Lectio Divina – Jueves XXXII de Tiempo Ordinario

El reino de Dios ya está entre vosotros

1.- Introducción

Hoy, Señor, quiero que mi mirada coincida con la tuya: haz que no me fije en los grandes y poderosos de este mundo sino en los pequeños y sencillos: en esos pastorcitos que guardan el ganado cuando Tú naces en una cueva; en esos niños que tienen unos pocos panes y unos pececillos cuando das de comer a la gente hambrienta en el desierto; en esa pobre viuda que echa en el cepillo del templo las dos moneditas que le quedaban. Haz, Señor, que descubra el valor de lo pequeño.

2.- Lectura reposada del evangelio: Lucas 17, 20-25

En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo llegaría el Reino de Dios, Jesús les respondió: El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: «Vedlo aquí o allá», porque el Reino de Dios ya está entre vosotros. Dijo a sus discípulos: Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: «Vedlo aquí, vedlo allá.» No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

El Reino de Dios ocupó el centro de la predicación de Jesús. A él dedicaba su tiempo y sus mejores  energías;  era el objeto de su ocupación y preocupación. El Reino de Dios, o mejor, el reinado de Dios, era la nueva situación creada por Dios para el hombre, con motivo de la llegada de Jesús al mundo.  Algunos esperaban esta venida de un modo espectacular. Pero este Reino “llegó sin dejarse sentir”. No hizo ruido. Y se instaló en silencio en los corazones de las personas de buena voluntad. Desde entonces miles y miles  de hombres y mujeres pasan su vida sin destacar en nada; sin recibir un aplauso; sin salir nunca en la prensa. Ellos y ellas van desgranando su vida ordinaria y sencilla en el campo, en un hospital,  en el taller, en los oficios de la casa. Estas personas jamás se enfadan ni están tristes, al contrario, ayudan al que lo necesita y todo lo hacen con  cariño,  con alegría, con ilusión. La razón de ese obrar es muy sencilla: “El reino de Dios ya está entre ellos”. Estos no necesitan milagros para ser santos. Toda su vida ha sido un puro milagro y su fiesta la celebran el día uno de noviembre.

Palabra del Papa

“Nosotros sabemos que la historia tiene un centro: Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado; que está vivo entre nosotros y que tiene una finalidad: el Reino de Dios, Reino de paz, de justicia, de libertad en el amor. Y tiene una fuerza que la mueve hacia aquel fin: es la fuerza del Espíritu Santo. Todos nosotros tenemos el Espíritu Santo que hemos recibido en el bautismo. Y él nos empuja a ir hacia adelante en el camino de la vida cristiana, en el camino de la historia, hacia el Reino de Dios. Este Espíritu es la potencia del amor que ha fecundado el seno de la Virgen María; y es el mismo que anima los proyectos y las obras de todos los constructores de paz. Donde hay un hombre y una mujer constructor de paz, es exactamente el Espíritu Santo quien ayuda y lo empuja a hacer la paz» (S.S. Francisco, 1 de enero de 2014).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio. (Guardo silencio) 

5.-Propósito: Haré las cosas ordinarias de este día de modo que sean la mejor expresión de que el Reino de Dios ya ha llegado a mi corazón.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración. Señor, hoy te quiero agradecer el haber caído  en la cuenta de que Tú no eres para mí un ser extraño, que habitas en parajes lejanos. Estás a mi lado, es más, estás dentro de mi propio corazón. Ahí has instalado tu Reino.  Desde ahí diriges y orientas mi vida hacia la verdad, la libertad, el amor, la felicidad.

Comentario – Jueves XXXII de Tiempo Ordinario

(Lc 17, 20-25)

Este texto nos exhorta a vivir intensamente, a no perder inútilmente el tiempo y las posibilidades de amar que nos brinda cada día. El ideal que se nos presenta aquí es el de dejar de sobrevivir, soportando las obligaciones y tratando de gozar algo a costa de lo que sea. Más que sobrevivir como se pueda, se trata de vivir cada día a pleno, como si fuera el último, aun cuando tengamos que luchar. La invitación a estar vigilantes en realidad es una exhortación a estar despiertos, a entrar en lo profundo de la vida, a vivir con intensidad. Es lo contrario de vivir adormecidos, cansados, desganados.

