Etnocentrismo y pluralismo

Podría decirse que un signo claro de avance de nuestra especie es el paso de una consciencia etnocéntrica a otra mundicéntrica. La primera, que ha imperado durante siglos y todavía perdura en gran medida, se caracteriza por una visión que gira alrededor del propio grupo (tribu, etnia, raza, pueblo, partido, ideología…), que es absolutizado, como referencia única de verdad y de bondad. Es verdadero lo que el grupo cree y es bueno lo que lo beneficia.

Mientras las personas se hallan en este nivel de consciencia, el diálogo es prácticamente imposible. Tanto la cerrazón al diálogo como el juicio y la descalificación del otro no nacen de la “maldad” de las personas, sino que son consecuencia del nivel de consciencia en que se encuentran. Por lo que, desde este punto de vista, podría decirse que son inevitables…, mientras perdure ese nivel de consciencia.

Desde él, quienes piensan diferente no pueden ser comprendidos; al contrario, es necesario obligarlos a cambiar. Por lo que cualquier propuesta o intento de comprensión será tachada, como mínimo, de “buenismo” condescendiente y radicalmente equivocado.

El fanatismo y la intolerancia nacen de una consciencia etnocéntrica, centrada en el propio grupo (o el propio ego) y se pone de manifiesto en las palabras que aparecen en el texto evangélico de hoy: “No es de los nuestros”. Porque no importa lo que el otro dice o hace sino, simplemente, que no pertenece a nuestro grupo.

La disputa política suele ser un campo donde es fácil advertir ese tipo de funcionamiento: no se valora –mucho menos se apoya– ninguna propuesta de otro partido…, porque no es de los nuestros. Con lo cual se hace evidente lo que mucha gente constata a diario: los partidos políticos no buscan el bien de la sociedad, sino sus propios intereses, entre los que destaca “quedar por encima” del rival (y ganar las próximas elecciones). Este modo de funcionar, que aparece también en otros ámbitos sociales, pone de relieve la extensión y la fuerza que todavía posee entre nosotros la consciencia mítica.

Por el contrario, el proceso de expansión de la consciencia permite asumir una perspectiva pluralista, que se caracteriza por la capacidad de comprender otras perspectivas, distinguir el “mapa” del “territorio”, reconocer la relatividad de todo modo de conocer….

Este nivel de consciencia más amplio (mundicéntrico, pluralista, integral) abre nuestro horizonte, nos libera de la necesidad de tener razón y constituye el fundamento profundo del respeto y la cooperación.

Globalmente, me parece que la humanidad camina desde una consciencia etnocéntrica a otra pluralista o integral. Sin embargo, esto no niega que en cualquier momento y en cualquiera de nosotros puedan activarse viejos registros tribales que nos coloquen en actitudes rígidas e intolerantes.

¿Qué hay en mí de intolerancia y de respeto?

Enrique Martínez Lozano

II Vísperas – Domingo XXVI de Tiempo Ordinario

II VÍSPERAS

DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Nos dijeron de noche
que estabas muerto,
y la fe estuvo en vela
junto a tu cuerpo

La noche entera
la pasamos queriendo
mover la piedra.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

No supieron contarlo
los centinelas:
nadie supo la hora
ni la manera.

Antes del día.
se cubrieron de gloria
tus cinco heridas.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

Si los cinco sentidos
buscan el sueño,
que la fe tenga el suyo
vivo y despierto.

La fe velando,
para verte de noche
resucitando.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Cristo, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cristo, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aleluya.

SALMO 113B: HIMNO AL DIOS VERDADERO

Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria,
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y otro,
hechura de manos humanas:

Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;

Tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendita a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA: 2Ts 2, 13-14

Debemos dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos amados por el Señor, porque Dios os escogió como primicias para salvaros, consagrándoos con el Espíritu y dándoos fe en la verdad. Por eso os llamó por medio del Evangelio que predicamos, para que sea vuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Nuestro Señor es grande y poderoso.
V/ Nuestro Señor es grande y poderoso.

R/ Su sabiduría no tiene medida.
V/ Es grande y poderoso.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «Todo aquel que os dé a beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, yo os aseguro que de ninguna manera perderá su recompensa», dice el Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Todo aquel que os dé a beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, yo os aseguro que de ninguna manera perderá su recompensa», dice el Señor.

PRECES

Demos gloria y honra a Cristo, que puede salvar definitivamente a los que, por medio de él, se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder a favor nuestro, y digámosle con plena confianza:

Acuérdate de tu pueblo, Señor.

Señor Jesús, Sol de justicia que ilumina nuestras vidas, al llegar al umbral de la noche, te pedimos por todos los hombres; 
— que todos lleguen a gozar eternamente de tu luz, que no conoce el ocaso.

Guarda, Señor, la alianza sellada con tu sangre,
— y santifica a tu Iglesia, para que sea siempre inmaculada y santa.

Acuérdate de esta comunidad aquí reunida,
— y que tú elegiste como morada de tu gloria.

Que los que están en camino tengan un viaje feliz 
— y regresen a sus hogares con salud y alegría.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge, Señor, las almas de los difuntos
— y concédeles tu perdón y la vida eterna.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia, derrama incesantemente sobre nosotros tu gracia, para que, deseando lo que nos prometes, consigamos laos bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

La veracidad a través de los hechos

“El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te hace caer, córtatela”.

A nivel profundo nos comunicamos cuando expresamos vivencias o sentimientos; sólo entonces somos veraces. No basta afirmar verdades, sino ser veraces. La verdad está ligada a la conciencia, a la persona. Somos veraces en la medida que nos revelamos o nos entregamos, en tanto nos expresamos libremente.

Sin embargo, según el pensamiento occidental, el conocimiento consiste en extraer, separar de las cosas su esencia inmutable. Así, la verdad es lo que capta la mente en actitud distanciada, separada.

Ese tipo de conocimiento se ha alejado del modo de entender la verdad y de expresar la veracidad. Verdad equivale en la Biblia a fidelidad y se comprueba a través de los hechos. Es decir, la verdad no sólo se piensa sino que se hace, se practica. Se logra con fidelidad, en actitud comprometida.

