Dar la vida

El amor no tiene que ver, de entrada, con un sentimiento o una emoción. Es una certeza: la certeza de que todo otro es no-otro de mí. Y se expresa en la entrega. Por lo que puede decirse que amar es darse.

En lenguaje evangélico, amar es servir y dar la vida: así se expresa Jesús en el evangelio de Marcos. Y en el de Juan añade algo más: “Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).

Ahora bien, el amor, así entendido, implica una paradoja: ser dueño de sí y olvidarse de sí. Como en todas las paradojas, los dos extremos de la misma son igualmente importantes. En este caso: solo quien se posee a sí mismo es capaz de olvidarse de sí, del mismo modo que solo quien se posee podrá darse, ya que nadie da lo que no tiene.

 “Poseerse” a sí mismo significa ser interiormente libre, autónomo y consistente. Habla de una personalidad integrada, unificada y armoniosa, reconciliada consigo misma. Es precisamente esa integración personal la que posible entregarse y olvidarse de sí.

Sin esa integración, la persona se verá obligada, de manera más o menos compulsiva, a intentar sobrevivir con el menor sufrimiento posible. Por lo que deberá dedicar toda su energía a sostenerse en precario. Ahora bien, si tiene que estar centrada en sobrevivir será incapaz de olvidarse de sí y entregarse. En cualquier caso, únicamente podría intentar hacerlo desde un voluntarismo extremo que, antes o después, terminará rompiéndola o “quemándola”.

El proceso de integración se basa en el amor humilde hacia sí. Es necesario que la persona pueda “encontrarse” con ella misma, mirarse a los ojos, aceptarse con toda su verdad y amarse con la mayor viveza posible. Ese amor hacia sí, que unifica, es también el que capacita para entregarse a los otros.

A veces se oye esta pregunta: ¿No existe el peligro de amarse demasiado? No. El peligro no está ahí -nunca se amará demasiado-, sino en amarse mal o, mejor dicho, en llamar amor a lo que no lo es. No es amor aquel que termina en uno mismo, como tampoco lo es cuando no nos aceptamos íntegramente ni cuando nos comparamos con los otros.

El amor es humilde y universal: acepta toda nuestra verdad -se necesita mucha humildad para amarse de ese modo- y se expande a todos los seres. Cuando no se dan estos rasgos, se trata de narcisismo egocentrado, incapaz también de entregarse. Por tanto, tal vez haya que empezar por cuidar de manera consciente el amor humilde hacia uno mismo.

¿En qué medida vivo un amor humilde y universal?

Enrique Martínez Lozano

Una religión de esclavos

Tanto en la sociedad como en la iglesia encontramos modelos de gobierno, de autoridad y de poder que responden a diferentes fundamentaciones e intereses. El evangelio ofrece un modelo de autoridad basado en el servicio, y en la salida de sí mismo, es decir, como dice el texto de Marcos 10,45, en una grandeza que tiene que ver con el servicio y con dar la vida por los demás, hasta el punto de caracterizarla como una esclavitud: “el que quiera ser primero que se haga esclavo de todos”.

Ello me recuerda cómo Simone Weil describía al cristianismo como “la religión de los esclavos”, aunque no le daba seguramente el mismo sentido. Para ella, el cristianismo era religión de esclavos porque aquellos que se encontraban en situaciones límites de dignidad y libertad podían encontrar en este grupo aquella dignidad perdida. Pero esta recuperación de la dignidad es posible y viable si quienes buscan la grandeza la encuentran justamente en el servicio y en la preferencia de quienes están en situación de exclusión y marginación.

De hecho, algunos testimonios del cristianismo primitivo muestran cómo las diferentes exclusiones sociales no los son tanto dentro del movimiento cristiano naciente. Entre los testimonios paganos, en una carta del Gobernador Plinio al emperador Trajano, escrito en torno al 110 d. C., el gobernador explica la tortura de dos mujeres esclavas que eran “ministras” (ministrae), es decir, que tenían roles ministeriales en la comunidad cristiana. Al mismo tiempo que llama la atención sobre su ministerio por ser mujeres, la novedad del cambio de estatus de una esclava indica que ingresar en una comunidad cristiana podía significar un cambio de estatus, a la vez que la aceptación y aprobación por parte de la comunidad: Ni los indicadores de género ni los de estatus impedían a sus miembros aceptar los ministerios de estas mujeres. En un sentido similar, por ejemplo, Gálatas 3,28 insiste que “ya no hay judío ni griego, varón ni mujer, esclavo ni libre, porque vosotros sois uno en Cristo”.

La iglesia ha vivido continuamente la tensión entre poderes autorreferenciales y un profetismo que vuelve a prestar atención a todo tipo de pobreza (existencial, económica, cultural, espiritual…) para hacerse con ello y restituir la dignidad donde se ha perdido.

Los modelos eclesiales actuales, a partir del concilio Vaticano II, formulan modelos participativos y misioneros, es decir, en salida, que miran hacia el servicio y hacia la situación social para establecer un diálogo evangelizador y de atención solidaria. A su vez, los procesos sinodales actuales buscan esta misma comprensión de autoridad y liderazgo más vinculada a un pueblo que camina juntos que a una estructura jerárquicamente organizada.

