Lectio Divina – Jueves XXII de Tiempo Ordinario

1.- Oración Introductoria.

Señor, en este evangelio, lo único que me pides es que yo me fíe de Ti, como lo hizo Pedro. Muchas veces nos toca echar las redes al mar y no conseguimos absolutamente nada. Y viene el desánimo, la tristeza, la duda de si estaremos en la verdad. Lo que importa es echar las redes “en el nombre del Señor”. Y fiarnos plenamente de Ti, Jesús.

2.- Lectura reposada del Evangelio.  Lucas 5, 1-11

Estaba Jesús en cierta ocasión a orillas del lago de Genesaret, y de repente se juntó un gentío para oír la palabra de Dios. Vio entonces dos barcas a la orilla del lago; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la separara un poco de tierra. Se sentó y enseñaba a la gente desde la barca. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema hacia dentro del lago y echa las redes para pescar». Simón respondió: «Maestro, estuvimos toda la noche intentando pescar, sin conseguir nada; pero, sólo porque tú lo dices, echaré las redes». Lo hicieron y capturaron una gran cantidad de peces. Como las redes se rompían, hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se postró a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador». Pues tanto Pedro como los que estaban con él quedaron asombrados por la cantidad de peces que habían pescado; e igualmente Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús dijo a Simón: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres». Y después de arrimar las barcas a tierra, dejaron todo y lo siguieron.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Con esta bella imagen de la barca, el Señor nos habla de los elementos necesarios para un auténtico seguimiento de Jesús.

1) Jesús provoca una situación absurda. Él sabe muy bien que la pesca se hace de noche y no de día. Pero, en nombre de Jesús, Pedro echa las redes de día en el mismo sitio en que no había pescado nada de noche. Y las redes se rompían de la gran cantidad de peces.  ¿Qué pretende el Señor? Que nos fiemos de su Palabra.

2.) Humildad. Pedro al ver el milagro y comprobar que Jesús es Dios, tiende a retirarse. No es que quiera irse, sino retirarse en gesto de humildad. No merezco estar con este hombre tan maravilloso.

3) Jesús le quita el miedo. ¡No tengas miedo! El que está con Jesús no tiene miedo a nada ni a nadie.

4) Le da una tarea: ser pescador de hombres. Y esta es la bonita tarea de la vocación cristiana: recuperar al hombre en su integridad. Dejar que los hombres sean plenamente hombres y no poco-hombres; o medio-hombres. Lo mismo al hablar de las mujeres. El evangelio nos humaniza. El que está cerca de Jesús está cerca del hombre ideal, del modelo perfecto de hombre.

Palabra del Papa

“Los mismos demonios confesaban que Jesús era el ‘Hijo de Dios’, pero como los doctores de la Ley y los malos fariseos no tenían la capacidad de asombrarse, estaban cerrados en su autosuficiencia, en su soberbia. Pedro reconoce que Jesús es el Mesías, pero confiesa que es un pecador. Los demonios llegan a decir la verdad sobre él. Mientras que los doctores de la Ley si bien dicen es inteligente, es un rabino capaz, hace milagros, no dicen somos soberbios, somos autosuficientes, somos pecadores. La incapacidad de reconocerse pecadores les aleja de la verdadera confesión de Jesucristo. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 3 de septiembre de 2015, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito. Durante todo el día pensaré quién es ese Jesús que me ha llamado. ¿Sé valorar lo que llevo entre manos? ¿Caigo en la cuenta de lo maravilloso que es trabajar con Jesús?

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, perdóname. Hasta ahora no he caído en la cuenta de que el estar contigo, el trabajar por el reino, es lo más grande que me ha podido pasar en la vida. Y lo veo lo más normal. Yo hoy también te digo con Pedro: No merezco estar contigo. Eres demasiado para mí. Yo te prometo el estar siempre asombrándome de Ti, fiándome de Ti, y sintiéndome muy orgulloso de la bonita tarea que me has encomendado: la de ser pescador de hombres.

Comentario – Jueves XXII de Tiempo Ordinario

(Lc 5, 1-11)

Pedro con sus compañeros estaba limpiando las redes, triste porque no había logrado pescar nada en toda la noche; él, que era un gran pescador, orgulloso de su humilde oficio y confiado en sus habilidades. Él conocía el lago como la palma de su mano y sabía lo que había que hacer para poder pescar.

Y en ese momento de frustración y de orgullo herido pasa por la orilla un maestro llamado Jesús.