Jesús fue veraz porque hizo/practicó la verdad. Incluso afirmó de sí mismo: «Yo soy la verdad». Amó hasta el extremo a su Abbá y se entregó por la justicia del Reino. A nivel humano le costó muy caro.

¿Quién de nosotros hoy, está dispuesto a practicar así la verdad? ¿Quiénes de los que ejercen el poder y poseen los recursos y los métodos para decir y practicar la verdad en este mundo desgarrado y dividido se dejan la vida construyendo verdad?: personas importantes, influyentes, políticos y gobiernos incapaces de llegar a consensos y ponerse de acuerdo con los opositores en temas esenciales para la normal convivencia de un país (educación, justicia, eutanasia, inmigración, mercantilización de los cuerpos de las mujeres, el paro, el desempleo…), clérigos que han ocultado el sufrimiento vivido por menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un número notable de éstos y personas consagradas, cristianos anónimos que decimos seguir a Jesús y no practicamos la justicia que Dios quiere.

En la primera lectura Moisés se lo recuerda a su ayudante Josué. “¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!”. El espíritu de Dios es luz y fuerza. El que lo recibe, sea quien sea, es su testigo en este mundo opaco y atormentado. Es don gratuito no para propio provecho sino para el servicio a los demás.

Sin embargo, no parecen abundar los Moisés (o las Miriam) que son testigos del espíritu. Seguimos, por poner un ejemplo, en la confrontación, en las discrepancias irreconciliables, en las mezquinas separaciones, en los nacionalismos excluyentes y manipuladores de la historia, en las medias verdades… mientras la humanidad está al borde del abismo en desigualdad económica y social, en violencia de todo tipo, en la degradación de la tierra y de los mares, en la droga que arruina y deshumaniza a los jóvenes o en el ínfimo esfuerzo pedagógico para superar los períodos negros de la historia que han provocado tanto desencuentro y tanta discordia.

Deberíamos evitar escandalizar o servir de tropiezo a aquellos que, aun sin saberlo, «no están contra nosotros». El espíritu de Dios penetra hondamente en el ser humano y conlleva la disponibilidad para la lucha concreta y determinada. Eso significa comprometerse en las causas urgentes y cotidianas que afectan a millares de personas.

«Si tu ojo, tu mano o tu pie te hace caer… córtatelo!», porque también nosotros contribuimos a esa porción que obstaculiza el Reino, aquí y ahora.

Más allá de esa brecha que se empeñan en agrandar y profundizar, estamos llamados unos y otros a hacer emerger esos pequeños milagros de cada día. Si se me permite, en el documento preparatorio del Sínodo, bajo el lema: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”, se destacan, entre otros[1]:

– reconocer y apreciar la riqueza y la variedad de los dones y de los carismas que el Espíritu distribuye libremente, para el bien de la comunidad y en favor de toda la familia humana;

– examinar cómo se viven en la Iglesia la responsabilidad y el poder, y las estructuras con las que se gestionan, haciendo emerger y tratando de convertir los prejuicios y las prácticas desordenadas que no están enraizadas en el Evangelio;

– sostener la comunidad cristiana como sujeto creíble y fiable en caminos de diálogo social, sanación, reconciliación, inclusión y participación, reconstrucción de la democracia, promoción de la fraternidad social;

– la “tragedia global” de la pandemia del coronavirus, ha hecho detonar las desigualdades y las injusticias ya existentes: la humanidad aparece cada vez más sacudida por procesos de masificación y de fragmentación; la trágica condición que viven los migrantes en todas las regiones del mundo patentizan cuán fuertes son aún las barreras que dividen la única familia humana”, como ya se encargó de señalar Francisco en Laudato Si y Fratelli Tutti.

El texto trata de articular una respuesta que sirva para todos los rincones del mundo, el caminar “junto a la entera familia humana”, con otras religiones, los alejados o el mundo de la política, la cultura, la economía o la sociedad civil.

La finalidad del Sínodo, no es producir documentos, sino «hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar la esperanza, aprender unos de otros, y crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, enardezca los corazones, dé fuerza a las manos».

Hacer realidad ese anhelo: Que sepamos vivir, amar y respetar en tu nombre.

Shalom!

Mª Luisa Paret


[1] RD, 07.09.2021, Jesús Bastante

Todo gueto es un egoísmo amplificado

El texto de hoy es continuación inmediata del que leímos el domingo pasado. Es Juan el que, sin hacer mucho caso a lo que acaba de decir Jesús, salta con una cuestión al margen de lo que se viene tratando en el evangelio. Este texto tiene un significado aún más profundo si recordamos que, en este mismo capítulo (Mc 9,14-29), justo antes del episodio que hemos leído el domingo pasado, se cuenta que los discípulos no pudieron expulsar un demonio.

Una vez más, Jesús tiene que corregir su afán de superioridad. Siguen empeñados en ser ellos los que controlen el naciente movimiento en torno a Jesús. Con el pretexto de celo, buscan afianzar privilegios. Seguramente se trata de un problema, planteado ya en la primitiva comunidad donde se escribe el evangelio. El resto de lo que hemos leído no es un discurso, sino una colección de dichos que pueden remontarse a Jesús.

No es de los nuestros. El texto griego dice: “porque no nos sigue a nosotros”. Este pequeño matiz podría abrirnos una perspectiva nueva en la interpretación. Solo pronunciar esta frase, supone alguna clase de exclusión y una falta de compresión del evangelio. Todo lo que nos hace diferentes como individuos es accidental y anecdótico. Unirnos a un grupo con la intención de ser superiores y más fuertes es un egoísmo amplificado.

Muchas veces me habéis oído hablar de las contradicciones del evangelio; pues hoy lo vemos con toda claridad. (Mt 12,30) dice exactamente lo contrario de lo que acabamos de oír a Mc: “El que no está con nosotros está en contra nuestra, y el que con nosotros no recoge, desparrama.” En Lucas encontramos las dos fórmulas, (10,50) y (11,23); así que no hay manera de desempatar. No hay contradicción, solo son contextos distintos.