Este texto evangélico recuerda oportunamente para estos procesos de conversión eclesial, que “el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos”.

Paula Depalma

II Vísperas – Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

II VÍSPERAS

DOMINGO XXIX TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Quédate con nosotros,
la noche está cayendo.

¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.

Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu;
y limpia, en lo más hondo
del corazón del hombre,
tu imagen empañada por la culpa.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro, y reinará eternamente. Aleluya.

SALMO 113A: ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO: LAS MARAVILLAS DEL ÉXODO

Ant. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en manantiales de agua.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

LECTURA: 2Co 1, 3-4

¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibidos de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
V/ Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

R/ Digno de gloria y alabanza por los siglos.
V/ En la bóveda del cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Hijo del hombre ha venido a servir y a dar su vida en rescate por todos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Hijo del hombre ha venido a servir y a dar su vida en rescate por todos.

PRECES

Adoremos a Cristo, Señor nuestro y cabeza de la Iglesia, y digámosle confiadamente:

Venga a nosotros tu reino, Señor.

Señor, haz de tu Iglesia instrumento de concordia y de unidad entre los hombres
— y signo de salvación para todos los pueblos.

Protege, con tu brazo poderoso, al papa y a todos los obispos
— y concédeles trabajar en unidad, amor y paz.

A los cristianos concédenos vivir íntimamente unidos a ti, nuestra cabeza,
— y que demos testimonio en nuestras vidas de la llegada de tu reino.

Concede, Señor, al mundo el don de la paz
— y haz que en todos los pueblos reine la justicia y el bienestar.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Otorga a los que han muerto una resurrección gloriosa
— y haz que gocemos un día, con ellos, de las felicidad eterna.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Consumirse sirviendo es la máxima gloria

Mc 10,32-45

Sigue el camino hacia Jerusalén. Al anunciar Marcos tres veces la pasión, está mostrando la rotundidad del mensaje. Al proponer, después de cada anuncio, la radical oposición de los discípulos resalta la dificultad para entenderle. A continuación del primer anuncio, Pedro dice a Jesús que, de pasión y muerte, ni hablar. Después del segundo, los discípulos siguen discutiendo quién era el más importante. Hoy al tercer anuncio de la pasión los dos hermanos pretenden sentarse uno a su derecha y otro a su izquierda ‘en su gloria’.

Uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Le llaman maestro, pero le dicen lo que tiene que hacer. Los dos hermanos están pidiendo los primeros puestos en el reino terreno que Jesús va a instaurar. Pero aunque estuvieran pensando en el reino escatológico, estarían manifestando el mismo afán de superioridad. Ya decíamos el domingo pasado que la actitud egoísta es la misma, se pretendan seguridades para el más acá o para el más allá.

No sabéis lo que pedís. Se refleja una diferencia abismal de criterios. Jesús y los discípulos están en distinta longitud de onda. Con esta frase, Marcos está proponiendo una sutil proyección sobre el momento mismo de la muerte de Jesús. Si tenemos en cuenta que, para Jesús, el lugar de la gloria es la cruz, le estarían pidiendo que vayan con él a la muerte. Curiosamente, todos los evangelios nos dicen que, efectivamente, había en aquel momento uno a su derecha y otra a su izquierda, pero eran malhechores comunes.

Los otros diez se indignaron. Señal inequívoca de que todos estaban deseando los mismos puestos. El resto de los discípulos tenían las mismas ambiciones que los dos hermanos, pero eran cobardes y no tenían la valentía de manifestarlo. Normalmente en la protesta por lo que hace otro podemos manifestar el deseo de hacer lo mismo. La inmensa mayoría de los cristianos seguimos intentando utilizar a Dios en nuestro provecho.

Los jefes de los pueblos los tiranizan… Es impresionante el resumen de la manera de utilizar el poder en el mundo. Jesús no crítica ni la democracia ni la monarquía; critica a las personas que ejercen el poder oprimiendo. Jesús da por supuesto que en el ámbito civil, lo normal, es ejercer el poder tiranizando a los demás. ¡Qué distinto lo que propone Jesús! «Nada de eso» sino lo contrario: Servir. Una lección difícil de aprender.

El Hijo de hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir. Ahora no son los jefes de los sacerdotes los que le quitan la vida, sino que es él el que la entrega libremente. Este cambio de perspectiva en muy importante para el sentido general. Al decir que da su vida, el texto griego no dice “zoe” ni “bios” sino “psyche”, que no significa exactamente vida, sino lo humano, lo psicológico, la persona. Dar su vida, no significaría morir, sino poner su humanidad al servicio de los demás mientras vive.

Hoy muy probablemente en la homilía se criticará a la Iglesia porque no sigue el evangelio huyendo de todo poder y sirviendo a todos. Los entes de razón no son sujetos de reacciones humanas. Somos las personas con nombre y apellidos las que seguimos actuando sin tener en cuenta el evangelio. En muy pocos siglos los cristianos volvieron a considerar correcto lo que Jesús había criticado tan duramente en los evangelios.