Pedro era un judío piadoso, y respetaba a los maestros, los trataba con veneración. Por eso, cuando Jesús le dice que navegue mar adentro para pescar, Pedro le obedece sólo por ese respeto, pero no deja de hacerle notar que es inútil porque ya lo había intentado toda la noche. Sin embargo acepta volver a navegar mar adentro, allí donde él se creía experto, rey y señor, pero había fracasado. Y así, obedeciendo al nuevo maestro, pescó más que nunca, y entonces volvió embelesado, reconociendo su desconfianza y declarando a Jesús como “Señor”.

Pero Jesús no quiere que Pedro lo siga por temor, y le pide que abandone el miedo; él lo busca para confiarle la misión de pescar hombres para el Reino, y esa misión no será sólo un peso y un esfuerzo, sino una verdadera aventura que le dará sentido y fuerza a su existencia. Pedro y sus compañeros descubren que con un Señor tan poderoso a su lado, ya no necesitan apoyarse en nada, no necesitan otras seguridades, y por eso pueden dejarlo todo.

Hay que destacar que si bien estaban también Santiago y Juan, sin embargo las palabras de Jesús se dirigen particularmente a Pedro, con lo cual ya se comienza a ver el lugar particular que él tendrá en la Iglesia.

Oración:

“Señor, lléname de confianza en tu palabra para que me lance mar adentro. Ya no quiero confiar en mis seguridades humanas sino en tu poder que me guía y me sostiene. Y perdóname Señor por mis desconfianzas, porque soy un pobre pecador”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

El Reino se ha hecho presente

1.- Las tres lecturas de la Eucaristía están perfectamente de acuerdo: El Reino de Dios se ha hecho presente entre nosotros gracias a Jesús de Nazaret. Todos los milagros son señales y, por eso, no tienen sentido en sí mismos, sino aquello a lo que señalan: La presencia del Reino de Dios, que es Dios quien reina y no el mal, no el pecado, no sus manifestaciones más palpables: la enfermedad, la muerte, la injusticia.

La primera lectura, que procede del profeta Isaías, hace referencia a la curación de los enfermos, llevada a cabo por Jesús, como señal de que Dios mismo está aquí, de que El ha venido en persona, de que El hace justicia y de que es El quien nos salva. La curación de un sordomudo es el símbolo del pueblo de Israel: Sordo para escuchar la de Dios y por tanto, incapaz de dar una respuesta a la misma.

Cuando el pueblo de Dios exclama que Jesús “hace oír a los sordos y hablar a los mudos”, está citando al profeta Isaías: “Se despegaran los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán”. Todos esos “milagros” son señales de que el Reino de Dios ha llegado al mundo y empezado en Jesús de Nazaret. El pueblo nos dice Marcos, reconoce el reinado de Dios en esas señales que Jesús hace.

2.- Recordemos las frases de Pedro y Juan, en los Hechos de los Apóstoles, cuando acaban de curar a un paralítico: No somos nosotros quienes hemos hecho andar a este hombre con nuestro poder o fuerza, es Jesús quien tiene el poder, es en El quien debemos poner la fe; sólo en El está la salvación. Isaías nos recuerda que en la proclamación de esta verdad debemos dejar de lado nuestra cobardía y temor.

La segunda lectura tomada de la carta del apóstol Santiago, subraya algo que debiera estar escrito sobre las paredes de todos los lugares en donde celebramos nuestras eucaristías: “No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo con la acepción de personas”. La comunidad cristiana debe ser el signo claramente visible de que es Dios quien reina y no el dinero o el poder.

La sociedad de consumo nos ha acostumbrado a valorar a las personas no por lo que son, sino por lo que tienen. Decente no es ahora el que actúa con criterios decentes, sino el que vive en un barrio “decente”, tiene una casa y automóvil “decente” y se viste con ropa “decente”. La decencia ya no es una cuestión de actitudes, sino de barrio, de coche o de ropa.

Hoy el dinero divide la sociedad y se convierte en criterio decisivo. Jamás debiera ser así en nuestras comunidades cristianas. Más que nunca, como lo manda el Evangelio, debemos optar entre Dios y el dinero. La comunidad cristiana tiene que ser signo del Reino de Dios, de que es Dios el que reina y no el dinero. La comunidad cristiana debe ser signo evidente de que el criterio decisivo es el amor y no el dinero. De que a un hombre o mujer se le valora porque es hijo de Dios y no porque es varón o mujer.

3. Jesús es “el esperado”, nos dice el Evangelio, en El y con El llega a nosotros el Reino de Dios puesto que El hace oír a los sordos y hablar a los mudos. ¿Ponemos nuestra fe, nosotros, en Jesús o en los milagros? Porque aquí está la segunda idea esencial: Jesús manda, una vez curado el sordomudo, que no lo dijeran a nadie.

