Comentario – Lunes XVIII de Tiempo Ordinario

(Mt 14, 13-21)

El Señor se compadece de la multitud también hoy, y también hoy reparte el pan de su Palabra, que a veces llega a los corazones por los caminos más insospechados derramando su luz. También reparte el pan de la Eucaristía, donde él mismo se convierte en alimento para los corazones cansados, inseguros y enfermos.

Pero Jesús también se compadece de los pobres que pasan hambre y de todo hermano suyo que pueda sufrir alguna necesidad. Su mirada no deja de depositarse en los pobres, con misericordia y ternura.

Por eso se hace más grave todavía la negligencia de los cristianos que podrían hacer algo más por los demás y no lo hacen, ya que Jesús ordinariamente actúa y hace el bien a través de nosotros.

Ese es el camino que él ha querido para esta tierra, donde todavía no existe la justicia perfecta y la plenitud que hay en el cielo. Su misericordia se hace activa a través de los que deben ser sus instrumentos para resolver los problemas de la gente. Por eso en este texto Jesús dice a sus discípulos: “denles ustedes de comer” (14, 16), “tráiganme sus panes” (v. 18), “repartan” (v. 19). Si todos escucháramos ese llamado de Jesús la humanidad no tendría tantos problemas, y habría pan para todos, y de sobra.

Cada uno de nosotros podrá al menos cambiar su pequeño mundo, si se hace instrumento de Cristo, y el bien que siembre siempre tendrá una fuerza contagiosa. Pero además, tendrá la paz interior de no haber reaccionado con egoísmo, indiferencia o comodidad, ya que ese es un modo más de ser cómplice de los corruptos e injustos. Por eso los obispos argentinos, en el documento “Jesucristo Señor de la historia” (mayo 2000), exhortaban a cada cristiano a revisar su corazón, sus opciones concretas y su forma de actuar “para preguntarse si no está participando también él, en mayor o menor grado, en la construcción de esa red de inmoralidad que conduce a la pobreza y favorece tantas formas de violencia y egoísmo”.

Oración:

“Señor, no dejes que caiga en lo mismo que critico encerrándome en mis propios intereses, en mi comodidad, en mis pequeños deseos. Ayúdame a tener una generosidad activa para aportar un poco de amor sincero frente al egoísmo y la injusticia”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día