Poder o entrega

Los letrados (escribas) y la viuda constituyen dos símbolos que encarnan maneras de vivir diametralmente opuestas.

Los primeros se mueven por el poder, queriendo ofrecer una imagen ostentosa y persiguiendo reconocimiento, privilegios y dinero por cualquier medio. Jesús denuncia el “amplio ropaje” que suele utilizarse, en los ámbitos más dispares, como signo distintivo de superioridad. (Si se me permite un paréntesis: ¿qué sentido tiene que, todavía hoy, la jerarquía de la iglesia siga vistiendo capisayos que producen vergüenza ajena y que, para más inri, tienen su origen en los que vestían los poderosos del Imperio romano? Indudablemente, la resistencia a abandonarlos, parece indicar la necesidad, consciente o inconsciente, de manifestar una posición de poder).

En un nivel más profundo, los “letrados” pueden verse como símbolo del ego (religioso), que se mueve en virtud de sus propias necesidades e intereses narcisistas.

Por su parte, la imagen de la viuda, tal como es presentada en el relato, representa a la persona capaz de entregar y entregarse (“todo lo que tenía para vivir”), de manera generosa y desapropiada.

El contraste que el relato pone de manifiesto refleja el que cada uno de nosotros vivimos en nuestro interior. En nosotros conviven, mejor o peor, y en diferentes “dosis”, tanto el “letrado” -el ego que gira constantemente en torno a sí mismo- como la “viuda” -la dimensión profunda que vive en la comprensión y se expresa en el amor que se entrega-.

La psicología profunda nos enseña que “todos tenemos de todo” porque, más allá de la imagen que mostramos y en la que nos reconocemos, hay otra parte equivalente -la sombra- donde se albergan aspectos ocultos de signo contrario. La sombra no es mala. De hecho, en cuanto somos capaces de reconocerla y de abrazarla, la sombra nos humaniza, regalándonos, a partes iguales, humildad y compasión. Dejamos de “ver la mota en el ojo ajeno” -como diría el propio Jesús-, porque ya hemos visto la “viga” en el propio (Lc 7,41).

¿Reconozco al “letrado” y a la “viuda” que habitan en mí?

Enrique Martínez Lozano

La catedral de Ana

Ahí está ella, entre los enfermos sin techo de Nueva York. Es una mujer de mi comunidad, Hermanas Para la Comunidad Cristiana (SFCC en inglés). Ella va mucho más allá de la comunidad cristiana.

Ana después de muchos años en el proyecto “Sure, we Can” ha discernido su llamada a crear Hogar con los más abandonados de la sociedad. Su compromiso es y de hecho ya está construyendo casitas para los más vulnerables por enfermedad y sin techo, en el centro de Nueva York, para los no queridos en ningún sitio, ni en la calle. Y sin seguro médico, por supuesto.

Se siente llamada a servir a estas personas, y a ello dedica todo su ser. Si tiene que hablar con el alcalde lo hace, si con los políticos -para conseguir ayudas y permisos- ahí va. Si tiene que sembrar tomates y construir pequeños habitáculos con voluntarios… con ellos se arremanga. Es hermana de lxs sin techo, de lxs que sus familias ignoran por adictos… de lxs leprosos de hoy.

En el corazón financiero del mundo, el corazón de una mujer late a otro ritmo.

Me recuerda el impacto del Efecto Mariposa: “el aleteo de las alas de una mariposa en Brasil puede provocar modificaciones atmosféricas hasta culminar en una tempestad en Nueva York. El presupuesto teórico es que todas las cosas están inter-ligadas y van asumiendo elementos nuevos, creando complejidades en el curso de su evolución” (Boff).

Siempre, a lo largo de la historia, hay una mujer o un grupo de mujeres que, pasando desapercibidas: cambian, transforman, proyectan y construyen el futuro.

La llaman la Dorothy Day de hoy. Es vasca y habla poco. Cuando lo hace, sonríe. Son sus gestos los que encarnan el Evangelio. (Al final hay un enlace sobre su trabajo).

Cuando leo el texto de hoy, emergen de mi interior las Anas en el mundo -son tantas las que lo dan todo, que se exponen a tope- y lo hacen porque confían en el fiel, y en la bondad intrínseca de los humanos.

En la primera lectura ya vemos cómo a una viuda -a una persona sin recursos de ningún tipo, en aquel tiempo- se le pide que comparta todo lo que le queda; y lo hace. Y, gracias a ese abandono descubre que la fidelidad de Dios se vuelca en ella. Es la fuerza de nuestras Anas, anónima en el Evangelio y en la realidad de hoy; su fuerza es su conexión con el Todo que saca lo mejor de ellas y las impulsa al riesgo absoluto por Amor al Absoluto.

La viuda, miembro débil de la sociedad, representa a la comunidad fiel, que en medio de una realidad eclesial corrompida, como ahora, y que horroriza a tantxs, ama a Dios como compañero de camino.

Jesús nos quiere dar una enseñanza, como se la dio a sus discípulos a quienes vemos, a través de la figura del joven rico, y otros, que no quieren abandonar su riqueza, su seguridad, y les/nos dice: no son los ricos, los ordenados, los importantes… los que valen a los ojos de Dios, sino los que ponen su confianza en Abba/Amma, y no en el dinero ni en el prestigio, refugio de personajes inmaduros afectivamente, que necesitan poseer, controlar, dominar para sentirse bien. De ahí la hecatombe de instituciones que se han hecho fuertes a fuerza de explotar, dominar, violar derechos y cuerpos.

