Vísperas – Martes XXVI de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES XXVI de TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

La noche no interrumpe
tu historia con el hombre;
la noche es tiempo
de salvación.

De noche descendía tu escala misteriosa
hasta la misma piedra donde Jacob dormía.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche celebrabas la Pascua con tu pueblo,
mientras en las tinieblas volaba e exterminio.

La noche es tiempo
de salvación.

Abrahán contaba tribus de estrellas cada noche;
de noche prolongabas la voz de la promesa.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre,
de noche eran los sueños tu lengua más profunda.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche, en un pesebre, nacía tu Palabra;
de noche lo anunciaron el ángel y la estrella.

La noche es tiempo
de salvación.

La noche fue testigo de Cristo en el sepulcro;
la noche vio la gloria de su resurrección.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche esperaremos tu vuelta repentina,
y encontrarás a punto la luz de nuestra lámpara.

La noche es tiempo
de salvación. Amén.

SALMO 48: VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida, 
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

SALMO 48

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaban:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA: Rm 3, 23-25a

Todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados, gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Así quería Dios demostrar que no fue injusto.

RESPONSORIO BREVE

R/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

R/ De alegría perpetua a tu derecha.
V/ En tu presencia, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

PRECES

Alabemos a Cristo, pastor y guardián de nuestras vidas, que vela siempre con amor por su pueblo, y, poniendo en él nuestra esperanza, digámosle suplicantes:

Protege a tu pueblo, Señor.

Pastor eterno, protege a nuestro obispo (…)
— y a todos los pastores de la Iglesia.

Mira con bondad a los que sufren persecución
— y líbralos de todas sus angustias.

Compadécete de los pobres y necesitados
— y da pan a los hambrientos.

Ilumina a los cuerpos legislativos de las naciones,
— para que en todo legislen con sabiduría y equidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

No olvides, Señor, a los difuntos redimidos por tu sangre
— y admítelos en el banquete de las bodas eternas.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche, humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia, ilumine siempre nuestras vidas, para que así merezcamos gozar un día de aquella luz en la que tú habitas eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes XXVI de Tiempo Ordinario

1.-Introducción.

Señor, hoy te pido que me des un espíritu grande para que te sepa imitar a Ti y no caiga en la trampa de los hombres que tienen miras cortas, como los samaritanos; y espíritu vengativo, como los apóstoles. ¡Qué sería de nosotros si no estuvieras Tú! Tú que ensanchas nuestra mente estrecha y dilatas nuestro corazón encogido. ¡Gracias, Señor!

2.- Lectura reposada del Evangelio. Lucas 9, 51-56

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma? Pero volviéndose, les reprendió y dijo: No sabéis de qué espíritu sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos. Y se fueron a otro pueblo.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

La luz brilla en las tinieblas y la grandeza de Jesús en medio de las mezquindades de los hombres. Mezquina la postura de los samaritanos que no quieren recibir a Jesús simplemente porque camina a Jerusalén, la ciudad enemiga. Y rastrera la postura de los discípulos que quieren vengarse y le piden a Jesús que mande fuego del cielo y los arrase a todos. En medio de tanta miseria y mezquindad está la postura magnánima de Jesús que no cambia la ruta de su camino a Jerusalén, aunque sabe que le espera la muerte. Para Jesús, lo que tiene que hacer en la vida es más importante que la vida misma. “El celo le devora”. Y Jesús es devorado por la misión que el Padre le ha encomendado. Grandeza también de Jesús frente a sus discípulos Santiago y Juan. Piden a Jesús fuego del cielo para que arrase la ciudad que no lo ha querido recibir. Jesús les regaña. Les echa en cara lo poco que han aprendido en el tiempo que llevan con Él. Ni tirando piedras se solucionan las cosas, como en el caso de la adúltera, ni con fuego material se evangeliza una ciudad. Hay que cambiar las piedras y convertirlas en perdón. Y hay que cambiar el fuego de la venganza en fuego de amor. Éste fuego de amor es el que pide Jesús al Padre para que el mundo arda de ternura y de misericordia.

Palabra del Papa.

