Lectio Divina – Santos Arcángeles

1.- Introducción

Señor, en este día en que se celebra de un modo especial a San Miguel Arcángel, yo te pido en este rato de oración que Tú, Dios mío, seas siempre lo primero, lo absoluto, lo definitivo para mí. Que jamás me apoye en ídolos de barro, en dioses falsos que, al poner mi corazón en ellos, me vacían, me frustran, me decepcionan. Haz que Tú seas para mí “el Dios de mi vida”, el que me empuja a vivir y gozar de tantas cosas buenas y bonitas que has creado para que yo las disfrute.

2.- Lectura reposada del evangelio Juan 1, 47-51

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Le dice Natanael: ¿De qué me conoces? Le respondió Jesús: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Le respondió Natanael: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

3.-Qué dice el texto

Meditación-reflexión

En el texto de la Misa aparece la figura de Natanael como el hombre sincero, sin trastienda ni fachada, sin engaño. Jesús le alaba porque se siente a gusto con él. Está ya cansado de la postura de los fariseos con su doble vida, con sus argumentos retorcidos, con su afán de ser alabados por el pueblo. Hoy, en el día de San Miguel, el evangelio nos habla de la misión de los ángeles: ser mensajeros de Dios entre los hombres. San Miguel es el arcángel sincero y cabal, el que defiende a Dios “con capa y espada”. No tolera que nadie le haga sombra entre todas sus criaturas: ¿Quién como Dios?  Bonita frase para el mundo de hoy que trata de orillar y silenciar a Dios. San Miguel no sólo habla sino que “grita” esa soberanía de Dios. En realidad, la verdadera “escala de Jacob” por donde Dios se comunica ahora ya no es ni Miguel ni ningún ángel sino Jesús el Hijo de Dios. Él ha descendido por esa escala y nos ha traído la bondad y la ternura de nuestro Padre Dios. Y nos ha dicho a todos algo muy importante: que todos nosotros debemos ser ángeles los unos para con los otros, ángeles de paz, de amor y de esperanza.

Palabra del Papa

“Volviendo a la escena de la vocación, el evangelista nos dice que, cuando Jesús ve que Natanael se acerca, exclama: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Se trata de un elogio que recuerda al texto de un Salmo: “Dichoso el hombre […] en cuyo espíritu no hay fraude”, pero que suscita la curiosidad de Natanael, quien replica sorprendido: “¿De qué me conoces?”. La respuesta de Jesús no se entiende en un primer momento. Le dice: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Hoy es difícil darse cuenta con precisión del sentido de estas últimas palabras. Según dicen los especialistas, es posible que, dado que a veces se menciona a la higuera como el árbol bajo el que se sentaban los doctores de la ley para leer la Biblia y enseñarla, está aludiendo a este tipo de ocupación desempeñada por Natanael en el momento de su llamada”. (Homilía de Benedicto XVI, 4 de octubre de 2006).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio)

5.- Propósito: Que ninguna criatura se anteponga a Dios en mi vida.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Al acabar este rato de oración te pido que yo sea “sincero” como Natanael; que no tenga miedo a la verdad; que la busque con todo el corazón, y que si me equivoco alguna vez, tenga la valentía de decir que me he equivocado. También te pido ser un “ángel de luz” para los que viven en tinieblas; un “ángel de paz” para los que viven en guerra; un “ángel de amor” para los que viven con odios.

Comentario – Miércoles XXVI de Tiempo Ordinario

(Lc 9, 57-62)

Después de rechazar las pretensiones de los discípulos, que habían propuesto destruir a los enemigos haciendo caer fuego del cielo, Jesús quiere liberar a sus discípulos de toda pretensión de gloria humana: si quieren seguirlo deben renunciar a toda seguridad de este mundo y lanzarse hacia delante, donde lo imprevisto del Reino de Dios quiera llevarlos. No hay dónde reclinar la cabeza, no hay seguridades familiares. Se trata de poner la mano en el arado y no mirar más para atrás.

La urgencia del Reino de Dios que estaba llegando exigía discípulos dispuestos a la novedad y decididos a lanzarse hacia donde el Padre quisiera llevarlos, así como Cristo se encaminaba «decididamente» hacia Jerusalén, porque había que dedicarse «a los asuntos del Padre» (Lc 2, 49).

Para arar el campo es necesaria esa decisión y se requiere mirar siempre hacia delante, aun cuando uno haya dejado atrás la comodidad de la estancia.