Esta confianza equivale a la del discípulo, a la de la persona que tiene una relación personal de amistad y cariño, con el Maestro, y le acompaña y sigue su proyecto.

Por ello, la viuda que contemplamos echando todo su capital en las ofrendas del Templo, encarna la antítesis de los dirigentes infieles a Dios por su amor al dinero y al poder moral sobre otros. Y Jesús flipa cuando la ve, y cuando te ve, a ti que a tu manera también lo haces: “Anas” de hoy, compartiendo todo lo que tienen con sus hijos y refugiados, acercándose en el supermercado a las marroquíes para saludar y acoger y ofrecer, como vi ayer: el barullo que montó una abuela con un grupo de mujeres muy cubiertas de telas y mascarillas que se confunden con burkas… podían ser marroquíes, pakistaníes, afganas, sirias…sus risas me hicieron notar que eran muy jóvenes. Ellas cubiertas, ellos no, claro. Sutilezas de control que empobrecen y silencian a personas que podrían ser educadoras, sanitarias…en sus países, y tienen que vivir exiladas porque en los templos de las religiones y en los palacios hay personajes mezquinos, en nómina y eméritos.

La viuda es modelo de discípula. ¿Cómo es la discípula de hoy? Como nosotras la encarnemos. Con estudios, sí, pero sobre todo alguien apasionado por el Evangelio, que como nuestras Anas, no tenga miedo a la intemperie. En unos casos, real, de no-techo, como la de Nueva York, en otros casos, la mayoría, de no-reconocimiento, de no-apoyo, como siempre en la historia.

No pretendo adivinar el futuro, pero desde la tripa al cerebro veo clarísimo que la iglesia de Jesús: las comunidades cristianas en general, sólo resucitarán, cuando las Anas de hoy formen parte -con su aleteo de mariposa- de la tormenta que Jesús provoca cuando entra en la vida de la gente. Y sepan acompañar a los nuevos miembros de comunidades alternativas a las esclerotizadas por el patriarcado dominante.

Me gusta la catedral de Ana. Muy cerquita de las majestuosas catedrales católica y episcopaliana de Nueva York.

Creo que no es el único modelo de discípula. Pero cuando Jesús la ve echando todo lo que tiene para vivir, en el limosnero…el hombre se derrite. ¡Ya lo creo! También él está hasta arriba de clericalismo, de política sucia, de abusos de poder en nombre de una religión que no existe más que en la mente de sus organizadores. Y al ver a aquella mujer, ve en ella lo que no logra despertar en ellos. Por esto, tal vez, ellos no la reciben, porque se sienten amenazados por su discipulado radical y fiel.

Conozco otras que no se llaman Ana, pero que me hablan de Evangelio puro, como mi amiga a quien ETA mató al marido en el portal de su casa, y desde entonces se dedica a hablar de reconciliación en centros educativos de todo Vizcaya. O la otra amiga, que con Parkinson y el suicidio por depresión de la hija que cuidaba como a una recién nacida, se dedica a visitar o llamar a diario a personas mayores y solas, llevándoles, con su aleteo la cercanía del que es fiel. O la que acoge en su casa a su hija, nieto, yerno a quién la pandemia ha dejado vulnerables, con inseguridad de perder todo por lo que habían trabajado muchos años, como las Anas de La Palma, cuya lava se ha llevado sus propiedades, pero no su corazón.

También ellas son viudas. Y son mujeres. Y crean a su alrededor cercanía y bondad. No entran en las papeletas de futuros Vicarios episcopales, ni generales…están ahí, dando vida, como la mariposa aleteando. Y Jesús está orgulloso de ellas, y mira a los letrados de reojo con unas ganas de mandarles a la mismísima…mientras ellos ceden sus catedrales por dinero a una vulgaridad, y ellas, las Anas, la siguen limpiando.

¿A qué también tú conoces a varias “Anas”? Es más, tal vez seas una de ellas. Por ello a todas os damos las Gracias. Nos vemos en vuestras catedrales, vuestros hogares, auténticos lugares de comunidad cristiana, donde siempre hay acogida, bizcocho y cariño. ¡Menuda Eucaristía! Aunque sea online, como ha sido últimamente para muchxs y sigue uniendo a las Anas de diferentes países y continentes, porque ellas, no paran. Son incombustibles, por eso la Comunidad Cristiana sigue en las calles, en las pantallas, en los hogares.

Ahí nos vemos hermanxs. Aunque sea Nueva York o La Palma, o tu barrio o tu pantalla.

¡Feliz Domingo!

Magda Bennásar Oliver, sfcc

II Vísperas – Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

II VÍSPERAS

DOMINGO XXXII de TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cuando la muerte sea vencida
y estemos libres en el reino,
cuando la nueva tierra nazca
en la gloria del nuevo cielo,
cuando tengamos la alegría
con un seguro entendimiento
y el aire sea como una luz
para las almas y los cuerpos,
entonces, sólo entonces,
estaremos contentos.

Cuando veamos cara a cara
lo que hemos visto en un espejo
y sepamos que la bondad
y la belleza están de acuerdo,
cuando, al mirar lo que quisimos,
lo vamos claro y perfecto
y sepamos que ha de durar,
sin pasión sin aburrimiento,
entonces, sólo entonces,
estaremos contentos.

