Comentario – Jueves XIX de Tiempo Ordinario

(Mt 18, 21 – 19, 1)

La grandeza y el poder de Dios se manifiestan especialmente en su paciencia y en su compasión (Sab 12, 16-22), pero eso nos exige ser compasivos con los demás como el Padre celestial es compasivo con nosotros (Lc 6, 36-38).

Es lo que expresamos cuando decimos en el Padrenuestro: “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos”.

Pero esto plantea una exigencia muy seria a todo cristiano, ya que si no estamos dispuestos a perdonar, tampoco podemos esperar el perdón de Dios. Así lo muestra el ejemplo del evangelio de hoy, y es un modo de indicar el lugar preponderante que tienen la compasión y el perdón entre las actitudes que Dios espera de sus hijos.

Quien quiera agradar a Dios o discernir si está en el camino del evangelio tendrá que preguntarse si no guarda rencores enfermizos en su corazón, si no hay una falta de perdón que esté perturbando la paz interior, o si no está buscando sutiles mecanismos para lograr alguna venganza.

En todo caso, si el corazón está muy tomado por los malos recuerdos, al menos habrá que invocar la gracia de Dios para alcanzar el deseo de perdonar al otro y así iniciar un camino de liberación.

La respuesta a Pedro, por otra parte, indica que no se trata de una actitud ocasional o esporádica, sino permanente. Setenta veces siete quiere decir siempre, en todas las ocasiones y todas las veces que se nos pida, porque Dios mismo perdona y da una nueva oportunidad “setenta veces siete”, siempre.

Oración:

“Señor, tú que eres compasivo y misericordioso, siempre dispuesto a perdonar, dame la gracia de comprender las miserias ajenas y perdonar con tu amor Sana las heridas que guardo en mi interior y que no me permiten perdonar. Libérame Señor”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día