Comentario – Miércoles XVIII de Tiempo Ordinario

(Mt 15, 21-28)

Jesús sigue molestando a los fariseos fanáticos, porque además de querer modificar sus normas, se atreve a entrar en un territorio pagano. Este trato con paganos era considerado como una contaminación.

Jesús pone a prueba la confianza de la mujer cananea, pero se deja vencer por su humilde convicción y la sana. Y no solamente la sana, sino que además elogia a la mujer por su gran fe, porque ella es capaz de ver más allá de las palabras aparentemente indiferentes de Jesús, y expresa una inmensa confianza en su misericordia.

Jesús se deja cautivar por esa confianza y parece como si no pudiera resistirse a los deseos de los que se acercan a él con esa actitud. Es la actitud de los que, por la gracia de Dios, pueden descubrir serenamente su verdadero lugar ante Dios, ya que si tenemos al menos una lejana intuición de su infinita grandeza, no podemos más que sentirnos pequeños e indignos delante de él. Sin embargo, esa profunda humildad no disminuye la fortaleza ni el empeño de la persona, sino que le dan un coraje y un espíritu de iniciativa superior, como puede advertirse en la mujer cananea.

La expresión “perros” era comúnmente usada por los judíos para referirse a los paganos. Jesús la suaviza diciendo “perritos”, pero no deja de mostrar la predilección por el pueblo judío; sin embargo, ya queda claro que el poder de Jesús comienza a romper las fronteras y su misión se abre al mundo pagano, a pesar del rechazo que esto provocaba en los poderosos judíos más fanáticos.

Oración:

“Señor, no permitas que la soberbia y la vanidad se apoderen de mí; no quiero sentirme digno de tus dones, sino acercarme a ti con la simple confianza de la mujer cananea, con un corazón humilde y pequeño ante tu grandeza”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día