Comentario – Martes XIX de Tiempo Ordinario

(Mt 18, 1-5. 10. 12-14)

Además de expresar su amor por los pequeños, Jesús nos invita a hacernos como niños; es decir, a reconocernos necesitados y a confiar en el amor y en el poder del Padre más que en nosotros mismos. Pero al mismo tiempo Jesús responde así a una pregunta de los discípulos, que querían saber quién era el más importante.

Ellos todavía creían que estaban haciendo una especie de carrera junto al maestro, y por lo tanto comenzaban a preguntarse cómo iba a repartir los puestos Jesús (ver Mt 20, 21-23; Lc 22, 24). Pero Jesús les hace ver que ellos no han sido elegidos para buscar poder, sino que tienen que recibir, aprender, ser dóciles como niños.

La parábola de la oveja perdida aparece aquí y en el evangelio de Lucas. En Lucas se la encuentra entre las parábolas de la misericordia, y habla en primer lugar de la misericordia del Padre Dios que se refleja en la actitud de Jesús ante los pecadores. En el evangelio de Mateo, en cambio, la misma parábola está ubicada dentro del discurso comunitario, e invita a los cristianos a estar particularmente atentos ante el hermano descarriado. Es un discurso donde Jesús se detiene a explicar cómo debe ser la vida comunitaria de sus discípulos, y da ciertas normas para la convivencia. Por eso inmediatamente después de este texto habla de la corrección fraterna. Corregir al hermano que se está hundiendo en el pecado, si de verdad lo sentimos como un hermano, es una forma de actuar como el pastor que busca la oveja perdida.

Se destaca en esta parábola el aspecto personal del amor, que no se deposita genéricamente en la humanidad, sino en cada individuo, particularmente en el descarriado, en el que más necesita redención. Esa misma dedicación personal, esa atención delicada puesta en cada uno, es la que se espera de los discípulos ante los hermanos que se alejan del camino.

Oración:

“Dame tu gracia Señor, para no despreciar al hermano que se desvía del camino; ayúdame a dedicarle mi tiempo, mi delicadeza, mi ayuda fraterna para que vuelva al buen camino; y lléname del gozo celestial de ver al hermano en tus brazos”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día