Notas para fijarnos en el Evangelio

• Esta escena es la última antes de que Jesús entre en Jerusalén, lugar de su pasión, muerte y resurrección. Antes habíamos hallado a otro ciego, en Betsaida (Mc 8, 22-26), después de cuatro escena los discípulos reconocen a Jesús como Mesías y empiezan, así, a subir a Jerusalén. Ahora, después de la curación de Bartimeo, entran con Jesús en la Pascua.

• Los disminuidos físicos no tenían ninguna clase de ayuda. Por eso eran mendigos, como Bartimeo, que era «ciego» y «pedía limosna» (46).

• En este texto se encuentran dos temas importantes del Evangelio y de la vida cristiana: la fe (52) y el seguimiento de Jesús (52). Y diversidad de personajes: Jesús, «los discípulos», «bastante gente» y «Bartimeo».

• «El camino», a cuyo «borde» está sentado el ciego al comienzo (46) y en el que sigue a Jesús al final (52), es el escenario en el que se ha ido produciendo todo desde hace varios capítulos y enmarca también los dos temas, fe y seguimiento, de esta escena.

• Ambos temas los hallamos vividos en este hombre, Bartimeo. Vemos que tiene «fe», según le dice Jesús (52) y según expresa él mismo, aunque es ciego, con la oración «hijo de David, ten compasión de mí» (47 y 48) —la oración es expresión de la fe y es mediación que fortalece y profundiza la fe—. Y vemos que sigue a Jesús «por el camino», el mismo camino en el que los discípulos han ido aprendiendo a seguirlo, aunque asustados (Mc 10, 32), subiendo a Jerusalén (Mc 9, 27 – 10, 52).

• La actitud de «muchos» (48) recuerda la de los discípulos con los niños (Mc 10, 13). Recuerda, también, que entre los que seguimos a Jesucristo siempre hay alguien dispuesto a acallar a los pobres, siempre se ha dado esta actitud, mezclada con otras, de alejar de Jesús a los pequeños, los débiles, los marginados. Es la tendencia a convertir el seguimiento de Jesús en una religión. religión en la que los que dominan se presentan como los elegidos y excluyen a los que no sirven para nada y con su voz estridente y molesta, estorban al poder.

• Jesús «se detuvo» e hizo llamar al ciego (49), sensible a los pobres a pesar de la barrera de gente que parece que lo separe. Y provoca el diálogo, provoca que Bartimeo hable, formule lo que quiere (51). Queda claro que no pasará nada si no hay relación personal. No hay milagros sin relación con la persona de Jesús.

• Por otro lado, Jesús no responde ni con gestos ni con palabras de curación. Se limita a constatar la fuerza liberadora de «la fe» (52), fuerza capaz de superar los obstáculos que nunca dejan de presentarse (48). Eso sí, muestra la eficacia de su Palabra.

• La reacción del ciego, cuando ya ve, no es la de proclamar un mesianismo triunfalista. Al contrario, reacciona con el seguimiento (52): sigue a Aquel, Jesús, que camina hacia Jerusalén, donde tendrá que pasar por la Pasión.

• Bartimeo aparece como modelo de discípulo, de seguidor de Jesús. Un modelo cuyo perfil se define por rasgos como éstos: reconoce que no ve; confía en la misericordia del «Hijo de David», en cuyas manos se pone con la oración insistente y con la acción —»soltó el manto y dio un salto y se acercó a Jesús» (50)—; y lo sigue «por el camino» (52).

• Esta escena del ciego Bartimeo, llamado por Jesús y que acaba siguiéndolo, evoca la llamada de los primeros discípulos (Mc 1, 16-20). Aquellos que lo siguen desde el primer día han ido haciendo un proceso que, en cierta manera, culmina aquí, en el «recobró la vista» (52), pero teniendo en cuenta que todavía hay que pasar por la cruz, lo que se disponen a hacer inmediatamente, tanto Jesús como Bartimeo y los discípulos.