Cuando vivamos en la plena
satisfacción de los deseos,
cuando el Rey nos ame y nos mire,
para que nosotros le amemos,
y podamos hablar con él
sin palabras, cuando gocemos
de la compañía feliz
de los que aquí tuvimos lejos,
entonces, sólo entonces,
estaremos contentos.

Cuando un suspiro de alegría
nos llene, sin cesar, el pecho,
entonces —siempre, siempre—, entonces
seremos bien lo que seremos.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo, que es su Verbo,
gloria al Espíritu divino,
gloria en la tierra y en el cielo. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

SALMO 111: FELICIDAD DEL JUSTO

Ant. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA: Hb 12, 22-24

Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

RESPONSORIO BREVE

R/ Nuestro Señor es grande y poderoso.
V/ Nuestro Señor es grande y poderoso.

R/ Su sabiduría no tiene medida
V/ Es grande y poderoso.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Esta pobre viuda ha dado más que todos, porque de su misma pobreza ha dado todo lo que tenía.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Esta pobre viuda ha dado más que todos, porque de su misma pobreza ha dado todo lo que tenía.

PRECES

Alegrándonos en el Señor, de quien viene todo don, digámosle:

Escucha, Señor, nuestra oración.

Padre y Señor de todos, que enviaste a tu Hijo al mundo para que tu nombre fuese glorificado, desde donde sale el sol hasta el ocaso,
— fortalece el testimonio de tu Iglesia entre los pueblos.

Haznos dóciles a la predicación de los apóstoles,
— y sumisos a la verdad de nuestra fe.

Tú que amas a los justos,
— haz justicia a los oprimidos.

Liberta a los cautivos, abre los ojos a los ciegos,
— endereza a los que ya se doblan, guarda a los peregrinos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los que duermen ya el sueño de la paz
— lleguen, por tu Hijo, a la santa resurrección.

Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada:
Padre nuestro…

ORACION

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Dios no necesita de nosotros

Nos encontramos en los últimos versículos del c. 12. Jesús, una vez más, enseña. A pesar de que el episodio que hemos leído se reduce a cuatro versículos, tiene una profundidad enorme. Es el mejor resumen que se puede hacer del evangelio. La parafernalia religiosa no tiene ningún valor espiritual; lo que importa es el interior de cada persona. Seguramente el relato fue en su origen una parábola que se convirtió en relato real.

Este simple relato deja clara la crítica de Jesús a la religión de su tiempo. Señala la diferencia entre religión y religiosidad; entre cumplimiento y vivencia; entre rito y experiencia de Dios. Hoy seguimos dando más importancia a lo externo que a una actitud interior. A la religión sigue interesándole más que seamos fieles a doctrina, ritos y normas. Seguimos estando más pendientes de lo que hacemos que de nuestra actitud vital.

Queda claro el talante de Jesús. Hoy le hubiéramos dicho a la viuda: no seas tonta; no des esas monedas a los sacerdotes; tienen más que tú. Utilízalas para comer. Pero Jesús, que acaba de criticar los trapicheos del templo, descubre la riqueza espiritual que manifiesta la viuda y reconoce que a ella sí le sirve ese modo de actuar, porque es reflejo de su actitud con Dios. Alejada de todo cálculo, se deja llevar por el sentimiento religioso más genuino.

Muchos ricos echaban cantidad. Las monedas se depositaban en una especie de embudos enormes en forma de bocina, colocados a lo largo del muro. La amplia boca de las bocinas de bronce permitía lanzar las monedas desde una distancia considerable. Los ricos podían oír con orgullo, el sonido de sus monedas al chocar con el metal. Lo que echó la viuda fueron dos monedas del más bajo valor. Hoy serían dos céntimos, cantidad ridícula.

Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. El comienzo “en verdad os digo” indica que lo que sigue es muy importante. La idea de que Dios mira más el corazón que las apariencias, no es nueva en la religiosidad judía; se encuentra en muchos comentarios del AT. Jesús profundiza en la idea y se la propone a los discípulos como ejemplo de actitud religiosa. Esta es la originalidad de la propuesta de Jesús.

Dio todo lo que tenía para vivir. Para captar la fuerza de esta frase final, debemos tener en cuenta que en griego “bios” significa no solo vida, sino también, modo de vida, recursos, sustento; sería el conjunto de bienes imprescindibles para la subsistencia. Hoy nosotros podíamos emplear otros términos: “víveres” o “sustento”. Dio todo lo que constituía su posibilidad de vivir. Equivaldría a poner su vida en manos de Dios.

Jesús ya había llevado a cabo la “purificación del templo”. Sabemos su opinión sobre la manera cómo se gestionaba el culto y su crítica al expolio de los pobres en nombre de Dios para que los sacerdotes vivieran como reyes. El templo era el centro económico de todo el país, basado en la obligación de ofrecer sacrificios y de dar al templo el diezmo de todo lo que cosechaban, además de proponer encarecidamente donativos voluntarios.

En contra de los que solemos pensar, el evangelio nos está diciendo que el principal valor de la limosna no es socorrer una necesidad perentoria de otra persona, sino mostrar una verdadera actitud religiosa. La limosna de la viuda, a pesar de su insignificancia, demuestra una actitud de total confianza en Dios y de total disponibilidad. En nuestra relación con Dios no sirven de nada las apariencias. La sinceridad es la única base para que la religiosidad sea efectiva. No podemos engañar a Dios ni debemos engañarnos con acciones calculadas.

