Lectio Divina – Jueves XXVI de Tiempo Ordinario

1.- Oración introductoria.

Hoy, Señor, vengo a la oración para que “desenmascares” mi vida. Me doy cuenta de que puedo contarme en el número inmenso de fariseos y escribas que vivían bien a costa de la religión. Estaban contentos bebiendo en odres viejos, sin aportar nada del “nuevo vino” traído por Jesús. Te pido, Señor, que cambies mi vida, que me conviertas al evangelio, que me embriagues con el vino nuevo de tu salvación.

2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 10, 1-12

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: «El Reino de Dios está cerca de vosotros.» En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: «Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca.» Os digo que en aquel Día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

El envío de los 72 discípulos nos está diciendo con toda claridad que la misión en la Iglesia no es privativa de los “doce apóstoles” sino de todos los fieles. Es lo que nos propone San Mateo al final de su evangelio: “Id y haced discípulos a todos pueblos” (Mt. 28,19). Uno no se hace discípulo del Señor por el hecho de haber sido bautizado. Uno no se hace cristiano para disfrutar del privilegio de serlo. Uno se hace cristiano para transmitir a otros lo que ha vivido y experimentado en el seguimiento de Jesús. Los envía a las ciudades “donde iba a ir Él”. Jesús nos envía por delante, pero no nos abandona. Es posible que cometamos errores, que no hagamos bien las cosas. Detrás de nosotros vendrá Jesús a arreglar las cosas que hemos hecho mal. Lo importante es vivir lo que predicamos. “La mies es mucha y los obreros pocos”.   

En tiempo de Jesús, los que se dedicaban a manejar la Biblia y explicarla al pueblo se podían contar por millares. ¿Por qué dice Jesús que eran pocos? Esos escribas y fariseos no le interesaban a Jesús. No aportaban nada interesante.  Jesús necesita “savia nueva” hombres y mujeres que viven entusiasmados por la causa de Jesús; personas que han experimentado “el gozo del evangelio” y quieren contagiarlo a los demás. Hoy día sobramos curas, monjas y seglares pasivos, anodinos, aburguesados, sin capacidad de novedad y de sorpresa. No es cuestión de cantidad sino de calidad.

Palabra del Papa

“Jesús envía a setenta y dos discípulos a la gran mies que es el mundo, invitándoles a rezar para que el Señor de la mies, mande obreros a su mies; pero no les envía con medios potentes sino «como corderos en medio de lobos», sin bolsa ni cayado, ni sandalias. San Juan Crisóstomo, en una de sus homilías, comenta: “Siempre que seamos corderos, venceremos y aunque estemos rodeados de muchos lobos, conseguiremos superarlos. Pero si nos convertimos en lobos, seremos derrotados, porque nos faltará la ayuda del Pastor”. Los cristianos no deben ceder nunca a la tentación de convertirse en lobos entre lobos; el reino de paz de Cristo no se extiende con el poder, con la fuerza, con la violencia sino con el don de uno mismo, con el amor llevado al extremo, también a los enemigos. Jesús no vence al mundo con la fuerza de las armas, sino con la fuerza de la Cruz, que es la verdadera garantía de la victoria. Y esto tiene como consecuencia para quien quiere ser discípulo del Señor, su enviado, el estar preparado para la pasión y para el martirio, para perder la propia vida por Él, para que en el mundo triunfe el bien, el amor, la paz. Esta es la condición para poder decir, entrando en toda realidad: «Paz a esta casa». Benedicto XVI, 26 de octubre de 2011.

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio que acabo de meditar. (Guardo silencio).

5.-Propósito: Pensar seriamente si la sal que hay en mí se ha vuelto sosa. Si es así, ¿qué sentido tiene seguir viviendo de esta manera?

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Señor, por este rato de oración que he pasado contigo. Gracias porque cuentas conmigo y me mandas a llevar tu evangelio allá donde todavía no es conocido. Haz que cada día me alimente de tu pan; sacie mi sed con el agua de tu fuente; beba del vino de la Eucaristía y sea luz y sal en este mundo apagado y aburrido.

