Comentario – Domingo XVIII de Tiempo Ordinario

(Jn 6, 24-35)

Luego de multiplicar los panes para alimentar a la gente, aquí comienzan los discursos de Jesús sobre el tema del pan de vida para dar un mensaje más profundo.

Y para llevar a la gente a otro nivel Jesús les dice: “Ustedes me buscan porque han comido los panes y se han saciado. No trabajen sólo por el alimento que se acaba, sino por el sustento que dura y da vida eterna”.

Jesús muestra así nuestra crasa realidad: somos necesitados, y buscamos permanentemente saciar nuestras necesidades, y corremos detrás de los que puedan satisfacer nuestros deseos, nuestras carencias.

Esos hombres que buscaban a Cristo no se habían dejado cautivar por su enseñanza; simplemente habían descubierto que Jesús se preocupaba por ellos, los cuidaba y no les dejaba pasar necesidad; se compadecía realmente de sus angustias.

Pero en esos gestos de Jesús llegaba a ellos el mensaje del amor de Dios. Más allá de las palabras, más allá de las doctrinas, la forma que Jesús tenía de tratarlos, les hablaba del amor de Dios.

Jesús no desprecia esa confianza necesitada, pero aprovecha la ocasión para invitar a esos hombres agradecidos a pasar a un nivel más profundo.

Hay otro pan, hay otro alimento, porque también hay otro hambre en el corazón humano, hay otra insatisfacción más honda que busca ser colmada.

Y si bien hay que trabajar para ganarse el pan, para alcanzar este alimento superior no es necesario otro trabajo más que creer, más que abrir el corazón con confianza: “La obra del Padre es que ustedes crean (v. 29)”.

Oración:

“Señor, no dejes que me olvide de esas necesidades más profundas que sólo con la fe puedo saciar. No permitas que las angustias de cada día y las cosas urgentes me lleven a olvidar las cosas más importantes que sólo tú puedes dar”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día