Comentario – Viernes XXI de Tiempo Ordinario

(Mt 25, 1-13)

La parábola de las diez vírgenes que esperan al esposo nos recuerda toda la espiritualidad de la alianza, ya que en el Antiguo Testamento los profetas presentaban la relación del Pueblo con Dios como una alianza matrimonial, donde Dios era siempre fiel, pero el Pueblo se comportaba como una mujer infiel, incluso como una prostituta.

Por ejemplo, todo el hermoso libro del profeta Oseas estaba marcado por esa imagen del amor defraudado, pero que no se deja vencer por todas las infidelidades de la mujer amada.

Aquí se nos presenta el Reino de los Cielos como un banquete nupcial, donde el Señor es el novio y la esposa es la Iglesia amada (ver Apoc 21,2), pero se nos invita a estar atentos para poder participar de esa fiesta.

Es importante recordar que, al final de nuestra vida en la tierra, nos espera una fiesta, porque eso le da otro color a nuestra vida. No es lo mismo esta vida si al final está el vacío, la oscuridad, la nada, o si, en cambio, nos espera un abrazo, un encuentro de amor, una fiesta eterna.

Las vírgenes prudentes representan a los que siempre están preparados para esa fiesta, de manera que nunca podrá tomarlos de sorpresa la llegada del novio. Las vírgenes necias son los que viven como si su vida fuera eterna, como si nunca se fuera a terminar, y entonces dejan siempre para después su conversión y su entrega.

El aceite que mantiene la lámpara encendida es aquello que siempre hay que cuidar y que nunca puede faltar en la vida cristiana: el amor. Así lo vemos también en este mismo capítulo 25, cuando Jesús nos indica qué es lo que tendrá en cuenta para juzgar o evaluar nuestra vida: lo que hicimos o no hicimos por los hermanos (Mt 25, 31-46).

Oración:

“Te pido Señor que derrames tu gracia en mi corazón para que mi lámpara no se apague, para que siga ardiendo el fuego del amor. Coloca en mí la fuerza de tu propio amor para que yo pueda derramarlo en los demás, porque en el atardecer de mi vida me preguntarás por el amor”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día