Comentario – Miércoles XXVII de Tiempo Ordinario

(Lc 11, 1-4)

Cuando Jesús enseña a orar nos invita a tener ante Dios una actitud de ternura, de confianza, y al mismo tiempo de reconocimiento, aceptando que todo lo hemos recibido de él. Por eso nos pide que le llamemos simplemente «Padre». Así Jesús quiere compartir con nosotros el encuentro íntimo que él tiene con el Padre. De hecho, el evangelio nos cuenta que Jesús «oraba a solas» (Lc 9, 18), se apartaba en el silencio para encontrarse con el Padre. Para él era una necesidad de amor.

Jesús ha querido que también nosotros tengamos esa intimidad con nuestro creador y que le llamemos «Padre». El mismo Espíritu Santo clama en nuestros corazones llamándole así (Gál 4, 6; Rom 8, 15). Decimos entonces que, por la obra y el impulso del Espíritu Santo, nosotros nos unimos a Jesús, y junto con él podemos clamar llenos de gozo y de confianza: «¡Padre!».

Luego Jesús nos invita a expresar nuestro deseo de que el Nombre del Padre sea santificado. En el fondo era el gran deseo que llenaba el corazón de Jesús, porque él deseaba la adoración y la gloria de su Padre amado.

Después nos invita a pedir la llegada del Reino, para despertar en nosotros el deseo sincero de esa llegada. Se trata de la plenitud que este mundo no nos puede dar, y que sólo llegará cuando el Reino de Dios se apodere de nosotros en toda su plenitud. Luego pedimos el pan, pero sólo el pan indispensable para seguir viviendo y entregándonos por el Reino de Dios; el pan cotidiano. A continuación pedimos perdón, pero sólo en la medida en que nosotros perdonamos, y así Jesús nos invita a recordar permanentemente la necesidad imperiosa de perdonar a los hermanos para poder estar en paz con el Padre de todos. Finalmente, rogamos al Padre que no nos deje caer en la tentación, que no deje que el mal nos domine, y así reconocemos humildemente que solos no tenemos fuerzas para vencer el poder y el atractivo del mal.

Oración:

«Señor Jesús, enséñame a reconocer el amor del Padre Dios, a adorarlo, a presentarle con confianza mis necesidades. Ayúdame a decir la oración que tú nos enseñaste con profunda confianza y sinceridad».

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día