El evangelio nos dice, por activa y por pasiva, que el cristiano es un ser para los demás. Si no entendemos esto, no hemos comprendido el “a b c” del cristianismo. Pero este mensaje es también la “x”, porque es la incógnita más difícil de despejar, la realidad más camuflada bajo la ideología justificadora que siempre segrega toda religión institucionalizada. Somos cristianos en la medida que nos damos a los demás. Dejamos de serlo en la medida que nos aprovechamos de ellos, de cualquier forma, para estar por encima de ellos.

Este principio básico del cristianismo no ha venido de ningún mundo galáctico. Ha llegado hasta nosotros gracias a un ser humano en todo semejante a nosotros. Lo descubrió en lo más hondo de su ser. Al comprender lo que Dios era en él, al percibirlo como don total, Jesús hizo el más profundo descubrimiento de su vida. Entendió que la grandeza del ser humano consiste en esa posibilidad que tiene de darse como Dios se da.

En ese don total encuentra el hombre su plena realización. Cuando descubre que la base de su ser es el mismo Dios, descubre la necesidad de superar el apego al falso yo. El ego es siempre falso porque es una creación mental, por eso necesita estar siempre afianzándose. Liberado del “ego”, se encuentra con la verdadera realidad que es. En ese momento, su ser se expande y se identifica con el Ser Absoluto. El ser humano se hace uno con Él. No va más. Ni Dios puede añadir nada a ese ser. Es ya una misma cosa en él.

Mientras no haga este descubrimiento, estaré en la dinámica del joven rico, de los dos hermanos y de los demás apóstoles: buscaré más riquezas, el puesto mejor y el dominio de los demás. Si acepto darme a todos por programa­ción, será a regañadientes y esperando una recompensa, aunque sea espiritual. Estoy buscando potenciar mi “ego”. Tampoco se trata de sufrir, de humillarse ante Dios o ante los demás, esperando que me lo paguen con creces. La máxima gloria será vivir y desvivirse en beneficio de los demás.

Los evangelios están escritos desde una visión mítica. En el relato no se cuestiona que Jesús se sentará en su trono ni que habrá alguien a su derecha y a su izquierda. La expresión tan repetida en los evangelios: “reino de Dios” o “reino de los cielos, no debemos entenderla como una realidad que existe en alguna parte sino como una metáfora de lo que Dios es en todos. La mejor prueba es que, a renglón seguido, nos dice que la gloria consiste en el servicio, en el amor manifestado y no en ningún gobierno.

El objetivo último de Jesús fue entregarse, deshacerse en beneficio de los demás. Su consumación en la identificación con Dios fue idéntica realidad a su consumición en favor de los demás. No tiene sentido que lo hiciera esperando una recompensa de gloria. La superación del yo y la identificación con Dios es su máxima gloria. No puede haber más. No hay un Dios que glorifique ni un Jesús glorificado. Cuando Jesús dice. “Yo y el Padre somos uno”, está manifestando que ha llegado a la plenitud de ser.

Meditación

Opresión, tiranía, sometimiento, esclavitud, servidumbre.
Entre vosotros nada de eso, dice Jesús.
Pero todo eso lo encontramos en cada uno de nosotros.
La larga lucha que tuvo Jesús con sus discípulos
es la misma que tenemos que llevar a cabo
cada uno de nosotros contra nuestro falso yo.

Fray Marcos

¿Triunfar o servir?

En las lecturas de los domingos anteriores Jesús ha ido instruyendo a los discípulos a propósito de los más diversos temas (los niños, el divorcio, la riqueza, etc.). En el de hoy da su última gran enseñanza antes de subir a Jerusalén para la pasión.

En lo que piensa Jesús

Todo comienza con el tercer anuncio de la pasión y resurrección, que no se lee, pero que es fundamental para entender lo que sigue. Jesús repite una vez más a los discípulos que los sumos sacerdotes y los escribas lo condenarán a muerte, lo entregarán a los paganos, se burlarán de él, le escupirán, azotarán y matarán.

En lo que piensan Santiago y Juan: Presidente del Gobierno y Primer Ministro

Igual que en los casos anteriores, al anuncio de la pasión sigue una muestra de incomprensión por parte de los apóstoles: Santiago y Juan, dos de los más importantes, de los más cercanos a Jesús, ni siquiera han prestado atención a lo que dijo. Mientras Jesús habla de sufrimiento, ellos quieren garantizarse el triunfo: “sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. “En tu gloria” no se refiere al cielo, sino a lo que ocurrirá “en la tierra”, cuando Jesús triunfe y se convierta en rey de Israel en Jerusalén: quieren un puesto a la derecha y otro a la izquierda, Presidente de Gobierno y Primer Ministro. Para ellos, lo importante es subir.

La respuesta de Jesús, menos dura de lo que cabría esperar, procede en dos pasos. En primer lugar les recuerda que para triunfar hay que pasar antes por el sufrimiento, beber el mismo cáliz de la pasión que él beberá. No queda claro si Juan y Santiago entendieron lo que les dijo Jesús sobre su cáliz y su bautismo, pero responden que están dispuestos a lo que sea. Entonces Jesús, en un segundo paso, les echa un jarro de agua fría diciéndoles que, aunque beban el cáliz, eso no les garantizará los primeros puestos. Están ya reservados, no se dice para quién.

