Recursos – Ofertorio Asunción de la Virgen

PRESENTACIÓN DE LAS FLORES

(El centro que va a adornar el altar debe estar previamente preparado. Realizará la ofrenda cualquiera de las mujeres de la comunidad)

ORACIÓN – MOTIVACIÓN: Hoy queremos, Señor, adornar de forma especial tu altar, porque queremos festejar, de la mejor manera posible, a la Madre de tu Hijo, y Madre nuestra. Con estas flores, queremos simbolizar también la hermosura de María, de la cual Tú te prendaste, antes de su concepción, para hacerla el sagrario de tu Hijo en la tierra. Con ellas, por último, queremos ofrecerte nuestros deseos y compromiso de ser nosotros y nosotras, también hoy día, templos del Espíritu Santo, punto de mira para las personas de tu presencia en la tierra.

PRESENTACIÓN DE UN PUÑADO DE SAL

(Otra de las mujeres ofrece, en esta ocasión, un puñado de sal o un salero)

ORACIÓN – MOTIVACIÓN: Señor, por mi parte, te traigo este puñado de sal, símbolo de la conservación de tantos productos perecederos y, si lo miramos con mayor profundidad, de cómo Tú preservaste de pecado a la que iba a ser Madre de tu Hijo. Es tu propia gracia la que hoy te presentamos, porque no tenemos nada mejor que darte. Sin embargo, como María te respondió con su entrega y disponibilidad, nosotros y nosotras queremos añadir a tu gracia nuestra humildad y obediencia. Si Tú las llenas, se obra en nosotros y en nosotras maravillas semejantes a las que hiciste con la persona de María.

PRESENTACIÓN DE UN COFRE

(Un cofre abierto es el don que puede ofrecer, en esta ocasión, uno de los hombres de la comunidad. Debiera buscarse un cofre que destaque por su belleza, que bien podría ser un joyero).

ORACIÓN – MOTIVACIÓN: Este cofre, Señor, que te presentamos quiere ser el signo que define la actitud de María. Ella guardaba en su corazón, como su mejor tesoro, todas las palabras que Tú le dirigías y las que su propio Hijo pronunciaba en cada momento de su vida. Nosotros y nosotras, hoy, al ofrecerte este cofre, queremos, como ella, vivir pendientes de tus labios, escuchar todas y cada una de tus palabras, y guardarlas en nuestros corazones, porque no tenemos nada más preciado.

PRESENTACIÓN DE UNA CESTA DE FRUTAS

(Esta ofrenda la pueden presentar dos de las mujeres de la comunidad y podría ser regalada, al final de la celebración, por ejemplo, a la pareja más anciana de la comunidad. Una de ellas dice, tras entregar la cesta al presidente:)

ORACIÓN – MOTIVACIÓN: Señor, te traemos esta hermosa cesta de frutas, bellas a la vista y ricas al paladar. Con ellas te damos gracias por la hermosura con la que has dotado a la naturaleza y a toda la creación. Parte de ella goza en tu presencia en los cuerpos de tu Hijo Jesucristo y de su Madre, la Virgen María. Nosotros y nosotras, sin embargo, Señor, por nuestros afanes de desarrollo puramente económico, estamos llenando de fealdad el mundo que Tú pusiste lleno de belleza en nuestras manos. Haz, Señor, que descubramos que lo importante es el ser y no el tener, y que esto lo traduzcamos en respetar la naturaleza y devolver la hermosura con que salió de tus manos.

PRESENTACIÓN DEL INCIENSO

(También debe estar preparado al fondo del lugar de la celebración, al menos encendidas las brasas en el incensario. Cuando se acerque la persona adulta que vaya a hacer la ofrenda, debe depositar unos granos de incienso, para que, al trasladarse hasta el presbiterio, impregne de olor todo el lugar. Tras entregárselo al presidente, dice:)

ORACIÓN – MOTIVACIÓN: Señor, este incienso, que lo ha perfumado todo y se eleva hacia Ti, es en tu honor y alabanza, en esta hermosa fiesta de la Madre, María, porque Ella sí que fue agradable a tu corazón de Dios y Padre. Pero también queremos simbolizar en esta ofrenda todos nuestros esfuerzos de superación y de ascensión en nuestro camino, tanto de personas como de cristianos y cristianas. Sabemos que lo que hacemos es posible, porque Tú obras constantemente maravillas en nosotros y en nosotras. Y eres Tú mismo el que nos has abierto el camino que termina junto a Ti en tu Reino. Que el modelo de tu Hijo y de la Madre de tu Hijo nos sirva para mantener encendida la esperanza de que nuestra búsqueda de la perfección acabe en la participación de tu misma vida en tu Reino.