Comentario – Sábado XVIII de Tiempo Ordinario

(Mt 17, 14-20)

Los discípulos no pudieron liberar a un epiléptico, y Jesús lo atribuye a la falta de fe. Esa fe es tan pequeña que un granito de mostaza podría considerarse más grande que ella. Una fe del tamaño de ese granito bastaría para mover montañas.

Evidentemente se trata de una metáfora, pues ni Jesús ni sus discípulos luego de su resurrección movieron montañas. Jesús evitaba esos signos llamativos que no tuvieran relación con el bien del hombre y sólo realizaba prodigios para liberar a la gente de sus males o para dejar alguna enseñanza. Por lo tanto, Jesús no está invitando a sus discípulos a mover montañas, sino a buscar un crecimiento de su fe; ya que otros textos nos dicen que los discípulos habían expulsado demonios (Mc 6, 13; Lc 10, 17). En el caso del epiléptico podemos descubrir una nueva y especial dificultad, que requería una fe «mayor» e invitaba al crecimiento (cf. Mt 17, 14-20).

La fe puede desarrollarse hasta alcanzar un poder extraordinario, así como del grano de mostaza puede originarse una planta de grandes dimensiones (Mt 13, 31-32).

El texto expresa de modo didáctico la posibilidad, para el que cree, de realizar lo que humanamente parece imposible. Para el que cree nada es imposible (Mt 17, 20), así como nada es imposible para Dios (Lc 1, 37; Mc 10, 27), porque el creyente tiene una fuerza y una seguridad que le vienen de una especial participación en el poder divino.

No olvidemos además que la imagen de la destrucción de las montañas para dejar camino libre (Is 40, 4; 49, 11; Zac 14, 10) se usaba para anunciar la llegada de los tiempos mesiánicos. Por eso es importante advertir que la referencia a «mover montañas» de Mt 17, está ligada a la imposibilidad de haber realizado la expulsión de un demonio, no un milagro cualquiera; y en esto hay una clara referencia al dominio sobre el mal, propio de la plenitud escatológica, propio del Reino que irrumpe (Lc 11, 20).

Oración:

«Mira Señor mi fe pequeña, la debilidad de mi confianza, porque quizás me he conformado con la mediocridad y no me atrevo a dejarme llevar por ti. Aumenta mi fe, Señor, para que te permita que actúes en mí con todo tu poder»

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día