La contradicción es aparente. El mensaje del Jesús no se puede meter en conceptos. La razón necesita crear opuestos para poder explicar la realidad. Solo se puede entender lo que es el frío en contraposición con lo que es el calor. Se entenderá lo que es el color blanco, solo cuando se tenga la idea de negro. La luz solo se puede comprender si tenemos en cuenta la oscuridad. Para poder afirmar algo como verdadero, tenemos que considerar lo opuesto como falso. En el orden espiritual las contradicciones quedan superadas en la unidad.

El que no está conmigo está contra mí, se refiere a que la pertenencia al Reino. Es una opción personal, no es lo natural, no viene dada por el ADN. Hay que hacer un verdadero esfuerzo por descubrirlo y entrar en él. Recordad las frases del evangelio: “El reino de los cielos padece violencia y solo los esforzados lo arrebatan”; y “estrecha y angosta es la senda que lleva a la vida y pocos dan con ella”. Para entrar en el reino hay que nacer de nuevo.

El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Quiere decir que del Reino no se excluye a nadie. Todo el que busca el bien del hombre, está a favor del Reino, que predica Jesús. Solo queda fuera el egoísta que rechaza al otro. La posesión diabólica era el paradigma de toda opresión. Expulsar demonios era el paradigma de toda liberación. Jesús anuncia un Dios que es amor y que no excluye a nadie, ni siquiera a los pecadores.

La pretensión de exclusividad ha hecho polvo las mejores iniciativas religiosas de todos los tiempos. Considerar absoluta cualquier idea de Dios como si fuera verdad definiti­va es la mejor manera de entrar en el integrismo, fanatismo e intransigen­cia. Monopolizar a Dios es negarlo. Poner límites a su amor es ridiculizarlo. Nuestra religión ha ido más lejos que ninguna otra en esa pretensión de verdades absolutas y excluyentes. Recordad: fuera de la Iglesia no hay salvación. Fuera de la Iglesia hay salvación. A veces, más que dentro de ella.

En una ocasión en que no los recibieron en Samaría, Santiago y Juan dicen a Jesús: ¿Quieres que mandemos bajar fuego del cielo para que les destruya? Jesús les dice: no sabéis de qué espíritu sois. Seguimos sin enterarnos del espíritu de Jesús. Seguimos pretendiendo defender a Dios, sin darnos cuenta de que estamos defendiendo nuestros intereses. No se trata de tolerar lo malo que hay en los otros. Se trata de apreciar en ellos lo que hay de bueno.

Entre el episodio de la primera lectura y el que nos narra el evangelio hay doce siglos de distancia, pero la actitud es idéntica. Desde que se escribió el evangelio hasta hoy han pasado veinte siglos, y aún no nos hemos movido ni un milímetro. Seguimos esgrimiendo el “no es de los nuestros”. Todo aquel que se atreve a disentir, todo el que piense o actúe de modo diferente sigue excluido. Incluso arremetemos contra todo el que se atreve a pensar.

El espíritu de Jesús va mucho más allá de lo que abarca el cristianismo oficial. Se ha acuñado una frase, “patrimonio de la humanidad”, que se podía aplicar a Jesús. Jesús no es propiedad de la Iglesia. El mensaje de Jesús no se puede encerrar en ninguna iglesia. Jesús intentó que todas las religiones descubriesen que el único objetivo de todas ellas es hacer seres cada vez más humanos. Cualquier religión que no tenga esa meta es simplemente falsa.

De la misma manera que la mente racional potenció el yo para garantizar la subsistencia biológica, el ser humano ha ido creando guetos que potencian ese objetivo de seguridad. Desde la familia a la nación, todas las instituciones tienen como objetivo que nos sintamos más seguros. La socialización ha sido un medio para el progreso humano y debe seguir siéndolo, pero se convierte en el mayor enemigo del hombre si se utiliza para ir contra los demás.

Para los seres humanos ha sido mucho más nefasta la idolatría teísta que el ateísmo. Las mayores barbaridades de la historia se han cometido en nombre de dios. Es un ídolo el dios que hace diferencia entre buenos y malos; el dios que depende de lo nosotros hagamos para estar de nuestra parte o en contra nuestra. Ese dios nos tranquiliza, porque si él hace eso, está justificado que nosotros estemos a favor de los nuestros y en contra de los que no lo son.

Que en el evangelio de Marcos, la causa de Jesús no coincida con la causa del grupo, es un toque de atención para nosotros. Jesús no es monopolio de nadie. Todo el que está a favor del hombre está con Jesús. Todo el que trabaja por la justicia, por la paz, por la libertad, es cristiano. Nada de lo que hace a los hombres más humanos es ajeno a Jesús. Es inquietante que todas las religiones hayan sido causa de las mayores divisiones y guerras.

Meditación

Aunque alguien se empeñe en estar en contra nuestra,
nosotros nunca debemos estar contra nadie.
Mi actitud no debe depender de la actitud el otro.
Si aún me cuesta aceptar al otro tal cual es,
es señal de que aún no he comprendido el evangelio.
Estoy esperando que cambie él para sentirme yo bien.

Fray Marcos

Comentario – Domingo XXVI de Tiempo Ordinario

(Mc 9, 38-43. 45. 47-48)

Junto con la tentación del poder estaba la tentación propia de los fariseos, que buscaban controlarlo todo, tener bajo su mirada dominante todo lo que tuviera que ver con la religión y las costumbres. Jesús había pedido a los discípulos que se cuidaran de contagiarse.

Pero este texto muestra que también los discípulos caían en la tentación de querer controlarlo todo. Por eso no podían aceptar que alguien expulsara demonios en nombre de Cristo sin pertenecer a su grupo de «selectos». Sin embargo Jesús prefiere ser tolerante, y responde que es suficiente que esa persona no esté contra ellos.

La misma actitud positiva y tolerante puede verse en Pablo, cuando en Flp 1, 18 dice: «¿Qué importa si predican a Cristo con falsedad o con autenticidad? Si predican a Cristo eso me alegra y me alegrará».

Luego Jesús invita a revisar nuestra escala de valores y a descubrir que el Reino tiene tanto valor que justifica renuncias y sacrificios. El que busca la vida mejor que Jesús propone no puede dar rienda suelta a todas sus inclinaciones, sobre todo cuando las propias acciones hacen daño a los demás.

