Lectio Divina – Miércoles XXIX de Tiempo Ordinario

1.- Oración introductoria.

Señor, dame la fuerza de tu Espíritu para profundizar en tu Palabra, para hacerla actual, para escucharla hoy para mí. Y te pido que me hagas comprender que “se me ha dado mucho” y debo responder con generosidad a tanto regalo, tanto mimo que he recibido de Ti. Miro mi vida tejida toda ella con hilos de tu amor y me avergüenzo de lo tacaño que he sido contigo. Pero quiero cambiar y ser responsable. Quiero que mi respuesta esté a la altura de los sueños que Tú, desde toda la eternidad, has tenido sobre mí.

2.- Lectura reposada del Evangelio. Lucas 12, 39-48

Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre». Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?» Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: «Mi señor tarda en venir», y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. «Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.

3.- Qué dice el texto.

          Meditación-reflexión

En el evangelio, además de las bienaventuranzas ya clásicas hay otras muchas, no menos importantes. Por ejemplo, cuando Jesús dice: “Bienaventurados los que, sin ver, creyeren”. Los primeros cristianos necesitaron apariciones para creer, pero Jesús nos habla de una bienaventuranza especial para los que creen, sin necesidad de apariciones. Otra bienaventuranza maravillosa es la que tenemos en el evangelio de hoy: “Dichoso a quien Dios, cuando llegue, encuentre cumpliendo su deber”. El Señor quiere que nuestro encuentro con Él no lo limitemos a lo extraordinario, a lo que se sale de lo normal. Al Señor le encanta encontrarse con nosotros en lo cotidiano, en lo que hacemos cada día, con la mirada puesta en el Padre Dios que cada día nos envía el sol, el aire, la lluvia, y sobre todo, el amor. Hubo un tiempo en la Iglesia primitiva en el que se creía que la última venida del Señor ya estaba cerca. Y por eso se vivía más en el “más allá” que en el “más acá”. Pero fue precisamente el evangelista Lucas el que retrasó esa venida. Desde entonces el mundo se nos ofrece como tarea: debemos continuar la obra de Jesús que “pasó por la vida haciendo el bien”. Lo nuestro es “humanizar” la sociedad abriendo caminos de libertad, de solidaridad, de responsabilidad y de fraternidad. Y esto superando la “cultura del miedo” (J. Delumeau) e imponiendo la cultura del amor y de la alegría.

Palabra del Papa

“Representa una responsabilidad. Y Jesús ha dicho: «Al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más». Por lo tanto, preguntémonos: en esta ciudad, en esta Comunidad eclesial, ¿somos libres o somos esclavos, somos sal y luz? ¿Somos levadura? O ¿estamos apagados, sosos, hostiles, desalentados, irrelevantes y cansados? Sin duda, los graves hechos de corrupción, surgidos recientemente, requieren una seria y consciente conversión de los corazones, para un renacer espiritual y moral, así como un renovado compromiso para construir una ciudad más justa y solidaria, donde los pobres, los débiles y los marginados estén en el centro de nuestras preocupaciones y de nuestras acciones de cada día. ¡Es necesaria una gran y cotidiana actitud de libertad cristiana para tener la valentía de proclamar, en nuestra Ciudad, que hay que defender a los pobres, y no defenderse de los pobres, que hay que servir a los débiles y no servirse de los débiles!” Homilía de S.S. Francisco, 31 de diciembre de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio)

5.-Propósito: Vivir este día haciendo lo que tengo que hacer, pero con alegría y amor.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Ya ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy quiero acabar mi oración pidiéndote algo tan sencillo como esto: “Hacer sencillamente en este día lo que tengo que hacer”. Y este mi deber lo voy a realizar no con pereza, no con rutina, no con cara larga sino con una inmensa alegría al saber que así puedo escuchar de tus labios una bienaventuranza que nos puede sonar a nueva: la bienaventuranza de la cotidianidad.

Comentario – Miércoles XXIX de Tiempo Ordinario

(Lc 12, 39-48)

Este texto es una continuación de los versículos anteriores, donde Jesús invita a sus discípulos a estar atentos, porque no saben cuándo llegará el fin. Y este texto nos muestra que la voluntad de Dios es precisamente que no sepamos cuándo será el fin, para invitarnos a estar atentos cada día.

La posibilidad de que este día sea el último le da más seriedad y consistencia a las horas que vivimos. Y es una ingenuidad vivir superficialmente como si esta vida en la tierra fuera eterna. Esta vida no es un tiempo que hay que pasar lo mejor que se pueda, buscando sólo satisfacer las necesidades primarias; esta vida es una gran oportunidad.

