Lectio Divina – Jueves XX de Tiempo Ordinario

1.- Oración introductoria

Señor, esta parábola me da alegría y esperanza. Tú invitas a un banquete de bodas. Los cristianos, Señor, sabemos trabajar contigo, sufrir contigo, pero no hemos aprendido a disfrutar contigo. Hoy nos invitas a la alegría y a la fiesta. ¡Gracias, Señor!

2.- Lectura reposada del Evangelio: Mateo 22, 1-14

Volvió a hablarles Jesús en parábolas, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo;mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

A Jesús no se le ocurrió comenzar una parábola en estos términos: “El reino de los cielos es semejante a unas plañideras que vienen de enterrar a un muerto”. Pero sí se le ocurrió decir que “el Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas”. Jesús invita a la alegría, a la fiesta. Dios es Padre y disfruta viendo a sus hijos e hijas que se lo pasan bien. La invitación a la boda la hace a todos. A los de casa y a los de fuera; a los judíos y a los paganos; a los que conocen a Dios y a los que no le conocen. Si hay que salir a los caminos, se sale; si hay que recorrer las calles y plazas, se recorren. Lo importante es que no se desperdicie nada de lo preparado en el banquete. Como ya había anunciado Isaías, se trata del banquete preparado por Dios, a lo grande, a lo Dios: “El Señor Todopoderoso, ofrece a todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares exquisitos, vinos de solera” (Is. 25, 6).  Hay una nota discordante en la parábola:” Los que no tienen vestido de boda son expulsados a las tinieblas”. Nos preguntamos: los que van al campo, los pobres de los caminos, ¿tienen que llevar un vestido de fiesta? Se ve que esas palabras no estaban en la parábola de Jesús sino en la redacción final que hizo el evangelista por motivos morales. De hecho, San Lucas, en el episodio paralelo, termina diciendo:” la casa se llenó de comensales” (Lc. 14,23). La invitación es para todos y a Jesús no le estorba nadie, y menos los pobres.

Palabra del Papa.

“Medita lo que Dios te dice en el Evangelio Te escojo a ti. Ven, amada alma. Ven al banquete que desde toda la eternidad he preparado para ti. Todos los siglos han preparado este momento en el que no te llamo siervo, sino amigo. Ven, pues desde toda la eternidad te he llamado por tu nombre para que participaras de este banquete donde mi cuerpo es tu alimento y mi carne tu bebida. Eres mío, yo te he creado… pero no pienso obligarte a venir. Eres libre. Te he entregado el poder de ser feliz, pues de una manera o de otra, cuando amamos de verdad, eso es lo que hacemos: entregamos nuestra felicidad en las manos del amado.

Ven, no tengas miedo. Ponte el traje de fiesta, lava tus vestiduras en la sangre que brotó de mi costado. Deja que mi perdón inunde los rincones más profundos de tu alma. Ven, todo lo he preparado para ti. Muero de ganas por compartir contigo este banquete. No me dejes esperar en vano. Algunos invitados incluso maltratan y asesinan a los siervos que llevan la invitación. No obstante, la falta de adhesión de los llamados, el proyecto de Dios no se interrumpe. Delante del rechazo de los primeros invitados, él no se desanima, no suspende la fiesta, pero antes propone la invitación, ampliándola hasta más allá de los límites razonables y manda a sus siervos a las plazas y a los cruces de las rutas para reunir a todos aquellos que encuentren” (Ángelus de S.S. Francisco, 12 de octubre de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Lo que tengo que hacer hoy lo tomaré como respuesta a la invitación de Jesús a ser feliz.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias porque todo el evangelio es una invitación a la vida, a la alegría, a la salud, a quitar cargas pesadas a los hombres. Sólo quieres nuestro bien, nuestra felicidad. No has ido a la muerte por amor al sufrimiento, sino por amor a nosotros. Has sufrido para quitar de nosotros el sufrimiento y las causas que lo provocan.  Así de bueno eres, Señor.