El evangelio exige un nuevo estilo de vida marcado sobre todo por una sincera preocupación por el bien del otro. El mismo sentido aparece en el tema de la sal. La sal simboliza esas características que distinguen a los cristianos y que deben contagiarse al mundo (Mt 5, 13). Pero también era usada en las alianzas como señal de amistad. Por eso el texto dice «tengan sal y estén en paz con todos». Esto implica que esas características distintivas de los cristianos son ante todo las buenas actitudes ante el prójimo. Una persona «con sal» es alguien que puede hacer felices a los demás, que les ayuda a llevar el peso de la vida, que crea a su alrededor un ambiente de amistad.

Oración:

«Ilumíname Señor, sana mi mirada más profunda para que pueda descubrir el inmenso valor de tu Reino, de tu presencia, de tu camino; y fortaléceme para que sea capaz de entregarlo todo por ese Reino de vida verdadera»

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Lectio Divina – Domingo XXVI de Tiempo Ordinario

El que no está contra nosotros está a favor nuestro

INTRODUCCIÓN

A pesar de que Jesús les acaba de decir que el que quiera ser de los suyos tiene que cargar con la cruz, a pesar de que les ha dicho que el que quiera ser primero sea el último y el servidor, los apóstoles siguen sin entender. Una vez más, Jesús tiene que corregir su afán de superioridad. Siguen empeñados en ser ellos los que controlen el naciente movimiento en torno a Jesús. Con el pretexto de celo, buscan afianzar privilegios. Seguramente se trata de problemas planteados en la comunidad donde se escribe el evangelio. (Fray Marcos).

TEXTOS BÍBLICOS

1ª Lectura: Num. 11,25-29.      2ª Lectura: Sant. 5,1-6.

EVANGELIO

Marcos 9,38-43.45.47-48:

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo.» Jesús replicó: «No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Os aseguro que el que os dé a beber un vaso de agua porque sois del Mesías no quedará sin recompensa. Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo echaran al mar. Y si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al fuego eterno que no se extingue. Y si tu pie es ocasión de pecado para ti, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la vida, que ser arrojado con los dos pies al fuego eterno. Y si tu ojo es ocasión de pecado para ti, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al fuego eterno, donde el gusano que roe no muere y el fuego no se extingue.»

REFLEXIÓN

 1.– Primera lectura: Dios no quiere que el poder se concentre en una sola persona (Num. 11,25-29).

En este bello texto hay una queja de Moisés a Dios: “Este pueblo es demasiado pesado para mí. No puedo cargar yo solo con él”. Y Yahvé le da la solución:” Reúneme setenta ancianos de Israel…tomaré parte del espíritu que hay en ti y lo pondré en ellos para que lleven contigo la carga del pueblo”. Y, en cuanto se posó sobre ellos el espíritu se pusieron a profetizar. Notemos que el que tiene el poder es Moisés, el gran legislador de Israel, aquel “que hablaba con Dios cara a cara, como un amigo habla con su amigo” (Ex. 33,11).  Es voluntad de Dios que no sólo los malos legisladores, ni los mediocres, sino también los buenos, los elegidos directamente por Dios, repartan responsabilidades. El Papa debe compartir responsabilidades con los Obispos; éstos con los sacerdotes y éstos con sus fieles. La Iglesia de Jesús debe ser “circular” y no “piramidal”. Una imagen bonita de Iglesia es una mesa redonda donde Jesús está en medio como el Importante y los demás alrededor, participando de su pan y de su vino. El Papa Francisco habla de la descentralización de la Iglesia, de una Iglesia “Sinodal” que “juntos, hacen el mismo camino”.

2.– Segunda lectura: Dios no quiere que las riquezas se acumulen en unas solas manos.

El apóstol Santiago lanza terribles amenazas a los que se han enriquecido con el sudor de los obreros. “El jornal defraudado a los obreros está clamando contra vosotros”. Nos viene a decir que “las aguas estancadas se corrompen” y los “vestidos que no se comparten con los que están desnudos, se apolillan”. El plan de Dios es que los bienes de este mundo lleguen a todos. Es un escándalo que una persona, por el hecho de haber nacido en el primer mundo tenga de todo y otra, por haber nacido en el tercero, no tenga de nada. Parece que lo importante al nacer es acertar con el lugar. El hecho de nacer, de ser persona, de estar hecho a imagen y semejanza de Dios, no sirve para nada. La vida así concebida es una lotería y, como toda lotería, son pocos los agraciados. Yo que he vivido doce años en Bolivia, caigo en la cuenta de que el problema del hambre y de las necesidades más elementales, fácilmente se podrían solucionar “con lo que a nosotros nos sobra”.   Por eso, después de la multiplicación de los panes y de haberse saciado todos, Jesús, les dice: «recoged lo que ha sobrado y que nada se pierda” (Juan 6,12).

 3.– Evangelio: A Jesús no le gusta que algún grupo religioso se arrogue el monopolio de la fe.  

En la primera lectura, además de lo dicho, hay algo muy importante: Dos del grupo de los setenta no estaban con los demás cuando Moisés repartió el espíritu. Eran Eldad y Medad. A pesar de todo, también ellos profetizaron. Y Josué, hijo de Nun, pidió a Moisés que se lo prohibiera. Las palabras de Moisés son impresionantes: ¡Ojalá que todo el pueblo profetizara!  Encajan perfectamente con la actitud de Jesús. Desde el momento que Jesús nos ha enseñado a rezar diciendo PADRE NUESTRO, ¿Se puede decir de alguien que ése no es de los nuestros?  Los nuestros son todos los que son del Padre Dios “que hace salir el sol sobre buenos y malos”. (Mt. 5,45).  No se trata simplemente de tolerar lo malo que hay en los otros. Se trata de apreciar todo lo que hay de bueno en los demás. «La esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar”. Es esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser” (Escritor israelí Amos Oz.) Los fanáticos, los fundamentalistas, suelen ser agresivos.  Daba en el clavo también el físico Andréi Sajarov cuando decía que «la intolerancia es la angustia de no tener razón».

PREGUNTAS

1.- ¿Me creo una persona imprescindible?  Cuando llega el momento de mi jubilación, ¿Sé dar paso a otro?  ¿Lo hago con gusto o con resignación?

