Las apariencias o el camino del corazón

1.- Retomamos la lectura del evangelio de Marcos, ahora que comienza el mes de septiembre, y tras haber meditado el discurso del pan de vida del evangelio de Juan. A pesar de que Marcos se dirige a los cristianos de Roma, el discurso del capítulo 7 es una catequesis que trata de costumbres judías. Después de multiplicar los panes y los peces y demostrar su dominio sobre las fuerzas naturales y la enfermedad, los fariseos y escribas, celosos cumplidores, se acercan a El para ponerlo en aprietos. Le acusan de que sus discípulos comen con manos impuras. Pero Jesús denuncia su actitud, pues le honran a Dios con los labios y no con el corazón, tal como denuncia el profeta Isaías, pues la doctrina que enseñan son preceptos humanos. Hacen las cosas para «cumplir y parecer buenos».

2.- El peligro de aparentar y lavarse las manos es actual: perder de vista lo fundamental, lo que Dios quiere, para centrarse en cosas de menor importancia, las tradiciones de los hombres. Jesús confirma la doctrina de los profetas contra el «formalismo» en la práctica de la religión. Pone en evidencia la deformación que lleva al hombre a «parecer bueno» más que «a serlo de verdad»; a preferir el cumplimiento «externo» de la ley al cambio real del corazón; a poner más atención en practicar con cuidado los «ritos» que en procurar la unión de corazón con Dios. Lo que sale del interior del hombre es lo que cuenta, no lo externo. Porque del interior del hombre salen las obras buenas y las malas. Jesús da un catálogo de las maldades que salen del corazón: fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. ¡Qué retrato de una sociedad corrompida! ¿No se parece esta descripción a lo que está ocurriendo en muchos ambientes de nuestro mundo? Quizá también nosotros estamos un poco contaminados de estas maldades…

3. – La carta de Santiago propone claramente la religión que Dios quiere: «visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo». Los cristianos de verdad son aquellos que demuestran con sus obras lo que creen. Ya el salmo 14 nos recuerda quienes son los que habitan en la tienda junto al Señor: los que proceden honradamente y practican la justicia, los que tienen intenciones leales y no calumnian, el que no hace mal a su prójimo, el que no abusa del inocente. La palabra hay que llevarla a la práctica, pues la fe sin obras está muerta.

4.- «Cuando tengas que elegir entre dos caminos,

pregúntate cuál de ellos tiene corazón.

Quien elige el camino del corazón,

no se equivoca nunca»

Popol-Vuh

¿Qué significa el camino del corazón? Es el camino del amor, de la atención a los demás, del saber gastar el tiempo por los otros sin esperar nada a cambio, de saber decir no a lo que a mí más me gusta, si es necesario, para que otro salga favorecido. Este es el camino que conduce a la felicidad, es el único camino del cristiano, no el de las apariencias.

José María Martín OSA