Cuando en una ciudad esperaban a Jesús para que hiciera milagros, Jesús, nos dice el Evangelio, daba un rodeo y no entraba en ella. No lo esperaban a El, sino a los milagros, El no tenía nada que hacer allí. ¿Entraría Jesús en nuestras ciudades?

La comunidad cristiana primera, veía en el milagro que nos relata el Evangelio, un signo del bautismo y la confirmación: Jesús impone las manos, separa del cuerpo el recipiente del don, usa la saliva, manda a callar lo ocurrido y desata la lengua para proclamar la gloria de Dios. Fijémonos: Todo lo hace el contacto personal con Cristo, con la persona de Cristo.

Digamos la frase del pueblo: “Todo lo ha hecho bien”. ¿De qué líder de nuestra comunidad cristiana podemos nosotros decir una cosa así? ¿Alguien entre nosotros merece una alabanza así por haber hecho hablar a la comunidad con toda libertad y porque haya hecho reinar a Dios, o sea al amor, como criterio decisivo, absoluto, indiscutible?

Cristo está resucitado, por medio de Él no sólo obró Dios en el pasado, sino que Dios sigue haciéndolo todo bien; acerquémonos a Él con confianza, con fe; en Él Dios sigue obrando en medio de su pueblo, en Él Dios sigue salvando a su pueblo.

Antonio Díaz Tortajada

¡Effetá: Abríos!

Que los sordos dejen de hacerse los sordos,
que se limpien los oídos a fondo
y salgan a las plazas y caminos,
que se atrevan a oír lo que tienen que oír:
el grito y el llanto, la súplica y el silencio
de las personas que ya no aguantan.

Que los mudos tomen la palabra
y hablen clara y libremente
en esta sociedad confusa y cerrada,
que se quiten miedos y mordazas
y se atrevan a pronunciar las palabras
que todos tienen derecho a oír:
las que nombran, se entienden y no engañan.

¡Danos oídos atentos y lenguas liberadas!

Que nadie deje de oír el clamor de los silenciados,
ni se quede sin palabra ante tantos enmudecidos.

Sed, para los que no oyen,
tímpanos que se conmuevan;
palabras vivas para los que no hablan;
micrófonos y altavoces sin trabas ni filtros
para pronunciar la vida y susurrar la esperanza,
en todos los que caminan y buscan.
¡Que los mudos hablen y los sordos oigan!

Que se rompan las barreras levantadas
de la incomunicación entre personas,
familias, pueblos y culturas.
Que todos tengamos voz cercana y clara
y seamos oyentes de la Palabra en las palabras.
Que construyamos redes firmes
para el diálogo y el encuentro
y el crecimiento en diversidad y tolerancia.

¡Danos oídos atentos y lenguas liberadas!

Que se nos destrabe la lengua
y salga de la boca la Palabra inspirada.
Que se nos abran los oídos para recibir,
la Palabra salvadora, ya pronunciada,
en lo más hondo de nuestras entrañas.
Que se haga el milagro en los sentidos
de nuestra condición humana
para recobrar la dignidad y la esperanza.

Para el grito y la plegaria,
para el canto y la alabanza,
para la música y el silencio,
para el monólogo y le diálogo,
para la brisa y el viento,
para escuchar y pronunciar tus Palabras
aquí y ahora, en esta sociedad incomunicada,
Tú que haces oír a sordos y hablar a mudos…

¡Danos oídos atentos y lenguas liberadas!

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el Evangelio

• En contraste con la actitud cerrada de los maestros de la ley (lo veíamos el domingo pasado), Jesús “abre” (34) fronteras y se va a territorio pagano (31).

• Jesús actúa con discreción (33), y pide que no se lo interprete mal (36).

• Marcos, más que los demás evangelistas, subraya que Jesús prohíbe revelar su identidad o divulgar los hechos extraordinarios que realiza (Mc 1,25.34.44; 3,12; 5,43; 7,24.36; 8,30; 9,930). Jesús actúa así para evitar que su mesianismo sea mal entendido: Él no es el Mesías guerrero, triunfador y glorioso que muchos esperaban, sino el Mesías pobre y humilde que tiene que pasar por el sufrimiento y la muerte antes de resucitar (Mc 8,31; 9,31; 10,33-34).

