Sabiduría, palabra, riquezas…

1.- La economía, la bolsa, el mundo de la inversión están de moda. Por ejemplo, en los periódicos y otros medios de comunicación, han aumentando considerablemente los espacios dedicados a estas cosas. Crear riqueza es una obligación para todos aquellos que tengan en sus manos responsabilidades de gobierno o de empresa. El desarrollo económico suele acabar con muchas injusticias y la exclusiva división de un país entre ricos y pobres es un mal asunto. Dicho desarrollo acorta las distancias entre unos y otros. El trabajo en común, unos objetivos bien pensados y un gran sentido del bien común pueden ayudar a mejorar el mundo. El mensaje del Génesis de “Creced y multiplicaos” se expresa bien con esa labor en común para crecer y mejorar. La Tierra fue un don para el hombre y ahí la puso Nuestro Señor para que fundamentase una armónica creación de riquezas.

Pero la codicia y el uso de la violencia –aspectos que también están incluidos en la naturaleza del pecado original—crearon un desequilibrio muy grave. Hoy el consumismo es otro gran problema y la tendencia al lujo y a lo “exclusivo”, así como las economías especulativas y no productivas están creando, otra vez, una gran distancia entre ricos y pobres, aún dentro de los países industrializados. Sin embargo, la ecuación final es que hay mas justicia social interior en esos países ricos, aun creada a costa de la explotación de otros países, que –todo hay que decirlo—han sido incapaces, por el egoísmo de sus élites, en crear una mayor riqueza y distribuirla. Pero no quiere ser este comentario un tratado de economía. Solo pretende mostrar, desde el amor y la humildad, la enseñanza del Señor Jesús.

2.- Y, entonces, cuando Jesús de Nazaret dice que no se puede servir a Dios y al dinero está marcando, no solo un consejo moral, describe una constante de la historia del hombre. La adoración al dinero es una gran idolatría y la codicia un pecado muy grande. Es verdad que durante mucho tiempo se ha dado mucha más importancia a –por ejemplo—los pecados sexuales o aquellos que tienden al desorden de la vida cotidiana: orgías, juergas, borracheras. Y no sé hablado apenas de la falta de amor y de caridad, de la atención a los pobres, del demonio de la codicia o del también ídolo atroz de la soberbia.

Es conocida la doble interpretación de las Bienaventuranzas. San Mateo da su matizada versión de ellas y dice: “Dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Está marcando un formidable matiz para nuestro interior, que no es –para nada– una atenuación del sólo “Dichosos los pobres” de San Marcos. No es que Mateo cree una clase de pobres y Marcos otra. En su complementariedad está precisamente nuestra dedicación a los pobres, pero Mateo nos da pistas para nuestra posición ante las riquezas. Y es que si nuestro espíritu es de pobres y no atesoramos en nuestro corazón afán de riquezas nunca seremos ricos, aunque la vida parezca que nos ofrece todo para serlo. Si el joven del evangelio de este Domingo 28 del Tiempo Ordinario hubiese tenido espíritu de pobre, no se habría ido triste, habría quedado junto a Jesús. Pero, si por el contrario, aun siendo muy pobres, nuestro corazón está lleno de codicia llegaremos a ser ricos o unos desgraciados. Esto es así. Nadie con auténtico espíritu de pobre llegará a ser rico. Y nadie con el corazón lleno de codicia será pobre al estilo evangélico. Es verdad, por otro lado, que en estos temas hay que ser muy cuidadosos en las interpretaciones. Al pobre total, quien apenas come y ve como sus hijos ni siquiera pueden desarrollarse físicamente, no se le puede hablar sólo de la pobreza en el espíritu. Hay que, primero, arrancarle de las garras de la pobreza severa y luego hablarle de esos matices. Jesús se expresó muy bien, con precisión. Dijo: “No se puede servir a Dios y al dinero”. No hizo referencia a riquezas en especie o a otro tipo de posesiones, las cuales, en cierto modo, pueden servir para dar trabajo o cobijo a otros. Es el dinero lo que corrompe y cuando se coloca en el corazón del hombre, echa de él a Dios.

3. – «Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mi un espíritu de sabiduría». «La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo» Las frases del Libro de la Sabiduría y de la Carta a los Hebreos, suplen perfectamente cualquier posibilidad de insistencia en el comentario. La sabiduría era para los judíos el buen entendimiento de las cosas de Dios y junto a ello, también, los conocimientos generales que definen mejor el concepto que nosotros tenemos de sabiduría. La frase de la epístola habla de la Palabra de Dios como viva, eficaz y tajante. Y en el ingrediente de ambas cosas tenemos la mejor receta para vivir mejor. Necesitamos la sabiduría enviada por Dios y podemos encontrarla en su Palabra. Espera la sabiduría el que reza. Y la mejor forma de orar es repetir continuamente la lectura de la Palabra de Dios.

Le hacia falta al joven rico sabiduría para abandonar sus riquezas y seguir a Jesús. El dinero no es un buen ingrediente para los seguidores de Cristo. El culto al dinero es idolatría y es fácil ver a gente torturada por sus deseos de riqueza. El dinero además modifica voluntades y en nuestros tiempos parece que todo puede comprarse con dinero. La sabiduría que debemos pedirle al Señor, saber discernir sobre el valor de la riqueza o de la pobreza. Y que nos aleje de la adoración al dinero.

Ángel Gómez Escorial