No se trata directamente de generosidad, sino de desprendimiento. Lo que el evangelio deja claro es que el egoísmo y el amor son dos platillos de la misma balanza, no puede subir uno si el otro no baja. Nuestro error consiste en creer que podemos ser generosos sin dejar de ser egoístas. Lo que Jesús descubre en la viuda pobre es que, al dar todo lo que tenía, el platillo del ego bajó a cero; con lo que, el platillo del amor había subido hasta el infinito. Si mi limosna no disminuye mi egoísmo, no tiene valor espiritual.

El evangelio de hoy, ni cuestiona ni entra a valorar la limosna desde el punto de vista del necesitado, porque lo que la viuda echó en el cepillo no iba a solucionar ninguna necesidad. Se trata de valorar la limosna desde el punto de vista del que la hace. Es una perspectiva que solemos olvidar, por eso nuestros donativos terminan valorándose según la repercusión bienhechora que tengan en los destinatarios de la limosna. Es un error.

La limosna de la que hoy se habla, no es la que salva al que la recibe, sino la que salva al que la da. La diferencia es tan sutil que corremos el riesgo de hablar hoy de tanta necesidad acuciante y por tanto, de la necesidad de hacer limosna para remediar esas necesidades. Hoy se trata de dilucidar si ponemos nuestra confianza en Dios o en la seguridad que dan las posesiones o en Dios que no nos va a dar ninguna seguridad.

La motivación de la limosna no debe ser remediar la necesidad de otro sino el manifestar el desapego de las cosas materiales y afianzar nuestra confianza en lo que vale de verdad. La cuantía de la limosna en sí, no tiene ninguna importancia; solo tendrá valor espiritual, si el hacerla, supone privarme de algo. Dar de lo que nos sobra puede aliviar la carencia de otro, pero no tiene ningún valor religioso para mí. Mi limosna valdrá solo cuando me duela.

El que recibe una limosna puede estar necesitado de lo que recibe; en ese caso, la limosna ha cumplido un objetivo social. Ese objetivo no es lo esencial. El que recibe una limosna, puede aceptarla como una lotería sin descubrir la calidad humana del que se la ha dado. O puede darse cuenta de que la actitud del otro le está invitando a ser también él más humano. Si esto segundo no sucede es que la limosna, como acto religioso, ha fallado para el que la recibe. Alcanzar este último objetivo depende de la manera de hacerla.

El que la da puede dar de lo que le sobra; o puede ser que se prive de algo que necesita. En el primer caso podía demostrar la renuncia al afán de acaparar y buscar en las riquezas la única seguridad que me tranquiliza. En el segundo, entramos en una dinámica de desprendimiento que expresa auténtica religiosidad. Un necesitado podría dar una limosna al que no la necesita. En ese caso, el objetivo religioso, del que la da, se cumple. A veces no damos limosna, porque pensamos que no va a utilizarse para remediar una necesidad.

Solo cuando das lo último que te queda, demuestras que confías absolutamente. El primer céntimo no indica nada; el último lo expresa todo, decía S. Ambrosio: Dios no se fija tanto en lo que damos, cuanto en lo que reservamos para nosotros. Un famoso escritor actual dijo en una ocasión: solo se gana lo que se da; lo que se guarda se pierde. La viuda, al renunciar a toda seguridad, pone de manifiesto la verdadera pobreza.

Fray Marcos

Viudas buenas y teólogos malos

Una viuda con mucha fe (1ª lectura)

Se trata de un relato muy sencillo, que recuerda a las “Florecillas” de San Francisco de Asís. Lo importante no es su valor histórico sino su mensaje. Destaco algunos detalles.

1. La pobreza de los protagonistas. En el mundo antiguo, de estructura patriarcal, las personas más marginadas eran las viudas y los huérfanos; la muerte del marido o del padre los condenaba en la mayoría de los casos a la miseria. En nuestro relato, esta situación se ve agravada por la sequía, hasta el punto de la mujer está segura de que ni ella ni su hijo podrán sobrevivir.

2. La fe y la obediencia de la mujer. Muchas veces, comentando este texto, se habla de su generosidad, ya que está dispuesta a dar al profeta lo poco que le queda. Pero lo que el autor del relato subraya es su fe en lo que ha dicho el Señor a propósito de la harina y el aceite, y su obediencia a lo que le manda Elías.

3. La categoría excepcional de Elías, al que Dios comunica su palabra y a través del cual realiza un gran milagro.

Teólogos presumidos y una viuda generosa (evangelio)

El relato tiene dos partes: la primera denuncia a los escribas, la segunda alaba a una viuda. Las relaciona la actitud tan contraria de los protagonistas: mientras los escribas “devoran los bienes de las viudas”, la viuda echa en el arca “todo lo que tenía para vivir”.

¡Cuidado con los escribas!

Los escribas eran especialistas en cuestiones religiosas, dedicados desde niños al estudio de la Torá. Tenían gran autoridad y gozaban de enorme respeto entre los judíos. Pero Jesús no se fija en su ciencia, sino en su apariencia externa y sus pretensiones. La descripción que ofrece de ellos no puede ser más irónica, incluso cruel. Forma de vestir (amplios ropajes), presunción (les gustan las reverencias en la calle), vanidad (buscan los primeros puestos en la sinagoga y en los banquetes), codicia (devoran los bienes de las viudas), hipocresía (con pretexto de largos rezos). Todo esto es completamente contrario al estilo de vida de Jesús y a lo que él desea de sus discípulos. Por eso los amonesta severamente: «¡Cuidado con los escribas!».

