Vísperas – Jueves XX de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XX TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Porque anochece ya,
porque es tarde, Dios mío,
porque temo perder
las huellas del camino,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro
y escudriñé curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!
¡Quédate al fin conmigo! Amén.

SALMO 143: ORACIÓN POR LA VICTORIA Y LA PAZ

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

SALMO 143

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.

Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: Col 1, 23

Permaneced cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis. Es el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor es mi pastor, nada me falta.
V/ El Señor es mi pastor, nada me falta.

R/ En verdes praderas me hace recostar.
V/ Nada me falta.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor es mi pastor, nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

PRECES

Invoquemos a Cristo, luz del mundo y alegría de todo ser viviente, y digámosle confiados:

Concédenos, Señor, la salud y la paz.

Luz indeficiente y Palabra eterna del Padre, que has venido a salvar a todos los hombres,
— ilumina a los catecúmenos de la Iglesia con la luz de tu verdad.

No lleves cuenta de nuestros delitos, Señor,
— pues de ti procede el perdón.

Señor, que has querido que la inteligencia del hombre investigara los secretos de la naturaleza,
— haz que la ciencia y las artes contribuyan a tu gloria y al bienestar de todos los hombres.

Protege, Señor, a los que se han consagrado en el mundo al servicio de sus hermanos;
— que, con libertad de espíritu y sin desánimos, puedan realizar su ideal.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, que abres y nadie cierra,
— lleva a tu luz a los que han muerto con la esperanza de la resurrección.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Acoge benigno, Señor, nuestra súplica vespertina y haz que, siguiendo las huellas de tu Hijo, fructifiquemos con perseverancia en buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves XX de Tiempo Ordinario

1.- Oración introductoria

Señor, esta parábola me da alegría y esperanza. Tú invitas a un banquete de bodas. Los cristianos, Señor, sabemos trabajar contigo, sufrir contigo, pero no hemos aprendido a disfrutar contigo. Hoy nos invitas a la alegría y a la fiesta. ¡Gracias, Señor!

2.- Lectura reposada del Evangelio: Mateo 22, 1-14

Volvió a hablarles Jesús en parábolas, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo;mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

A Jesús no se le ocurrió comenzar una parábola en estos términos: “El reino de los cielos es semejante a unas plañideras que vienen de enterrar a un muerto”. Pero sí se le ocurrió decir que “el Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas”. Jesús invita a la alegría, a la fiesta. Dios es Padre y disfruta viendo a sus hijos e hijas que se lo pasan bien. La invitación a la boda la hace a todos. A los de casa y a los de fuera; a los judíos y a los paganos; a los que conocen a Dios y a los que no le conocen. Si hay que salir a los caminos, se sale; si hay que recorrer las calles y plazas, se recorren. Lo importante es que no se desperdicie nada de lo preparado en el banquete. Como ya había anunciado Isaías, se trata del banquete preparado por Dios, a lo grande, a lo Dios: “El Señor Todopoderoso, ofrece a todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares exquisitos, vinos de solera” (Is. 25, 6).  Hay una nota discordante en la parábola:” Los que no tienen vestido de boda son expulsados a las tinieblas”. Nos preguntamos: los que van al campo, los pobres de los caminos, ¿tienen que llevar un vestido de fiesta? Se ve que esas palabras no estaban en la parábola de Jesús sino en la redacción final que hizo el evangelista por motivos morales. De hecho, San Lucas, en el episodio paralelo, termina diciendo:” la casa se llenó de comensales” (Lc. 14,23). La invitación es para todos y a Jesús no le estorba nadie, y menos los pobres.

Palabra del Papa.

“Medita lo que Dios te dice en el Evangelio Te escojo a ti. Ven, amada alma. Ven al banquete que desde toda la eternidad he preparado para ti. Todos los siglos han preparado este momento en el que no te llamo siervo, sino amigo. Ven, pues desde toda la eternidad te he llamado por tu nombre para que participaras de este banquete donde mi cuerpo es tu alimento y mi carne tu bebida. Eres mío, yo te he creado… pero no pienso obligarte a venir. Eres libre. Te he entregado el poder de ser feliz, pues de una manera o de otra, cuando amamos de verdad, eso es lo que hacemos: entregamos nuestra felicidad en las manos del amado.