2.- ¿Estoy convencido de que el verbo compartir es esencial al cristianismo? ¿O me gustan más los verbos: retener, atesorar, acumular?

3.- ¿Estoy abierto a las personas que no piensan como yo?  ¿Me gusta complementarme con la verdad del otro?

ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:

El afán de “pertenencia”
Señor, con fuerza nos marca:
“Mi religión, mi Parroquia,
mi Grupo de Fe, mi casa”.
A los que “son de los nuestros”,
les damos, Señor, “entrada”.
Y a los que piensan distinto.
les volvemos nuestra “espalda”.
Tú, Señor, en tu evangelio,
criticas nuestra arrogancia:
Tú ves mucho amor oculto
“en las personas extrañas”.
Llena, Señor, nuestras “manos”
de bendiciones y gracias.
Que trabajen, acaricien
y sequen todas las lágrimas.
Calza en nuestros “pies”,
Señor, unas humildes sandalias,
para caminar al lado
de los pobres que se cansan.
Ilumina nuestros “ojos”
con la luz de tu mirada,
para ver que todos somos
panes de la misma masa.
Hay mucha gente, Señor,
Que reparte “vasos de agua”.
Tiene buena voluntad,
Merece nuestra alabanza.

Escándalo juvenil – abuso de menores

1.- Si yo os explico detalles ambientales o geográficos, mis queridos jóvenes lectores, es porque deseo que, a partir de lo que se ve, vayáis con mas facilidad, penetrando en lo que es enseñanza de Dios. Lo que llamamos Revelación fue expresado en lenguaje humano, en un lugar determinado y en un tiempo concreto. Conocer estos detalles nos ayudan a entender mejor la doctrina.

Antiguamente, y aun hoy en día en algunos lugares, cada familia criaba un cerdo y al llegar el mes de noviembre lo mataba. (De aquí proviene el dicho de que a cada cerdo le llega su San Martín). En la casa de pueblo lo engordaban, no para que el animal estuviese satisfecho, sino para que cuando lo mataran proporcionara buenos lomos y jamones. Santiago dice que enriquecerse es como engordar a un animal y pone algunos ejemplos válidos para aquellos tiempos. Será necesario hacer la transposición a los nuestros. Ahora ya no hay segadores, pero son necesarios otros jornaleros. Quien paga mal, quien paga menos al emigrante, porque lo es, quien se cambia de coche, o de bicicleta, simplemente porque con el nuevo modelo que ha salido puede presumir más, quien deja las luces encendidas o los grifos abiertos consumiendo la energía o el agua que otros necesitan, quien abusa de lo que sea, porque quiere y puede, está preparándose a un juicio muy severo de Dios

2.- Hoy en día se habla mucho de abuso de menores y se castiga a quien comete este delito. Jesús ya sentó doctrina en aquellos tiempos sobre esta materia con un lenguaje propio de entonces. Hablaba en Cafarnaún, pues allí mismo y hace pocos años se ha encontrado un molino completo. Lo han dejado en el mismo sitio que estaba cuando Jesús, a pocos metros predicaba. La base es una gran roca y encima de ella se desplaza circularmente una piedra cónica con un agujero que la recorre de arriba a abajo. Con ironía el Maestro imagina que es un gran collar que se meterá en el cuello del que abuse de un menor, y a continuación dice que se le eche al lago. Os he mencionado un molino que se encuentra al norte de las excavaciones, pero un tal artefacto es muy común allí, de manera que el ejemplo era, para ellos, muy práctico. Añade que una tal pena sería más liviana que lo que le espera. Son imágenes, lenguaje de aquel tiempo. Nosotros hablaríamos de traumas psíquicos y de condenar a reclusión y alejamiento. Cada tiempo y lugar tiene su manera de expresarse. No hay cosa más satisfactoria que enseñar al que no sabe, no hay cosa más terrible que desencaminar al inocente. Añade también que aquel que ayude a una persona porque es discípulo, aunque no sea más que dándole gratuitamente un vaso de agua, no quedará sin recompensa. Vuelvo a lo del otro día, es más útil enseñar y estimular a alguien a ser generoso, que discutir con él para convencerle de que lo pensamos, por acertado que nos parezca, debe hacerlo suyo.

3.- No seáis de aquellos que se creen tienen el monopolio de todo. El Espíritu de Dios desciende sobre quien quiere. Ciertamente que hay gente importante y lista que han fundado ONG’s u organismos muy influyentes en el mundo, pero no deben creerse los tales que tienen la exclusiva de la beneficencia. Una humilde monja que reza ingenuamente por el Papa, que estos días se ve mal interpretado, aunque desde su clausura sepa poco de lo que se trata, un buen latino americano que ayuda a otro a encontrar trabajo, que le acoge en su alquilado piso, aunque no tenga papeles, uno que se atreve a denunciar injusticias, aunque le falte categoría social, “pedigrí” político o partido que le respalde, cualquiera de estos es escuchado por nuestro Padre del Cielo. Quien en nombre de Dios denuncia injusticias, aunque no pertenezca a los capitostes de la Iglesia, uno tal, goza del favor de Dios, de su complacencia, viviendo la libertad de los hijos de Dios.

En la Feria de la Familia que visité en Valencia cuando celebraron la reunión mundial de las familias, había unos stands de la Conferencia Episcopal, pero a su lado había muchos otros que sin tanto énfasis, se prestaban a servir a gente pobre, a gente desunida, a gente marginada. Tanto el organismo nacional como el más pequeño y tal vez dislocado gesto salido de un soñador, son trabajos eficientes del Reino. Que nadie se sienta excluido de Él.

