Las exigencias del seguimiento de Jesús

1.- ¿Qué haré para heredar la vida eterna? Una pregunta que cada vez se hacen menos personas en este mundo nuestro en que parece que interesa más lo inminente que lo trascendente, lo inmediato que lo lejano, lo de tejas para abajo que los asuntos del cielo. Sin embargo, el hombre no puede engañarse a sí mismo y, tarde o temprano, tiene que hacerse esta pregunta. Porque todos queremos vivir y que la vida no se acabe nunca. ¿Qué hacer para poseer la «Vida» auténtica? Vive a tope, goza, no repares en nada, aprovéchate lo que puedas, enriquécete lo más rápido posible, no te preocupes por nada, vive el presente.

¡Qué ingenuo puede parecer Jesús para muchos hombres y mujeres de hoy que piensan así! ¿Cumplir los mandamientos? Es muy difícil, casi imposible, «comamos y bebamos…» Pero Jesús nos diría hoy lo mismo: «Ya sabes los mandamientos, ¡practícalos!». No creo que Jesús entienda «el cumplir» como lo entendían los fariseos, que se contentaban con el cumplimiento externo de la ley. Él habla de otra cosa, de vivir lo que dicen los mandamientos, no simplemente de no hacer lo prohibido. Quiere que veas el lado positivo: donde dice «no matarás», te dice «trabaja para que todos tengan una vida digna».

2. – Es curiosa la reacción de la persona que pregunta a Jesús, joven o viejo da igual, pues trata de justificar que ha cumplido todos los mandamientos desde pequeño. Nosotros podríamos decir algo parecido: si desde niño he ido a misa, si he procurado no meterme con nadie, si he cumplido religiosamente con la Iglesia, si he guardado el ayuno y la abstinencia. Una cosa te falta… Una fotocopia de un texto utilizado en catequesis de jóvenes decía algo así: «Eres joven, eres rico, ¿qué más quieres Federico?». Pero el joven se da cuenta de que no es feliz, a pesar de todas sus riquezas y que le falta una cosa, algo que llene su vida de verdad y comienza a desprenderse de todo lo que le sobra y en el fondo le pesa y le estorba. Y descubre que se puede ser feliz de otra manera, «desprendiéndose» de toda la carga material que lleva. Sólo así queda ligero de equipaje para seguir a Jesús. Está claro en el evangelio: «anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme». Aquella persona se marchó triste porque le costaba mucho dejar sus bienes, lo mismo que a nosotros nos cuesta darnos cuenta de que estamos metidos en una tela de araña, el consumismo, de la cual nos es muy difícil salir.

3.- Jesús deja claro que es muy difícil compaginar riquezas y Reino de Dios. Y no porque los bienes materiales sean malos en sí -los judíos creían que eran signo de la bendición de Dios- sino porque muchas riquezas «son baratas», son obtenidas por medios injustos o en todo caso convierten a la persona en «esclavo» del dinero, insensible a la miseria en que vive gran parte de la humanidad. ¿Que decir de la especulación del suelo y de los negocios inmobiliarios? Ahora comprendemos lo del camello y el ojo de la aguja. Algunos decían que el ojo de la aguja era el nombre de una de la puertas de entrada a Jerusalén donde mal que bien podía entrar un camello. Sea como sea, lo que está claro es el sentido que Jesús quiere dar a esta expresión. Sin embargo, alaba la generosidad, la gratuidad de aquellos que habiéndolo dejado todo reciben en este mundo cien veces más y además la vida eterna. ¡Qué gran verdad! ¡Qué feliz es aquel que elige ser pobre y austero, que se conforma con lo necesario para vivir y tiene libertad de espíritu para seguir a Jesús!

4 – Si consideras que «ya eres bueno» porque cumples, presta atención, quizás necesitas un poco de conversión. No basta con contentarse con lo mínimo, con lo fácil, con aquello que no compromete mis seguridades. Dios te pide algo más, tu corazón te pide algo más, una cosa te falta… intenta compartir tus dones, no solo los materiales, con tu prójimo y entonces encontrarás la Vida plena aquí, y también la eterna si te preocupa el futuro y no sólo el momento presente.

José María Martín OSA