No es preciso añadir que los discípulos le hicieron poco caso a Jesús y terminaron vistiendo como los escribas, exigiendo reverencias y besos de anillo, ocupando primeros puestos, y devorando bienes de viudas, viudos y casados. Por desgracia, de este evangelio no se puede decir: «Cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia», aunque debemos reconocer que la situación ha mejorado bastante.

Elogio de la viuda

En la 1ª lectura y en la segunda parte del evangelio tenemos personajes parecidos: una viuda y un profeta (Elías-Jesús). Pero la relación entre ellos se presenta de manera muy distinta. Basta fijarse en los siguientes detalles:

¿De qué hablan la viuda y el profeta? Elías y la viuda mantienen un diálogo, mientras que Jesús no dirige ni una palabra a la viuda. Cuando ve lo que ha hecho, no la llama para dialogar con ella, sino que llama a sus discípulos para darles una enseñanza.

¿Qué hace la viuda por el profeta? La viuda entrega todo lo que tiene a Elías y trabaja para él; la viuda del evangelio no hace nada por Jesús.

¿Qué hace el profeta por la viuda? Elías hace un gran milagro para resolver el problema económico de la viuda; Jesús no le da ni un céntimo.

La enseñanza silenciosa de la viuda

Los relatos anteriores de Marcos (que no se han leído en las misas del domingo) han ido presentando una serie de personas y grupos que se presentan ante Jesús para discutir con él las cuestiones más diversas: su autoridad, el pago del tributo al César, si hay resurrección de los muertos, cuál es el mandamiento principal, etc. Al final aparece esta viuda, que no se preocupa de cuestiones teóricas ni teológicas, ni siquiera se interesa por Jesús; sólo le preocupa saber que hay gente pobre a la que ella puede ayudar con lo poco que tiene.

La viuda es un símbolo magnífico de tantas personas de hoy día que no tienen relación con Jesús, pero se preocupan por la gente necesitada e intentan ayudarlas, sin considerarse ni ser cristianos. Y la preocupación de la viuda no es de boquilla, entrega todo lo que tiene.

Jesús, que no la llama para hablar con ella e invitarla a formar parte del grupo de sus discípulos, nos puede servir de ejemplo para la actitud que debemos adoptar ante esas personas. No hay que intentar convertirlas a toda costa.

En los tiempos que corren, de tanta necesidad para tanta gente, el evangelio de este domingo nos da mucho que pensar y que rezar.

José Luis Sicre

Comentario – Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

(Mc 12, 38-44)

Los escribas, que estudiaban la Ley de Dios, buscaban aparentar frente a los demás, apareciendo como sabios y santos, pero al mismo tiempo se enriquecían apoderándose de los bienes de las viudas. Jesús despreciaba profundamente esa religiosidad que escondía egoísmos e injusticias.

Por el contrario, Jesús se admiraba y se gozaba frente a la generosidad de los pobres, y lo subyugaba la religiosidad de los sencillos que se expresaba en gestos de desprendimiento. Por eso en este texto, luego de hablar de las injusticias que los falsos piadosos cometían con las viudas, se nos presenta el modelo de una de esas viudas pobres y explotadas.

Cuando Jesús vio a la viuda pobre echando en la alcancía del templo las únicas monedas que tenía para sobrevivir, llamó a los discípulos para que valoraran ese gesto generoso. Y Jesús indica que el valor de una ofrenda no está en la cantidad sino en lo que significa de ofrenda generosa y de renuncia a sí mismo. Las pocas monedas de aquella viuda no eran poco, porque para ella eran todo.

Tendríamos que dejarnos motivar por la belleza de esta escena. El comentario de Jesús nos muestra que los gestos de generosidad cautivan sus ojos amantes.

Sería bueno entonces que nos preguntáramos cuánto hace que no cautivamos al Señor con nuestras ofrendas. Y si en realidad esos gestos se nos hacen imposibles, porque en el fondo sólo somos capaces de pensar en nosotros mismos, tendremos que pedir la gracia de una generosidad sincera, para que podamos experimentar el éxtasis de salir de nosotros mismos, de vivir a otro nivel, para que podamos entrar en ese mundo maravilloso que se hace presente en nuestra vida cotidiana cuando logramos prolongar en nuestras vidas la entrega de Jesús, que no dio algo, sino que lo dio todo.

Oración:

«Mira Señor mi corazón egoísta, apegado a los bienes, y sánalo. Coloca en él algo de tu generosidad desbordante que te llevó a entregarlo todo en la cruz. Tú que sabes lo que es darse a sí mismo, enséñame Señor».

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Obras son amores

1.-…Y no buenas razones, dice el refrán. Y da en el clavo. En las lecturas de la misa de hoy, mis queridos jóvenes lectores, se nos explican dos historietas. El diminutivo lo pongo porque las acciones que se describen ocupan poco lugar en el espacio. La grandeza espiritual del contenido, muy al contrario, es enorme.