Pedrojosé Ynaraja

El escándalo

Si hemos escuchado con atención las lecturas de hoy nos habremos dado cuenta que las tres son especialmente radicales. La primera lectura, del Libro de los Reyes, habla de cómo Dios se sirve de todos sus hijos para anunciar su palabra. Dos de los que no estaban en la lista previa trazada por Moisés también profetizaban. En el Evangelio Jesús de Nazaret lo va a decir claramente: “quien no está en contra está a favor”. Es un canto al ecumenismo y una descalificación de la tendencia muy humana a las listas cerradas, a establecer diferencias entre los nuestros y los otros. A su vez, el apóstol Santiago va a profetizar con la fuerza de los antiguos profetas clamando contra los ricos y los empresarios estafadores. ¿No es oportuno ese grito en unos tiempos en que muchos, al menos en España, abusan de los inmigrantes y mucho más si no tienen “papeles”, si son ilegales? La radicalidad de hoy de estas lecturas está en ofrecer lo verdadero y lo justo, lo que ocurre es que nosotros, en estos tiempos, nos hemos acostumbrado a la exclusividad del grupo propio y a la injusticia.

2.- El Apóstol Santiago nos está hablando a lo largo de su carta de que no quiere la fe sin obras. Hemos estado leyendo esta carta en las últimas semanas y en los últimos párrafos de su Carta –los de este domingo– condena toda clase de opresión. Va reclamar los salarios de los trabajadores frente a los desmanes de los ricos. Como puede verse estamos siempre en el mismo sitio. La acumulación de riquezas lleva al abuso. Es ese amor cristiano lo que tiene que impedirnos que abusemos de nuestros hermanos. Hay un impresionante mensaje de concordia social en el Evangelio. El amor al prójimo impide la injusticia, pero también el engaño, la mentira y el escándalo. La dureza de las palabras de Santiago responde a la crueldad y dureza de los delitos de quienes al tener el poder abusan de los más débiles. Como decía antes profetiza con la fuerza y la rotundidad de muchos profetas del Antiguo Testamento.

3.- San Marcos nos ha narrado este domingo el episodio del escándalo y de la piedra de molino. Es obvio, entonces, Jesús no se refiere a los «otros que hablan bien de Él». Se está refiriendo a los que producen escándalo e incitan al mal mediante engaño. Y en esto tenemos que ser radicales nosotros tambien. El Mal existe y uno de sus caminos es la confusión de las ideas y de los propósitos. Retirar la paz de los espíritus y producir fenómenos de intranquilidad permanente es uno de sus objetivos. El escándalo trae la didáctica del pecado y la falta de paz. Es un camino para permanecer siempre en situación pecaminosa. El escándalo –la enseñanza del Mal—es una de las cuestiones más graves a las que se enfrenta el ser humano. Y parece que en nuestros días está muy de moda. En las radios, en las televisiones, en las conversaciones corrientes se justifica y se promociona el mal: el adulterio, la falta de honradez, la explotación económica, el abuso de los más débiles. Cada día, cada hora, muchas buenas conciencias son torcidas por los malos ejemplos.

Pero hemos de volver al ecumenismo, al seguimiento de la frase de Cristo de que “quien no está contra mí, está conmigo”. El enfrentamiento pertinaz entre los que se llaman discípulos de Cristo no cesa. No hay una comunicación efectiva entre las Iglesias. Por ejemplo, debe admirarse la labor admirable de la Iglesia Evangélica española realizada entre el numeroso pueblo gitano de España. No sólo les ha llevado la palabra de Cristo, si no que está luchando con ahínco en sacar a muchos miembros de dicho pueblo de la droga, de la terrible heroína. Pero, sin embargo, suele ejercitar una crítica muy dura, demasiado dura –muy disolvente—contra la Iglesia católica. A su vez, y en términos generales, la Conferencia Episcopal española “pasa” de los Evangélicos y, también, de otros grupos cristianos. Lo curioso, tremendo y trágico es que cuando los grupos radicales islamistas se manifiestan contra los cristianos, a quienes llaman cruzados, no diferencian entre católicos, evangelistas, anglicanos, metodistas, etc.

Pero planteado, sin embargo, un camino de verdad y justicia, y volviendo a algunos grupos o creencias, no hay más remedio que exponer nuestra más radical repulsa a ciertas creencias que agobian a sus seguidores, con excesivas obligaciones económicas. O ejerciendo la tiranía “ideológica mediante la “predicación” de situaciones no comprobables, como el fin del mundo y otras situaciones que, de una forma u otra, están menoscabando la libertad personal. Hay un mensaje de profundo pesimismo en esa búsqueda irreal de fechas no confirmadas para una profecía escatológica. No es ese el camino. Uno puede estar escudriñando la Escritura todo el día, pero fomentar la tristeza a los hermanos no le servirá de nada. Quien tenga el espíritu tranquilo y la alcuza de aceite llena le importará muy poco la fecha final. Hay que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. La felicidad de nuestros hermanos es fundamental y, también, su paz. Y que nadie se engañe: la proximidad de Jesús produce amor, paz y sosiego. Quien no tiene ese talante marcha –seguro– por el camino equivocado.

El Espíritu Santo va por donde quiere y no es patrimonio, ni exclusiva de nadie. Hemos de estar abiertos a recibirles y, también, a escuchar a todos, pues no sabemos quien nos puede enseñar algo que nos haga falta. Pero nuestra obligación es también discernir quienes son los falsos profetas, que los hay. Solo la humildad personal y colectiva, el amor al prójimo y la total rectitud de conciencia nos puede llevar a saber quien nos trae la verdad y quien nos ofrece el engaño.

Ángel Gómez Escorial

La cultura del encuentro

En una conversación salió a relucir el famoso programa “La clave”, que consistía en un debate presentado y moderado por el periodista José Luis Balbín, en el que se abordaban temas de actualidad que afectaban a la sociedad española, debatidos por personajes destacados del mundo de la política, la ciencia y la cultura en general, que exponían sus puntos de vista con respeto y escuchando las opiniones de los demás. Este tipo de programa actualmente es añorado porque en muchos actuales debates lo que predomina es la crispación y el griterío. No se quiere dialogar con el otro, se le ve como un enemigo al que hay que atacar para hacer prevalecer mis ideas.

Este ambiente de crispación y ausencia de diálogo se extiende también a nuestras relaciones más cercanas. Nos cuesta escuchar a los demás, o mientras están hablando no prestamos atención porque ya estamos pensando cómo rebatir lo que nos están diciendo. Y, si entramos en las redes sociales, vemos cómo a menudo se convierten en un instrumento de provocaciones y ataques.

