¿Nos suena “Jesús”?

1.- El domingo pasado, el Papa Benedicto XVI, en una misa al aire libre en Alemania afirmaba: “El mundo se ha vuelto sordo a Dios” Las sociedades occidentales están perdiendo sus almas ante la racionalidad científica y asustando a los creyentes del mundo en desarrollo que siguen siendo temerosos de Dios”.

Por ello mismo, cuando Jesús nos pregunta en el evangelio de este día: “¿Quién dice la gente que soy yo?” debiera de plantearnos muchos interrogantes y otras tantas interpelaciones:

-La más radical: ¿Dice Jesús algo a alguien?

-La intermedia: ¿Qué nos dice y qué decimos de El, los que nos las damos de cristianos?

-La blanda: Nos dice mucho, pero le conocemos poco.

2.- El Señor, ante tanta cuña publicitaria y frecuencias que se meten por los cuatro costados de nuestra existencia, lo tiene muy difícil para ser audible, conocido e identificado. Nunca, la iglesia, ha contado con tantos medios para incentivar y popularizar el nombre de Jesús y, nunca, ha encontrado tantas dificultades para que las nuevas y viejas generaciones, se interesen y se zambullan de lleno en la personalidad, vida y encuentro con Jesucristo.

Jesús, camina con nosotros, y de nuevo –en este curso que estrenamos- nos pregunta: ¿Qué dice la gente de mí? ¿Quién dice que soy yo? ¿Qué saben de mí los catequistas? ¿Cómo me presentan los sacerdotes? ¿Qué imagen tienen de mí las nuevas generaciones? ¿Qué hacéis por mi reino? ¿Qué vais a decir de mí? ¿Qué vas hacer por mí?

3.- Sí, amigos. Nos tenemos que implicar un poco más en la labor evangelizadora. Por cierto, el Papa Benedicto, el domingo pasado señaló una verdad más grande que un templo: “difundir a Jesucristo es más importante que toda la ayuda de emergencia y al desarrollo que iglesias ricas ofrecen a los países pobres”.

No podemos contentarnos con una labor meramente social o educativa. Nuestra misión, como creyentes, tiene las dos vertientes: el encuentro personal con Jesús y, a continuación, nuestro servicio a los demás. Son dos notas de un mismo acorde. Pero ¿es justo poner el acento en un simple compromiso obviando la difusión del Evangelio?

¡Qué interpelación tan seria e incisiva la de este domingo! ¡Quién dice la gente que soy yo! Porque, malo será que llenemos nuestra iglesia, nuestra parroquia, nuestras dinámicas de grupo, nuestras acciones sociales, nuestros calendario con puntera técnica, ciencia, métodos, medios, dinero y dejemos a un lado lo que es medular en nuestro campo evangelizador: ser difusores del amor de Dios, de la persona de Jesús, de su mensaje, de la gran familia que somos y vivimos en la iglesia.

* ¿Qué dicen de Jesús los que han sido bautizados y viven como si no lo estuvieran?

* ¿Qué expresan de Jesús los que piensan que con bautizarse, comulgarse, confirmarse y casarse por la iglesia ya han hecho un gran favor a Dios?

* ¿Qué afirman de Jesús los catequistas que creen que con impartir una catequesis es suficiente pero, a continuación, no viven la eucaristía dominical?

* ¿Qué atestiguan de Jesús tantos de nuestros hermanos que, perteneciendo a la iglesia, viven indiferentes a lo que ocurre dentro de ella?

4.- Que esta Eucaristía, en el Día del Señor, nos ayude a comprometernos –no solamente en la acción renovadora del mundo – sino en el conocimiento de Jesús de Nazaret.

Que no nos ocurra como aquel alpinista necio, que después de ascender y descender de una gran montaña le preguntaron: ¿Qué horizonte se ve desde allá arriba? ¿Qué has visto cuando subías? Y, el montañero, les contestó: “la verdad es que como iba tan pendiente de subir no me he percatado de lo que había a mi alrededor”. Tan pendiente de las cuerdas que…olvidó disfrutar de tantas sensaciones que le rodeaban.

O como aquel fan de un cantante, que tarareaba la melodías de sus canciones pero nunca supo ni lo que significaba sus letras ni el contenido de las mismas.

¿Qué decimos nosotros en el ascenso de nuestra vida sobre Jesús de Nazaret? ¿De qué cuerdas nos tenemos que soltar para afirmar y demostrar que –de verdad- somos sus seguidores?

5.- ¿QUÉ DIGO, SEÑOR?

¿Qué decir sobre Ti, si, Tú sabes que yo sé muy poco?
¿Qué decir de tu vida, si yo prefiero llevar la mía?
¿Qué decir de tus Palabras, si estoy sordo a ellas?
¿Qué decir de tus misterios, si no me los creo?
¿Qué decir de tu Evangelio, si no me molesto en abrirlo?
¿QUÉ DIGO, SEÑOR, SOBRE TI?

¿Qué decir de tu historia, cuando prefiero cualquier otra novela?
¿Qué decir de tu mensaje, cuando prefiero otras cuñas publicitarias?
¿Qué decir de tus caminos, cuando elijo senderos menos comprometidos?
¿Qué decir de tus enseñanzas, cuando soy tan poco aplicado contigo?
¿Qué decir de tus miradas, cuando miro hacia otro lado?
¿QUÉ DIGO, SEÑOR, SOBRE TI?

Ayúdame a no perderme en medio del mundo
A ponerte en el centro de mí casa
A dar razón de mí fe
A buscarte, aunque algunos se empeñen en despistarme
A rezarte, aunque me cueste centrarme en la oración
A conocerte, aunque me resulte difícil reconocerte

¿QUÉ DIGO, SEÑOR, SOBRE TI?
Ayúdame a gritar a los cuatro vientos: ¡TU ERES EL SEÑOR!
Y, entonces, significará una cosa: que te he encontrado, Señor.

Javier Leoz