Ven, no tengas miedo. Ponte el traje de fiesta, lava tus vestiduras en la sangre que brotó de mi costado. Deja que mi perdón inunde los rincones más profundos de tu alma. Ven, todo lo he preparado para ti. Muero de ganas por compartir contigo este banquete. No me dejes esperar en vano. Algunos invitados incluso maltratan y asesinan a los siervos que llevan la invitación. No obstante, la falta de adhesión de los llamados, el proyecto de Dios no se interrumpe. Delante del rechazo de los primeros invitados, él no se desanima, no suspende la fiesta, pero antes propone la invitación, ampliándola hasta más allá de los límites razonables y manda a sus siervos a las plazas y a los cruces de las rutas para reunir a todos aquellos que encuentren” (Ángelus de S.S. Francisco, 12 de octubre de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Lo que tengo que hacer hoy lo tomaré como respuesta a la invitación de Jesús a ser feliz.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias porque todo el evangelio es una invitación a la vida, a la alegría, a la salud, a quitar cargas pesadas a los hombres. Sólo quieres nuestro bien, nuestra felicidad. No has ido a la muerte por amor al sufrimiento, sino por amor a nosotros. Has sufrido para quitar de nosotros el sufrimiento y las causas que lo provocan.  Así de bueno eres, Señor.

Comentario – Jueves XX de Tiempo Ordinario

(Mt 22, 1-14)

Jesús compara el Reino de los cielos con una fiesta, con un banquete de bodas; es el Reino de la alegría compartida. Es cierto que esta fiesta del Señor supone una experiencia personal, el encuentro con Cristo que “vive en mí” (Gál 2, 20); pero esa identificación espiritual con Cristo nos lleva a identificarnos con su sueño, que es el de reinar en toda la humanidad.

Esta parábola se sitúa en el contexto del rechazo de los judíos, que eran los invitados especiales y rechazaron la invitación, y por eso la invitación se abre a todos los pueblos. Y si recordamos Mt 21, 28-32, vemos que también se aplica a los fariseos y sumos sacerdotes de la época de Jesús, que teniendo toda la riqueza de su religiosidad no supieron aceptar al Redentor, y en cambio lo aceptaron los pecadores y las prostitutas.

Pero la parábola aporta un detalle importante. Si bien todos son invitados y recibidos, se espera que cada uno se adapte a la importancia del banquete y se prepare adecuadamente. Es necesario al menos colocarse un traje de boda. Leyendo el Nuevo Testamento sabemos que ese traje de bodas, la condición indispensable para entrar al Reino, es el amor al prójimo (Mt 25, 34-36; Gál 5, 14; 1 Juan 2, 9; 3, 14). El que rechaza esta invitación al amor no tiene lugar en el banquete, porque el que tiene el corazón cerrado al hermano ni siquiera puede disfrutar de una fiesta comunitaria, simplemente no es su lugar, no tiene nada que hacer allí.

De hecho, casi todos los textos bíblicos que hablan de una vida después de la muerte, la describen de una manera comunitaria: una fiesta, un banquete, una multitud feliz. Por eso, tenemos que pensar en una eternidad comunitaria, y nuestra esperanza debería ser siempre comunitaria, no individual. Pero por eso mismo, ya que nuestra vida cristiana es un anticipo del cielo, también ahora deberíamos vivir nuestro encuentro con el Señor, la fiesta de su amistad, de una manera comunitaria. A su banquete, tanto ahora como en la eternidad, no puede entrar el que no ame a los hermanos. Allí no hay lugar para el que quiera aislarse del resto.

Oración:

“Señor, te doy gracias porque me invitas a vivir mi camino cristiano como una fiesta comunitaria, y porque la vida eterna será esa fiesta en plenitud. Pero te pido la gracia de aprender a amar, para que mi corazón sea capaz de abrirse a un gozo tan grande”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

El mundo no cambia en todo

1.- Es verdad, y lo sabemos por experiencia, que en este mundo todo tiene un límite. Ni los bosques son eternamente verdes, ni los glaciares son ya perpetuos, el hombre se desmorona y, hasta el aire, se hace muchas veces irrespirable.

¡Cuánto cambia el mundo! No muda en una cosa: no es inmutable. Cada día que pasa somos conscientes de que, el ser humano por mucho que se empeñe, podrá alargar su vida, hacerla más cálida y vivirla con más calidad, ¿pero se puede convertir en eterna? ¡Bien lo sabemos que no! Hasta nos asolaría el aburrimiento y la falta de gusto por vivir.

