Lectio Divina – Miércoles XXVIII de Tiempo Ordinario

1.- Oración introductoria.

Señor, a veces se compra uno un libro por el título. Y yo digo a la gente que merecería la pena comprar la Biblia por una sola frase: “Dios es amor” (1Jn. 4,8). El amor es belleza, es alegría, es música, es lo más hermoso de la vida. Es un grave error tratar de cumplir las leyes y normas “dejando de un lado el amor”. Sin amor no se entiende nada; con amor se entiende todo. Gracias por haberte manifestado como amor.

2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 11,42-46

Pero ¡ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar, aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!» Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas también nos injurias a nosotros!» Pero él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!

 3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

Jesús se enfrenta con los fariseos y doctores de la ley. Para ellos, lo importante es la ley interpretada y comentada por las distintas escuelas. En tiempo de Jesús había que cumplir más de 600 preceptos. Esto hacía que las personas que querían servir al Señor debían cargar con “pesos insoportables”.   La genialidad de Jesús consiste en reducir todas a un solo precepto: el precepto del amor. Este amor a Dios y a los hermanos es lo esencial. Es más, si falta el amor, no se puede cumplir con ningún precepto. Esto olvidamos también los cristianos: si vamos a Misa es porque a nuestro Padre Dios le gusta vernos juntos y que nos queramos como hermanos. No cumplen con el deber a los padres unos hijos que les atienden dándoles la comida, las medicinas, la calefacción etc, si no son capaces de darles cariño, de escucharlos, de tener detalles con ellos. A veces, pueden estar en casa y vivir solos.  Sólo haciendo las cosas por amor, podemos ser felices. ¿Acaso una madre se queja de haber pasado la noche sin dormir por atender a su hijo? Se sentiría mal si no pudiera hacerlo. ¿Acaso un enamorado se queja de la cita que tiene con su enamorada? Jesús ha venido a decirnos lo que nos ama el Padre y, a partir de ahí, lo que nos debemos querer unos a otros. El amor aligera la vida. Es verdad que a veces debemos hacer cosas que cuestan, pero “el amor ni cansa ni se cansa”. (San Juan de la Cruz). Como dice San Agustín: “También las alas del pájaro pesan, pero les sirve para volar”. ¡Qué bonita sería la vida si el amor nos hiciera volar por encima de los problemas y dificultades! ¿Habéis observado al Papa Francisco? ¿Ha habido algún Papa que se haya enfrentado con tantos problemas dentro de la Iglesia? Y, sin embargo, ningún problema, ninguna dificultad es capaz de secar su sonrisa de ternura y de bondad ante los pobres, los enfermos, los niños… Esa sonrisa no es postiza, lleva un largo recorrido. Es el fruto de los ratos de intimidad con Dios, al alborear de la mañana. Él ha puesto la bondad, la ternura y la misericordia de Dios en el “centro de la vida”.

Palabra del Papa.

“Hoy quisiera fijarme en la frase en la que declaras que a veces me olvido del amor de Dios. Puede ser que en mi vida como cristiano sólo me preocupe por cumplir deberes, realizar actos de caridad, rezar, ayunar ir a misa y confesarme, pero me olvido de que a la base de todo ello está tu amor por mí. “Una de las cosas más difíciles de entender, para todos nosotros cristianos, es la gratuidad de la salvación en Jesucristo. Nosotros estamos acostumbrados a escuchar que Jesús es el Hijo de Dios, que ha venido por amor, para salvarnos y que ha muerto por nosotros. Pero lo hemos escuchado tantas veces que estamos acostumbrados. Cuando entramos en el misterio de Dios de este amor sin límites nos quedamos maravillados y quizá, preferimos no entenderlo. Hacer lo que Jesús nos dice es bueno y se debe hacer, pero esta es mi respuesta a la salvación que es gratuita, viene del amor gratuito de Dios”. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 15 de octubre de 2015, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito: Haré todo y solo lo que tengo que hacer en este día, pero “con mucho amor”.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, ¡cómo te agradezco tus bellas enseñanzas! La medicina actual está de acuerdo en afirmar que se enferma por falta de amor. Muchas de las conductas irregulares de los niños se deben a falta de afecto por parte de sus padres. Y también está de acuerdo que el amor, la cercanía, la ternura es la mejor medicina. Le oí hace poco a un Doctor: “A veces tengo la sensación de que curo más con mi persona que con las medicinas”. Yo hoy te agradezco de corazón que tus últimas palabras, tu testamento vital, fuera éste: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. ¡Gracias, Señor!

Comentario – Miércoles XXVIII de Tiempo Ordinario

(Lc 11, 42-46)

Jesús sigue recriminando a los fariseos su cuidado de las normas exteriores sin estar atentos a lo esencial. Esa apariencia interior podía hacer que la gente se confundiera y los creyera santos hombres de Dios, y así terminara cayendo en sus redes y entrando en esa misma actitud hipócrita. Por eso Jesús los define como esos sepulcros que no se ven, y uno pasa por encima sin darse cuenta que está pisando huesos de un muerto (Lc 42, 44).