“Jesús acoge, ama, levanta, anima, perdona y da nuevamente la fuerza para caminar, devuelve la vida. Vemos en todo el Evangelio cómo Jesús trae con gestos y palabras la vida de Dios que transforma. Es la experiencia de la mujer que unge los pies del Señor con perfume: se siente comprendida, amada, y responde con un gesto de amor, se deja tocar por la misericordia de Dios y obtiene el perdón, comienza una vida nueva. Dios, el Viviente, es misericordioso” (Jornada “Evangelium Vitae, 16-6-13).

4.- Qué me dice a mí hoy este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Acordarme durante este día de la grandeza de Jesús para no encerrarme en pensamientos cortos o, peor aún, miserables.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, si me miro a mí mismo, si confío en mis fuerzas, me veo por dentro tan ruin como los samaritanos y tan deleznable como tus discípulos. Por eso quiero levantar mi mirada y mirarte solo a Ti. En Ti encuentro grandeza de alma, amplitud de miras, fuerza ante la dificultad, voluntad insobornable ante tu misión. Sólo contigo mi debilidad se hace fuerte; mi pequeñez se hace grande; y mi miseria se convierte en misericordia.

Comentario – Martes XXVI de Tiempo Ordinario

(Lc 9, 51-56)

Jesús se encamina «decididamente» a Jerusalén. Recordemos que Lucas nos presenta toda la vida de Jesús como una subida a Jerusalén para entregarse en la cruz. Pero este detalle sobre la «decisión» de Cristo nos ayuda a redescubrir que él no era un esclavo de las circunstancias, arrastrado por la maldad de los hombres. Tampoco debía aceptar en contra de su propia voluntad un plan del Padre, ya que él mismo había decidido libremente, en armonía con la voluntad del Padre, la entrega de su vida hasta las últimas consecuencias.

Los discípulos tenían la tentación de desear otra cosa, de buscar un dominio violento, que todos se sometieran a Jesús por la fuerza; querían apresurar el triunfo de Cristo en la tierra a través de manifestaciones destructivas del poder divino. Ellos creían que eso era posible porque habían experimentado el verdadero poder que Cristo les había concedido al enviarlos a predicar, ya que a través de ellos se habían realizado prodigios (9, 1). Creían entonces que Dios también podría utilizarlos para destruir a los enemigos de Jesús.

Pero Jesús rechaza firmemente esa actitud y los reprende. El viene a reinar de otra manera, y el Padre no ha planeado para él un dominio violento, sino el que pasa por la entrega generosa en la cruz.

En el versículo 55, donde Jesús reprende a sus discípulos, algunos manuscritos colocan unas palabras del Señor donde dice que él no ha venido a destruir a los hombres sino a salvarlos. La mayoría de las traducciones no coloca estas palabras por considerarlas un agregado; pero de todos modos, reflejan que Jesús se oponía a la violencia y a la venganza, y prefería «vencer el mal con el bien» (Rom 12, 21). El vivía plenamente la tolerancia que pedía a sus discípulos.

Oración:

«Señor Jesús, quiero adorarte admirando tu voluntad que se sometía a los planes del Padre con toda libertad y decisión. Concédeme Señor un poco más de generosidad, para entregarme decididamente al proyecto del Padre para mi vida».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Comentario – Martes XXVI de Tiempo Ordinario

Cuando se iba cumpliendo el tiempo –nos dice san Lucas-, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén.

Se trata del tiempo de la misión que debe llevar a término en Jerusalén, tal como indicaban las Escrituras (profecías): No conviene que ningún profeta muera fuera de Jerusalén.

En el trayecto hacia este final y principio de etapa que tiene su punto geográfico en Jerusalén, Jesús y sus acompañantes se encuentran con el rechazo de los samaritanos en una de las aldeas donde habían previsto alojarse; la razón es que se trata de unos judíos que peregrinan a Jerusalén –porque tal es su centro religioso- para cumplimentar a su Dios, y ellos, samaritanos, no quieren contactos con judíos.

Aquel rechazo fue muy mal recibido por algunos de los discípulos que acompañaban a Jesús en su travesía.

El evangelista señala a Santiago y a Juan. Ellos son los que le hacen a su Maestro esta propuesta: Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?

La propuesta parece desorbitada, pero es algo que ya había hecho algún profeta como Elías con los sacerdotes de Baal. Tampoco parece inspirada en la mansedumbre cristiana, sino en la venganza.