Comentario – Jueves XXVI de Tiempo Ordinario

(Lc 10, 1-12)

Jesús envía a sus discípulos de dos en dos. Eso significa que la actividad misionera es comunitaria, y, en general, que nuestro servicio a Dios no puede ser individualista, no debe vivirse como una cuestión entre Dios y uno. El que quiere servir a Dios con el espíritu del evangelio, siempre tendrá que compartir con otro, consultar, rendir cuentas a alguien, respetar el estilo, los gustos y las inclinaciones de los compañeros de camino que Dios quiera poner a su lado. Además, los discípulos son enviados a preparar la llegada de Jesús, porque él es quien debe reinar en los corazones, y no los instrumentos que lo anuncian.

El discípulo debe anunciar a Cristo sabiendo que deberá sufrir rechazos, burlas y persecuciones. No puede pretender una vida cómoda, sin contradicciones ni tensiones. Él es como una oveja en medio de lobos (v. 3). Pero no está solo, por dos motivos: porque Jesús lo envió con otro, que compartirá sus dificultades, y porque el que los envía es más fuerte que cualquier amenaza.

Cuando lleguen a un lugar deben instalarse en una casa, sin cambiar de lugar, y allí pueden comer y beber con libertad todo lo que se les ofrezca (v. 8: todo lo de allí). Esto significa que los predicadores deben tener las comodidades mínimas para vivir dignamente. Jesús les pide libertad y desprendimiento, no miseria ni ascesis inhumanas.

En los lugares hostiles, donde sean rechazados, deben evitar que ese rechazo los entristezca, los detenga o les quite entusiasmo. Sacudirse las sandalias para eliminar hasta el polvo de ese lugar es una manera simbólica de dejar todo atrás y seguir adelante con confianza y alegría.

El discípulo es instrumento para comunicar esa paz que el mundo no puede dar, y por eso puede hacer suya la oración de San Francisco: «Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Que donde haya odio yo ponga el amor, donde haya ofensas yo ponga el perdón…».

Oración:

«Señor, ayúdame a descubrir que también yo debo anunciar el evangelio, con coraje y alegría. Y te ruego que bendigas a los misioneros que llevan tu Palabra. Llénalos del poder de tu Espíritu para que experimenten tu presencia en sus vidas».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

El amor que nunca pasa

1. – Durante años parece como si la panacea fuese la ley de divorcio y como si todos los problemas matrimoniales se hayan solucionado con ella. Si te va bien, continúas, no te va bien te divorcias… y no ha pasado nada. Querer solucionar con una ley humana el más profundo de los problemas humanos, es querer regir el amor centro de todos amores con una ley, pues es como querer llenar una cesta con agua o es, también, confundir atracción sexual con amor.

Jesús prescinde de legalismos, prescinde de la noción de contrato con obligaciones y derechos. Y nos lleva a pensar en la dignidad de la persona, en la seriedad del verdadero amor, que está en la intención verdadera del Creador, de formar hogares, no entre un TU y un YO enfrentados, sino con un NOSOTROS donde todo es común y serán una sola carne, que al doler duele a los dos, duele al NOSOTROS y es el NOSOTROS el que padece.

2. – Jesús no apela a la Ley. Jesús apela a lo más hondo del ser humano, a la conciencia regida por el corazón. Es facilísimo conjugar la más escrupulosa observancia de la ley con la traición más escandalosa de los valores que deberían defender la ley. Es facilísimo arropar entre pliegues jurídicos del artículo de una ley las propias conveniencias. Pero cuando se apela al amor, a la conciencia, no nos quedamos tranquilos hasta que lo hemos dado todo, nos hemos centrado del todo.

3. – La convivencia es muy difícil, viene el cansancio, la monotonía, los roces. Y esas manos que se unieron ante el altar empiezan a aflojarse y solo una tercera mano, la de Dios puede mantener firmemente unidas las manos que estaban a punto de soltarse.

Bajo la luz de Dios, Jesús pide una fidelidad creativa, no vacía de alegría y contenido. Una fidelidad que invente el futuro, no que arrastra el pasado. No una fidelidad que continua, sino que recomienza cada día.

Jesús no pide apuntalar un edificio en ruinas, sino pide su reconstrucción por el amor.

Dios en su relación de amor con los hombres tuvo la misma experiencia. Llegó a arrepentirse de haber creado al hombre, pero precisamente cuando ya no había nada en común entre Él y nosotros, cuando todos éramos enemigos suyos, dio el gran paso, se hizo hombre, se acerco a nosotros no para traernos los papeles del divorcio, sino para decirnos que nos amaba más que nunca. Porque nos amo desde el principio.