Pero estos versículos nos aclaran un poco mejor en qué debería ser utilizado el tiempo que Dios nos regala: «el siervo bueno y fiel está puesto al frente de la servidumbre para distribuir las raciones a su tiempo» (v. 42). Esta vida se vive plenamente y es un anticipo del cielo cuando la usamos para servir a los demás y nos preocupamos por sus necesidades. En el cielo, donde todos seremos felices, no habrá oportunidad para socorrer al necesitado. Esa oportunidad es la que sólo esta vida nos brinda. Por el contrario, lo peor que puede sucederle a alguien es que el fin lo sorprenda tratando mal a los demás y pensando sólo en su propio placer (v. 45).

Los que han recibido muchos dones para servir a los demás tendrán que rendir cuentas a Dios por esos regalos, porque del buen o mal uso de ellos depende algo serio: la felicidad de los demás; y con eso no se juega. «Al que más se le confió más se le reclamará». Esto no nos invita a mirar a Dios como a un patrón controlador, porque esta advertencia es un signo de que su amor nos toma en serio y nos impulsa a más, nos lanza hacia la madurez, nos invita a la fecundidad. El que ama en serio quiere promover al ser amado, desea verlo lleno de vida, fecundo, pleno. Y así ama Dios.

Oración:

«Señor, muéstrame la ruina que yo mismo me voy preparando cuando pienso solamente en mí, cuando me encierro en mis propias necesidades y soy incapaz de mirar al costado. Dame tu gracia para que aprenda a socorrer al hermano y a compartir con él lo que me has regalado».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

¿Qué me quiere decir Jesús hoy?

El ciego de Jericó – Marcos 10, 46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: – Hijo de David, ten compasión de mí. Muchos le regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: – Hijo de David, ten compasión de mí. Jesús se detuvo y dijo: – Llamadlo. Llamaron al ciego diciéndole: – Animo, levántate, que te llama. Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: – ¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: – Maestro, que pueda ver. Jesús le dijo: – Anda, tu fe te ha curado. Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino

Explicación

Este encuentro de Jesús con un hombre ciego y que además es pobre, nos ayuda a caer en la cuenta de que Jesús quiere que todos veamos y tengamos horizontes pudiendo vivir de nuestro trabajo y no dependiendo de lo que otros nos den. Cuando Jesús le llamó, él tiró el manto, se incorporó y le dijo que deseaba ver. Y Jesús le trasmitió tal fuerza que cuando recobró la vista le siguió, yendo detrás de Jesús.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

CIEGO: ¡Una limosna, hermanos, para este pobre ciego! ¡Una limosna, por caridad!

JUDÍO1: Toma, Bartimeo, poco es pero no llevo más.

JUDÍO2: ¿Eres el hijo de Timeo que le nació ciego?

CIEGO: Sí, yo soy, ¿dónde vais vosotros?

JUDÍO1: Vamos a Jerusalén a celebrar la fiesta de Pascua.

CIEGO: Dicen que Jesús de Nazaret está en Jericó, ¿sabéis algo de eso?

JUDÍO2: ¿Te has enterado ya de que en Betsaida curó a un ciego de nacimiento como tú?

CIEGO: ¡Claro! Todo lo que hace Jesús me interesa.

JUDÍO1: Pues he oído que también viene a Jerusalén a celebrar la Pascua.

CIEGO: ¿Jesús pasará por aquí?

JUDÍO1: Sí, parece que ya vienen él y sus discípulos.

CIEGO: ¡Hijo de David, ten compasión de mí!

JUDÍO2: ¡Menudo jaleo estás armando! ¡Cállate ya y no alborotes!

JESÚS: ¿Quién es ?

JUDÍO1: Parece un ciego, Maestro.

JUDÍO2: Se habrá enterado de que curaste al ciego de Betsaida y querrá que lo cures a él también.

JESÚS: Llamadlo.

JUDÍO1: Amigo, ven, Jesús te llama.

JESÚS: ¿Qué quieres que haga por ti?

CIEGO: Maestro, que pueda ver.

JESÚS: Anda ve, tu fe te ha curado.

CIEGO: ¡Veo, veo, Jesús me ha curado!

JUDÍO2: El Maestro siempre cura a los que tienen una fe muy grande.

JUDÍO1: ¿Vienes con nosotros a Jerusalén?

CIEGO: ¡Claro que sí! Iré al templo a dar gracias a Dios porque Jesús está con nosotros.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XXIX de Tiempo Ordinario

Si leemos atentamente el evangelio de hoy veremos que a Pedro no le quedó claro si la parábola se aplicaba solamente a todos los discípulos o más bien a los líderes de la comunidad.  Por eso viene la segunda parábola que transporta la misma exigencias del “¡Estad preparados!” en el asumir las responsabilidades típicas de un animador de la comunidad, a quien Jesús llama “el administrador fiel y prudente” y que se aplica a todos los que sirven a la comunidad.