La reacción de los otros diez y la gran enseñanza de Jesús

“Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan”. ¿Por qué se indignan? Probablemente porque también ellos ambicionan los primeros puestos.

Jesús aprovecha la ocasión para enseñarles cómo deben ser las relacio­nes dentro de la comunidad. En la postura de los discípulos detecta una actitud muy humana, de simple búsqueda del poder. Para que no caigan en ella, les presenta dos ejemplos opuestos:

1) el primero, que no deben imitar, es el de los reyes y monarcas helenísticos, famosos por su abuso del poder: “Sabéis que los jefes de las naciones las tiranizan y que los grandes las opri­men”.

2) el segundo, el que deben imitar, es el del mismo Jesús, que ha venido a servir y a dar su vida en rescate por todos.

En medio de estos dos ejemplos queda la enseñanza capital: “el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos”. En la comunidad cristiana debe darse un cambio de valores absoluto.

Pero esto es lo que debe ocurrir “entre vosotros”, dentro de la comunidad. Jesús no dice nada a propósito de lo que debe ocurrir en la sociedad, aunque critica indirectamente el abuso de poder.

Primera lectura: Isaías 53,10-11

Este texto se ha elegido como comentario de las palabras de Jesús: “el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos” y de sus referencias anteriores a la pasión (el cáliz y el bautismo). Por eso comienza diciendo que El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento; unas palabras que escandalizan por la forma de hablar de Dios, pero que hay que interpretarlas como un recurso para el triunfo final. De hecho, el texto de Isaías insiste más en el éxito de Jesús (verá su descendencia, prolongará sus años, verá y se hartará) y de su obra (el plan de Dios prosperará por sus manos,justificará a muchos).

Reflexiones

1. Este pasaje constituye la última enseñanza de Jesús antes de la pasión, en la que nos deja su forma de entender su vida: “El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Este ejemplo es válido para todos los cristianos, no sólo para papas y obispos.

2. Esta espléndida enseñanza no nos habría llegado si Santiago, Juan y los otros diez hubieran sido menos ambiciosos. Los fallos humanos pueden traer grandes beneficios.

3. La enseñanza de Jesús ha calado muy poco en la Iglesia después de veinte siglos y en ella se sigue dando un choque de ambiciones al más alto nivel. La única solución será tener siempre presente el ejemplo de Jesús.

4. El texto de Isaías nos ayuda a mirar con esperanza los momentos difíciles de nuestra vida. Aunque la impresión que podemos tener a veces es que Dios nos está triturando con el sufrimiento, no es ésa su intención, sino sacar de nosotros algo muy bueno.

José Luis Sicre

Comentario – Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

(Mc 10, 35-45)

Jesús quiere que sus discípulos sean conscientes de que está marchando hacia el final de su vida terrena. Pero los discípulos piensan sobre todo en la gloria que Jesús alcanzará y la entienden como un reinado glorioso en la tierra. Por eso Santiago y Juan (los Zebedeos) piden un lugar destacado en ese nuevo Reino.

Jesús, con admirable paciencia, quiere hacerles notar que compartir su Reino implica también compartir los sufrimientos propios de la pasión, pero ellos responden que están dispuestos a acompañarlo en todo. Sin embargo, Jesús indica que eso no basta, porque el que asigna los puestos es el Padre, de manera que el creyente debe renunciar a reconocimientos públicos o lugares de dominio. Además, en la nueva comunidad la autoridad será más servicio que gloria. Y al mismo tiempo que destaca ese nuevo estilo, Jesús lo contrapone a los poderes políticos paganos, donde la autoridad se imponía de maneras indeseables. Además, ofrece como modelo de autoridad su propia vida entregada hasta el fin por los demás.

El texto también nos invita a escuchar la pregunta que Jesús nos hace: «¿Estás dispuesto a beber el cáliz que yo beberé?» Pregunta molesta, porque nosotros desearíamos excluir de nuestra vida todo sufrimiento, todo contratiempo, todo límite. El cáliz simboliza la sangre derramada, la entrega de la pasión, el dolor de la cruz, y la sola palabra «dolor» es como un aguijón en nuestro interior. Pero si no enfrentamos esos miedos oscuros y no miramos nuestra vida limitada tal cual es, viviremos engañándonos a nosotros mismos y rechazando la misión que Dios nos da, misión que siempre exigirá renuncias, cansancios y momentos difíciles. Santiago y Juan contestaron que sí, que podían beber su cáliz, aunque todavía no entendían lo que eso significaba y estaban apegados al deseo de poder. Sin embargo, el amor a Jesús los sostuvo, los purificó, y ellos fueron capaces de renunciar a sus proyectos.

