La teoría de los puentes

1.- “Pasó Jesús camino del lago, atravesando la Decápolis. Le presentaron un sordo que apenas podía hablar y le piden que le imponga las manos”. San Marcos, Cáp. 7. Eran diez ciudades vecinas al lago de Galilea, llamadas La Decápolis, a causa de su notable colonia griega. Por allí atravesaba Jesús, al avanzar desde Sidón hacia el norte, en compañía de sus discípulos. Y allí le presentaron un hombre que era sordo y apenas podía hablar.

San Marcos narra el hecho en forma detallada, quizás habiéndolo escuchado de san Pedro. El Señor, que había curado a muchos sólo con su palabra, invitándolos a creer en él, usa aquí una compleja ceremonia. En primer lugar aparta al enfermo del grupo. Para comunicarse con un sordo es necesario estar a solas con él. Luego le mete los dedos en los oídos. Única forma de hacerle entender que algo le iba a suceder. Además le toca la lengua con saliva, lo cual, en muchas culturas orientales equivale a compartir salud y vida. Enseguida mirando al cielo, el Maestro suspira. De este modo se comunica con el Padre, motivando al enfermo a creer. Y finalmente pronuncia una palabra de origen arameo: “Effetá”, que quiere decir: Ábrete.

2.- Anteriormente el ritual del bautismo prescribía: “Tocando con el dedo los oídos y la lengua del niño, dirá al sacerdote: El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda a su tiempo escuchar y proclamar la fe para alabanza y gloria de Dios”. Dice algún escritor que mientras vamos de camino, en busca de la felicidad, nos movemos sobre dos círculos. El primero, donde preside la ciencia, es profano. Quizás aquel sordo, que apenas podía hablar permanecía allí, incomunicado además. El otro círculo es sagrado. Donde la fe nos ilumina. Y al cual no todos alcanzan. Se trataría entonces de crear puentes desde un círculo al otro. Esto lo hizo Jesús con el enfermo, apartándolo de la multitud.

San Marcos no nos dice qué expresó aquel hombre, una vez curado. Quizás se unió a quienes admirados decían: “Éste todo lo ha hecho bien. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. Pero nos preguntamos cómo pasar del círculo profano al sagrado. Una urgencia que se da en muchas ocasiones. Cuando la vida nos comprueba la vanidad de todo. Cuando acecha la muerte. Cuando necesitamos llenar nuestros vacíos con algo de un orden superior.

3.- Para este avance, según el mismo autor, habría tres puentes. El primero sería un aprendizaje. Cuántas personas desconocen el vocabulario y los elementos básicos de nuestra fe. No son legos en la materia. Son ignorantes, porque carecen de lo esencial. El segundo puente sería una vida moral. A quien trata de vivir correctamente y se proyecta a los demás, se le muestra el Señor. Es aquella bienaventuranza de los limpios de corazón, que garantiza desde ahora la visión de Dios. El tercer lugar, estaría la experiencia personal de lo sagrado. Algo que no es exclusivo de los místicos. Todos los creyentes, en determinada coyuntura, hemos comprendido algo anteriormente incomprensible. Hemos sentido a Alguien que está más allá de todo sentido, como escribe san Pablo. Así le ocurrió a aquel hombre, camino del lago, atravesando la Decápolis.

Gustavo Vélez, mxy