Lectio Divina – Sábado XXVII de Tiempo Ordinario

1.- Oración introductoria.

Señor, te pido que me envíes el Espíritu Santo siempre que me acerco a tu Palabra. Hay frases del Evangelio que sólo las puedo entender si el Espíritu Santo me las enseña. Como las que aparecen en la  lectura de hoy. Es un enigma para mí la respuesta de Jesús a esa buena mujer del pueblo. Pero sé que es otro el sentido profundo de esas palabras. Gracias, Señor, porque el Espíritu Santo nos lleva a la verdad completa.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Lucas 11, 27-28

Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» Pero Él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

No cabe duda que, al escuchar estas palabras del evangelio, crean en nosotros una especie de desazón al comprobar que Jesús apenas hace caso del elogio de una mujer sencilla y de pueblo a María, la madre de Jesús. Pero sólo aparentemente. Hace dos días, al comentar la escena de Marta y María, veíamos la importancia de que María estuviera escuchando la Palabra de Dios. Era como  abrir el horizonte de toda mujer al mundo del espíritu, al mundo de la cultura y, sobre todo, al mundo de la Biblia, al mundo de Dios. Si Jesús no puede tolerar el reduccionismo al que está sometida la mujer en su tiempo “cocina-hijos”, mucho menos puede reducir a su propia madre a una función meramente biológica: “vientre y pechos”. Su madre es eso y muchísimo más. María es la “oyente de la Palabra de Dios”, la que se ha fiado plenamente de esa Palabra, es más, la que ha encarnado en sus entrañas la misma Palabra, el Verbo, la Segunda persona de la Santísima Trinidad.  ¡Ésa es su grandeza! Por otra parte, María ha “conservado en su corazón esa Palabra”, la ha rumiado, la ha asimilado, la ha hecho vida. Cuando María, en las bodas de Caná, dice “Haced lo que Él os diga” no hace otra cosa que enviarnos al Evangelio a todos los que acudimos a Ella. Ella no hace otra cosa sino decirnos lo que Ella siempre ha hecho.

Palabra del Papa.

“La fe sin el fruto en la vida, una fe que no da fruto en las obras, no es fe. También nosotros nos equivocamos a veces sobre esto: ‘Pero yo tengo mucha fe’, escuchamos decir. ‘Yo creo todo, todo…’ Y quizá esta persona que dice eso tiene una vida tibia, débil. Su fe es como una teoría, pero no está viva en su vida. El apóstol Santiago, cuando habla de fe, habla precisamente de la doctrina, de lo que es el contenido de la fe. Pero vosotros podéis conocer todos los mandamientos, todas las profecías, todas las verdades de fe, pero si esto no se pone en práctica, no va a las obras, no sirve. Podemos recitar el Credo teóricamente, también sin fe, y hay tantas personas que lo hacen así. ¡También los demonios! Los demonios conocen bien lo que se dice en el Credo y saben que es verdad”.(Cf. S.S. Francisco, 21 de febrero de 2014, homilía en Santa Marta)

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Una verdadera devoción mariana me lleva necesariamente al evangelio: “Haced lo que Él os diga”. Hago el propósito de hacerlo así.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, al terminar esta oración, me lleno de gozo al constatar el significado profundo de unas palabras tuyas a esa mujer del pueblo. Tu madre es mucho más que lo que pensaba esa buena mujer. Abre, Señor, mi mente para comprender tu evangelio en profundidad. Y también para descubrir la gran misión de María, tu Madre: la de darnos un evangelio vivo y experimentado.