No es que Jesús rechazara las costumbres, las tradiciones o el cuidado de los cumplimientos externos. Si leemos bien el texto, dice «sin descuidar lo otro» (v. 42). Eso significa, por ejemplo, que no está mal preocuparse por pagar el diezmo de todo sin olvidar nada. El problema para Jesús consistía en que algunos fariseos se obsesionaban y se enredaban tanto en el cumplimiento de preceptos secundarios que olvidaban lo principal, lo que más le agrada a Dios: que lo amen y que practiquen la justicia.

Ya los profetas se habían preocupado por sintetizar la ley de Dios recordando lo esencial: Por una parte, amar y adorar a Dios, sin poner la confianza en otros poderes e ídolos. Por otra parte, ser justos y misericordiosos con el prójimo. Esta doble síntesis aparece, por ejemplo, en Miqueas 6, 8; Oseas 2, 21-22. Pero también es interesante leer Is 58, 1-12 para descubrir cómo la misericordia con el prójimo vale más que cualquier cumplimiento o sacrificio externo.

Aquí Jesús se dirige a un maestro de la ley (v. 46), dedicado al estudio de la ley para enseñar lo que hay que hacer y lo que hay que evitar, y le hace notar que en realidad ni él mismo cumplía todo lo que sus detalladas normas le dictaban, y entonces pretendía hacer cumplir a los demás lo que tampoco para él era posible. Porque sabemos que las tradiciones de los maestros de la ley y fariseos se habían multiplicado y complicado tanto que ya ni siquiera era posible recordarlas a todas.

 

Oración:

«Señor Jesús, ayúdame a simplificar mi vida. No dejes que me complique con mis propias tradiciones y costumbres y ayúdame a estar más atento al bien de los demás. No permitas que desgaste mis energías en las cosas secundarias y ayúdame a recordar siempre lo que más te agrada».

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

La petición de los hijos de Zebedeo – Marcos 10, 35-45

En aquel tiempo se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: – Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir. Les preguntó: – ¿Qué queréis que haga por vosotros? Contestaron: – Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Jesús replicó: – No sabéis lo que pedís; ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar? Contestaron: – Lo somos. Jesús les dijo: – El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado. Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: – Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso; el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.

Explicación

También entre los seguidores de Jesús había algunos ambiciosos que esperaban ocupar al lado de Jesús lugares de poder. De ellos nos habla por ejemplo el Evangelio de hoy. Son los hermanos Santiago y Juan. Pero Jesús les ayuda a dejar poco a poco esas intenciones y acoger otras mejores que ocupen su corazón : compartir con él la vida, estar juntos en todo momento, ayudarse en situaciones difíciles, apoyarse cuando estén tristes y sobre todo, entregar la vida por lo demás.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

NARRADOR: Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se presentaron a Jesús y le hicieron una petición:

SANTIAGO: Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.

JESÚS: ¿y qué queréis que haga?

JUAN: Concédenos sentarnos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

JESÚS: No sabéis lo que pedís.

SANTIAGO: ¿Por qué?

JESÚS: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?

JUAN: Sí, lo somos.

JESÚS: El cáliz que yo he de beber lo beberéis, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda, está ya reservado.

NARRADOR: Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos:

DISCÍPULO 1: Os lo merecéis por abusones.

DISCÍPULO2: Ahora no os sentaréis ni a la derecha ni a la izquierda de Jesús.

JESÚS: ¡Basta ya! Callaos y escuchad. Los jefes de los pueblos los tiranizan y los grandes oprimen a los pequeños.

DISCÍPULO 1: Siempre se ha hecho así.

JESÚS: Pues vosotros no debéis hacerlo.

DISCÍPULO 2: Entonces, el que quiera ser grande…¿Qué debe hacer?

JESÚS: Será el servidor de los demás.

DISCÍPULO 1: ¿Y el que quiera ser el primero?

JESÚS: Será esclavo de todos.

DISCÍPULO2: Maestro, cada vez lo pones más difícil.

DISCÍPULO 1: A nadie le gusta ser servidor y esclavo de los otros.

JESÚS: Miradme a mí, no he venido para que me sirvan.

DISCÍPULO2: ¿Y para qué has venido, Maestro?

JESÚS: He venido para servir y dar mi vida en rescate por todos.