Jesús, es el único que permanece. El Dios inalterable y el Dios vivo. El Dios que, cuando entra en el corazón de las personas, las hace tan inmensamente felices, que las ganas de vivir son garantizadas por ese encuentro.

¿Cómo dar a entender esa confesión de Pedro; “Tú, Señor, tienes palabra de vida eterna” a las nuevas generaciones? ¿Cómo hacerles descubrir que, la eternidad es posible; que nos espera un mañana mejor; una ciudad donde la felicidad es posible al cien por cien?

En un entorno tan relativista como el nuestro, ya no es que creamos o no creamos por lo que vemos o dejamos de ver, es que nos cerramos a cal y canto, ante lo que no entendemos.

Jesús, nos aprieta un poco más (pero no nos ahoga) y nos dice que le dejemos un margen de confianza; que –aun sin entender- nos fiemos de su Palabra, de su promesa de eternidad.

2.- Aquel que nació, pobre y humilde en Belén, ha logrado revolcar y entusiasmar millones de corazones, millones de hombres y mujeres que se fueron a la otra orilla fiándose de su Palabra y viviéndola con coherencia en la tierra.

Tenemos un futuro por delante. Un futuro que está cimentado en la firmeza de nuestra fe, en la confianza que tenemos en Dios.

Qué bien lo expresó García Márquez: “Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera”.

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.

En lo bueno y en lo malo, en la abundancia y en la escasez, en la salud y en la enfermedad, en las pruebas y los éxitos es donde hemos de ser sinceros y radicalmente honestos con el Señor y decirle: ¿A dónde vamos a ir, Señor? ¡Sólo Tú tienes palabras de vida eterna!

-Ante el intento de silenciar a Dios, nosotros elevaremos nuestra voz (sin gritar) para que su Palabra sea proclamada.

-Ante la crítica, sistemática y orquestada por ciertos medios de comunicación social, reafirmaremos nuestra fe y saldremos en su defensa

-Ante la deserción de muchos cristianos, nos agarraremos con más solidez a la Palabra, la meditaremos y nos daremos cuenta que Dios no nos abandona en las horas amargas.

¿A dónde ir? ¿Con quién? ¿Cuándo?

Tal y como está el mundo y tal como se desarrollan los acontecimientos, “mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres”. (Sal 117)

3.- ¡HABLA, SEÑOR, AUNQUE NOS DUELA!

Habla, Señor, y no dejes nunca de silabear
aunque, tus Palabras nos resulten duras
o, después de escucharlas,
sigamos en las nuestras sin hacerles caso.
¡Habla, Señor, aunque nos confundas!
Porque la fe que no es exigente
corre el riesgo de convertirse
en merengue que adorna pero sin masa que alimenta
Porque la fe que no provoca
es dulce al paladar pero sin trascendencia en la vida.
¡Habla, Señor!
Y haznos más crédulos y más confiados
menos previsores y más críticos con nosotros mismos
más exigentes con nuestra vida
y más compresivos con las actuaciones de los demás.
¡Habla, Señor!
Aunque tu Palabra nos desconcierte
aunque busquemos mil excusas para alejarnos de Ti
aunque nos agarremos a mil justificaciones
para alejarnos de la gran familia de la Iglesia
¡Habla, Señor, y no dejes nunca de hacerlo!
Y, si en verdad, ves que corremos el riesgo de dejarlo todo
míranos con ojos de hermano
tócanos con tu mano poderosa
aliéntanos con el Espíritu Santo
y sácianos con el gusto y el encanto de la Eucaristía.
Amén.

Javier Leoz

Masticando tus Palabras de Vida

 

Para creer en Ti
hay que tener hambre,
pues vives en el pan tierno
que se rompe y comparte
entre hermanos,
desconocidos y caminantes.

Para creer en Ti
hay que tener hambre,
pues tú eres banquete de pobres
y botín de mendigos,
que vacíos, sin campos ni graneros,
descubren que son ricos.

Para creer en Ti
hay que tener hambre,
hambre de vida y justicia
que no queda satisfecha
con vanas, huecas, lights palabras,
pues aunque nos sorprendan y capten,
no nos alimentan ni satisfacen.

Para creer en Ti
hay que tener hambre,
pues sin ella olvidamos fácilmente
a los dos tercios que la tienen,
entre los que tú andas perdido
porque son los que más te atraen.

Para creer en Ti
hay que tener hambre,
y mantener despierto el deseo
de otro pan diferente al que nos ofrecen
en mercados, plazas y encuentros
donde todo se compra y vende.