Que Elías haya sido uno de los más impresionantes personajes de la historia de Israel, no significa que aquella buena viuda de Sarepta, población situada en el actual Líbano, lo supiera. De lo único que era consciente y estaba segura, es que se estaba desfalleciendo de hambre. Y precisamente, cuando, desanimada del todo, pensando ya en dejarse morir, aparece el Profeta con súplicas. O, más bien, con exigencias. Quiere comer. Y la buena mujer se ofrece a darle comida, pues, el buen hombre la ha prometido que, si es generosa, el buen Dios lo será con ella. El calificativo buen/buena lo repito tres veces en una línea y media. Y lo hago adrede. Entre buenos anda el juego, o, mejor dicho, la historia.

2.- Los que salen de esta vieja península desde donde escribo y visitan pueblos que llamamos, con soberbia indulgencia, primitivos, vuelven contando como han sido recibidos acogidos y convidados, por aquellas gentes. Y se oye hablar de “la proverbial hospitalidad del mundo árabe” o la acogida de los indígenas de Hispanoamérica, o frases semejantes, con la misma indiferencia con que se explica el color de su piel o la confección de sus vestidos. La hospitalidad no es una peculiaridad racial, es una virtud. Una virtud muy cristiana, que nosotros hemos olvidado. Me han contado que, en el país desde donde os estoy escribiendo, Cataluña, antiguamente, en las proximidades de las casas de campo, se plantaban algunos cipreses, tantos como camas estaban a la disposición del peregrino o del pobre viajero. De esta manera el caminante vislumbraba desde lejos la capacidad de acogida que tenía la mansión.

Se hacía exhibición de la hospitalidad. Ahora lo que se exhibe es el último coche adquirido o la bicicleta “mountain bike” que el chico ha conseguido que le regalen. No hace muchos años, y esto ocurría en toda la península, en cada piso había un cuarto de huéspedes. Cuando lo comento, me dicen que ahora resultan muy caros los metros cuadrados de cada hogar. Y, añado yo, que por eso es tan frecuente tener una residencia en la ciudad y un apartamento en el campo, en la montaña o en la playa. Pero en ninguno de estos lugares hay un espacio para el forastero. No extrañe, pues, que nunca entre en casa el Profeta Elías, o el mismo Jesucristo. No se le deja entrar, no tiene espacio reservado. Y una casa donde no tiene sitio el Señor, es una casa muy pobre, es un piso sin porvenir, que se irá desmoronando de pena, aunque las paredes resistan.

3.- Vayamos a la otra lectura. Lo que llamamos Templo de Jerusalén, era una enorme explanada, en cuya parte central se levantaba un conjunto de edificios religiosos a los que no podían acceder más que los judíos. El lugar más importante entre ellos era el Santuario, sagrado por excelencia. Antes de llegar a él, en una plazoleta, había unas dependencias destinadas a guardar leña, aceite o el dinero de las ofrendas. Los israelitas se movían con soltura por este patio, les estaba permitido entrar a las mujeres y era lugar para múltiples funciones. Jesús y sus amigos estaban allí cuando una viejecita introdujo, por la ranura correspondiente, su monedita. Era muy poca cosa, con ella no podrían comprar nada, ni una brizna de madera para los sacrificios, no obstante el Señor se fija en ella, porque había dado todo lo que tenía. No había tomado precauciones. Nosotros diríamos que había sido imprudente, que hay que pensar en el mañana, que el templo continuará existiendo, aunque no se añada nuestra dádiva, que paguen los ricos, o que es cosa del gobierno… ¡tenemos tantas razones para ser egoístas! La buena mujer se quedó sin nada ¿cómo pudo vivir al día siguiente? pero ¿importa esto al que ha recibido un gran elogio del Maestro?

Ocurrió esto cuando Jesús les estaba hablando de la gente brillante en sus actuaciones, de los que, para tener éxito, recurren a asesores de imagen, de los que cuidan las formas, su presentación, visten o calzan prendas de marca. La gente a los tales les mira y hasta llega a admirarlos, pero si en aquel momento se murieran, comprobarían con horror que sus manos están vacías. Vacías de todo aquello que puede llegar a la Eternidad, de aquello que es fruto de la generosidad arriesgada, de la hospitalidad atrevida, la del que, en estos tiempos que uno no sabe quien pueda ser el desconocido que llama a nuestra puerta, es capaz de abrirla e invitar a entrar. Mis queridos jóvenes lectores, seguramente, si sois jóvenes, probablemente no podréis disponer de mucho dinero. Pero sois capaces de desbordar alegría, que la podéis dar a los ancianos solitarios, de unas manos que pueden trasportar la compra de la vecina que vuelve cansada del mercado, de unas piernas capaces de caminar hasta donde hay que recoger un encargo, de escribir un documento y llevarlo a la oficina correspondiente. Aquel gran hombre que fue Baden Powell, les decía a los scouts: dejad cada día el mundo un poco mejor de lo que lo habéis encontrado.

Pedrojosé Ynaraja

Lectio Divina – Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

Esta viuda pobre ha echado más que nadie

INTRODUCCIÓN

Solo cuando das lo último que te queda, demuestras que confías absolutamente. El primer céntimo no indica nada; el último lo expresa todo. Decía S. Ambrosio: “Dios no se fija tanto en lo que damos, cuanto en lo que reservamos para nosotros”. “El que se pone a la búsqueda de Dios y vende todo lo que posee excepto el último dinero, es un loco, porque precisamente con el último dinero se compra a Dios” (Proverbio chino).

