¿Qué me falta, Señor?

¿Qué me falta, Señor,
en este mundo de desconciertos eternos?
“¡Qué difícil les va a ser a los ricos
y a los que ponen su confianza en el dinero,
entrar en el Reino de Dios!”.
Y afirmo que la riqueza no es lo importante
pero me encanta rodearme de ella;
protesto de la opulencia de los otros,
y no valoro el tesoro que mis manos guardan.
Yo busco tu Reino, de corazón,
sabiendo que lo imposible para los hombres,
no lo es para Dios,
porque Dios lo puede todo.

¿Qué me falta, Señor,
porque estoy inquieto buscando,
preguntando, adivinando?
“Anda, vende lo que tienes,
dale el dinero a los pobres,
así tendrás un tesoro en el cielo,
y luego sígueme”.
Intuyo qué es lo importante, y, sin embargo,
me estoy perdiendo por el camino.
Me preocupo inútilmente por algo
que ya me has regalado,
mientras vivo en un permanente desconcierto.
Yo busco tu Reino, de corazón,
sabiendo que lo imposible para los hombres,
no lo es para Dios,
porque Dios lo puede todo.
¿Qué me falta, Señor,
en este mundo de satisfechos tan insatisfechos?

Dime, Señor, qué me falta y qué me sobra
para alcanzar las puertas de tu Reino.
Dime, Señor, qué me falta
para que pueda verte como Padre
en un mundo de hermanos.
Dime, Señor, qué me falta,
qué me estás pidiendo
de mil maneras cada mañana.
Yo busco tu Reino, de corazón,
sabiendo que lo imposible para los hombres,
no lo es para Dios,
porque Dios lo puede todo.