Mirar para atrás es no estar en ninguna parte, es no vivir el presente, es aceptar a medias los nuevos desafíos y las nuevas posibilidades que Dios ofrece, es optar por la melancolía, es pretender tenerlo todo asegurado antes de tomar una decisión por el Reino de Dios.

Como ejemplo de la fuerza destructiva que tiene esa nostalgia que nos tira para atrás, tenemos el relato sobre la mujer de Lot, que al mirar para atrás se convierte en un cúmulo de sal, sin vida ni esperanza (Gn 19, 26). Y como paradigma positivo tenemos la actitud que describe Pablo en Flp 3, 7-16. Pablo prefiere olvidarse del camino recorrido y lanzarse hacia delante, considerando que todo lo que queda atrás es una desventaja al lado de lo que es caminar con Cristo.

Oración:

«Señor, tu Espíritu es viento que empuja, que lanza hacia adelante; derrámalo en mi vida para que no me quede anclado en el pasado y la comodidad, y acepte el desafío de cada misión que tú quieres confiarme».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Indisolubilidad del matrimonio – Marcos 10, 2-16

En aquel tiempo se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús para ponerlo a prueba: – ¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer? El les respondió: – ¿Qué os ha mandado Moisés? Contestaron: – Moisés permitió divorciarse dándole a la mujer un acta de repudio. Jesús les dijo: – Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación, Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. El les dijo: – Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

Explicación

En tiempos de Jesús había leyes que eran injustas porque favorecían a los varones y perjudicaban a las mujeres. Por ejemplo la ley del repudio., que permitía al hombre echar de casa a la mujer sin darle explicaciones y por algún pequeño motivo. Era una ley que oprimía y aterrorizaba a las mujeres. Jesús se enfrentó a esa ley, diciendo que el varón y la mujer son iguales en dignidad y que, el amor por el que están casados y unidos debe ser tan grande, que por nada del mundo deben despreciarse ni abandonarse.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

NARRADOR: En aquel tiempo se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús para ponerlo a prueba:
FARISEO 1: ¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?
NARRADOR: Jesús le respondió respondió:
JESÚS: ¿Qué es lo que os ha mandado Moisés?
NARRADOR: Ellos dijeron:
FARISEO 2: Moisés permitió divorciarse mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa.
NARRADOR: Entonces Jesús les respondió:
JESÚS: Si Moisés os dejó hacer esto, fue debido a la dureza de vuestro corazón. Pero desde el principio al crearnos, Dios nos creo hombre y mujer.
FARISEO 1: Entonces ¿qué debemos hacer?
JESÚS: El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne.
FARISEO 2: Entonces lo que nos dijo Moisés ¿qué pasa con ello?
JESÚS: Ya os lo dije antes, lo hizo por la dureza de vuestro corazón, pero ya os he dicho lo que Dios quiere: “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”.
NARRADOR: Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.
DISCÍPULO 1: Maestro, explícanos un poco más todo lo que acabas de decir a los fariseos.
JESÚS: Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».
DISCÍPULO 2: Señor, creo que nos lo has dicho muy claro.
NARRADOR: Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara.
DISCÍPULO 1: ¡Fuera, fuera!… niños…, no molestéis al Maestro.
NARRADOR: Al ver esto, Jesús se enfadó y les dijo:
JESÚS: Dejad que los niños se acerquen a mí; no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios.
DISCÍPULO 2: Maestro, ya estamos otra vez diciendo esas cosas raras. ¿Qué quieres decir con eso de hacerse como niños?
JESÚS: Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.
NARRADOR: Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Santos Arcángeles

Lo de los ángeles está muy de moda actualmente. Forman parte de esa religiosidad difusa, de esa espiritualidad que se expande por nuestro mundo invitando a las personas a vivir todo desde su interioridad y que cree en una especie de energía que invade el universo y con la que nos conectamos cuando hacemos silencio. Es como recargar el depósito del coche. Después de eso, vamos por la vida sintiendo aquí y allá esa fuerza positiva que nos anima a seguir haciendo lo mismo que hacíamos y a asumir lo negativo de nuestras vidas.

Pero esa espiritualidad tiene poco que ver con el Evangelio. El Evangelio no va de energías ni de lucecitas en la oscuridad. No va de imágenes acarameladas de angelitos en tonos pastel. Va de un hombre que salió a los caminos y se enfrentó a las autoridades de su tiempo. Va de un hombre que tomó la vida por los cuernos, que fue sincero consigo mismo, que no temió al qué dirán, que arriesgo por todo por aquello que para él era el centro de su vida: su profunda experiencia de Dios y su Reino.