Para creer en Ti
hay que tener hambre
y, a veces, atragantarse al oírte
para descubrir la novedad
de tu presencia y mensaje
en este mundo sin ilusiones.

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el Evangelio

• Hasta ahora los interlocutores de Jesús eran los judíos (Jn 6,41.52). Ahora, después de la polémica con ellos, son “los discípulos” los que hasta entonces lo seguían (60.61.66), quienes ponen en cuestión las palabras de Jesús.

• Así vemos, por tanto, que el debate no es una tertulia cualquiera sino que está en juego el seguimiento de Jesús. Un seguimiento que, como hemos visto en los domingos anteriores, supone la aceptación del hijo de José, de quien conocemos a su padre y a su madre (v. 42), como Hijo de Dios, pan que ha bajado del cielo (y. 41). Las resistencias de los judíos eran éstas: creer que el Hijo de Dios se ha hecho hombre y creer que por la muerte y resurrección de Jesús se obtiene la vida (vv. 51-59). Ahora se nos dice que también son las resistencias de los discípulos -el “modo de hablar duro” (60) se refiere a las palabras anteriores de Jesús-.

• Por tanto, ante Jesús todos se definen. Pero no hablando de Él en tertulias, para ver quién sabe más. El reconocimiento de que “es duro” (60) quiere decir que lo han entendido, pero que no quieren escucharlo. Lo que define a una persona es la opción de vida una vez que se ha conocido a Jesús: o bien se le sigue -es decir, se vive como Él, se hace lo que Él hace, se llega con Él a la cruz- o bien se le abandona -viviendo según otros criterios que pretenden esquivar la cruz, que no tienen la entrega por amor como norma.

• “Ver (=creer) al Hijo del hombre subir adonde esta- ba antes” (62) se corresponde a la “bajada” de la que se ha hablado a lo largo del capítulo. Sólo la fe puede “ver” en Jesús a aquel que ha bajado del Padre y que sube al Padre habiendo pasado por la muerte.

• Pero eso -la fe- no es posible sin “el Espíritu” (63). Jesús, que se había identificado como quien da la vida (Jn 5,21), identifica “sus palabras” con el don del “Espíritu” (63), el que hace nacer de nuevo (Jn 3,5-8). Sus palabras dan vida. Es lo que dirá Simón Pedro más adelante: “Tú tienes palabras de vida eterna” (68).

• Poniendo “la carne” en oposición al “Espíritu” (63), se indica no un desprecio de la carne (recordamos que la palabra indica la condición humana en su precariedad, la que asume el Hijo de Dios), sino el papel del Espíritu de Dios, que da la capacidad de creer.

• Por tanto, encerrados en los propios razonamientos, encerrados en los propios criterios, no podemos creer en Jesús; es el Espíritu quien permite creer en Jesús como pan bajado del cielo (Jn 6,50). Igualmente, haciendo la lectura en clave sacramental -la clave de los que celebran la Eucaristía-, sólo por el Espíritu podemos creer que en la recepción del Pan Eucarístico estamos recibiendo a Cristo y, con Él, la vida nueva y eterna.

• El v. 64 constata la libertad humana ante Dios que se hace hombre: hay algunos que no creen. Los “muchos discípulos suyos” que “no volvieron a ir con él” (66), además, anticipan la traición de uno de los Doce (Jn 6,71). El v. 66 será el definitivo en constatar el abandono. Creer es “ir con él”, ser su seguidor.

• Y el v. 65, como antes el v. 44, nos recuerda que eso de la fe es iniciativa del Padre. En Jn 6,44 se hablaba de “atracción”; aquí se subraya el don. Pero ni allá ni aquí se supone determinismo alguno: lo que se dice es que la fe no nos la inventamos nosotros sino que la recibimos. La recibimos si la queremos, ya que es un don para todos.

• El capítulo termina con el diálogo con Simón Pedro. Es un auténtico diálogo; de tú a tú. Antes, los que Jesús tenía ante sí no se le dirigían sino que murmuraban entre ellos (vv. 41.61). Ahora Jesús es directo: “vosotros” (67); y ellos, por boca de Simón Pedro, también: “Tú” (68).

• Ése que vemos entre Jesús y Pedro es el diálogo de la fe. Pedro representa a los verdaderos discípulos de Jesús: personas que dialogan con Jesús -le hablan y lo escuchan-, mirándolo cara a cara, que lo quieren conocer para seguirlo de cerca.