Oración:

«Jesús, ayúdame a convencerme de que mi grandeza está en el servicio humilde y desinteresado; libérame de estar pendiente de puestos, reconocimientos humanos y lugares de gloria, para entregarme con un corazón despojado a servirte en los hermanos»

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

En la parrilla de salida

1.- Pues sí, en la “pole”, querían estar los dos fogosos hermanos. No se conformaban con menos, en la deportiva aventura espiritual del Cielo, en la que se habían enrolado con el Maestro. Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, los del trueno, boanerges, como les llamó un día el Señor. Tal vez fue así por su impetuosidad, tal vez por el coraje que deberían demostrar en el futuro. Pensad, por un momento, que deberían ser, el mayor de algo más de 25 años, el menor, Juan, el imberbe de los artistas, al que pintan con cara afeminada irresponsablemente algunos, motivo por el que se da pie a aberraciones como la de pensar que su figura corresponda a la de una mujer, y tejer estrambóticas historias (confío que os hayáis dado cuenta de que me refiero al cacareado “Código…”) era un joven soñador, no se daba entonces el fenómeno de la adolescencia que os toca vivir y contamina vuestra vida, que quería comerse de un mordisco el mundo. Mis queridos jóvenes lectores, tal vez vosotros os sentís identificados con alguno de los dos. Lo que estoy seguro es que gente así no os resulta desconocida.

2.- Triunfar entre los vecinos, dejando atónitos a los compañeros, causando envidia a los demás, parece ser este el deseo de algunos. Soñar con subir al podium, recibir medallas, doctorados honoris causa, o premios Nóbel, este el convencimiento de muchos, cuando imaginan o hablan de qué serán de mayores. Y algunos, ya maduros, al más pequeño éxito, se atribuyen, se creen, se declaran, triunfadores de categoría universal. Dicen que son conocidos por todo el mundo, para así darse importancia y a lo mejor únicamente saben quienes son, los vecinos de la misma planta de su escalera.

Futboleros de chute certero, guitarreiros de gira de postín, o presumidos triunfadores de concursos, son algunos, huecos de contenido, vacíos de humanidad, parásitos de su entorno. ¿Quién os habéis creído ser? Les dice el Señor ¿Qué queréis conseguir, si evitáis siempre que podéis, cualquier esfuerzo? Les vuelve a repetir.

3.- Santiago y Juan pretendían tener asegurado, reservado para ellos solos, la derecha y la izquierda del Señor. Sin calcular sus posibilidades, sin medir su vigor y fuerza en el campo espiritual, aseguran que son capaces de los mayores sacrificios. ¡Pobres presuntuosos!. Pero el Amigo Jesús ve a lo lejos, divisa el futuro que les espera, si bien no les quiere decir que lugar ocuparán en el Cielo, (¿existen lugares en el Cielo? Me pregunto yo. Todo es impreciso. Lo que estamos seguros es de que Cielo e infierno, no son lugares físicos, nos lo recordaba no hace mucho Juan-Pablo II) El Maestro les promete que su vida no será gris, que su futuro estará forrado de esfuerzo y no les decepcionará. Tal proclama estaba muy de acuerdo con su temperamento.

Los presumidos y ambiciosos de este mundo, no se dan cuenta de que suscitan a su alrededor enojo, de que sus compañeros no les tienen tanta envidia como ellos piensan, que esperan el menor traspié para celebrar su derrota.

4.- Jesús quiere cambiar sus planes. Los de los ambiciosos hermanos hijos del trueno, los del resto de los apóstoles y los de vosotros, mis queridos jóvenes lectores. En las naciones, con frecuencia, aquellos que han logrado dominar por su cargo de gobierno o por su posición militar, se aprovechan de la situación y se vuelven dominadores injustos de sus súbditos. El poder fomenta corrupción. En el Reino de los Cielos, los grandes son los servidores, los guardianes, los criados. Los que lo son así, porque se sienten pequeños, siendo grandes, porque quieren amar siendo, a veces despreciados, los que quieren alegrar a los demás, aunque sean denigrados y sufran amarga pena. Quien está en la cola, es el que preside. El que lleva el farolillo rojo, ocupa el primer lugar, esta es la sublime paradoja cristiana. El Maestro enseñó con su ejemplo, nunca quiso recibir galardones, nunca celebrar triunfos, nunca vivir rodeado de sumisos esclavos. Vino a cumplir el encargo del Padre, salvando a la humanidad con su sacrificio, su humillación, su muerte y lo cumplió hasta el más mínimo detalle. Quien escoja este mismo camino, obtendrá el premio. Deseo y rezo, para que esta sea vuestra suerte.

Pedrojosé Ynaraja

Lectio Divina – Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

El Hijo del Hombre ha venido a dar su vida en rescate por muchos

INTRODUCCIÓN

El texto de Marcos muestra bien a las claras las dificultades que tenían los discípulos para entender a Jesús. Seguían pensando en un Mesías político, buscaban carteras ministeriales, querían triunfar por el poder, el prestigio… se habían arrimado al carro del que pensaban que iba a ganar.

Esta situación se prolonga dramáticamente durante toda la vida de Jesús, y los evangelistas la reflejan muchas veces (Mateo 18, Mateo 23, Marcos 9, Lucas 9, Lucas 22).

La respuesta de Jesús es siempre la misma: «el que sea el mayor, que sirva al más pequeño” … Todo esto culmina de forma espectacular en la escena que se ha considerado como «el testamento» de Jesús, narrado por Juan (13,1-17), cuando al principio de la última cena Jesús lava los pies a los discípulos, como un esclavo (José E. Galarreta).

