Comentario – Lunes XXIV de Tiempo Ordinario

(Lc 7, 1-10)

El evangelio de Lucas, llamado «el evangelio de la misericordia», merece sobradamente este calificativo, porque en él son abundantes las escenas de pecadores perdonados, la referencia al amor de Dios que perdona y tiene predilección de Dios por los pobres, las exhortaciones a ser compasivos y generosos. Pero en general hay una mirada abierta a todo el que sea diferente, y por eso Lucas también tiene palabras positivas para los paganos, como en Lc 4, 25-27; 11, 31-32.

En ese contexto tenemos que situar este relato sobre la curación del siervo del centurión romano. Se trata de un pagano, un representante del imperio romano que estaba oprimiendo al pueblo judío, y sin embargo se destaca aquí la bondad y la generosidad del centurión, que amaba al pueblo judío y hasta había construido una sinagoga en el pequeño pueblito de Cafarnaúm, y además se indica que quería mucho a su siervo, que había caído enfermo.

Por otra parte, su actitud ante Jesús es de profunda humildad; en lugar de hacer valer su autoridad, se declara indigno de recibir la visita de Jesús. Finalmente, hace un acto de profunda fe en el poder de Jesús, que le vale un elogio de Jesús: «Ni en Israel he encontrado una fe tan grande».

Podemos decir entonces que el interés de Lucas, más que en relatar un milagro que apenas aparece mencionado, está en mostrar cómo un pagano podía tener un corazón bueno y abierto, más que el corazón de los judíos, orgullosos de su religión y de sus tradiciones.

Así se nos hace notar que no es bueno juzgar a los demás en bloque, porque en este caso el hecho de ser un centurión romano no implicaba que fuera una mala persona; y su confianza en Jesús fue más grande que la de los judíos que poseían la Palabra de Dios y eran el pueblo elegido.

Oración:

«Señor Jesús, dame la gracia de mirar con buenos ojos al que es diferente; concédeme estar atento como tú a las cosas buenas que pueda descubrir en los otros. Libérame de los prejuicios tontos que me enceguecen y me vuelven oscuro y negativo».

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

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