• Los “Doce” hacen su opción (68), como los otros (66) han hecho la contraria. Los “Doce” se arriesgan, dan confianza a las “palabras” de Jesús, portadoras de “vida eterna”.

Comentario al evangelio – Jueves XX de Tiempo Ordinario

Al leer la primera lectura nos encontramos con una historia que puede costar entenderla. Jefté sacrifica a su única hija al Señor como acción de gracias por la victoria conseguida frente a los amonitas. Cualquiera de nosotros reprobaría esa actitud. ¿Cómo es posible creer en un Dios tan cruel? ¿No es el mismo Dios que impidió el sacrificio de Abrahán? A diferencia de los dioses paganos, el Dios de Israel nunca aceptó los sacrificios humanos (Lv 18,21; Dt 12,31). Eso es lo que nos da una clave para entender el sacrificio de Jefté. Aún creyendo en Dios, no lo adora como el Dios de la vida. Al contrario, usurpa el lugar de Dios al decidir sobre la vida de su hija.

Jefté hace una promesa sin sentido cuando promete ofrecer en sacrificio a la perima persona que lo reciba a la puerta de su casa. No puedo menos que imaginar la dramática escena de la hija danzando y cantando porque su padre ha vuelto a casa con vida y al mismo tiempo viéndose sentenciada a muerte. ¡No se puede aceptar! La promesa de Jefté no es para gloria de Dios sino para su propia gloria. La prueba está en que Dios no dice nada ante la promesa de Jefté ni da su consentimiento. Entonces, ¿qué nos enseña este texto?

A lo largo de la historia, incluido la del cristianismo, muchos países han sido invadidos, muchos inocentes han sido asesinados, muchos pueblos han perdido sus tierras, siempre en nombre de Dios. Hoy vemos las barbaridades cometidas por el autodenominado Estado Islámico en nombre de Dios. También nosotros, cristianos, podemos cometer atrocidades en nombre de Dios cuando distorsionamos el contenido de la Buena Nueva.

Es preciso rechazar cualquier imagen de Dios que oprima o discrimine a las personas por la razón que sea. Si no lo hacemos así, estaremos también sacrificando a los hermanos en nombre de Dios. Por eso, el Evangelio de hoy nos dice que todos estamos invitados a la fiesta del reino, los malos y los buenos. Basta con que tengamos el traje de fiesta, es decir, que asumamos los valores del reino.

Ciudad Redonda

Meditación – Jueves XX de Tiempo Ordinario

Hoy es jueves XX de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 22, 1-14):

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».

Hoy escuchamos del Señor una palabra que, de buenas a primeras, parece “no encajar” con su Amor misericordioso: el “castigo”. Pero sus castigos no son como los nuestros, en el sentido de que Dios establezca multas policiales y le guste perjudicarnos. La expresión “castigo de Dios” manifiesta que he errado en el buen camino y pueden sobrevenirme consecuencias posteriores por seguir huellas falsas y abandonar la verdadera vida.

En el lenguaje divino, el castigo es la situación en la que entra el ser humano cuando se aleja de su auténtica esencia, o cuando no respeta la dignidad de otra persona, dando la espalda a la verdad… Entonces el individuo utiliza su libertad, sí, pero también abusa de ella. Por este falso camino el hombre pisotea aquello para lo cual ha sido creado, destruyéndose a sí mismo.

—Señor, tú eres mi Creador, que has venido a nosotros dejando tu huella en la tierra. Haz que vea en tus pisadas mi camino.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Jueves XX de Tiempo Ordinario

JUEVES DE LA XX SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde).

Misal: Cualquier formulario permitido, Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-impar.

  • Jue 11, 29-39a. El primero que salga de la casa será para el Señor y lo ofreceré en holocausto.
  • Sal 39. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
  • Mt 22, 1-14. A todos los que encontréis, llamadlos a la boda.

Antífona de entrada          Cf. Jr 31, 3; 1Jn 2, 2
Con amor eterno nos amó Dios; envió a su Hijo único como víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Monición de entrada y acto penitencial
Un día más el Señor Jesús viene a nosotros; dispongámonos, pues, a acogerle y, al comenzar la Eucaristía le pedimos de todo corazón perdón por nuestros pecados.

• Tú que nos acompañas con amor. Señor, ten piedad.
• Tú que has dado la vida por nuestra salvación. Cristo, ten piedad.
• Tú que nos orientas con sabiduría. Señor, ten piedad.

