Notas para fijarnos en el Evangelio

• El personaje al que se refiere el discípulo Juan, diciendo que “no es de los nuestros” (38), es uno que no formaba parte del grupo de los discípulos o seguidores de Jesús. Aunque actúa “en nombre de Jesús”.

• Por tanto, se pone de manifiesto que los discípulos de Jesús -como muchos grupos, por otro lado- tienen una tendencia al sectarismo, a creerse los únicos que pueden hacer el bien, que pueden “echar demonios” (38).

• Jesús aprovecha la ocasión para enseñar -precisamente Juan lo llama “Maestro” (38)-. Y el evangelista Marcos aprovecha la escena para recoger varias enseñanzas de Jesús.

• La primera enseñanza es que haber recibido la misión y el poder sobre los espíritus malignos (Mc 3,15; 6,7) no supone que nadie más pueda “echar demonios”. Toda persona que hace el bien está en la dinámica del Reino, “no se quedará sin” el Reino (41). Ser de los que van con Jesús (38) se concreta en vivir lo que Él vive, en hacer lo que Él hace: Jesús echa demonios (Mc 1,34.39; 3,22; 16,9). Por otro lado, echar demonios en nombre de Jesús será uno de los signos que acompañarán a los que crean, según dice el Resucitado (Mc 16,17).

• Jesús relaciona esta enseñanza con el tema del escándalo: “el que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen” (42). “Escandalizar” quiere decir poner obstáculos a la fe, provocar que tropiecen, alejarlos de Dios.

* Los “pequeñuelos” (42) son no sólo los pobres con los que se encontró Jesús en su camino, sino también los miembros de la comunidad (también los hallamos en Mt 10,42) que son más frágiles y débiles; también aquella gente

sencilla que no se atrevía a seguir a Jesús por miedo de los escribas. Jesús -y san Marcos- pretenden recordarnos (42-48) que todos so- mos responsables de la fe de los otros. Sobre todo cuando esos otros son “pequeñuelos”.

* Jesús no propone nada similar a la mutilación del cuerpo como solución para nada. Ni nos quiere asustar con el “infierno” (42-48). Utiliza, eso sí, imágenes duras, impactantes, y que los oyentes podían entender, para hacer caer en la cuenta de la gravedad del escándalo de los pequeños.

Un par de notas “técnicas”

• “Una piedra de molino” (42) es una piedra grande y pesada movida por un animal, que la hacía rodar sobre otra piedra plana, puesta debajo.

• La palabra traducida por “infierno” (43.45.47) – la Gehenna-, se refiere a un valle que limitaba la ciudad de Jerusalén y que había sido un lugar de culto idolátrico a Moloc, con práctica ocasional de sacrificios humanos; de ahí el nombre de Tófet o “quemador” (2 Re 23,1; Jr 7,31-32). Posteriormente, se convierte en imagen del lugar de castigo definitivo de los pecadores, lleno de gusanos y fuego (1s 66,22-24).