NARRADOR: Así terminó Jesús la jornada aquél día con sus discípulos.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XXVIII de Tiempo Ordinario

“Dios no tiene favoritismos”… ¡Gran frase! ¿Y yo? Uff… ¡Yo sí tengo! Pero no sé por qué intuyó que aún siendo una gran verdad, Jesús lo profundiza tanto que lo revoluciona: Jesús sí tenía preferidos. ¿Qué es si no, un amigo? Un favorito, un preferido…

Por eso vuelvo a leer la Palabra de hoy e intuyo que el problema no está en tener favoritos sino en cómo actuamos con el resto: «pasáis por alto el derecho y el amor de Dios».Podemos sentirnos ofendidos, como el jurista del evangelio de hoy,  como si nos pareciera que los toques de atención de Dios sólo son para otros… ¡Qué curioso!.. No matamos, no robamos, las faltas que cometemos nos parecen menores… Y sin embargo, se nos olvida que lo que Jesús sigue sin soportar es nuestro empeño por endosar a otros cargas insoportables que nosotros ni tocamos: hacemos juicios,  pasamos por alto el amor, nos apegamos a perfiles y reglamentos…

Por supuesto, poco importa si lo hacemos en situaciones cotidianas y aparentemente poco trascendentes o en grandes decisiones… La cuestión es en qué forma me hago presente en el mundo… ¿Jesús me mira y exclama un ¡Ay! doloroso o sonríe y me anima a seguir caminando? Dios no nos ofende al reprendernos… Sólo quiere que seamos aquello que ya somos y tantas veces no nos damos cuenta, enredados en exigencias, normas, cargas y juicios…

Ciudad Redonda

Meditación – Miércoles XXVIII de Tiempo Ordinario

Hoy es miércoles XXVIII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 11, 42-46):

En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!». Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!». Pero Él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!».

Hoy, en polémica con los fariseos, Jesucristo sitúa como ejes de la convivencia social la justicia y el amor de Dios, anteponiéndolos a puntos de vista particulares. Paz y Derecho, paz y justicia están inseparablemente unidos. Donde se pisotea el Derecho la injusticia toma el poder y la paz queda amenazada.

Un criterio profundo de la política deben ser los valores morales, no creados por nosotros, sino reconocidos e iguales para todos los hombres. Sin ellos el Derecho puede ser usado criminalmente con fines partidistas. Destacan dos factores diluyentes de la justicia. Primero, el «cinismo de la ideología», que ofusca las conciencias justificando cualquier medio para alcanzar los objetivos partidistas. Segundo, el «cinismo de los negocios» (la explotación sin escrúpulos de las reservas naturales), donde también lo útil ocupa el lugar del bien y el poder desplaza al Derecho.

—Señor, el cristianismo no nos aleja de la razón, sino que la ilumina: para la paz, haz que la fe serene la razón, frecuentemente deformada por la tiranía ideológica.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Miércoles XXVIII de Tiempo Ordinario

MIÉRCOLES DE LA XXVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Para la feria cualquier formulario permitido; Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-impar.

  • Rom 2, 1-11. Pagará a cada uno según sus obras, primero al judío, pero también al griego.
  • Sal 61. El Señor paga a cada uno según sus obras.
  • Lc 11, 42-46. ¡Ay de vosotros, fariseos! ¡Ay de vosotros también, maestros de la ley!

Antífona de entrada          Cf. Sal 27, 8-9
El Señor es fuerza para su pueblo, apoyo y salvación para su Ungido. Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad, sé su pastor por siempre.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, comencemos la celebración de los sagrados misterios pidiendo al Señor Dios, escudo nuestro, que se fije en nosotros; que mire el rostro de su Ungido. Y sabiendo que vale más un día en sus atrios que mil en nuestra casa, pidámosle humildemente perdón por nuestros pecados.

Yo confieso…

Oración colecta
OH, Dios,
que has preparado bienes inefables para los que te ama,
infunde la ternura de tu amor en nuestros corazones,
para que, amándote en todo y sobre todas las cosas,
consigamos alcanzar tus promesas,
que superan todo deseo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos ahora, hermanos, a Dios Padre.

1.- Por la Iglesia, la gran familia de los hijos de Dios. Roguemos al Señor.
2.- Por los gobernantes, responsables de la institución familiar y de la convivencia de todos los ciudadanos. Roguemos al Señor.
3.- Por todos los hogares del mundo, en especial por los hogares cristianos y por los padres de familia que han de ser ejemplo de fe y santidad para sus hijos. Roguemos al Señor.
4.- Por los enfermos y los agonizantes, por los que se sienten angustiados. Roguemos al Señor.
5.- Por nosotros, llamados a vivir en la oscuridad, iluminados por la luz de la fe, que contemplamos el ejemplo de san José, cuya vida estuvo con Cristo escondida en Dios. Roguemos al Señor.

Socórrenos, Señor, para que podamos alegrarnos con tus beneficios. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, Señor,
este sacrificio de reconciliación y alabanza
y concédenos que, purificados por su eficacia,
te ofrezcamos el obsequio agradable de nuestro corazón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Sal 144, 15
Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú les das la comida a su tiempo.

Oración después de la comunión
DESPUÉS de haber participado de Cristo por estos sacramentos,
imploramos humildemente tu misericordia, Señor,
para que, configurados en la tierra a su imagen,
merezcamos participar de su gloria en el cielo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.