Jesús, que sí conserva la mansedumbre frente a la contrariedad, les hace ver que ese no es el camino a seguir; se volvió expresamente a ellos y les regañó. Ese pensamiento no procedía del Dios que hace salir su sol sobre buenos y malos y manda la lluvia a justos e injustos; por eso merecía su reproche y descalificación. Y se marcharon a otra aldea, como había aconsejado el mismo Jesús.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Música – Domingo XXVII de Tiempo Ordinario

Entrada: Reune Señor, a tu Iglesia CLN 750; Iglesia peregrina.CLN 408; Acuérdate, Señor, de tu Iglesia (Apendice)  El Señor nos llama  CLN A5
Introito en latin:  In voluntate tua
Salmo y Aleluya: Que el Señor nos bendiga (Propio)
Ofertorio: Acepta Señor, el vino y el pan (Cantos varios)
Santo: CLN-I 2.
Comunión: Bendigamos al Señor  707;  Como el ciervo (Cantos varios) En la fracción del pan CLN 05;  Como brotes de olivo CLN 528
Final: Por tantas cosas  CLN-615.

Recursos – Ofertorio Domingo XXVII de Tiempo Ordinario

RENOVACIÓN DEL AMOR Y DE LOS COMPROMISOS MATRIMONIALES

(El presidente invita a acercarse hasta el presbiterio a todos los matrimonios presentes. Una vez situados, el presidente les interroga:)

Amigos y amigas: hemos escuchado la Palabra de Dios que nos planteaba su plan de salvación. Vosotros y vosotras os habéis unido en sacramento de matrimonio para ser signo del amor de Dios a su pueblo y de la entrega de Jesucristo a su Iglesia. Ahora vais a renovar vuestros compromisos matrimoniales. Por eso, os pregunto:

¿Seguís amándoos y os comprometéis a hacerlo desde la libertad?
R/. Sí, nos queremos libremente.

¿Seguís decididos y decididas a ser fieles y a respetaros mutuamente durante toda la vida?
R/. Sí, nos prometemos fidelidad.

¿Seguís dispuestos y dispuestas a vivir la gracia de la familia y a educar a vuestros hijos e hijas en el amor a Cristo y a la Iglesia?
R/. Sí, lo estamos.

Cuando celebrasteis el sacramento del matrimonio, el presbítero, testigo de él, os pidió que unierais vuestras manos para manifestar el consentimiento mutuo. Yo os pido que lo hagáis ahora.

(Las parejas estrechan sus manos, tras lo cual el presidente dice:)

El Señor que hizo nacer en vosotros el amor, que os lo ha mantenido encendido durante años, que os ha bendecido con los hijos e hijas, confirme vuestro consentimiento mutuo. Lo que Dios ha unido que no lo separe el ser humano.

Y todos ahora proclamemos la bondad de Dios con estos hijos e hijas suyos.
R/. Bendito sea Dios.

(A continuación, los esposos, uno a uno, depositan sobre la misma mesa del altar sus alianzas matrimoniales. Se ha de tener en cuenta, por practicidad, que deben ser situadas de forma que, a la conclusión de la celebración, puedan ser fácilmente reconocidas. Concluida la ofrenda, uno de ellos dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, sobre la mesa del altar hemos dejado nuestras alianzas matrimoniales, pues queremos unir nuestra entrega mutua como matrimonios a la de tu Hijo Jesucristo con nosotros y nosotras y con tu Iglesia. Te pedimos que aceptes nuestra ofrenda, que nos sigas regalando, día tras día, el don del amor y nos permitas ser, en medio de un mundo que trivializa el amor y los compromisos, testigos de tu Alianza.

UN MATRIMONIO PRESENTA A SU HIJO PEQUEÑO O SU HIJA PEQUEÑA

(Marido y mujer se levantan con su hijo pequeño o hija pequeña y se acercan hasta el presbiterio para hacer la ofrenda. Intervienen los dos, uno después de otro. Concluidas sus intervenciones, permanecen con el niño o la niña en el mismo presbiterio durante el resto de la celebración. Dicen:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN:

MARIDO: Señor, aquí nos tienes con este(a) nuestro(a) hijo(a), regalo tuyo y fruto de nuestro amor. Te lo(a) queremos ofrecer en respuesta a tu misericordia. Tuyo(a) es y traza sobre él (ella) el plan de salvación.

MUJER: Te queremos ofrecer también nuestros deseos de proseguir y mantener el amor que nos hizo engendrarle, mediante nuestros cuidados y la educación. Educación, que pensamos, no sólo en orden a darle la oportunidad de que llegue a ser adulto(a), sino también que logre ser una persona en plenitud.