Por eso este texto no es una invitación a buscar sufrimientos o a despreciar las pequeñas alegrías de la vida cotidiana, porque Dios, que nos ama, no es enemigo de nuestra felicidad. Se trata sí, de no vivir permanentemente en la superficialidad de un placer pasajero o de una costumbre, sino en la entrega libre y gozosa de nuestra vida en el servicio a Dios y a los demás, una entrega que sea una verdadera decisión de cada día, porque sabemos que no podremos retener eternamente nuestra vida en esta tierra, sino que la hemos recibido para entregarla.

Cuando Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios, en realidad se refiere aquí a la resurrección. Así lo interpreta Lucas, porque de hecho nos hace notar que sucederá luego de la Pasión del Señor (v. 25). En otra parte de este evangelio se dice que «el fin no llegará tan pronto» (21, 9). De hecho, en la época en que Lucas escribía ya no se esperaba una venida inminente del fin del mundo como en la época de Marcos, y por eso Lucas muestra que la venida del Reino de Dios se produjo sobre todo en la resurrección de Jesús.

Oración:

«Señor, ayúdame a descubrir el inmenso valor de este día, dame la gracia de descubrirlo como una inmensa oportunidad que me estás regalando para llegar a la profundidad de la vida, para entregarme a tu amor».

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

La fuerza de Dios vencerá sin violencia

1.- Desde una colina todo lo que abarca la vista son escombros, vigas aún humeantes, y en danza macabra el armazón de algún alto edificio. Entre los cascotes brillan al reflejo del sol pedazos de porcelana, vajillas rotas de familias destrozadas. Aquel espectáculo inspira a Imai Kenji, arquitecto japonés, discípulo de Gaudí, la idea del plasma en las paredes exteriores del Museo de Arte Cristiano de Nagasaki: que de la destrucción y la muerte nace nueva belleza y nueva vida.

Con aquellos trozos –tazas y platos destrozados por el odio—crea dos mosaicos: blanco azulado y verde, el de la esperanza; rojo vivo y granate, el del amor. Y allí quedan los dos inmensos mosaicos como símbolos, para el pueblo japonés, de que la destrucción y la muerte no son el fin, porque en ellos mismos están los gérmenes de una nueva vida y de un nuevo mundo.

2.- Tampoco ante San Marcos se abre un espectáculo muy halagador. En el pasado la persecución y muerte de Jesús, en el casi presente la destrucción de Jerusalén y las persecuciones de Roma. Y allá en el futuro resuenan las palabras del Señor: “Si a Mí me persiguieron, también os perseguirán a vosotros”

Y a San Marcos se le escapa un grito… No importa porque el Señor está cerca, su venida es inminente, ya está en esta generación. Vosotros vigilad y esperad con firme esperanza porque llegará vencedor.

El Señor ya está entre nosotros, como la levadura en la masa de harina, que lo fermenta todo, que convertirá en pan candeal esa multitud que los ángeles reunirán de los cuatro vientos. La fuerza de Dios vencerá por dentro sin necesidad de acudir a medios violentos.

3.- Aquellas convulsiones del Universo no significan que el Señor harto del mundo, lo tome por ambos polos y lo agite con ira justiciera, tratando de conseguir por el miedo y por el castigo lo que no pudo conseguir con el amor. Eso sería contradecir sus propios planes, darse por vencido. El Señor ha venido a ganarnos por amor y vencerá por amor.

Dios no tiene que enfrentarse violentamente con el mal y los hombres, porque el mal se destruye a si mismo. ¿Qué ha sido de tantos enemigos de Dios y de la Iglesia? ¿Y cuántas ideologías ateas han convulsionado la sociedad y los mismos que las defendían ayer, tratan hoy de quitarse de encima la mancha de haber sido sus seguidores? ¡Mucho quitamanchas va a necesitar!

Todos ellos, perseguidores y sus ideologías, han sido estrellas que se han desplomado por si mismas. Un día relucieron de odio y egoísmo, y a su paso han dejado una sociedad que fomenta guerras y terrorismo por el lucro de vender armas, una sociedad en la que la mayoría muere de hambre para que unos pocos vivamos mejor. En que la degradación y la muerte de muchos por la droga es fuente de ingresos para otros. Este es nuestro pasado y presente.