TEXTOS BÍBLICOS

1ª lectura: Is. 53,10-11.    2ª lectura: Heb. 4,14-16.

EVANGELIO

Marcos: 10,35-45

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.» Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?» Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?» Contestaron: «Lo somos.» Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.» Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

REFLEXIÓN

 1.– PREGUNTA DE LOS DISCIPULOS Y RESPUESTA NEGATIVA DE JESUS.

La pregunta de los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan es inconcebible. Se realiza “camino de Jerusalén” donde Jesús les acaba de anunciar lo mucho que debe padecer antes de su muerte.  Y ellos, lejos de compadecerse, de estar más cerca que nunca de Jesús, de acompañarle con su cariño, sólo se preocupan de saber “quien va a ser el más importante de ellos”. Jesús les responde suavemente, diciendo que “no saben pedir”. Es lo menos que les puede decir. Agradecemos al evangelista Marcos que no haya suprimido la escena, que nos la haya contado. Así descubrimos la mezquindad de los apóstoles, su egoísmo, su afán de medrar y de ser importantes, es decir, todas esas miserias que anidan hoy día en nuestros viles y menesterosos corazones. La comunidad de Mateo se ha escandalizado de esta postura tan ruin de los apóstoles y la ha suavizado metiendo por medio a su madre (Mt. 20,20).  No nos extrañemos que, a muchas de nuestras interesadas peticiones, el Señor nos responda con un NO ROTUNDO.

2.– PREGUNTA DE JESUS Y RESPUESTA AFIRMATIVA DE LOS DISCIPULOS.

Como ellos han manifestado que “no saben pedir”, ahora va a ser el propio Jesús el que formule la petición: ¿Podéis beber el trago amargo que yo he de beber?  Ellos, un tanto avergonzados, sin pensar mucho lo que decían, contestan: ¡PODEMOSBonita palabra que debería aparecer siempre que uno quiere hacerse cristiano en el bautismo o afianzar su fe en el sacramento de la Confirmación. Ser cristiano es tener el coraje de decir sí a la vida, con sus limitaciones, sus sufrimientos, sus enfermedades, su muerte inexorable. Ser cristiano es vivir desviviéndose por los demás, hacer la vida un poco más grata a las personas que llevan una carga demasiado pesada. El cristiano no huye, no escapa de la vida, la afronta con todo realismo y “con mucho amor”.  Un servicio sin amor esclaviza. Y Dios nos quiere personas libres. Pero un servicio con amor nos hace libres, incluso nos hace felices. Después del lavatorio de los pies, donde Jesús cumple todo lo que ha dicho, hay una frase de Jesús maravillosa: «Y sabiendo como sabéis estas cosas, seréis felices si las cumplís” (Jn. 13,17). La felicidad no la promete Jesús a los que saben dar espléndidas lecciones, sino a aquellos que las ponen en práctica.

3.– ADVERTENCIA DE JESUS PARA TODOS LOS TIEMPOS: ENTRE VOSOTROS NO DEBE SER ASÍ.

“Entre vosotros”. Jesús cuenta con todas las miserias humanas. “Sabe muy bien qué hay en el corazón de cada ser humano” (Jn. 2,24). Pero  espera que los suyos, los cristianos, seamos distintos.  Los cristianos no somos seres privilegiados en lo exterior: tenemos los mismos problemas, las mismas dificultades, las propias limitaciones del ser humano. Pero tenemos algo especial: las palabras de Jesús, la vida de Jesús, la fuerza de Jesús por la Resurrección, el Espíritu de Jesús. Nosotros no podemos tiranizar, humillar, despreciar, deshumanizar. Al contrario, tenemos una bonita misión: HUMANIZAR. Debemos ser “pescadores de hombres”. Debemos luchar para que el hombre se realice plenamente como hombre y la mujer como mujer. “Él ha venido para que tengamos vida, y la tengamos en plenitud” (Jn. 10,10).

PREGUNTAS

1.– Jesús, a las personas que ama, sabe también decirles que NO. ¿Sabemos nosotros decir que no a su debido tiempo? ¿Nos da miedo?

2.- ¿Sabemos decir que sí a lo que Jesús nos propone en el Evangelio? ¿Nos fiamos de Él?

3.- ¿Sabemos imponernos a los criterios del mundo, contrarios al evangelio? ¿Nos sentimos orgullosos de ser cristianos?

ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:

Tú, Señor, nos repetiste
por activa y por pasiva:
No he venido a ser servido.
He venido a dar la vida.
Tú nos anunciaste un Reino
de paz, de amor, y justicia:
Todos iguales, hermanos,
formando una gran familia.
Tú, Señor, nos ofreciste
una bella alternativa:
Ser esclavos, lavar pies
con amor y de rodillas.
Pero a nosotros, Señor,
tu lección se nos olvida.
No asimilamos las notas
de tu dulce melodía.
Preferimos los honores,
el poder, estar arriba,
figurar, ser alabados,
sentarse en primera fila.
Hasta que no practiquemos
la “gratuidad” sin medida,
no podrá ser nuestra Iglesia
una fuente de alegría
Señor, que aprendamos todos
que el servicio y la acogida
son las dos manos que curan
esta humanidad herida.