LA PAREJA: Sin embargo, Señor, somos conscientes de las muchas dificultades que engendra esta tarea y, principalmente, aquéllas que nos vienen de un ambiente y una sociedad interesada en personas débiles y fácilmente manipulables. Por eso, Señor, danos tu gracia para poderlo realizar.

PRESENTACIÓN DE UNA PAREJA DE ENAMORADOS

(Es necesario que sea una relación ya formal y conocida y, claro está, personas comprometidas en la acción social o evangelizadora de la Comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, tú sabes de nuestra aventura, porque nuestro amor es un regalo tuyo. Nosotros te lo ofrecemos ahora y, con él, nuestro compromiso y el de toda la comunidad de la que formamos parte, pues queremos, ser testigos del amor que nos has tenido y tienes a todas las personas y al mundo. Así, queremos hacer realidad tu sueño original, aquél que quisiste y deseaste desde el comienzo de la historia. Gracias por aceptar la ofrenda de nuestro amor.

PRESENTACIÓN DE UNA CEPA

(Fuera de las comarcas agrarias donde se cultivan las vides, será difícil encontrar este símbolo. Se puede, sin embargo, sustituir por cualquier tronco o por una planta. Lo puede presentar cualquier persona adulta de la comunidad, y dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy, en nombre de toda la comunidad, este tronco; es el símbolo de tu Iglesia, la nueva viña, que Tú has plantado, cuidado con esmero, vallado para no ser pisoteada y enriquecida con la casa del vigilante y el lagar. Somos conscientes del amor con que la has regalado. Pero somos también conscientes de la responsabilidad de nuestra respuesta. Por eso, te pedimos tu gracia, para que no seamos como tu viejo pueblo, infieles a tus palabras y deseos. Haz crecer a la Iglesia en frutos abundantes de justicia y amor, los que Tú quieres que produzca.

PRESENTACIÓN DEL GRUPO DE CARITAS

(NOTA: Cada domingo de estos dos próximos meses, sería bueno ir presentando UN GRUPO de Pastoral de la Parroquia, de forma que todos conozcan su proyecto).

(Hoy iniciamos con el grupo de CARITAS o de Acción Social que haya en la Comunidad. Sería muy interesante que se pudiera presentar el proyecto impreso en una HOJA, para repartirla al final de la celebración a cada uno de los y las asistentes. Ahora, se puede presentar en una cartulina grande, y que luego será colocada en un lugar significativo del templo parroquial. Una persona, en nombre de todo el grupo, lo presenta:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Nuestro grupo, Señor, en nombre de toda la Comunidad, trabaja por dar respuesta a las situaciones más complicadas que se dan entre nosotros y en nuestro entorno. Por eso, hemos hecho el esfuerzo de escribir el PROYECTO de CÁRITAS, que luego repartiremos a cuantos y cuantas lo deseen, de manera que lo conozcan, y entre todos y todas podamos ser más cercanos y cercanas, y más efectivos y efectivas ante los problemas. Acoge esta nuestra ofrenda y ayúdanos a cada uno y cada una de los miembros de la comunidad a ser cada día más sensibles a las personas más necesitadas.

Oración de los fieles – Domingo XXVII de Tiempo Ordinario

En nombre de todos los hombres de la tierra, te pedimos todo eso que sólo Tú puedes conceder, con la confianza de que siempre escuchas nuestra necesidad.

ESCÚCHANOS SEÑOR.

1. – Por la Iglesia, que nos invita a participar de su vida como familia que vive el mismo credo; para que nos enseñe a mostrar al mundo el amor grande de Dios. OREMOS.

2. – Por el Papa, los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas; para que no cesen de recordarnos los valores de la familia y nos ayuden a vivirlos. OREMOS

3. – Para que cesen tantas guerras familiares que llevan a vivir en un pozo sin salida siendo los afectados incapaces de vivir en el perdón y la reconciliación. OREMOS

4. – Por los pobres, los abandonados, los que no tienen lo necesario para vivir con dignidad; para que encuentren esa “familia” que necesitan para tenderles una mano. OREMOS

5. – Por todas las familias; para que sean capaces de ver la importancia de vivir en el amor, en la entrega, en la generosidad. OREMOS

6. – Por todos los que estamos aquí reunidos; para que seamos capaces de hacer vida todos esos valores familiares que tanto ansiamos. OREMOS

En tus manos, Padre, ponemos estas peticiones, y todas esas calladas que sólo Tú conoces. Sabemos que Tú eres capaz de transformar cualquier negatividad en algo grandioso.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.