4.- En medio de esta sociedad en que parece imposible la honradez, la limpieza de corazón, la fe en Dios, los valores espirituales, el Evangelio nos dice que vigilemos con esperanza porque el Señor está cerca. Está en esa sociedad como germen y levadura:

–como el cuerpo destrozado de Cristo bajado de la cruz estaba al semilla de la resurrección.

–como en los dolores del parto está la maravilla del niño que viene al mundo.

–como en el podrido grano de trigo está la cosecha dorada de espigas.

–como la bola de fuego que fue la tierra estaba el prodigio de montes y valles, de ríos y mares y flores.

Mirando el pasado, el presente y el futuro de nuestra historia, vigilemos en esperanza de que estando el Señor entre nosotros la destrucción y la muerte no son un fin, sino una puerta abierta a un nuevo mundo y a una nueva vida.

José María Maruri, SJ

Aquí estoy, Señor. Tú sabes como

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo,
entre estremecida, asustada, aturdida,
expectante… enamorada,
percibiendo cómo avivas en mi pobre corazón
los rescoldos del deseo de otros tiempos.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu casa,
con la mirada clavada en tus ojos que me miran
con el anhelo encendido y el deseo en ascuas,
luchando contra mis miedos,
queriendo entrar en las estancias.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo y casa,
medio cautiva, medio avergonzada,
a veces pienso que enamorada,
queriendo despojarme de tanto peso,
inercia y susto…
para entrar descalza en este espacio
y tiempo de gracia.

Aquí estoy, Señor,
¡tú sabes cómo, mejor que nadie!,
intentando traspasar la niebla que nos separa,
rogándote que enjugues tú mis lágrimas,
queriendo responder a tu llamada con alegría
y salir de mí misma hacia el alba.

Aquí estoy, Señor,
orientando cuerpo y alma
hacia el lugar de la promesa que no veo,
aguardando lo que no siempre quiero,
lo que desconozco, lo que, sin embargo,
es mi mayor certeza y anhelo.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo y casa.
¡No te canses de llamar, Señor!
¡No te canses de llegar!
¡No te canses de venir, Señor!
Yo continuaré aquí confiado en tu Palabra.

Florentino Ulibarri

Notas para fijarnos en el Evangelio

Tenemos entre manos, hoy, un texto que tiene los tonos de lo que se llama literatura apocalíptica. Utiliza símbolos y visiones que quizá nos sorprenden e, incluso, nos descorazonan en la lectura. O, al revés, hay quien se apega al texto haciendo lecturas literales lamentables. La intención de los es- critores que utilizan este género es la de fortalecer la esperanza del pueblo en tiempos de crisis.

• El centro del relato de hoy describe un acontecimiento grandioso: la venida del Hijo del Hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad, en alusión directa al famoso pasaje de Dn 7,14. La parusía, término técnico para hablar de esa venida, traerá consigo también la reunión, llevada a cabo por los ángeles, de todos los elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra al extremo del cielo, produciendo así efectos salvadores universales.

• Con un claro lenguaje apocalíptico se nos anuncia que aquélla no se debe a los esfuerzos humanos o a los ruegos de los elegidos, sino a los designios de Dios realizados en Cristo, que se llevarán a efecto inexorablemente cuando el Altísimo así lo disponga (cf. Hch 1,6-8).

• La comunidad de Marcos era perseguida. Aquí se le dice que, a pesar de ello, “verán venir al Hijo del hombre… con gran poder” (26).

• Dios tiene un Proyecto. Jesucristo nos lo ha dado a conocer. Y este Proyecto se realizará en la Historia de cada uno y de la humanidad: el Reino.

• Este Proyecto de Dios es la “reunión” (27) de to- dos con Dios. No el fin y la destrucción del mundo (24-25). Eso que experimentamos cada día, y que parece que tenga que conducir a la destrucción del mundo, es la misma experiencia que vivió Jesús. Pero Él estaba convencido, y a nosotros nos ha hecho el don de esta misma fe, de que Dios interviene en favor de la humanidad. Nos ha dado el Espíritu, para que tengamos fuerza y valentía en el conflicto. Y capacidad de ser fieles al Amor, al Proyecto del Reino, a pesar de todas las adversidades.

• Jesús no promete a la comunidad perseguida que se le tenga que resolver el conflicto, la tortura o la muerte. Lo que anuncia es que los miembros de la comunidad serán testigos de que la última palabra siempre es de Dios (31), como lo fue la primera, la palabra creadora (Gn 1; Jn 1,1).