Cristo nos presenta la vida como una misión: «estar al frente de la servidumbre para darle a tiempo su ración». Venimos a la tierra para algo, y ese algo es tan importante que de él depende la felicidad eterna nuestra y de otras personas; o dicho de otro modo, la felicidad de otros será nuestra felicidad.

En el cristianismo no rige eso del «come y bebe que la vida es breve», ni el «vivir a tope», entendido como aprovechar cada instante para conseguir más placer y más bienestar egoísta.

La característica del administrador “fiel y prudente” es que sabe que los bienes no son suyos, no es tacaño ni rígido, sabe hacer que alcance para todos la comida. Éste recibirá la “bienaventuranza” de su Señor y se le concederán funciones de mayor responsabilidad en la comunidad.

Las características del administrador “infiel”: primero se descuida en la vigilancia, se da buena vida, se aprovecha de las circunstancias; luego, ya no sabe dirigir la comunidad, se pone agresivo y se olvida de los demás. Primero se olvida de sí mismo y luego de los demás. El castigo es todavía mayor.

Ciudad Redonda

Meditación – Miércoles XXIX de Tiempo Ordinario

Hoy es miércoles XXIX de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 12, 39-48): 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre». 

Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?». Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. 

»Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más».

Hoy, el llamamiento a la vigilancia aparece con una urgencia muy inmediata. Había sido ya un tema central en el anuncio en Jerusalén, pero apunta anticipadamente a la historia futura del cristianismo. La somnolencia de los discípulos sigue siendo a lo largo de los siglos una ocasión favorable para el poder del mal.

Esta somnolencia es un embotamiento del alma, que no se deja inquietar por toda la injusticia y el sufrimiento que devastan la tierra. Es una insensibilidad que prefiere ignorar todo eso; se tranquiliza pensando que, en el fondo, no es tan grave, y así puede permanecer en la autocomplacencia de la propia existencia satisfecha. Pero esta falta de sensibilidad de las almas, tanto por lo que se refiere a la cercanía de Dios como al poder amenazador del mal, otorga un poder en el mundo al maligno. 

—Ante nuestros espíritus adormecidos, Tú, Señor dices de Ti mismo: «Me muero de tristeza». Yo te respondo: ¡Quiero velar contigo!

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Miércoles XXIX de Tiempo Ordinario

MIÉRCOLES DE LA XXIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Para la feria cualquier formulario permitido. Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-impar.

  • Rom 6, 12-18. Ofreceos a Dios como quienes han vuelto a la vida desde la muerte.
  • Sal 123. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
  • Lc 12, 39-48. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará.

Antífona de entrada          Cf. Sal 27, 8-9
El Señor es fuerza para su pueblo, apoyo y salvación para su Ungido. Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad, sé su pastor por siempre.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, comencemos la celebración de los sagrados misterios con unos momentos de silencio para ponernos ante Dios, y pedirle que nos perdone y nos dé su gracia, para que, al igual que san José, el esposo de la Virgen María, cuya memoria vamos a venerar hoy, sepamos serle fieles en el camino de la vida.

            Yo confieso…

Oración colecta
OH Dios,
que con inefable providencia
elegiste a san José como esposo de la santísima Madre de tu Hijo,
concédenos que merezcamos tener como intercesor en el cielo
al que veneramos como protector en la tierra.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Hermanos, en esta oración pública y comunitaria que vamos a hacer, no se limite cada uno a orar por sí mismo o por sus necesidades, sino oremos a Cristo, el Señor, por todo el pueblo.

1.- Imploremos la largueza de los dones espirituales para todos los no creyentes. Roguemos al Señor.

2.- Pidamos al Señor que gobierna el mundo, tiempo bueno y maduración de los frutos. Roguemos al Señor.

3.- Oremos al Juez de todos los hombres por el descanso eterno de los fieles difuntos. Roguemos al Señor.

4.- Imploremos la misericordia de Cristo, el Señor, a favor nuestro y a nuestros familiares, confiando en la bondad del Señor. Roguemos al Señor.

Atiende en tu bondad nuestras súplicas, Señor, y escucha las oraciones de tus fieles. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
TEN misericordia de tus siervos, Señor,
por quienes ofrecemos este sacrificio de alabanza a tu majestad;
que, por estos santos misterios,
obtengan la gracia de tu bendición y la gloria de la eterna bienaventuranza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Mt 12, 50
El que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre, dice el Señor.

Oración después de la comunión
RENOVADOS con este sacramento de vida,
concédenos, Señor,
vivir siempre en justicia y santidad,
a ejemplo y por la intercesión de san José,
tu servidor fiel y obediente
en la realización de tus grandes misterios.
Por Jesucristo, nuestro Señor.