Y eso es lo que habrá que ver en tantos casos, si desde el principio hubo amor, ese amor se disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. Ese amor “que no pasa nunca”

José María Maruri, SJ

En la escuela del amor

Si eres hombre y tienes mujer,
si eres mujer y tienes hombre,
considérate feliz,
estás cumpliendo devotamente
con el primer mandamiento de Dios:
haciéndoos los dos una sola carne.

Goza con tu pareja:
con su compañía, con su palabra,
con su consuelo, con su aliento,
con su risa, son sus besos,
con sus abrazos, con su sexo,
con su cuerpo e con su espíritu.

Es la compañera o compañero
que Dios te ha dado,
es tu primer y mejor regalo.

Si tienes hombre o mujer,
aprende a dar y a recibir,
a hablar y a escuchar,
a perdonar y ser perdonado.

Surja cada noche con paciencia
el paño de amor,
gastado con el trasiego de la jornada.
Que nunca se ponga el sol
sobre tu corazón arrugado.

Haz de tu proceso amoroso
una escuela diaria de amor,
para que afine tus amores
con los peregrinos,
que pasan delante de tu casa,
sin tener donde posar la cabeza.

Haz de tu amor
una escuela de libertad.
Recorre con el amor, el largo camino
que lleva al corazón de Dios,
y a construir una tierra más justa.

Que no cierres las puertas
de tu casa ni de tu corazón
a las personas que andas huérfanas
privadas de compasión.
Que encuentren en nosotros la fuerza,
el pan, la mano, el calor,
toda la gente que lucha
por una vida mejor.

Que seamos uno para el otro,
entre los dos para los demás
señal del aprecio -tan alto-
que nos tiene Dios, nuestro Padre.

¡Felicidades a todas la parejas
que cada día se sienten en esta escuela!

Notas para fijarnos en el Evangelio

• Como en los pasajes que hallábamos en los domingos anteriores, en este, en la parte dedicada al “divorcio” (2- 12), hay dos momentos: el debate con los fariseos (2-9) y la enseñanza a los discípulos “en casa” (10-12)

• Vale la pena tomar nota, a partir de este hecho, de la importancia que Jesús da al grupo, a la revisión de la jornada en grupo, al discernimiento comunitario… sin voluntad de “poner a prueba” a nadie (2).

• Para acercarnos a lo que Jesús dice (5-9.11-12) sobre el divorcio y la unión del hombre y la mujer hay que tener en cuenta su preferencia por los pobres, por los pequeños (16). Y que el amor, como el Reino (15), es un don para ser acogido. También hay que tener en cuenta la situación de la mujer en relación con el marido en su tiempo.

• La mujer se consideraba impura por la menstruación (Lv 15,19); se la veía asociada al pecado de los orígenes de la humanidad (Gn 3,12-16); no se le enseñaba la Ley y participaba en el culto de manera limitada; en cuanto al matrimonio, el marido la compraba y el padre la vendía; era esclava del marido; sólo tenía derecho a alimentación, vestido y protección de agresiones…

• El legalismo, interpretando Dt 24,1, había creado mil razones para que el marido se la pudiera quitar de encima, muchas veces sin compensación alguna, quedando totalmente desamparada. En tiempo de Jesús la aplicación de Dt 24,1 era muy discutida entre los maestros de la Ley.

• En ese texto se dice que el hombre puede divorciarse de su mujer si halla en ella algo censurable. Algunos lo interpretaban de modo que se podía repudiar a la mujer por cualquier motivo; otros, en cambio, decían que era necesario un motivo grave, como, por ejemplo, el adulterio.

• Jesús recuerda (6-9) que en los orígenes (Gn 1,27; 2,24) el Plan de Dios era otro: “los creó hombre y mujer”. Es decir, ambos, juntos, son creados por Dios, y son ambos, juntos, imagen suya (Gn 1,27). En el proyecto de Dios son “una sola carne” (8): él y ella, en igualdad, se dan el uno al otro para tener comunión de vida, para compartirlo todo, para hacer juntos, en libertad, un único proyecto. Se acogen el uno al otro como regalos.

• También nos muestra Jesús que, cuando las relaciones se apoyan en las leyes, sobre todo si son las de quien domina, no hay comunión. El otro o la otra deja de ser un regalo.