• Las catástrofes y persecuciones no presagian la victoria del mal. Jesús nos invita (31) a aprovechar esa oportunidad para convertirnos y pasar del miedo —experiencia humana natural— a la confianza de que el Espíritu actúa. Ocasión de ser fieles al Amor. Así podemos tener una visión positiva de la Historia, como lugar de la acción amorosa de Dios, como lugar donde nosotros podemos amar

• “Aprended de la higuera” (28): necesitamos una actitud de vigilancia. Se trata de descubrir en el fondo de cada persona y de cada acontecimiento que el Reino está presente y crece (Mc 4,26-29). La lectura creyente de la realidad no se queda nunca en la superficie. Si no vamos a fondo siempre tenemos la posibilidad de ser infieles, de tomar otros caminos que no son el del Reino, el que tomó Jesús, que llega a la cumbre de la Resurrección pasando por la Cruz (las palabras de esta lectura evangélica están dichas a las puertas de la Pasión).

• El presente es el tiempo de la acción responsable, comprometida en la liberación. En la Muerte y Resurrección de Jesucristo tenemos la certeza del amor de Dios, la certeza de que el Reino está “a la puer- ta” (28-29). El tiempo que nos toca vivir es el tiempo de la esperanza y del servicio.

• Frente al catastrofismo y el pesimismo, los cristia- nos estamos invitados a hacer una lectura lúcida de los signos de los tiempos: la realidad lleva la semilla de futuro, un futuro que está en las manos de Dios, el Padre (32). La higuera, símbolo del Pueblo de Dios, se convierte en símbolo del presente, que es como es, y del futuro que construiremos.

Comentario al evangelio – Jueves XXXII de Tiempo Ordinario

Tanto hablar del reino, de que nos tenemos que comprometer con el reino, del banquete del reino… y, al final, quizá no estamos seguros de lo que es. 

Hay quien piensa que el reino vendrá como una especie de cataclismo, que quebrará definitivamente este mundo y esta historia en la que nos ha tocado vivir. Dios reinará entonces y se terminarán todos los dolores. Con la irrupción del reino vendrá también el juicio final y… a cada uno como le pille. Esta forma de pensar parece que se refiere a un Dios que está escondido y con ganas de pillarnos desprevenidos. La condena eterna es una opción posible en esta perspectiva. Si te encuentra la llegada del reino en un mal momento, mala suerte para siempre. 

Me parece a mí que esa forma de imaginar la venida del reino tiene poco que ver con el Dios de que nos habla Jesús, con su Padre, que “tanto amó al mundo, que envió a su hijo para salvarnos.” No me puedo imaginar tanto esfuerzo y tanto amor para luego tirarlo todo por la ventana y mandar a la mayor parte de la humanidad al infierno para siempre. Tampoco tiene que ver con el Dios que, cuando se quiso hacer presente en nuestro mundo, vino de una forma humilde y silenciosa. Como el hijo de una doncella nazarena. Sin hacer ruido, sin llamar la atención. En pobreza y como el último de nosotros. 

El reino tiene que ser una manifestación de amor definitiva. El reino tiene que inundar el corazón. Y se manifestará en cosas pequeñas. El reino ya se está produciendo en nuestro mundo cada vez que una persona es capaz de amar como Dios ama. Gratuita y desinteresadamente. El reino acontece cuando creemos en nosotros mismos como hijos e hijas de Dios, capaces de recrear y renovar nuestra vida y la de nuestros hermanos y hermanas desde la justicia y el amor. El reino se hace vida compartida cuando llevamos la eucaristía a la vida y compartimos el pan de la fraternidad con todos los que nos rodean, especialmente con los que más sufren. 

Sin duda, que esa presencia del reino exige compromiso por nuestra parte y, posiblemente, algo de sufrimiento, como dice Jesús. Pero en absoluto exige ruido ni milagros ni grandes ni ostentosas manifestaciones.

Ciudad Redonda

Meditación – San Martín de Tours

Hoy celebramos la memoria de San Martín de Tours.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 25, 31-40):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

»Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’.

»Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber?’. ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’».

