Lectio Divina – Sábado XVIII de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, yo quiero orar.  Necesito orar porque hay situaciones que sólo pueden solucionarse con una oración profunda y sincera.  No quiero la oración superficial de tus discípulos que  fue incapaz de curar al muchacho. Quiero orar con la oración de aquel padre angustiado por el sufrimiento de su hijo. Dame la fuerza de una oración existencial, enraizada en los problemas de la vida real. 

2.- Lectura sosegada del evangelio: Mateo 17, 14-20

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo. Jesús contestó: ¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron, aparte: ¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros? Les contestó: Por vuestra poca fe. Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.

3.- Qué dice el texto.

Mediación-reflexión

Hay en los evangelios una oración que siempre es escuchada: la de los padres que piden liberar a los hijos de un sufrimiento. El Jesús de los evangelios es muy sensible al sufrimiento de la gente. Tenía Jesús un corazón tan compasivo que no podía ver sufrir a nadie. En nuestro caso, hay un padre que sufre horrores a causa de la enfermedad de su hijo. Y acude a los discípulos de Jesús. Pero éstos  no han podido curarlo. La razón es la poca fe y la falta de una auténtica oración. Hay mucha gente que acude a nosotros pidiendo una oración y la  despachamos con un Padre-nuestro mal rezado. Seamos serios. Dios quiere que nos fiemos plenamente de Él, que sintamos en carne viva los problemas de la gente, que cambiemos de vida y nos convirtamos al Evangelio. No se trata de mover montañas de tierra sino creer en la fuerza del evangelio para mover montañas de prejuicios y dificultades a la hora de implantar en el corazón de las personas los criterios del Evangelio. Con el evangelio en las manos o en los labios, no podemos hacer mucho. Con el evangelio en el corazón, hecho vida y experiencia, tenemos la mejor levadura para transformar este mundo.  

Palabra del Papa.

¿Por qué esta falta de fe? Creo que es el corazón, que no se abre, el corazón cerrado, el corazón que quiere tener todo bajo control. Es un corazón, por lo tanto, que no se abre, que no le da el control de las cosas a Jesús, y cuando los discípulos le preguntan por qué no podían sanar al joven, el Señor dice que aquella especie de demonios no pueden ser expulsados por nada, excepto por la oración. Todos nosotros tenemos un poco de incredulidad en el interior. Es necesaria una oración fuerte, y esta oración humilde y fuerte hace que Jesús pueda hacer el milagro. La oración para pedir un milagro, para pedir una acción extraordinaria, debe ser una oración que involucre, que nos involucre a todos. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 20 de mayo de 201, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Hoy pongo delante del Señor a una persona conocida que sufre mucho. No sirve cualquier tipo de oración.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, después de este rato de oración, he caído en la cuenta de que no basta con rezar, sino que hay que rezar bien. Los discípulos no habían aprendido a rezar y por eso no pudieron curar a ese niño enfermo. ¿Por qué protesto de que Dios no me escucha y no caigo en la cuenta de lo mal que rezo? Señor, enséñame a orar.