En este ambiente, el Evangelio de este domingo nos hace una llamada a valorar y acoger lo positivo que tienen los demás. Los discípulos dicen a Jesús: hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros. Ante esta visión cerrada y exclusivista, Jesús les responde: No se lo impidáis… El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Jesús nos pide que abandonemos actitudes intransigentes y excluyentes y que aprendamos a descubrir y valorar lo bueno que tienen y hacen los demás, aunque “no sean de los nuestros”.

Por eso, como recoge el título de una campaña de Acción Católica General, en multitud de ocasiones el Papa Francisco ha utilizado la expresión “cultura del encuentro”, para impulsar “una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones”. (Evangelii Gaudium 239).

Y en su última encíclica, “Fratelli tutti”, sobre la fraternidad y la amistad social, el Papa retoma este tema: “Reiteradas veces he invitado a desarrollar una cultura del encuentro, que vaya más allá de las dialécticas que enfrentan. Una sociedad donde las diferencias conviven complementándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente. Porque de todos se puede aprender algo, nadie es inservible, nadie es prescindible”. (FT 215)

Como cristianos, esta llamada a desarrollar la cultura del encuentro supone una particular exigencia, como indicó la Archidiócesis de Toledo en su “Iniciativa Areópago”: “En una sociedad cada vez más polarizada, la voz de quienes, a la luz de la fe, desean ofrecer al mundo su visión del ser humano es más necesario que nunca. Desgraciadamente, ni en el debate político, ni en la vida social y, en ocasiones, ni siquiera a nivel personal en nuestro día a día, optamos por el diálogo como método para encontrarnos con el otro y para tratar de afrontar, juntos, la solución a los problemas que tenemos en común. Sólo es posible dialogar si se parte del aprecio; únicamente puede entablarse una auténtica conversación si se hace con respeto, convencidos de que podemos beneficiarnos recíprocamente. Dialogar, construir, fomentar la cultura del encuentro es el objetivo”.

Por eso, en nuestra realidad, “no debemos situarnos en posiciones de permanente condena, que genera una sensación en los demás de que siempre estamos enfadados. Hay cuestiones que, como creyentes, tenemos la obligación de poner sobre la mesa como elementos irrenunciables: el empeño por la paz y la libertad de las personas y de los pueblos, la defensa y promoción de los derechos humanos, la promoción de los más pobres, la prioridad de la vida humana, la relación equilibrada entre el hombre y la Creación…” (Ser y misión de la ACG – Llamados y enviados a evangelizar)

¿Me dejo llevar por la crispación en mi vida cotidiana y mis relaciones? ¿Creo de verdad que el que no está contra nosotros está a favor nuestro, sé dialogar, valorar y acoger lo positivo que puedan tener o hacer otros, aunque “no sean de los míos”? ¿Cómo puedo desarrollar la “cultura del encuentro”?

Un testimonio creíble de nuestra fe es buscar el encuentro con los demás, porque “el ideal cristiano siempre invitará a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual”. (EG 88) Por eso, frente al ambiente de crispación en que vivimos, comprometámonos con gestos y actitudes concretas en hacer realidad esta llamada del Papa: “Pido a Dios que prepare nuestros corazones al encuentro con los hermanos más allá de las diferencias de ideas, lengua, cultura, religión; que unja todo nuestro ser con el aceite de la misericordia que cura las heridas de los errores, de las incomprensiones, de las controversias; la gracia de enviarnos, con humildad y mansedumbre, a los caminos, arriesgados pero fecundos, de la búsqueda de la paz”. (FT 254)

Comentario al evangelio – Domingo XXVI de Tiempo Ordinario

DIBUJANDO EL ROSTRO DE LA IGLESIA DE JESÚS


         Jesús había comenzado una especie de «cursillo intensivo» para ayudar a madurar a sus discípulos y aclarar cómo ha de ser el rostro de su Comunidad. Ya meditamos el domingo pasado los primeros «temas» de ese cursillo.  Hoy se presenta uno de los Zebedeos contando un «incidente» a propósito de alguien que andaba expulsando demonios en el nombre de Jesús y «se lo hemos querido impedir». ¡Ay qué pronto empezamos con prohibiciones, impedimentos y controles! ¿Y cuál es la razón para semejante «iniciativa»?

              El  problema es que “no es de los nuestros”. No forma parte de nuestro grupo, dice el apóstol. Literalmente traducido: «no nos sigue a nosotros». Así que lo que les inquieta no es si “está o no con Jesús”, sino que “no está con nosotros”. Tampoco importa que “haga milagros”, “eche demonios”, “luche por la liberación de los demás”. Todo eso tiene poco valor para ellos. Lo que les importa es que “no es de nuestro equipo”, “no es de nuestro partido”, “no es de nuestra mentalidad”, “no habla nuestra lengua”, “no es de nuestro color”, “no es de nuestra clase social”, “no tiene nuestra religión”…

            El grupo de los discípulos ha ocupado el lugar de Jesús, se sienten «dueños» de él. Aquel exorcista “no es de los nuestros”. El punto de referencia no es Jesús, sino “nosotros”. No importa si hace el bien, lo que importa es que “no es de los nuestros”. La comunidad apostólica aparece intolerante y sectaria, preocupada por su expansión y por el éxito del grupo. Juan personifica la actitud natural del que se preocupa de conquistar adeptos y de reforzar el propio grupo eclesial. No parece preocuparles la salud de la gente, sino su prestigio grupal. La queja  del Zebedeo pone de manifiesto los celos del grupo ante el extraño, y deja entrever que la autoridad que Jesús les había concebido la han interpretado no en clave de servicio, sino como privilegio y esclusividad.

               El reproche de Jesús quiere corregir la mirada de los suyos para que se fijen, no tanto en «quién» tiene esa autoridad, quién hace exorcismos, quién usa su nombre… cuanto en el servicio y el bien que se realiza con ella. Lo primero y más importante no es que crezca el pequeño grupo, sino que la salvación de Dios llegue a todo ser humano, incluso por medio de personas que no pertenecen al grupo. Lo primero es liberar al ser humano de aquello que lo destruye y hace desdichado. Lo primero no es si tiene permiso, si está bautizado, si es creyente, si practica, si su vida está conforme a las prescripciones religiosas…. sino QUE HACE EL BIEN.