Nos ponemos bajo la protección del Señor y alzando los ojos a nuestro creador y protector le presentamos nuestras plegarias diciendo:

QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA

1. – Por el Papa, los obispos y sacerdotes para que siguiendo los pasos de Jesucristo, sirvan sus vidas para llevar a la gloria a una multitud de hijos. OREMOS

2. – Por los gobernantes y dirigentes de las naciones, para que fomenten la institución de la familia y promulguen leyes que ayuden a su desarrollo. OREMOS

3. – Por todas las personas que no creen en Dios para que Cristo se haga presente en sus vidas y siguiendo los caminos del Señor, sean dichosos y les vaya bien. OREMOS

4. – Por los enfermos, los necesitados, los que viven solos para que descubran en Cristo el misterio de la resurrección que nos lleva a la gloria del Padre. OREMOS

5.- Por los matrimonios cristianos, para que sean reflejo del ideal de Dios. OREMOS

6. – Por todos los que celebramos esta eucaristía, nuestros amigos y familiares, para que aquel que murió por nosotros sea la guía permanente hacia la casa paterna. OREMOS

Padre acoge todas estas plegarias y por tu bondad danos todo aquello que nos ayude a caminar junto nuestro hermano Jesús. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amen.

Comentario al evangelio – Martes XXVI de Tiempo Ordinario

A los discípulos les costó entender que lo de Jesús era una planteamiento revolucionario, que verdaderamente suponía pensar y sentir de una forma radicalmente nueva. Lo veíamos en el texto evangélico de ayer y lo vemos igualmente en el de hoy. Pero lo mejor (o lo peor, según se mire) es que dos mil años después seguimos sin entenderlo del todo y mucho menos vivirlo. 

El caso es que los de Samaria no quisieron recibir a aquel grupo de judíos que iban camino de Jerusalén . Normal. Los samaritanos y los judíos no andaban en muchas mejores relaciones que las que tienen hoy los israelíes con los palestinos. Ante aquel rechazo, Santiago y Juan proponen una solución radical: hacer que baje fuego del cielo y termine con aquellos samaritanos para siempre. La imagen es viva y actual. Casi se puede ver a los reactores israelíes volando sobre los campos y ciudades de Gaza o Cisjordania lanzando sus misiles (fuego del cielo) y destruyendo para siempre a los palestinos.

Hemos puesto el ejemplo de israelíes y palestinos pero se podían haber puesto muchos otros. Seguimos separados por fronteras que señalamos y defendemos con ardor. Y los misiles siguen volando siempre en nombre de la defensa de nuestros altos intereses. Irak, Irán, Afganistán y tantos otros países se someten unos a otros a ese fuego del cielo que no soluciona nada y que no hace más que enconar los rencores, los odios y la división entre los pueblos. 

Lo de Jesús es otra cosa. Sencillo pero revolucionario: “No sabéis de qué espíritu sois. Porque no he venido a perder a los hombres sino a salvarlos.” Es otro planteamiento tan distinto al nuestro habitual que incluso hoy nos cuesta entenderlo en la Iglesia. Y demasiadas veces nos dedicamos a condenar en lugar de perdonar y salvar y curar y acoger y hacer fraternidad.

Ciudad Redonda

Meditación – Martes XXVI de Tiempo Ordinario

Hoy es martes XXVI de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 9, 51-56):

Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.

Hoy, el Evangelio nos ofrece dos puntos principales para la reflexión personal. En primer lugar, nos dice que «cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén» (Lc 9,51). El verbo que usa san Lucas significa “completar”, “consumar”; Jesús lleva a plenitud el tiempo marcado por el Padre para completar su misión salvífica mediante la crucifixión, muerte y resurrección. Después va a ser glorificado, “llevado al cielo”. Ante esta perspectiva, Jesucristo «tomó la decisión de subir a Jerusalén», es decir la firme decisión de amar al Padre realizando su voluntad redentora. Jesús muere en la cruz diciendo: «Todo está cumplido» (Jn 19,30). El Señor ha vivido para cumplir la voluntad del Padre, y ha mantenido esa actitud de fidelidad hasta la muerte. 