Hoy, celebrando la memoria de san Martín de Tours, la liturgia nos invita a meditar este pasaje del Evangelio según san Mateo. Ahí se nos habla acerca del final de los tiempos cuando el Hijo del Hombre vendrá a juzgar, poniendo por separado a justos y pecadores. Actuando así, Jesús recompensará a los justos invitándolos a tomar posesión del reino preparado para ellos. Pero, ¿cuál es la condición para heredar el reino? El Evangelio lo establece claramente: «Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis (…)» (Mt 25,35-36).

La gente, sin embargo, quedó sorprendida porque —de hecho— nunca han visto al Señor. Por tanto, la pregunta es: —¿Cómo puede ser que nosotros hayamos hecho todo eso sin haberte visto nunca, Señor? Entonces Jesús se explica diciendo: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).

Eso es lo que precisamente hizo Martín mientras él era todavía un catecúmeno. Se cuenta que un día que era muy frío, a las puertas de Amiens, Martín encontró un mendigo temblando y medio desnudo. Movido por compasión, Martín dividió en dos partes su capa y una se la dio al pobre hombre. Él hizo esto porque vio a Cristo en el pobre. Al igual que san Martín, también nosotros estamos llamados a socorrer a los pobres. ¡Ésta es la vocación de los cristianos! Es en este sentido que el Papa Francisco escribió que «ninguno de nosotros puede pensar que está exento de la solicitud por los pobres y por la justicia social». ¡Que san Martín de Tours interceda para que nosotros verdaderamente cuidemos de los necesitados!

Fr. Salomon BADATANA Mccj

Liturgia – San Martín de Tours

SAN MARTÍN DE TOURS, obispo, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-impar

  • Sab 7, 22 – 8, 1. Irradiación de la luz eterna es la sabiduría, y espejo límpido de la actividad de Dios.
  • Sal 118. Tu palabra, Señor, es eterna.
  • Lc 17, 20-25. El reino de Dios está en medio de vosotros.

Antífona de entrada          Cf. 1 Sam 2, 35
Suscitaré un sacerdote fiel, que obre según mi corazón y mi deseo, dice el Señor.

Monición de entrada
Se celebra hoy la memoria de san Martín, obispo, nacido en Hungría. Siendo soldado y aún catecúmeno, cubrió con su manto a Cristo en la persona de un pobre y, luego, recibido el bautismo, dejó las armas e hizo vida monástica en un cenobio fundado por él mismo, bajo la dirección de san Hilario de Poitiers. Después, ordenado sacerdote y elegido obispo de Tours, fundó otros monasterios y parroquias en distintos pueblos de la región, cuidó la formación del clero y lo reconcilió, y llevó a cabo la obra de evangelización de extensas comarcas de Francia, hasta que murió el año 397.

Yo confieso…

Oración colecta
OH, Dios,
que fuiste glorificado
con la vida y la muerte del obispo san Martín,
renueva en nuestros corazones las maravillas de tu gracia,
para que ni la vida ni la muerte
puedan apartarnos de tu amor.
Por nuestro señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, a Dios Padre omnipotente, que desde siempre nos ha predestinado a ser depositarios de su reino.

1.- Para que la Iglesia sea el hogar de la misericordia para todos los hombres. Roguemos al Señor.

2.- Para que nunca falten jóvenes dispuestos a realizar el servicio sacerdotal. Roguemos al Señor.

3.- Para que los gobernantes acierten en su labor y haya paz y prosperidad. Roguemos al Señor.

4.- Para que crezca entre todos los ciudadanos el sentido de la solidaridad. Roguemos al Señor.

5.- Para que Dios escuche nuestras oraciones y nos reúna en el reino de los cielos. Roguemos al Señor.

Señor, Dios nuestro, escucha las preces de tus fieles, y ayúdanos a vivir conscientes de que tu Reino está dentro de nosotros desde el día de nuestro bautismo. Por Jesucristo, nuestro Señor

Oración sobre las ofrendas
SANTIFICA, Señor, estos dones
que ofrecemos con gozo en honor de san Martín,
y haz que por-ellos se oriente siempre nuestra vida
en la adversidad y en la prosperidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Mt 25, 40
En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis, dice el Señor.

Oración después de la comunión
CONCEDE, Señor,
a los que has alimentado con el sacramento de la unidad,
una armonía perfecta con tu voluntad en todas las cosas,
para que, así como san Martín
se entregó por entero a ti,
nosotros también nos gloriemos
de ser verdaderamente tuyos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.