TEXTOS BÍBLICOS

1ª lectura: 1Re. 17,10-16.     2ª lectura: Heb. 9,24-28.

EVANGELIO

Marcos 12, 38-44:

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.» Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

REFLEXIÓN

“Estando Jesús sentado”. En el evangelio el estar “sentado” significa que Jesús estaba “enseñando”. Y la enseñanza de Jesús consiste en el contraste de la enseñanza de los escribas y la de la pobre viuda. Con los maestros de Israel, Jesús es muy duro: “Ellos buscan ropajes especiales, recompensas sociales, títulos de grandeza. afán por los lugares destacados, y lo que es peor: el enriquecimiento a costa de las pobres viudas. Frente a éstos está una viuda que sólo tiene dos moneditas de cobre y las entrega sin quedarse nada. ¿Quién es el verdadero maestro?  Y dice Jesús: esa pobre viuda, ella es la que nos da la auténtica lección “desde la vida”. Jesús, como Maestro, se ve reflejado en ella.

1.– La mirada de Dios se recrea en lo poco, en lo pequeño.

En la viuda de Sarepta se habla de “un poco de agua”, “un trozo de pan”, “un puñado de harina”, “un poco de aceite”, “un poco de leña”. Dios creó a Adán, el primer hombre, con “un poco de barro”. Cuando Dios quiere elegir rey para su pueblo, envía al profeta Samuel a casa de Isaí. Por allí van pasando los hijos mayores, robustos, fornidos, pero no era ninguno de ellos el elegido. Y pregunta Samuel: ¿Ya no te quedan más hijos? Sí, “el pequeño, que está cuidando el ganado”. ¡Ése es! Y sigue el texto: «La mirada de Dios no es como la del hombre. El hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazón” (1Sam. 16,7). Y a la hora de elegirse una madre no se va a la sabia Grecia o a la opulenta Roma, sino a Nazaret, un pueblo desconocido dentro de la desconocida Palestina. Y ahí se fija en una sencilla y pobre doncella. ¿Qué ha visto Dios en esta muchacha? “La pequeñez de su esclava” (Lc. 1,48).  Y en el evangelio de hoy se fija en “las dos monedas de una pobre viuda”.

2.- ¡Qué a gusto trabaja Dios con lo pequeño! ¡Qué cosas tan bellas y bonitas sabe hacer!

¿Qué hizo Dios con la viuda de Sarepta? ¿Acaso le compensó después con grandes bienes? No. Pero le hizo una promesa: “La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará”. Las riquezas de los ricos, se acaban; la fama de los poderosos, se destruye; el corazón lleno de grandezas y de vanidades, se vacía. Pero la vida de aquellos que “tienen alma de pobre” siempre está regada por la “acequia de Dios”. De ahí brota un agua subterránea y misteriosa de felicidad.  Allá en el Templo de Jerusalén, estaba “la cámara del tesoro” con 13 cajas o cepillos, a manera de embudos invertidos para que no los pudieran robar. El número 13 estaba destinado a los holocaustos., donde se quemaba toda la ofrenda. Allí depositó la viuda sus monedas. Podía haber entregado una moneda y guardar la segunda para poder comer al día siguiente. Ella, al ofrecer las dos monedas, ofrece a Dios el holocausto de su vida:  con su presente y su futuro. Se abandona en manos de Dios. Ella será modelo de fe en todos los tiempos.  La esencia de la fe consiste en “fiarse de Dios”. Como se fio Abrahán, como se fio María “La creyente”. Como se fio Pablo: “Sé muy bien de quien me he fiado” (2Tim. 1,12).

3.– Y yo, ¿Qué le puedo ofrecer a Dios? No ofrezcas “de lo que te sobra” pues estarías todavía en el A.T.  Tampoco te limites a dar cosas sin darte a ti mismo. El Samaritano, si se hubiera limitado a dejarle unas monedas a aquel que estaba medio muerto, se hubiera muerto con unas monedas, pero se hubiera muerto. Necesitaba su persona, su cabalgadura para llevarlo al posadero, su interés por hacerle un seguimiento. No te limites a dar “de lo que tienes” sino “de lo que eres”. Durante la vida has de ir desprendiéndote poco a poco de ti mismo. 

PREGUNTAS

1.- ¿Cuándo voy a aprender a dar lecciones con la vida, no sólo con las palabras?

2.– Dios creó el mundo “de la nada”. ¿Le doy a Dios mi nada, para que pueda seguir creando en mí cosas admirables?

3.– Si soy un bonito regalo de Dios, ¿sé hacer de mi vida un don para los demás?

ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:

Gracias, Señor, por dictarnos
una “lección magistral”:
Obrar con “buena intención”,
sin mentira, de verdad.
También, como a los Letrados,
nos encanta figurar,
presumir, acicalarnos,
brillar más que los demás.
Con los “labios” expresamos
nuestra “religiosidad”
y quizá, en el corazón”.
nos falta la “caridad”.
Jesús alaba a la “viuda”,
modelo de “gratuidad”:
Entregó sus “dos reales”,
dio todo su “capital”
Aunque aquella pobre viuda
pasaba “necesidad”,
puso toda su “confianza”
en el Padre celestial.
¡Ojalá; Señor, nosotros
fuéramos un “manantial”,
para ofrecer al sediento
“agua de amor y de paz”.
Haz que, como Tú, seamos
dulce Vino, tierno Paz.
Cuando “da todas las rosas,
es más hermoso el rosal”.

(Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí)

La paradoja de la viuda pobre

1. – Llama la atención que Jesús no diga: «Esa pobre viuda no debería haber echado nada en el cepillo.» Se refiere, sin embargo, al acto de suprema generosidad, que es entregar para el culto a Dios lo que era necesario y no superfluo. Los pobres, los desheredados, los marginados, los pecadores también deben ayudar a la Iglesia, igual que los ricos, los guapos, los triunfadores o los que se consideran justos y buenos. Igual, unos que otros, en cuanto al gesto de aportar y, obviamente, no igual respecto a la cantidad.

2. – A veces quienes reciben ayuda material de la Iglesia pueden negar a la Casa de Dios, en cualquier momento, su ayuda personal. Y eso no es justo. Incluso, si se quiere ver así, resulta discriminatorio para la Iglesia. Todos somos iguales ante la Madre Iglesia y todos debemos de atenderla y cuidarla. Si la Iglesia –todos los días– reza por nosotros, hemos de hacerlo igualmente por ella y sus necesidades. Es verdad que todos somos Iglesia y por eso aparece esa igualdad que obliga a ricos y pobres. Jesús valoró la pequeña limosna de la viuda pobre, pero no aconsejó que no diera su moneda de dos reales. Es una enseñanza para meditar y entender que todos somos iguales en el Templo. A veces, pues, no solo hay que «obligar» a los ricos a esa igualdad, a los pobres también.

Ángel Gómez Escorial

Una nueva imaginación de la caridad

1.- Jesús denuncia a los letrados judíos. Ellos son los especialistas de la ley y, por tanto, de cualquier explicación sobre Dios. Sin embargo, se olvidan de lo principal: el amor a Dios y al prójimo, como destacaba claramente el evangelio del domingo pasado. Denuncia su ostentación y su soberbia autosuficiente. Reacciona contra su proceder injusto, engañando a los más débiles con pretextos piadosos. Nos pone en guardia no tanto en el sentido de que desconfiemos de ellos, cuanto en el de no seguir su ejemplo. El evangelista Marcos toma parte a favor de los sencillos, de los débiles y necesitados de ayuda. Debemos preguntarnos nosotros ahora, ¿dónde está la opción por lo pobres que la Iglesia proclama? En un mundo globalizado, donde los pobres llevan la peor parte y tienen poco que esperar, los cristianos tenemos que asumir la opción que hizo Jesucristo. Jesús vino a anunciar la Buena Noticia a los pobres, reclamando también de ellos la conversión y la fe. Jesús nos ha revelado que El es servido y acogido en los hambrientos y forasteros. Pero no excluimos a nadie en nuestro amor. Si debemos amar con preferencia a los más débiles y vulnerables es porque lo necesitan más, pero nuestro amor debe extenderse a todos.

2.- Una viuda en Israel es el mejor símbolo de la persona desamparada y débil. No es raro que el evangelio hable de ellas frecuentemente. Ahora, Jesús alaba a una viuda por su generosidad. Los ricos daban mayor cantidad de dinero, pero su vida seguía igual, no lo notaban, porque daban de lo que les sobraba. Se sentían «seguros». La viuda, en cambio, dio de lo que necesitaba. En realidad dos reales era la moneda de cobre en curso de menos valor. Pero se quedó sin algo de lo que hubiera necesitado para comer. A causa de su limosna, su vida tuvo que cambiar y lo notó… Esta generosidad es la que alaba el Señor. De estas personas es el Reino de Dios. Esto sí que es generosidad. El gesto solidario de la viuda de Sarepta tiene más mérito todavía, pues comparte con un extranjero lo único que tenía para vivir.

3.- ¿Cómo entendemos nosotros el llamado «ejercicio de la caridad»? Nos quedamos muchas veces en la simple limosna que adormece nuestra conciencia del sentimiento de culpa. Mientras millones de personas pasan hambre, nuestra sociedad derrocha a raudales lo que otros necesitan para vivir. Como cristianos estamos llamados a compartir lo que hemos recibido y debemos tener cuidado, pues «no podemos servir a Dios y al dinero». Hay muchos extranjeros cerca de nosotros que huyen del hambre y se contentan con lo que cae de la mesa del rico. Se exponen a mil peligros, con tal de encontrar un trabajo que pueda llenar el estómago de los suyos. ¿Cómo les acogemos? Quizá nos reímos de ellos, hacemos chistes xenófobos y racistas o abusamos de ellos pagándoles una miseria. Creemos que vienen a quitarnos nuestro trabajo o a contaminar nuestra cultura, o a imponer su religión. La viuda de Sarepta compartió lo que tenía y obtuvo recompensa por su generosidad. Es necesario que estemos despiertos para ver el nuevo rostro de la pobreza de este mundo globalizado. Y si lo vemos, que examinemos sus causas y pongamos manos a la obra para solucionarlos. Es el «ver, juzgar y actuar» de la tan denostada, muchas veces injustamente, teología de la liberación. Jesús vino a demostrarnos que el amor transforma los corazones y la sociedad. Pongamos en juego una «nueva imaginación de la caridad» adaptada a las necesidades de nuestro mundo. Podemos decir que el evangelio de hoy es la explicación práctica del evangelio del domingo pasado. Jesús dejó bien claro cuál era el único mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

José María Martín OSA