          Una falsa interpretación del mensaje de Jesús nos ha conducido a veces a identificar el Reino de Dios con la Iglesia. Según esta concepción, el reino de Dios se realizaría dentro de la Iglesia, y crecería y se extendería en la medida en que crece y se extiende la Iglesia. Pues no.

En su recientísimo viaje a Bratislava, decía el Papa Francisco:

La Iglesia no es una fortaleza, no es una potencia, un castillo situado en alto que mira el mundo con distancia y suficiencia, sino más bien es la comunidad que desea atraer hacia Cristo con la alegría del Evangelio. El centro de la Iglesia no es ella misma.  Salgamos de la preocupación excesiva por nosotros mismos, por nuestras estructuras, por cómo nos mira la sociedad… Adentrémonos en cambio en la vida real, la vida real de la gente. A las nuevas generaciones no les atrae una propuesta de fe que no les deje su libertad interior, no les atrae una Iglesia en la que sea necesario que todos piensen del mismo modo y obedezcan ciegamente.

            Estas cosas nos ocurren demasiado. En la tremenda polarización desatada en este tiempo, resulta que si el partido que gobierna no es de los nuestros… no hará nada bien. Siempre miente, siempre tiene ocultas intenciones, se equivoca de objetivos, es «el enemigo» que hay que derribar como sea… ¿De verdad que «el otro» no hace nada bien? ¿De verdad que no podemos encontrar puntos de encuentro y colaboración? ¿Sólo «los míos» lo harían mejor? ¿La actividad política no consiste en buscar consensos, acuerdos, unir fuerzas…?

         Y lo mismo ocurre en el ámbito religioso: si no es de nuestro grupo-movimiento-parroquia, si no es de los nuestros… mejor no arrimarse ni mezclarse. Es como si dijeran «nosotros tenemos la verdad y correcta interpretación del Evangelio». No lo dicen, pero es como si lo dijeran. Sólo nuestros curas, nuestras celebraciones, nuestros cursillos, nuestros retiros, nuestras ideas, nuestros… Recuerda uno aquello que decía Machado: «¿Tú verdad? no, la verdad;  y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela». Cuando no queremos escuchar la opinión del otro y dialogar con él, es que no nos interesa la verdad, sino la seguridad que me proporciona «mi» verdad. El buscador y defensor de la verdad y el bien no le cierra la boca al que tiene otras ideas, ni lo convierte en enemigo, ni le prohíbe seguir pensando, investigando o expresándose, ni intenta controlar sus obras…

       Y el grupo de Jesús es el que tiende puentes, el que crea comunión, el que sabe apreciar el bien venga de donde venga, el que suma fuerzas, el que se alegra de la riqueza de lo diferente, sin pretender uniformar, imponer, silenciar, excluir… «Católico» significa espíritu universal, que sabe descubrir lo valioso en los otros, siempre en búsqueda de la Verdad (1ª lectura), dialogando, porque de los otros siempre hay algo que aprender.

         Otra advertencia importante de Jesús tiene que ver con el «escándalo». En la Biblia el «escándalo» no indica un mal ejemplo o un hecho indignante, sino una «trampa», algo que hace tropezar. A Jesús lo tacharon de escándalo sus adversarios, porque sus enseñanzas les descolocaban, les hacían dudar, les perturbaban. Aquí Jesús piensa en los que obstaculizan la fidelidad a él y a su palabra, hacen caer en el pecado, apartan a alguien de la fe, no le dejan «entrar en la vida».  Los “pequeños” que creen en Jesús, son los miembros más débiles de la comunidad. Y también lo que a uno mismo le hace tropezar, caer, perderse.

Con frases muy duras, propias de la cultura judía, Jesús menciona la mano, el pie, el ojo.

  • La mano: simboliza la actividad, lo que hacemos. Si nuestras obras nos hacen tropezar, es conveniente cortar con ellas por lo sano, para no acabar en el basurero. El mal obrar, el actuar con intenciones perversas o equivocadas, nos lleva al tropiezo, nos separa del Reino.

 • El pie hace relación al camino, pues los senderos (metas) determinan a dónde vamos, como también  a quién seguimos (modelos). El «camino» es, en la cultura semita y en muchas otras, simboliza el modo de vivir. Si nuestro estilo de vida nos hace tropezar, nos aparta de los caminos de Dios… es conveniente una buena poda.

 • El ojo: Varias citas del Antiguo Testamento relacionan el ojo con un estilo de vida altanero, egoísta y aferrado a las riquezas.  El ojo es símbolo de la relación con los bienes materiales; un ojo bueno/sano no es avaro ni envidioso; un ojo malo/enfermo es el que codicia y retiene para sí, desea desordenadamente. Si nuestra relación con las riquezas o bienes nos hace tropezar, si existimos para acumular y no compartir, si nuestras ambiciones y deseos no son adecuados…  acabaremos en el «basurero», y perderemos el Reino, que es plenitud de la vida compartida.

          Es decir:  “Si tu manera de actuar (mano) te pone en peligro –te hace vivir desde y para la ambición-, cámbiala. Si vas por un camino equivocado (pie), que no lleva a la entrega y al servicio, modifica el rumbo. Si tus deseos (ojo) no van en esa misma línea de amor servicial a todos, transfórmalos”.

          Escandaliza todo aquel que, con su actuación, obstaculiza o hace más difícil la vida digna y humana de los demás. Aunque la advertencia va para todos, especialmente tiene que ver con los que tienen responsabilidades, por ejemplo, en este sistema económico tan injusto, con la mala gestión política y la corrupción, con malos ejemplos de vida… deshumanizadores. Hemos escuchado la advertencia del Apóstol Santiago: «Mirad el jornal de vuestros obreros… Habéis vivido con lujo sobre la tierra»… Y también, claro, los que tienen responsabilidades pastorales, educativas…

     En fin. Como decía Moisés: «¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!». ¡Ojalá que nadie del Pueblo del Señor escandalizara! ¡Ojalá que el centro de la Iglesia (y de la sociedad) fueran siempre las necesidades de los más pequeños!.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imagen José María Morillo