Lectio Divina – Lunes XVIII de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, me impactan esas palabras tuyas del evangelio: al enterarte de la muerte del amigo, te retiraste. Para ti Juan, además de primo, era muy importante, “el mayor nacido de mujer”. Y esa muerte violenta tan injusta, tan caprichosa, tan deleznable, te impresionó tanto que necesitaste silencio y soledad para reflexionar sobre ella y ¿por qué no? Para pensar que era una premonición de tu propia muerte. Dame, Señor, sensibilidad humana ante tantas muertes violentas, injustas,  que nos trae la prensa cada día y que tal vez nos vamos acostumbrando a ellas.  

2.- Lectura reposada del evangelio. Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó: No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer. Ellos le replicaron: Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: «Traédmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente: Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

En este evangelio podemos descubrir que esa gente hambrienta “le da lástima a Jesús”. Ante la gente que lo pasa mal, Jesús reacciona de una manera visceral (se le conmueven las entrañas). Jesús tiene un corazón tan sensible que no puede ver sufrir a la gente. Por eso es tan distinta la reacción de los apóstoles (ahí entramos nosotros) y la de Jesús. Ante esa situación de gente que pasa hambre, los discípulos le dicen a Jesús: despídelos,  pero Jesús les dice: no hace falta que se vayan.  A los discípulos, como a nosotros, los pobres nos estorban, nos molestan y nos los queremos sacudir cuanto antes. A Jesús no le estorba nadie y los pobres, menos. ¡Que se vayan a las aldeas! ¡Que se vayan!… a Cáritas… a la Cruz Roja… a los Servicios Sociales… Lo importante es perderlos de vista. Pero Jesús dice: Dadles vosotros de comer. No valen excusas de que es cosa  de los políticos, de que nosotros no podemos… ¡Traedme lo que tengáis! ¡Poneos a compartir!… y lo demás lo dejáis por mi cuenta… ¿Y qué pasó? Que cuando se comparte se hace el milagro…Y comieron todos y sobraron panes. Con lo que nos sobra, con lo superfluo que tenemos, se solucionaría el hambre en el mundo.

Palabra del Papa

Cristo presente en medio de nosotros, en el signo del pan y del vino, exige que la fuerza del amor supere cada laceración, y al mismo tiempo que se convierta en comunión con el pobre, apoyado por el débil, atención fraterna a cuántos les cuesta sostener el peso de la vida cotidiana. Nos disgregamos cuando no somos dóciles a la Palabra del Señor, cuando no vivimos la fraternidad entre nosotros, cuando competimos para ocupar los primeros puestos, cuando no encontramos la valentía de testimoniar la caridad, cuando no somos capaces de ofrecer esperanza. La Eucaristía nos permite no disgregarnos porque es vínculo de comunión, es cumplimiento de la Alianza, signo viviente del amor de Cristo que se ha humillado e inmolado para que nosotros permaneciéramos unidos.  Participando en la Eucaristía y nutriéndonos de ella, estamos dentro de un camino que no admite divisiones. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 4 de junio de 2015, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito: Ante cualquier sufrimiento que suceda hoy tendré una mirada compasiva.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, haz que no busque excusas ante el dolor y el sufrimiento de la gente. Dame un corazón sensible ante las necesidades de los demás. Y, a la hora de ayudar, haz que mi corazón vaya por delante de mis pies y de mis manos. El amor, en palabras del Papa Francisco, nos primerea. Debe ir siempre por delante de todo lo que hacemos. Sólo vale aquello que hacemos con amor. Gracias, Señor, por esta gran lección.