La tarjeta de visita de Dios

1. – Siempre que volvían a casa, solían ser los Apóstoles los que le preguntaban a Jesús por el significado de sus parábolas. Pero, hoy, es Jesús quien les pregunta y no sin “malicia”: “¿Y que veníais discutiendo por el camino?

Qué vergüenza para los Apóstoles que habían venido disputándose los cargos importantes de presidente, vicepresidente y ministro de Hacienda de ese Reino que Jesús predicaba

Y Jesús se sienta –¿tal vez algo cansado de que no le entiendan?– y les llama a su alrededor y les lee la cartilla.

2. – No es a codazos como se abre uno el camino de los ascensos en el Reino. No es pisando a los demás como se sube de categoría en el Reino. No son los que salen en la televisión, ni en los periódicos los más grandes en el Reino de los cielos. Los más grandes ante Dios no tienen acceso a esos medios. Son rostros anónimos, desconocidos, uno más del montón. No se imponen a los demás. No sienten la necesidad de imponer su personalidad. No quieren llamar la atención. Se mantienen en el silencio, en la oscuridad.

— Hombres y mujeres que no aciertan a ser felices sin tratar de hacer felices a los demás.

— Hombres y mujeres que en silencio viven creativamente creando paz y felicidad a los demás.

— Hombres y mujeres que no piensan en sí mismos, pero que no pueden vivir tranquilos junto a los problemas y penas de sus hermanos.

— Hombres y mujeres grandes en su desconocida pequeñez.

“Quien quiera ser el primero que se haga servidor de todos” Hombres y mujeres que han comprendido que desde el momento en que Dios se ha rebajado a ser hombre es ridículo que el hombre pretenda sobresalir sobre nadie si no es para servir, como Dios.

3. – El hecho de que Jesús abrazado a un niño nos diga “el que acoge a un niño a mí me acoge” viene a dar un vuelco a eso de quien es el mayor. Es como si el Señor nos dijera “me parece muy bien que penséis en quien es más importante, pero no para poneros a vosotros mismos en esos puestos, sino para darle esos puestos y esa importancia a quien Dios mismo da importancia.

Nosotros vamos por el mundo dándonos importancia con nuestra tarjeta de visita llena de títulos, de doctorados, altos puestos de administración y de gobierno. Y el Señor nos dice que Él presta su tarjeta de presentación a los débiles, a los marginados, a los innominados para que válidamente se presentan ante nosotros con una tarjeta que dice, “Jesús, Hijo de Dios… el que recibe a uno de estos a mí me recibe”.

4. – Daríamos un respingo en nuestro asiento si estando en nuestra casa, o en nuestro despacho, nos pasaran una tarjeta de visita de Su Majestad el Rey, o de Su Santidad el Romano Pontífice, Y nos preguntaríamos: ¿Cómo se ha dignado venir a mi casa?

Pues cada persona no importante, innominada, que acude a nosotros trae en su mano la tarjeta de visita del mismo Dios… Dios se digna a visitarnos. No porque esa persona se identifique con Dios, sino porque Dios se identifica con ella. ¡El que recibe a uno de estos niños a Mí me recibe! Aprendamos a dar importancia a los que son importantes delante de Dios.

José María Maruri, SJ