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí)

El fracaso de Jesús

1.- Qué nadie se ofenda pero pienso que Jesús de Nazaret tuvo poca suerte e, incluso, fue, como muchos de nosotros, un poco fracasado. Jesús y sus apóstoles subían a Jerusalén, donde se iba a confirmar su imponente fracaso ante los importantes de su nación. Y entonces se le acercan los Zebedeos, que, en principio, parecían de los más listos del grupo, para pedirle que los nombrara vicepresidente y primer ministro de su futuro gobierno. No se habían enterado, para nada, de cual era la misión de Jesús. Y mucho menos de cómo iba a realizarse. Luego más tarde, y tras pasado el tiempo terrible de la Pasión y Muerte del Salvador, cuando, ya resucitado, se dispone a subir al Padre, hay quien le pregunta si es entonces cuando va a liberar a Israel de la ocupación romana. Y ese que preguntaba, había tenido a su lado, a un ser extraordinario, cuarenta días y había querido enseñarles, desde la gloria de su cuerpo resucitado, su auténtica misión, la que le había encargado el Padre y por la que, en acto de obediencia suprema, había muerto en medio de un enorme tormento.

2.- Podríamos decir, entonces, que Jesús fracasó con los apóstoles y fracasó con su propio pueblo, que tras admirarle y querer hacerle rey porque les daba pan gratis, luego lo ultrajaron y lo mataron como al peor de los criminales. Nadie parece que le entendió. Y si leemos con atención los Evangelios pues sabemos que repitió muchas veces su auténtico mensaje a los discípulos, y a todos aquellos que le quisieron oír. Les pidió varias veces –como en esta ocasión—que fueran servidores y que no buscaran ser servidos. Les avisó que Él no tenía donde reposar la cabeza. No tenía el menor sentido de aplicar la fuerza –cosa que los políticos saben hacer muy bien–, aconsejándoles que pusieran la otra mejilla, ante la primera bofetada y que dieran el manto a quien les pidiera la capa. Les lavó los pies y les pidió, en definitiva, amor entre ellos. Pero nada, todo el mundo seguía pensando en términos políticos, en posición de poder y más poder. Incluso, también los de Emaús cuando refieren lo ocurrido en Jerusalén esos días de la Pasión, hablan del no reconocimiento de las autoridades hacia Jesús y para nada de su misión, ni de su doctrina. Reconocen su fuerza como profeta, pero ni siquiera su amor por todos.

3.- Es verdad que todo cambió con la llegada del Espíritu Santo y que, incluso, Jesús se tuvo que aparecer a Pablo de Tarso y así buscar un refuerzo al grupo de los doce. Entonces, Jesús ¿fracasó verdaderamente? No. En realidad, fracasaron sus coetáneos que no supieron ver quien era Jesús de Nazaret y la felicidad que les traía de parte de Dios Padre. Es verdad que era difícil entenderle. Decía lo contrario de lo que la cerrada sociedad judía de tiempos de Jesús había enseñado a sus hijos. Si hubiera traído mensajes de conquista, o de convencimiento dialéctico y político, pues tal vez a Jesús de Nazaret le hubieran ido mejor las cosas, pero…hablaba como solo Dios puede hablar, respetando la libertad de todos y no practicando engaños para convencer; buscando un reino de amor en el que todos iban a ser iguales, mostrando la felicidad de las profecías pacíficas de Isaías. Cierto, también, que los libros del profeta hablaban de la profecía del Siervo de Yahvé, apenas conocida por los contemporáneos de Jesús –que hemos escuchado en las lecturas de hoy–, y que es una descripción muy ajustada de lo que fue la Pasión de Nuestro Señor.

De todas formas, y si somos sinceros, debemos disculpar a los discípulos, y a los apóstoles, porque si a nosotros, hoy, alguien nos viniera contando las mismas cosas que decía Jesús, no le haríamos caso, ningún caso. Porque preferimos nuestro dinero, nuestra casa calentita, nuestro refrigerador bien lleno de comida, aunque sepamos que fuera la gente se muere de hambre. No somos capaces, ni siquiera de recibir bien a los emigrantes y los que trabajan lo hacen porque cobran menos, mucho menos. Pienso incluso que, partiendo del conocimiento de la doctrina de Jesús –algunos casi se sabrán los evangelios de memoria—si alguien expusiera en nuestras calles una doctrina idéntica a la que enseñaba –intentaba enseñar—Jesús de Nazaret entre sus paisanos, le enviaríamos directamente a la cárcel o al manicomio.

4.- Hay en las lecturas de hoy una concreción litúrgica de la misión de Jesús que me parece fundamental y maravillosa. Me refiero al fragmento que hemos escuchado de la Carta a los Hebreos El autor de esa epístola nos muestra a Jesús como conocedor de la condición humana, de sus sufrimientos, de sus limitaciones y es mediador ante Dios. Y es que no solo murió por nosotros, sino que nos ayuda en los pasos de la vida. Jesús nos entiende porque es como nosotros, salvo en el pecado. Y comprende nuestras infidelidades, egoísmos y la permanente dureza de nuestro corazón. También, claro está, saber ver la generosidad de muchos hermanos y el camino de seguimiento que ellos realizan de la forma de entender el mundo que tiene Jesús de Nazaret y que nos lleva enseñando desde hace 20 siglos. Ahí está, por ejemplo, Teresa de Calcuta, servidora de los pobres que nadie quería. O de Teresa del Niño Jesús, que es patrona de las misiones y eso que nunca salió de su convento y de tantos otros que son ejemplo de lo que es el reino.

