Audacia y fracaso

Uno de los hombres más impresionantes de entre los que aparecen en el Antiguo Testamento, es Elías. Dos cualidades destacan de su personalidad y de su historia personal: la fidelidad a Dios y la audacia. La fidelidad os será fácil creer que es una virtud, mis queridos jóvenes lectores, habéis oído la historia de Santa María, nuestra madre, que empieza con aquel acto de confianza en Dios, cuando al Ángel le dice que es esclava del Señor, que se cumplan sus designios. Sí, la fidelidad vivida con la radicalidad que la vivió María, es un gran don. Pero algunos no se han enterado de que la audacia es una virtud y que es muy necesaria en algunos momentos.

Lo admirable de la historia de Elías es que Dios le zarandea y él se deja zarandear. Cuando las circunstancias exigen valentía, él se presta al juego. Se había enfrentado al hambre, al rey, o tal vez sea mejor decir a la reina Jezabel, porque el rey Acab era un calzonazos, se había enfrentado a los profetas de Baal, con riesgo de su vida y había organizado un gran “audiovisual” en el Carmelo y también le había salido bien. Siempre había vencido, pero al final, como un enemigo escurridizo, le invadió la angustia, la soledad, el cansancio. Huyó al desierto, se fue por el Neguev y al final se dejó vencer por sí mismo. La vida no vale la pena continuar viviéndola, parecía decirse. Llegó a tal punto su postración que decidió dejarse morir y se puso a la sombra de una retama, para que al menos la muerte le fuera dulce.

La retama es un arbusto abundante, no os digo su nombre científico, porque existen de varias clases y la Biblia no nos detalla de cual se trata. La veréis en las veredas de nuestros caminos. En ciertos lugares, el desierto es uno de ellos, puede alcanzar alturas de más de dos metros, así que puede uno cobijarse a su sombra. Los beduinos la tienen por planta sagrada. Cuando os la encontréis en cualquier época del año, no paséis por ella indiferentes, mirad bien, no sea que a su sombra alguien llore, como lo hizo Agar, o derrotado se deje llevar por el desaliento, como el profeta Elías. Ni la una ni el otro perdieron la Fe. El fracaso de ambos, no sería definitivo.

Y Elías en el desierto comió y bebió lo que le ofrecía Dios y caminó hacia el Sinaí. El lugar donde dicen que llegó y recibió el alimento de la Palabra de Yahvé, es impresionante, pero de eso no toca hablar hoy. Pan, agua y Palabra, todo lo que necesita el hombre sabio para ser feliz. Si esto le llega de Dios.

Jesús, que había proporcionado pan y pescado a la multitud, no quiso gozar del triunfo que le ofrecía el pueblo. Tenía algo mejor que ofrecerles que aquellos panes de cebada. Ahora bien, reflexionemos un momento. Si ellos tenían suficiente con lo que les había dado, ¿por qué insistir en que recibieran otro alimento? ¿no era un pelma al pretender que recibieran lo que no pedían? El hombre a veces, carente de sentido de la audacia, se contenta con el bocado que mastica y no permite que germine la imaginación y dé nuevos y originales frutos. En realidad no cree en la imaginación de Dios. Se encierra en su mísera pequeñez, que, a la postre, se convierte en jaula.

Debéis ser sinceros con vosotros mismos, mis queridos jóvenes lectores, ¿no os pasa lo mismo a vosotros cuando habéis conseguido tener una consola, un bicicleta de múltiples cambios de marchas, o un MP3, donde caben no sé cuantos miles de canciones? ¿Os extraña que caigáis en un sopor estúpido y nada os ilusione? Allegaos a la sombra de una iglesia, escuchad a quien os encuentra y os ofrece su ayuda, dejaos conducid o, mejor aun, tened la audacia de encontraros con el Dios que se ha hecho Pan y, por los efectos, por los ánimos que os da, descubrid que se trata, no de un pan común, sino de uno de tal calidad, de tales efectos espirituales, que diréis que ha bajado del Cielo, y estáis en lo cierto, porque el empuje vital que os proporciona, os hace resucitar. En los momentos de depresión y de desgana, acordaos de Elías y vosotros también aceptad el Pan que Dios os ofrece y cambiará y dará sentido a vuestra vida

Pedrojosé Ynaraja