• Y Marcos lo destaca tanto porque su comunidad puede caer -o está cayendo- en la trampa de pensar que Jesús, el Resucitado, resuelve las cosas mágicamente y que los que creen en Él ya lo tienen todo solucionado. De hecho, eso ha pasado muchas veces en la historia de la Iglesia; y siempre correremos ese riesgo si no procuramos conocer-amar a Jesús cada vez más, en su encarnación, en su camino entre los pobres, en su muerte y en su resurrección-glorificación. El mismo Jesús sufrió esa tentación (Mc 15,30.32). En definitiva, Marcos recuerda a su comunidad que hay que aceptar la cruz (Mc 8,34), la lucha, la entrega por amor.

• El sordomudo (32) aparece como representante de todas aquellas personas que han sido marginadas por los maestros de la Ley por no ser judíos (los llamados paganos): no se les permite escuchar -“sordos” (37)- la Palabra liberadora y no pueden expresar -“mudos” (37)- su fe, que les es negada.

• Este hombre es presentado (32) a Jesús: los que han conocido a Jesús no pueden dejar de presentarlo a otras personas, para que reciban su Evangelio y así lo conozcan y lo amen. Es lo que hacen los que han sido testigos de este hecho (36). Es la característica del militante cristiano.

• Jesús “toca” (33) la realidad para poder darle respuesta. Y, tocándola, señala dónde están las dificultades que Él viene a combatir. Su acción de “tocar” se añade a la acción de orar – “mirando al cielo” (34)-. Y actúa, al mismo tiempo, con la fuerza de su Palabra (34).

• En medio de los paganos, a los que Él mismo se ha abierto, puede “abrir” oídos y bocas (34). Libera a los que están atados. Y los pone en disposición de escuchar la voz de Dios y de ser evangelizadores (35).

• Aquí, a diferencia de lo que sucedía entre los judíos (domingo pasado), Jesús es contemplado como aquel que “todo lo ha hecho bien” (37); sus palabras y sus obras son reconocidas como liberadoras, tal como había profetizado Isaías: Mirad a vuestro Dios que trae el desquite… Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará (primera lectura de hoy: Is 35,4-7a). Él es el auténtico liberador, el que pone bendición donde había maldición y libertad donde había esclavitud.

Comentario al evangelio – Jueves XXII de Tiempo Ordinario

Rema mar adentro       

Cómo se agolpa la gente junto a Jesús. Lo apretujan, es el sueño de Galilea. Tiene que rogarle a Pedro su barca pequeña. Y Jesús, lejos de la sinagoga y del templo, desde la mar, pone en la barquilla su cátedra y su púlpito. (Y, entonces, no se hablaba de salir a las periferias). Llegan, también las primeras llamadas del Maestro de Nazaret. No quiere estar solo, prefiere vivir con otros, en comunidad. Comunidad, testigo de vida y de misión.

Las enseñanzas de Jesús, las llamadas de Jesús y la gracia de Jesús brillan en este evangelio.

“Desde la barca, sentado, enseñaba” a la gente, venida para “oír la palabra de Dios”. Porque palabra de Dios era: nacía en Dios y hablaba de Dios. Palabra que decía de misericordia, de perdón, de amor. También junto al lago, aprovecha para tocar el corazón de los que había elegido. Jesús inicia la cosa: “Rema mar adentro”, echad las redes”. Como en tantas escenas bíblicas de vocación, llegará la objeción del llamado: “Si no hemos pescado nada en toda la noche”, si “soy un pecador”, “Apártate de mí”.  Al final, Dios se sale con la suya: “Desde ahora, serás pescador de hombres”. Es que Cristo seduce, y el hombre reconoce que vale la pena seguirlo, aunque haya que dejarlo todo.

Desplegar nuestra vocación de ser pescadores de hombres nada tiene que ver con lavados de cerebro, con dominios de inteligencias y voluntades, con fanatismos proselitistas. (Acaso el término de ir “pescando gente” pudiera parecerlo). Al revés, Jesús nos invita a comunicar fraternamente, a dialogar desde el convencimiento y las razones, a pregonar un mensaje feliz. Ir “mar adentro” es dejar la orilla segura y embarcarse en lo difícil, es llenarse de audacia, de arrojo e intrepidez. (No queda claro eso de repetir mil veces “no tengáis miedo”, y luego vivir a la defensiva, en la tierra firme de lo que hemos hecho siempre). Habrá días de pesca abundante y días de escaso fruto; ni presunciones ni desánimos personales. Sabemos que solo lo hacemos “en tu nombre”, en el nombre de Jesús, no en el nuestro.

