Comentario – Viernes XXIX de Tiempo Ordinario

(Lc 12, 54-59)

Jesús invita a los creyentes a descubrir los signos de Dios en las cosas que pasan, en la historia concreta que les toque vivir, porque Dios habla también a través de los acontecimientos, de las novedades que nos interpelan, de los nuevos desafíos que nos presenta la vida. Por medio de lo que nos va sucediendo el Señor nos pide que demos un paso más, que avancemos, que no nos quedemos anclados en el pasado.

Los judíos estaban acostumbrados a escuchar la voz de Dios a través de la Biblia, y la gente acostumbrada a descubrir los signos de la naturaleza para anticipar los cambios de clima. Pero Jesús les pide que de la misma manera estén atentos a descubrir lo que Dios dice por medio de las cosas nuevas que suceden. El Padre Dios quería hablarles a través de su propio Hijo hecho hombre, que había entrado en esta historia humana. Y su presencia estaba acompañada por muchos y variados signos.

También hoy Jesús se hace presente en nuestra propia historia para invitarnos a la conversión a través de muchos signos, pero cuando nos hemos aferrado a una forma de vivir y a determinadas costumbres, preferimos no mirar esos signos de Jesús que nos invitan a una vida nueva.

También una crisis es una manera que tiene Dios para hacernos descubrir que lo que hemos hecho y vivido hasta ahora no es suficiente, que somos llamados a algo más. Las depresiones, desilusiones, fracasos, las cosas que se acaban, son como un grito de Dios que nos llama a crecer.

Pero particularmente se trata de escuchar a Dios a través de los demás, ya que sus instrumentos preferidos son los seres humanos, la gente. Por eso decía Mons. Angelleli: «un oído en el pueblo y otro en el evangelio».

Finalmente, con el ejemplo de un juicio, Jesús nos recuerda que son los años de esta vida los que nos permiten resolver lo que no está bien. La vida es un camino que hay que saber aprovechar, antes que sea demasiado tarde.

Oración:

«Señor, ilumina mis ojos para que pueda ver lo que tú me dices a través de las cosas que me pasan, porque de todo lo que me suceda tú puedes sacar algo bueno, si yo acepto cada desafío que me presenta la vida. No permitas que mi corazón esté ciego e ignore los signos que tú le das».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día