5.- No olvidemos hoy que es el Domingo Mundial de la Propagación de la Fe y que hay muchos hermanos que lo abandonan todo para servir a los más pobres. Porque, realmente, hoy el servicio principal de los misioneros en enseñar con el ejemplo de la pobreza. Primero intentan paliar en lo posible la pobreza e indigencia de los que sirven. Y después les hablan de que hubo uno como ellos, tal vez un poco fracasado como ellos, que habló de amor, de ayuda, de paz y de verdad. Tengamos en cuenta a los misioneros y misioneras que se parecen más a Jesús que nosotros. Eso parece claro. El cartel de este año del Domund no se parece a casi ninguno de los anteriores. Y es que la presencia de San Francisco Javier, patrón de las misiones, le da, sin duda, una gran solemnidad y no poca emoción. Se cumplen los quinientos años del nacimiento del gran misionero jesuita. Sabemos que las misiones tienen un gran intercesor en cielo. Qué San Francisco Javier haga muy grande esta jornada de hoy dedicada a las misiones y a los misioneros…

No está mal, pues, que sepamos escuchar a Jesús y que le entendamos. Tenemos completa su historia y su misión en los Evangelios. No podemos hacernos los sordos o los desmemoriados. Sabemos lo que Él quiere. No le dejemos fracasar, por favor, ahora, otra vez.

Ángel Gómez Escorial

El gusano silencioso

1.- “Dijo entonces Jesús: Los jefes de los pueblos los tiranizan y los grandes los oprimen. Vosotros nada de eso. El que quiera ser grande sea vuestro servidor”. San Marcos, Cáp. 10. Muchos le atribuyen el problema a Constantino, aquel emperador romano convertido a nuestra fe en el siglo IV. Por motivos políticos les dio carta de ciudadanía a los cristianos, entregándoles además abundantes privilegios y riquezas. La Iglesia adquirió entonces poder político y económico, cosas no muy acordes con la enseñanza de Jesús, que la llevaron a absurdas situaciones.

Cuenta san Marcos que al Señor no le hizo mucha gracia la petición de los hijos del Zebedeo: “Maestro, queremos que en tu futuro reino nos concedas sentarnos, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. El texto de san Mateo advierte que fue la madre de Santiago y Juan quien hizo tal demanda. Esta familia seguía entendiendo a Cristo como un Mesías temporal, que iba a instaurar un Israel próspero y libre.

El Señor no rebate de entrada el pedido de aquellos discípulos. Les pregunta, eso sí, sobre su capacidad de abnegación y entrega: “¿Podéis beber el cáliz que yo beberé?”. Los dos apóstoles, sin entender quizás el compromiso, responden afirmativamente. Pero el Maestro termina luego: Esas futuras recompensas de quienes le siguen se medirán de otra manera. “El sentarse a mi derecha y a mi izquierda está ya reservado”. San Mateo añade: “Ese premio ya está señalado por mi Padre”. La intriga de los dos zebedeos molestó, con sobrada razón, a sus colegas: “Al oír aquello, los otros diez apóstoles se indignaron”. Hubiera sido interesante saber los términos y el tono de aquella protesta.

2.- El Señor, conociendo la ambición y el deseo de dominio que a todos nos contagian, reunió aparte a los apóstoles y les dijo: “Los jefes de los pueblos los tiranizan y los grandes los oprimen. Vosotros nada de eso. El que quiera ser grande sea vuestro servidor”. Aquí Jesús distingue, con mucha sabiduría, entre autoridad y poder. Ella es algo esencial en toda sociedad humana. El otro es una contaminación no evangélica. La primera procura el bien común. El segundo trata de proveer el bien particular. Por lo tanto, a la luz del evangelio, toda autoridad ha de entenderse como un servicio. Es la capacidad de dar la mano a los demás, para promoverlos.

Sin embargo, en la vida real, autoridad y poder se unen y entremezclan de tal modo, que a veces no logramos separarlos. Un instinto maléfico pervierte, no pocas veces, a cuantos presiden en la sociedad y también en la Iglesia. Olvidan que la auténtica manera de subir en la escala social, lo ha enseñado Jesús, consiste en hacernos servidores de todos, manteniendo además un bajo perfil que a nadie moleste.

3.- Recordamos entonces aquella fábula del gusano, que por orifico diminuto logró penetrar una roja manzana, y allí dentro instaló su reino. Nadie sabía por qué se marchitaban los colores de la fruta. Por qué no tenía aroma. Por qué empezaba a podrirse. El gusano continuó en silencio su propósito, únicamente en beneficio personal y burlándose de quienes pretendieran lo contrario. Cuantos están constituidos en autoridad, han de cuidar su corazón. Allí, quizás sin hacer ruido, se instala de pronto el egoísmo, como un insomne roedor.

Gustavo Vélez, mxy