¿Y si miramos a Pedro, echándose por tierra, hundido porque se reconoce un pecador, indigno del Maestro? Menos mal que todo acaba bien, lleno de confianza, obedeciendo a la invitación y siguiendo a Jesús. De pecador a pescador de hombres. Los privilegiados, que conocemos toda la historia, nos acordamos que, al final, repetirá Pedro tres veces: “Señor, tú sabes que te amo”. El ser pecadores no nos hunde, no nos abruma una culpabilidad morbosa. Reconocemos nuestros fallos, iniciamos la conversión, una vez más, el Señor nos cambia y nos perdona, nos inspira confianza para emprender el camino del amor. El pecado, sí, es ofensa de Dios, como dice el catecismo. Pero sabemos que Dios queda ofendido porque el pecado daña al hombre, la criatura que Dios tanto ama. Ser infieles a Dios, y darnos cuenta, es ser capaces de abrirnos más fácilmente al perdón y amor de Dios. Pero esto, ¿es conciencia laxa o es Evangelio, sin más?

Ciudad Redonda

Meditación – Jueves XXII de Tiempo Ordinario

Hoy es jueves XXII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 5, 1-11):

En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

Hoy descubrimos la “impronta misionera” presente en la Iglesia desde sus primeros fundamentos: el mismo Romano Pontífice es “pescador de hombres”. Simón fue llamado un día como cualquier otro, mientras realizaba su trabajo de pescador. El Maestro ve dos barcas amarradas a la orilla y les pide subir a una, la de Simón. Alejándose un poco de la orilla, enseña a la muchedumbre: la barca de Pedro se convierte en la cátedra de Jesucristo.

Cuando terminó, le pide a Simón que eche las redes. Jesús era un carpintero, no era un experto en pesca. Sin embargo, “Simón el pescador” se fía de Él. Su reacción ante la pesca milagrosa es de estremecimiento. Jesús responde invitándole a tener confianza y a abrirse a un proyecto que supera toda expectativa: “Pescador de hombres”. Pedro no podía imaginar que un día llegaría a Roma y que ahí sería “pescador de hombres” para Dios.

—Señor, con Pedro, nos sentimos “enviados” por Dios para llevar tu Evangelio a todas las almas.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Jueves XXII de Tiempo Ordinario

JUEVES DE LA XXII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-impar.

  • Col 1, 9-14. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor.
  • Sal 97. El Señor da a conocer su salvación.
  • Lc 5, 1-11. Dejándolo todo, lo siguieron.

Antífona de entrada          Cf. Sal 16, 15
Yo aparezco ante ti con la justicia, y me saciaré mientras se manifestará tu gloria.

Monición de entrada
Hermanos, comencemos la celebración de los sagrados misterios con unos momentos de silencio para ponernos ante Dios, y pedirle que nos perdone y nos dé su gracia, para que, al igual que san José, el esposo de la Virgen María, cuya memoria vamos a venerar hoy, sepamos serle fieles en el camino de la vida.

Yo confieso…

Oración colecta
OH, Dios, que muestras la luz de tu verdad
a los que andan extraviados
para que puedan volver al camino,
concede a todos los que se profesan cristianos
rechazar lo que es contrario a este nombre
y cumplir cuanto en él se significa.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Presentemos ahora nuestras súplicas confiadas a Dios Padre todopoderoso, y roguémosle que escuche las oraciones de los que se reúnen en su nombre.

1.- Para que los pastores de la Iglesia atraigan a la fe a todos, especialmente a los que se han apartado de ella y a los que nunca han oído hablar de Jesucristo. Roguemos al Señor.

2.- Para que Jesús llame a muchos jóvenes al ministerio sacerdotal, y éstos no teman seguirlo con generosidad. Roguemos al Señor.

3.- Para que todos en nuestro país, gobernantes y ciudadanos, nos comprometamos en la promoción del bien común, la justicia, la honestidad y el respeto. Roguemos al Señor.

4.- Para que los que son perseguidos a causa de su fe perseveren con valentía en la tribulación y aguarden con paciencia la hora de la siega. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos los que hemos sido convocados por el Espíritu a esta Eucaristía vivamos la fe en el Hijo de Dios que nos amó y se entregó por nosotros. Roguemos al Señor.

Escucha nuestras plegarias, Padre, y haz que la tu palabra nos ayude a entender y amar a nuestros hermanos; para que no nos convirtamos en jueces presuntuosos e injustos, sino en trabajadores incansables de bondad y de paz. PorJesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
MIRA Señor, los dones de tu Iglesia suplicante
y concede que sean recibidos
para crecimiento en santidad de los creyentes.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Sal 83, 4-5
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor del universo, Rey y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.

Oración después de la comunión
DESPUÉS de recibir estos dones,
te pedimos, Señor,
que aumente el fruto de nuestra salvación
con la participación frecuente en este sacramento.
Por Jesucristo, nuestro Señor.