Comentario – Domingo XIX de Tiempo Ordinario

(Jn 6, 41-51)

Quien come de este pan no muere, sino que vivirá siempre. Evidentemente Jesús no se refiere a la vida biológica, porque todos los que han escuchado su Palabra y han creído en él han muerto. ¿Qué significa entonces?

Significa que hay otra vida diferente de la vida biológica, y esa vida no se sostiene con cosas materiales, sino que necesita un alimento sobrenatural. Porque hay una dimensión de nuestra vida que se mantiene y crece con comida, medicamentos, respiración; hay otra dimensión de nuestra vida que se alimenta y se desarrolla gracias a los libros, el estudio, las clases.

Pero hay una dimensión de nuestra vida, la más profunda, la sobrenatural, que depende directamente de la gracia de Dios, que sin esa gracia desaparece, porque es la misma vida de Dios en lo hondo de nuestros corazones cuando son transformados por él. En esa dimensión de nuestro ser el verdadero alimento es la presencia de Jesús, su poder, su Palabra, su presencia en la Eucaristía.

Cuando el evangelio nos dice que quien cree en Cristo no tendrá jamás hambre, o que quien lo recibe no muere, significa que unidos a él superamos nuestros límites humanos, saciamos nuestros deseos más profundos y nos liberamos de nuestros temores más terribles; significa que hallamos una plenitud de vida que nadie nos puede quitar, ni siquiera la muerte. El que vive de la gracia de Dios experimenta la muerte como una transformación, y no como una destrucción o un final. Pero eso supone que aceptemos depender de Jesús que nos alimenta por dentro.

Podríamos preguntarnos si no estamos alimentando bien nuestro cuerpo y nuestra mente, pero olvidándonos de lo más profundo de nuestro ser, que también necesita alimentos. La falta de esos alimentos espirituales es lo que a veces nos lleva a sentir un vacío interior, una profunda angustia, un dolor interior.

Oración:

«Señor, reconozco que tú eres mi vida, que tú eres el alimento que me da la vida verdadera, que sin ti mi existencia se enferma en la mediocridad, los miedos, la insatisfacción. Confío en ti Señor, Pan de Vida, voy a ti para escucharte y recibir tu alimento».

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día