Oración colecta
CONCÉDENOS tener siempre, Señor,
respeto y amor a tu santo nombre,
porque jamás dejas de dirigir
a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos con confianza a Dios Padre, que llama a todos los hombres a participar del banquete de su reino.

1.- Por el Papa N., por nuestro obispo N., por todo el clero y el pueblo a ellos encomendados. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa. Roguemos al Señor.

3.- Por nuestro pueblo (ciudad) de N., por su prosperidad y por todos los que en él (ella) habitan (habitamos).  Roguemos al Señor.
4.- Por la liberación de toda violencia, división y peligro. Roguemos al Señor.

5.- Por nuestra comunidad y por nosotros, aquí reunidos. Roguemos al Señor.

Oh Padre, que invitas al mundo entero a las bodas de tu Hijo; escucha nuestra súplica y concédenos y entrar en el banquete de la vida eterna vestidos de fiesta. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Dios misericordioso,
que, alimentados con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
bebamos con fe en la fuente de la misericordia
y nos mostremos cada vez más misericordiosos con nuestros hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 102, 17
La misericordia del Señor dura desde siempre y por siempre para aquellos que lo temen.

Oración después de la comunión
RENOVADOS por la recepción
del Cuerpo Santo y de la Sangre preciosa,
imploramos tu bondad, Señor,
para obtener con segura clemencia
lo que celebramos con fidelidad constante.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Laudes – Jueves XX de Tiempo Ordinario

LAUDES

JUEVES XX TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Ant. Entrad en la presencia del Señor con vítores.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¡Nacidos de la luz!, ¡hijos del día!
Vamos hacia el Señor de la mañana;
su claridad disipa nuestras sombras
y llena el corazón de regocijo.

Que nuestro Dios, el Padre de la gloria,
limpie la oscuridad de nuestros ojos
y nos revele, al fin, cuál es la herencia
que nos legó en el Hijo Primogénito.

¡Honor y gloria a Dios, Padre celeste,
por medio de su Hijo Jesucristo
y el don de toda luz, el Santo Espíritu,
que vive por los siglos de los siglos! Amén.

SALMO 142: LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA

Ant. En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.

Señor, escucha mi oración;
tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú, que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte, 
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confía en ti.
Indícame el camino que ha de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tú espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.

CÁNTICO de ISAÍAS: EL BUEN PASTRO ES EL DIOS ALTÍSIMO Y SAPIENTÍSIMO

Ant. El Señor hará derivar hacia Jerusalén, como un río, la paz.

Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la amáis,
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
mamaréis a sus pechos
y os saciaréis de sus consuelos,
y apuraréis las delicias
de sus ubres abundantes.

Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella,
como un río, la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré yo,
y en Jerusalén seréis consolados.

Al verlo, se alegrará vuestro corazón,
y vuestros huesos florecerán como un prado.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.

SALMO 146: PODER Y BONDAD DE DIOS

Ant. Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel;
él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.

Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados.

Entonad la acción de gracias al Señor,
tocad la cítara para nuestro Dios,
que cubre el cielo de nubes,
preparando la lluvia para la tierra;

que hace brotar hierba en los montes,
para los que sirven al hombre;
que da su alimento al ganado
y a las crías de cuervo que graznan.

No aprecia el vigor de los caballos,
no estima los jarretes del hombre;
el Señor aprecia a sus fieles,
que confían en su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

LECTURA: Rm 8, 18-21

Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Velando medito en ti, Señor.
V/ Velando medito en ti, Señor.

R/ Porque fuiste mi auxilio.
V/ Medito en ti, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Velando medito en ti, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Anuncia a tu pueblo, Señor, la salvación, y perdónanos nuestros pecados.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Anuncia a tu pueblo, Señor, la salvación, y perdónanos nuestros pecados.

PRECES

Invoquemos a Dios, de quien viene la salvación para su pueblo, diciendo:

Escúchanos, Señor.

Bendito seas Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que, en tu gran misericordia, nos has hecho nacer de nuevo para una esperanza viva,
— por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.

Tú que en Cristo renovaste al hombre, creado a imagen tuya,
— haz que seamos imagen de tu Hijo.

Derrama en nuestros corazones, lastimados por el odio y la envidia,
— tu Espíritu de amor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede hoy trabajo a quienes lo buscan, pan a los hambrientos, alegría a los tristes,
— a todos la gracia y la salvación.

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, que nos sea siempre anunciada la salvación, para que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos te sirvamos fielmente con santidad y justicia todos nuestros días. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.