• Lo que no quita que, si hay una ruptura real “por vuestra terquedad” (5), las leyes no tengan que regular la situación para defender al o a la más pobre. En todo caso, el matrimonio, en el Proyecto de Dios, no tiene su base en las leyes sino en el amor entre una mujer y un hombre igualmente libres.

• Entrando en el tema de los “niños” (13), cabe decir que, en la cultura del tiempo de Jesús, representaban la realidad más insignificante: los que no tienen derechos, que no importan, que no cuentan, no merecen atención (13). Las mujeres o los esclavos tenían la misma consideración.

• Acoger a un niño, como hace e invita a hacer Jesús (14.16), supone abrirse a una persona que no te dará nada a cambio. Es un gesto gratuito.

• Jesús aprovecha el hecho para decir cosas importantes sobre el Reino: es un don de Dios a todos los que lo quieran, pero ofrecido prioritariamente a los que más lo necesitan: los pequeños y las pequeñas, los rechazados y las rechazadas, los y las que no cuentan; es un don gratuito, un regalo que no se merece, que no se gana. Por ello sólo lo reciben (sólo lo aceptan) los pequeños y aquellos que, estando con ellos, se hacen pequeños (14-15).

• El gesto de Jesús, “imponer las manos” (16), expresa la bendición divina.

• Jesús propone el niño como modelo (15). Pero no por su inocencia o por su comportamiento (no siempre son modélicos los niños), sino porque los niños se hallan en una situación de debilidad y dependencia y tienen que confiar en otra persona. El niño acepta lo que le es ofrecido. El verdadero discípulo de Jesús es quien acepta el don del Reino.

Comentario al evangelio – Jueves XXVI de Tiempo Ordinario

“¡¡¡En marcha!!!”. Así traduce la Biblia que tengo delante las palabras con que Jesús incita a los suyos para que se dispersen en misión. Las palabras de Jesús discurren entre las dificultades (“Como corderos en medio de lobos”) y la esperanza (“El Reino de Dios está llegando”).

El estilo misionero de Jesús tiene sus luces, que nada tienen que ver con las fuerzas mundanas. Primero, la pobreza: “No llevéis bolsa ni alforjas”. Luego viene el compartir: unos llevan el mensaje, otros ofrecen morada y pan. Y el mensaje es la paz; la paz que evoca todos los bienes, desde la bondad de Dios hasta la justicia entre los hombres. No podía faltar lo que Jesús hizo toda su vida: curar, sanar, consolar.

Al enviado siempre le persigue el riesgo del rechazo a su persona y a su mensaje. Qué le vamos a hacer. Somos enviados por él. Él sabrá, y en sus manos nos ponemos. Y nos quedamos pacificados.

Este es nuestro destino. Jesús nos llama, el Espíritu nos unge y el Padre nos quiere. Somos misioneros. El Señor quiere hacer a través de nosotros. Entonces tenía a los setenta y dos discípulos; a lo largo de la historia y hoy tiene a muchos que quieren responder a su llamada.

El Reino ya está entre nosotros. Nosotros no lo hacemos, lo anunciamos y trabajamos en su construcción. Esta seguridad de la presencia del Reino nos colma de esperanza y de entusiasmo, a pesar de tantas señales del antirreino.

Y nos gozamos en nuestro anuncio: “Decid primero Paz a esta casa”. En un mundo de rencores, de violencia, de desamor, los cristianos ponemos paz, reconciliación, perdón. Nada menos.

Ciudad Redonda

Meditación – Jueves XXVI de Tiempo Ordinario

Hoy es jueves XXVI de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 10, 1-12):

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.

»En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’.

»En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca’. Os digo que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad».

Hoy Jesús nos habla de la misión apostólica. Aunque «designó a otros setenta y dos, y los envió» (Lc 10,1), la proclamación del Evangelio es una tarea «que no podrá ser delegada a unos pocos “especialistas”» (San Juan Pablo II): todos estamos llamados a esta tarea y todos nos hemos de sentir responsables de ella. Cada uno desde su lugar y condición. El día del Bautismo se nos dijo: «Eres Sacerdote, Profeta y Rey para la vida eterna». Hoy, más que nunca, nuestro mundo necesita del testimonio de los seguidores de Cristo.