Así debemos vivir también nosotros aunque experimentemos en el camino hacia Dios la oposición o el rechazo, el desprecio o la marginación por ser fieles al Señor. Dice el Papa Francisco: «El verdadero progreso de la vida espiritual no consiste en multiplicar los éxtasis, sino en ser capaces de perseverar en los tiempos difíciles: camina, camina, camina; si estás cansado detente un poco y luego vuelve a caminar, con perseverancia». 

En segundo lugar, ante el rechazo de los samaritanos, Santiago y Juan quieren hacer descender fuego del cielo (cf. Lc 9,54). El Señor les reprende por su celo indiscreto. Debemos recordar la paciencia que Dios tiene con nosotros, y ser pacientes con nuestros hermanos en su camino hacia Dios, aunque no respondan inmediatamente a su gracia. Dios quiere que todos los hombres se salven y ha entregado a su Hijo único en la cruz por todos. Dios agota todas las posibilidades de acercarse a cada hombre, y espera con paciencia divina el momento en el que cada corazón se abre a su Misericordia.

Rev. D. Félix LÓPEZ SHM

Liturgia – Martes XXVI de Tiempo Ordinario

MARTES DE LA XXVI SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Para la feria cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-impar.

  • Zac 8, 20-23. Vendrán pueblos numerosos buscando al Señor en Jerusalén.
  • Sal 86. Dios está con nosotros.
  • Lc 9, 51-56. Tomó la decisión de ir a Jerusalén.

Antífona de entrada             Cf. Dan 3, 31. 29. 30. 43. 42
Cuanto has hecho con nosotros, Señor, es un castigo merecido, porque hemos pecado contra ti y no hemos obedecido tus mandamientos; pero da gloria a tu nombre y trátanos según tu gran misericordia.

Monición de entrada y acto penitencial
Hoy vamos a pedir en la Eucaristía por todos aquellos hermanos nuestros que sufren cualquier tipo de persecución; recordando que, siempre que sufrimos cualquier forma de calumnia, insulto o persecución a causa de Cristo, el mismo Señor nos llama bienaventurados, puesto que, al no avergonzarnos de confesarle ante los hombres, estamos poniéndole a Él por delante de los valores de este mundo, y Él no se avergonzará de nosotros ante Dios nuestro Padre.

• Tú que nunca nos abandonas. Señor, ten piedad.
• Tú que das a conocer tu victoria. Cristo, ten piedad.
• Tu que revelas a las naciones tu justicia. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH Dios,
que con inescrutable providencia
has querido que la Iglesia esté asociada a la pasión de tu Hijo,
concede a tus fieles que sufren persecución por tu nombre,
espíritu de paciencia y caridad,
para que sean reconocidos como testigos
fieles y veraces de tus promesas.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, Dios Padre, que sale a nuestro encuentro y en Jesucristo nos ha hecho hijos suyos.

1.- Por la Iglesia, extendida por todo el mundo; para que aumente el número y la santidad de todos sus miembros. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones sacerdotales; para que el Señor llame a muchos a seguirlo en el ministerio sacerdotal. Roguemos al Señor.

3.- Por los responsables de la sociedad; para que ayuden a que crezca en todos los ciudadanos el espíritu de concordia y de fraternidad. Roguemos al Señor.

4.- Por los que son mal vistos y despreciados; para que encuentren la consideración y el afecto que toda persona merece. Roguemos al Señor.

5.- Por los que estamos aquí reunidos celebrando la Eucaristía; para que vivamos siempre con la alegría de ser cristianos. Roguemos al Señor.

Oh Dios, que has enviado a tu Hijo a salvar a los hombres y no a condenarlos, escucha la oración que te dirigimos y concédenos un corazón que sepa disculpar y perdonar. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Dios de misericordia,
aceptar esta ofrenda nuestra y que, por ella,
se abra para nosotros la fuente de toda bendición
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 118, 49-50
Recuerda la palabra que diste a tu siervo, Señor, de la que hiciste mi esperanza; este es mi consuelo en la aflicción.

Oración después de la comunión
SEÑOR,
por la eficacia de este sacramento
confirma en la verdad a tus siervos,
y concede a los fieles que se encuentran en la prueba, que,
llevando su cruz en pos de tu Hijo,
puedan gloriarse, en medio de las adversidades,
del nombre de cristianos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.