Lectio Divina – Lunes XXVIII de Tiempo Ordinario

1.- Introducción.

Señor, hoy vengo a la oración a no pedirte nada. Demasiadas oraciones he hecho en mi vida de súplica, de petición. Hoy vengo a escucharte, a estar contigo, a sentir tu cercanía y tu amistad, a disfrutar al caer en la cuenta de que aquí mismo, junto a mí hay Alguien que es más que Jonás y más que Salomón.  Aquí estás Tú, mi Señor. Te entrego las riendas de mi vida.

2.- Lectura reposada del Evangelio: Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús y Él se puso a decirles: Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

El vientre del pez sumergido en lo profundo del mar es un símbolo precioso de todas nuestras situaciones límite: violencias, atropellos, sufrimientos, enfermedades, incluso muerte física. El salto del pez a la playa de la vida es signo de victoria. El que nos saca de lo más hondo, es Alguien que es más que Jonás y más que Salomón. Es Jesús, el Hombre-Dios. Él es el que “muriendo por nosotros”, ha bajado a los infiernos, a lo profundo de la miseria humana y “resucitando por nosotros” nos ha elevado a lo más alto de los cielos. Es verdad que Jesús ha anunciado su muerte en varias ocasiones, pero nunca ha hablado de su muerte sin hablar también de resurrección. “Mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte, y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero a los tres días, RESUCITARA” (Mc. 10,33-34). Después de que Cristo ha vencido todas las situaciones de muerte, ya nadie nos puede quitar la esperanza. Por más hundidos que nos encontremos, siempre podremos decir: “esto tiene que tener salida”. La Resurrección de Cristo “nos ha abierto una puerta que ya nadie nos puede cerrar” (Ap. 3,8). 

Palabra del Papa

“Realmente hace un milagro, porque en este caso él [Jonás] ha dejado de lado su terquedad y ha obedecido a la voluntad de Dios, y ha hecho lo que el Señor le había mandado.  Nínive se convierte y ante esta conversión, Jonás, que es el hombre que no es dócil al Espíritu de Dios, se enfada: Jonás sintió una gran tristeza y se desdeñó. E, incluso, reprende al Señor. La historia de Jonás y Nínive se articula en tres capítulos: el primero es la resistencia a la misión que el Señor le confía; el segundo es la obediencia, y cuando se obedece se hacen milagros. La obediencia a la voluntad de Dios y Nínive se convierte. En el tercer capítulo, hay una resistencia a la misericordia de Dios. Esas palabras: ‘Señor, ¿no era esto quizás lo que yo decía cuando estaba en mi pueblo? Porque Tú eres un Dios misericordioso y clemente’, y yo he hecho todo el trabajo de predicar, he hecho mi trabajo bien hecho, ¿y Tú les perdonas? Y el corazón con esa dureza que no deja entrar la misericordia de Dios. Es más importante mi sermón, son más importantes mis pensamientos, es más importante toda esa lista de mandamientos que debo observar, todo, todo, todo que la misericordia de Dios. Y este drama también Jesús lo ha vivido con los doctores de la Ley, que no entendía por qué Él no dejó que lapidaran a aquella mujer adúltera, cuando Él iba a cenar con los publicanos y pecadores: no lo entendían. No entendían la misericordia. Hay que esperar en el Señor, porque en el Señor hay misericordia, y en Él hay abundante redención”. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 6 de octubre de 2015, en Santa Marta).

 4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Con la presencia de Cristo Resucitado yo ya no me hundo por nada.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, Dios mío, si hubieras muerto en una Cruz y no hubieras resucitado, hubieras sido un fracasado. Todos tus bellos sueños, tus hermosas palabras, tu vida intachable, todo habría quedado sepultado en una tumba. Ya nadie se acordaría de Ti. Pero has resucitado y estás vivo, y nos das también a nosotros la posibilidad de vivir y soñar y la viva esperanza de “unos cielos nuevos y una nueva tierra”. ¡Gracias, Señor!