Meditación – Santa Teresa de Jesús

Hoy celebramos la fiesta de Santa Teresa de Jesús.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 11, 25-30):

En aquel tiempo, Jesús dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Hoy celebramos una santa que representa una de las cimas de la espiritualidad cristiana: santa Teresa de Ávila. Todavía niña, lee las vidas de algunos mártires que le inspiran el deseo del martirio. Sus dos principios fundamentales: «todo lo que pertenece al mundo de aquí, pasa»; sólo Dios es «para siempre, siempre, siempre». A la edad de 20 años, entra en el monasterio carmelita de la Encarnación. El descubrimiento fortuito de la estatua de «un Cristo muy llagado» marca profundamente su vida. Paralelamente a la maduración de su interioridad, la santa comienza a desarrollar el ideal de reforma de la Orden carmelita. Teresa de Jesús no tenía una formación académica, pero siempre sacó provecho de las enseñanzas de teólogos, literatos y maestros espirituales. Teresa teje relaciones de amistad espiritual con numerosos santos, en particular con san Juan de la Cruz.

Sus principales obras: “Libro de la vida” (autobiografía); “Castillo interior” (mística); “Libro de las fundaciones”… Algunos puntos esenciales de la espiritualidad teresiana: las virtudes evangélicas como base de toda la vida cristiana y humana; una profunda sintonía con los grandes personajes bíblicos y la escucha viva de la Palabra de Dios; la oración; la centralidad de la humanidad de Cristo (la vida cristiana es relación personal con Jesús); amor incondicional a la Iglesia; la perfección, como aspiración de toda la vida cristiana y meta final.

—Al final del recorrido del Castillo interior, en la última «morada», Teresa describe esa plenitud, realizada en la inhabitación de la Trinidad, en la unión con Cristo a través del misterio de su humanidad.

REDACCIÓN evangeli.net