados y forraje para las bestias de labor, así saca el pan de los campos, y vino que le alegra el ánimo… Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo; se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes (Sal 104[103], 14-15.27-28). También lo expresa el profeta (Is 25,6).

• Lejos de esa gratuidad, los que hablan con Jesús están preocupados por lo que tienen que «hacer» (28) ellos para ganarse a Dios, para ganarse la vida. De hecho no admiten otra cosa que cumplir escrupulosamente con la letra de la Ley. Jesús, en cambio, opone a las “obras» (28) que ellos están dispuestos a cumplir, la «obra» (29), la única «obra de Dios»: la fe, es decir, que «creáis en el que Él ha enviado». Creer es obra de Dios y el Enviado es enviado por Dios.

• Ellos siguen huyendo de la propuesta. Quieren «signos» (30). Y argumentan con la Escritura (31). Jesús no quiere demostrar nada, e insiste en hablar del don de Dios, el «Padre» (32-33). Es más, actualiza el don: «es mi Padre el que os da…» (32). Es para vosotros el don.

• Jesús añade una cierta definición de este don (33), aprovechando la misma cita bíblica (31) que ellos han mencionado: «el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». En eso se sienten reconocidos. Pero «el pan que baja del cielo» ya no alimenta sólo a Israel sino «al mundo». Pero hay otra novedad que no han cap- tado cuando piden: «danos siempre de este pan» (34), pensando todavía en el pan como metáfora de la Ley. La novedad es que el don es el mismo Jesús (35). ¿Lo querrán, cuando lo descubran?

Comentario al evangelio – Santa Marta

Hoy celebramos la fiesta de Santa Marta. En el evangelio vemos que Marta sale al encuentro de Jesús cuando aún él está en camino. Es una bella escena para contemplar. A diferencia de su hermana María que se queda en casa, Marta salió a buscar. Justo cuando estaba atravesando un momento difícil como la muerte de su hermano Lázaro. Es una experiencia límite, pero no la paraliza. ¡Qué iluminadora es está actitud de Marta también para nosotros hoy! Nos muestra que aún en los acontecimientos más duros de la vida, no podemos quedarnos estancados.

Ese deseo de encuentro con Jesús lleva a Marta a experimentar consuelo en su dolor. ¿En las situaciones límites de mi vida experimento ese deseo de encuentro con Dios? ¿Soy capaz de salir de mí mismo? Marta nos enseña que podemos abrirnos a la presencia sanadora de Jesús que es capaz de llenar de mi vida de gratuidad. ¿En los problemas de mi vida soy capaz de permanecer en Jesús? La amistad con Jesús, como lo vemos en los hermanos de Betania, nos ayuda a salir adelante en las dificultades.

Jesús nos cuestiona con cariño, como a Marta, y nos dice: «Yo soy la resurrección y la vida… el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre». El discípulo del Señor está llamado hacer propia la pregunta de Jesús a Marta: «¿Crees esto?». ¿Qué implica para mí que él sea la resurrección y la vida? ¿Cómo incide en mi vida de cada día mi fe en él? El evangelio hace de nuestro encontró con Jesús y de la amistad con él una expresión de fe y de esperanza de una vida nueva. 

Jesús sin ahorrar las lágrimas a Marta le asegura que su hermano vivirá.  Jesús nos asegura que el que cree en él ya ha pasado de la muerte a la vida. El camino propio del discipulado es pasar de la oscuridad de lo que da muerte a la luz de lo que nos da vida. Como a Marta nos toca pasar del «por qué no estabas aquí» a la fe confiada en Jesús: «Yo creo Señor, que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo».

Danos Señor la gracia de crecer en la devoción profunda a tu persona. Llena nuestra vida con una ilusión renovada, que seamos capaz de agradecer siempre tu presencia.

Edgardo Guzmán, cmf

Meditación – Santa Marta

Hoy celebramos la memoria de Santa Marta.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 10, 38-42):

En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

Hoy, en la celebración de santa Marta, el Evangelio nos propone el episodio de la visita de Jesucristo a Betania, a la casa de Marta y María, hermanas de Lázaro. Marta andaba atareada en muchos quehaceres, mientras que María se hallaba sentada tranquilamente a los pies del Maestro para escucharlo. A Marta, que se quejaba porque su hermana no le ayudaba, Jesús le responde: «María ha elegido la mejor parte».

Este episodio nos recuerda la primacía de la vida espiritual, la necesidad de alimentarnos con la Palabra de Dios para dar sabor a las ocupaciones diarias. Es una invitación oportuna para el verano: el descanso puede ayudar a recuperar el equilibrio entre activismo y contemplación, entre la prisa y los ritmos más naturales, entre los numerosos ruidos y el silencio que fomenta la paz.

—Jesús, cuando Lázaro yacía en el sepulcro, santa Marta corrió a recibirte a las afueras de Betania para pedirte lo «imposible»: ¡y lo hiciste realidad!

REDACCIÓN evangeli.net