«La mies es mucha, y los obreros pocos» (Lc 10,2): es interesante este sentido positivo de la misión, pues el texto no dice «hay mucho que sembrar y pocos obreros». Quizá hoy debiéramos hablar en estos términos, dado el gran desconocimiento de Jesucristo y de su Iglesia en nuestra sociedad. Una mirada esperanzada de la misión engendra optimismo e ilusión. No nos dejemos abatir por el pesimismo y por la desesperanza.

De entrada, la misión que nos espera es, a la vez, apasionante y difícil. El anuncio de la Verdad y de la Vida, nuestra misión, no puede ni ha de pretender forzar la adhesión, sino suscitar una libre adhesión. Las ideas se proponen, no se imponen, nos recuerda el Papa.

«No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias…» (Lc 10,4): la única fuerza del misionero ha de ser Cristo. Y, para que Él llene toda su vida, es necesario que el evangelizador se vacíe totalmente de aquello que no es Cristo. La pobreza evangélica es el gran requisito y, a la vez, el testimonio más creíble que el apóstol puede dar, aparte de que sólo este desprendimiento nos puede hacer libres.

El misionero anuncia la paz. Es portador de paz porque lleva a Cristo, el “Príncipe de la Paz”. Por esto, «en la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros» (Lc 10,5-6). Nuestro mundo, nuestras familias, nuestro yo personal, tienen necesidad de Paz. Nuestra misión es urgente y apasionante.

Rev. D. Ignasi NAVARRI i Benet

Liturgia – San Jerónimo

SAN JERÓNIMO, presbítero y doctor de la Iglesia, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-impar

  • Neh 8, 1-4a. 5-6. 7b-12. Esdras abrió el libro de la Ley, y bendijo al Señor, y todo el pueblo respondió: «Amén, amén».
  • Sal 18. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.
  • Lc 10, 1-12. Descansará sobre ellos vuestra paz.

Antífona de entrada          Cf. Sal 1, 2-3
Dichoso el hombre que medita la ley del Señor día y noche, dará fruto en su sazón.

Monición de entrada y acto penitencial
Se celebra hoy la memoria de san Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia, el cual, nacido en Dalmacia, estudio en Roma y recibió el bautismo. Después se entregó a la vida ascética en Oriente, donde se ordenó de presbítero. Vuelto a Roma, fue secretario del papa Dámaso, quien le encomendó la tarea de traducir al latín, entonces la lengua del pueblo, las Sagradas Escrituras. Por su profundo conocimiento de la Palabra de Dios y sus comentarios bíblicos y espirituales, mereció ser llamado doctor de la Iglesia. Murió el año 420 en Belén, donde se había retirado los últimos años de su vida.

Yo confieso…

Oración colecta
OH, Dios,
que concediste al presbítero san Jerónimo
un amor suave y vivo a la Sagrada Escritura,
haz que tu pueblo
se alimente de tu palabra con mayor abundancia
y encuentre en ella la fuente de la vida.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos ahora a Dios Padre, dueño de la mies, pidiéndole que no deje de enviar trabajadores a su mies.

1.- Por la Iglesia, pueblo de Dios, por todos sus pastores y fieles. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones sacerdotales, religiosas y al laicado cristiano. Roguemos al Señor.

3.- Por nuestra patria y por los gobernantes de todas las naciones. Roguemos al Señor.

4.- Por los ancianos, los enfermos y los que se encuentran solos. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros y por los que no han podido venir a esta celebración. Roguemos al Señor.

Señor y Dios nuestro, que has querido hacernos discípulos de tu Hijo para anunciar el evangelio a todo el mundo; escucha nuestras oraciones y no permitas que ningún pueblo se cierre a tu mensaje de salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor,
que, después de meditar tu palabra
a ejemplo de san Jerónimo,
nos dispongamos a ofrecer con mayor fervor a tu gloria
el sacrificio de salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión           Cf. Jer 15, 16
Si encontraba tus palabras, Señor Dios, las devoraba: tus palabras me servían de gozo, eran la alegría de mi corazón.

Oración después de la comunión
SEÑOR, que los sacramentos que hemos recibido
muevan el corazón de tus fieles,
gozosos por la celebración de san Jerónimo,
para que, atentos a las enseñanzas divinas,
comprendan lo que deben seguir
y, siguiéndolo, alcancen la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.