El Dios de Jesús no tenía ningún parecido con una aspirina que calma nuestros dolores. Ni siquiera su objetivo era darnos la paz. El Reino es de los arriesgados, dijo. Y el Abbá de Jesús es el Dios liberador de todas las opresiones. Su voluntad es transformar este mundo para que todos sus hijos e hijas puedan vivir en libertad y justicia. Por eso Jesús entregó su vida. Por eso nos invita a nosotros a entregarla.

Los ángeles no son lucecitas ni energías positivas. Los ángeles no son comparsas inmóviles de la corte celestial –¡como si a Dios le hiciese falta una corte de aduladores!–. Los ángeles son una forma de hablar de la voluntad de Dios que no se queda en el cielo sino que baja a la tierra. Porque Dios no habita en esa nube difusa de espiritualidad y paz interior sino en el barro de esta tierra, en sus luchas y en sus compromisos por extender la fraternidad y el reino.  Ahí podemos comenzar a hablar de los ángeles.

Ciudad Redonda

Meditación – Santos Arcángeles

Hoy celebramos la fiesta de los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 1, 47-51):

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Hoy, celebrando a los Arcángeles, «vemos» el cielo. Un ángel es una criatura que está en la presencia de Dios. Los tres nombres de los Arcángeles —Miguel, Gabriel, Rafael— acaban con la palabra «El», que significa «Dios». Así, pues, Dios está inscrito en sus nombres, en su naturaleza. Su ser es estar «en Él» y «para Él». Además, son sus «mensajeros»: llevan a Dios a los hombres; abren el cielo y, así, abren la tierra.

Miguel defiende la causa de la unicidad de Dios (sólo Dios es Dios) contra la presunción del «dragón» (que intenta continuamente desacreditarle ante los hombres) y, además, nos protege. Gabriel es el mensajero de la encarnación de Dios: llama a la puerta de María y, a través de él, Dios mismo pide a María su «sí». Rafael se nos presenta como el ángel a quien está encomendada la misión de curarnos la «ceguera» de lo divino, causada por el materialismo.

—Santos Arcángeles, defendednos para que podamos permanecer en el amor de Dios.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Santos Arcángeles

SANTOS ARCÁNGELES MIGUEL, GABRIEL y RAFAEL, fiesta

Misa de la fiesta (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Prefacio propio. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. IV

  • Dan 7, 9-10. 13-14. Miles y miles lo servían.

o bien: Ap 12, 7-12a. Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón.

  • Sal 137. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
  • Jn 1, 47-51. Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

Antífona de entrada          Cf. Sal 102, 20
Bendecid al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra.

Monición de entrada y acto penitencial
Hoy es la fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Miguel, fuerte protector de la Iglesia frente al mal; Gabriel, mensajero de Dios que anunció a María y al mundo la inauguración de los tiempos mesiánicos; Rafael, medicina de Dios, compañero de ruta de la Iglesia que peregrina todavía por este mundo. Ellos sirven a Dios día y noche, y, contemplando su rostro, lo glorifican sin cesar.

Yo confieso…

Se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios,
que con admirable sabiduría
distribuyes los ministerios
de los ángeles y de los hombres,
concédenos, por tu bondad, que nuestra vida
esté siempre protegida en la tierra
por aquellos que te asisten continuamente en el cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Pidamos al Señor, a quien alaban los ángeles, que escuche nuestras oraciones por la Iglesia y por todos los hombres.

1.- Para que el arcángel san Miguel proteja a la Iglesia que está en el mundo en la lucha contra el mal. Roguemos al Señor.

2.- Para que el arcángel san Rafael acompañe a la Iglesia peregrina, en su avance por los caminos de la humanidad y socorra a los enfermos y necesitados. Roguemos al Señor.

3.- Para que el arcángel san Gabriel guíe a esta comunidad, enviada por Cristo para llevar a todos el mensaje del Evangelio. Roguemos al Señor.

Te pedimos, Señor, que tus santos arcángeles, ministros gloriosos de tu poder de salvación, nos ayuden en el peregrinar de esta vida y nos conduzcan después a la patria eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
TE ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza
y te suplicamos humildemente
que, llevado ante tu majestad por manos de los ángeles,
lo recibas en tu bondad
y sea provechoso para nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de los Ángeles.

Antífona de comunión           Sal 137, 1
Te doy gracias, Señor, de todo corazón, delante de los ángeles tañeré para ti.

Oración después de la comunión
ALIMENTADOS con el pan del cielo,
te pedimos humildemente, Señor,
que, sostenidos por su fuerza,
avancemos con valentía por la senda de la salvación
bajo la fiel custodia de tus ángeles.
Por Jesucristo, nuestro Señor.