Radiografía del corazón

1.- “Entonces los fariseos y letrados preguntaron a Jesús: ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras? Él les contestó: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas”: San Marcos, Cáp. 7. El Talmud es un libro del siglo III de nuestra era, que recoge comentarios de los rabinos sobre la ley y las costumbres del judaísmo. Allí encontramos minuciosas normas, en relación con las purificaciones rituales. Costumbres nacidas en un contexto higiénico, que luego se volvieron obligaciones religiosas, con las cuales se pretendía mantener la benevolencia de Yahvé. Pero lo grave era que tales observancias habían desplazado, en el corazón de muchos judíos, lo esencial de la verdadera religión. Y un día Jesús señaló ante sus oyentes tal equivocación: “Vosotros dejáis de un lado los mandamientos de Dios, para apegaros a tradiciones de los hombres”.

2.- El Señor había subido a Galilea y desde Jerusalén llegó un grupo de escribas y fariseos, que pretendían espiarlo. Descubren enseguida un hecho que les parece escandaloso, y le preguntan al Maestro: “¿Por qué comen tus discípulos con las manos impuras?” San Marcos, quien escribe para los cristianos de Roma, la mayoría de ellos venidos del paganismo, se detiene a explicar cómo eran las costumbres judías al respecto: “Ellos no se sientan a la mesa sin antes lavarse las manos, restregándose bien. Y al volver de la plaza purifican los vasos, las jarras y las ollas”.

Ante al reproche de los fariseos, el Señor esgrime como un espada un acerado texto de Isaías: “Hipócritas: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. Así entendemos que todos los ritos religiosos, si no expresan actitudes interiores, nada valen. En la vida social un regalo, un beso, un ramo de rosas sin amor, pueden ser una afrenta.

Pasa luego el Señor a explicar qué significa limpieza para el verdadero creyente. Dios ha contagiado su bondad a todas las cosas. Luego nada exterior podrá mancharnos. Sólo un uso indebido puede contaminar la creación. Y termina el Maestro presentando una radiografía de nuestro interior, que firmarían los más calificados sicólogos: “Del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”. Parece que en el sótano de nuestra personalidad, guardáramos un zoológico que necesita ser domesticado. Sobre este párrafo podríamos examinarnos diariamente.

3.- No sabemos si el evangelista pretendió un orden lógico, al enumerar aquellos feroces inquilinos del alma, pero termina señalando la frivolidad, que otros traducen por insensatez. Mal endémico de nuestro tiempo. Tal vez la ausencia de valores facilita a la cultura light arrebatar a muchos en su insaciable torbellino. Lo comprueban la publicidad, los medios de comunicación, el arte, la moda, el ámbito social, y aún la vida de familia. “Mucho ruido y pocas nueces”. Demasiada farándula para enmarcar la vida que es única y si la perdemos, no existe otra de repuesto.

Mientras tanto, el tiempo que todo lo corroe, va destruyendo el tablado, la comedia y a sus protagonistas. De veras: Hemos dejado a un lado los mandamientos de Dios, para apegarnos a tradiciones de los hombres.

Gustavo Vélez