Siquem

1.- Uno de los rincones más impresionantes que existen en Tierra Santa, mis queridos jóvenes lectores, es el lugar santo de Siquem. Está situado a poco más de un kilómetro de la actual ciudad de Nablus, de la que tanto hablan los noticiarios, por las disputas trágicas entre ejércitos rivales, que en esta población ocurren. Siquem es el primer santuario de la nueva etapa de la humanidad, cuando se inicia con Abraham la historia de la salvación. Jesús, que sepamos, por lo menos pasó muy cerca, ya que el pozo del encuentro con la mujer samaritana, está muy próximo. Pero ni de Abraham, ni de Jesús, en este momento, toca hablar. Josué, el sucesor de Moisés, es el protagonista, Se trataba de una asamblea popular, de un parlamento de las tribus del naciente Israel. Solemnemente el jefe pregunta al pueblo qué actitud religiosa quiere escoger. Y lo curioso del caso es que no se deciden por demostraciones científicas ni filosóficas, para la elección. Yahvé será su señor, dicen, a causa de que les ha protegido y conducido desde la esclavitud de Egipto, pasando por el desierto, hasta la libertad de aquella tierra rica que mana leche y miel, es decir, en la que no pasarán hambre. La experiencia de Dios es el definitivo y supremo motivo de nuestra Fe. Dios actúa ocultamente y respetando la libertad de sus hijos, pero el hombre es capaz de descubrirlo y reconocerlo.

Para que fuera recuerdo y exigencia, Josué hinco una gran piedra en el lugar. Hoy no está, se ha perdido, pero no importa, ante el Padre Eterno tenemos clavada una gran roca, es la del Calvario, que es acicate y exigencia, para nuestro comportamiento.

2.- Jesús había hablado de que su cuerpo sería alimento y su sangre bebida para los humanos. A los oídos de aquella gente, y a los nuestros si no supiéramos nada más, sus palabras sonarían a canibalismo. Ahora bien, sin entender cómo, sabemos que cuando comulgamos recibimos toda la riqueza espiritual de la que tenemos necesidad y por ende, recordando sus palabras en las que confiamos y reconociendo los efectos que nos produce la recepción de la pequeña Hostia, deducimos convencidos, que sí, que es el Cuerpo y la Sangre del Señor, aunque no lo parezca .

Pero, para más recochineo, Jesús añade que lo importante es el Espíritu, que es quien da la vida, no la carne. Hoy diría: no el dinero, no la salud, no la juerga, ni siquiera la tan cacareada familia, que se aprecia por las ventajas que comporta y nada más. Y para colmo de desfachatez, continúa diciéndoles que sólo a los que llama Dios, aquellos que reciben su invitación gratuita, solo ellos se les dará capacidad para entender esto que está diciéndoles. Vamos, que nada de ganarse un puesto, de tener currículo, de sacar buenas notas y cargarse de diplomas académicos.

3.- Un tal discurso es difícil de aceptar y la gente decide irse. Jesús lo nota y no se desanima. Pregunta a los suyos, que nota están vacilando. Pedro responde en nombre de los demás con palabras que servirán para todo cristiano ¿cómo vamos a dejarte, si Tú sólo eres capaz de dar sentido a nuestras vidas?

Mis queridos jóvenes lectores, no busquéis demasiadas razones, no discutáis, no os devanéis los sesos leyendo bibliotecas enteras. Si buscáis sentido a vuestra vida y no lo encontráis. Si os levantáis por la mañana, un día que no tenéis obligaciones de clase o de trabajo, y no sabéis en qué ocupar la jornada. Si pensáis en vuestra vida futura y no sois capaces de tener proyectos que os ilusionen. Pues entonces esta situación es la más propicia para que toméis el evangelio e imaginando que vivís hace 2000 años y que os han enviado de lejanas tierras la historia de Jesús, os preguntéis si lo que dice puede proporcionaros un proyecto de felicidad. Así empezará una nueva vida, vida de aventura, de ilusiones, vida feliz.

Pedrojosé Ynaraja