Lectio Divina – Martes XXXIV de Tiempo Ordinario

Es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato

1.- Oración introductoria.

Con el evangelista Juan quiero hacer una distinción entre “este mundo y “el mundo éste”. Este mundo que nos has regalado es maravilloso y quiero disfrutarlo y agradecerlo. Pero hay otro mundo “el mundo éste” que ha rechazado a Jesús, que se ha encerrado en sí mismo, que sólo busca las cosas superfluas y materiales, que olvida a los demás… Ese mundo quiero que desaparezca cuanto antes. Que se establezca el Reino de Dios que es libertad, amor, esperanza, y deseos inmensos de fraternidad.

2.- Lectura reposada del evangelio: Lucas 21, 5-11

En aquel tiempo algunos ponderaban la belleza del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas. Jesús les dijo: Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida. Le preguntaron: Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir? Él dijo: Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: «Yo soy» y «el tiempo está cerca». No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato. Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Algo debe ser destruido. En la Iglesia soñada por Jesús siempre debe existir un “fin del mundo éste”. Esa Iglesia de grandeza, de poder, de grandes joyas, de riqueza acumulada y no compartida, debe desaparecer. De esa Iglesia no debe quedar piedra sobre piedra. Esa Iglesia de miedos y amenazas, de “profetas de calamidades”, “de fundamentalismos apocalípticos” que ven ruina y devastación en todo lo que no cuadra con su miope y personal visión de las cosas, debe desaparecer; no debe quedar piedra sobre piedra. Eso no es evangelio, eso es fanatismo intolerante. También deben desaparecer los que pronostican ya el fin de este mundo. Según nos dice el propio evangelio “el fin del mundo no es inmediato”. Que el fin del mundo ya estaba cerca, es lo que creía la primitiva Iglesia. Y fue precisamente el evangelista Lucas el que abre un nuevo horizonte al escribir una obra en dos partes: evangelio y hechos de los apóstoles. Ha terminado la etapa de Jesús en la tierra, pero ahora comienza una nueva etapa: la etapa de la Iglesia que, por la acción del Espíritu Santo, está llamada a reproducir y llevar adelante la obra de Jesús. Los cristianos de todos los tiempos no podemos perder el tiempo preguntando: ¿Cuándo va a suceder esto? Es tanta y tan bonita la tarea que debemos hacer que no nos es permitido, como a la esposa de Lot, mirar atrás, si no nos queremos convertir en estatuas de sal, es decir, en personas estáticas que frenan el curso de la historia. Lo nuestro es mirar adelante y entusiasmarnos con la bella tarea de construir un “nuevo mundo” una nueva Iglesia en la que Jesús sea el único fundamento.

Palabra del Papa

Jesús dijo: “Esto que ven, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida”. Naturalmente le preguntan: ¿cuándo sucederá esto?, ¿cuáles serán los signos? Pero Jesús dirige la atención de estos aspectos secundarios – ¿cuándo será?, ¿cómo será? – la dirige a las verdaderas cuestiones. Y son dos: Primero: no dejarse engañar por falsos mesías y no dejarse paralizar por el miedo. Segundo: vivir el tiempo de la espera como tiempo del testimonio y de la perseverancia. Y nosotros estamos en este tiempo de la espera, de la espera de la venida del Señor. Esta alocución de Jesús es siempre actual, también para nosotros que vivimos en el Siglo XXI. Él nos repite: “Miren, no se dejen engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre”. Es una invitación al discernimiento. Esta virtud cristiana de comprender dónde está el Espíritu del Señor y dónde está el mal espíritu. También hoy, en efecto, hay falsos “salvadores”, que tratan de sustituir a Jesús: líderes de este mundo, santones, también brujos, personajes que quieren atraer a sí las mentes y los corazones, especialmente de los jóvenes. Jesús nos pone en guardia: “¡No los sigan!”. “¡No los sigan!” (S.S. Francisco, Ángelus del 17 de noviembre de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito. Amar apasionadamente este tiempo que nos toca vivir porque no tenemos otro. Y Dios ama y quiere salvar a esta generación

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, quiero ser una persona de mi tiempo y no quiero, de ninguna manera, hablar mal de esta época que nos toca vivir. Como el Evangelista Lucas, quiero mirar adelante, abrir un horizonte de esperanza, dar ilusión a gente que va de vuelta de todo, y decir que, para los cristianos, “cualquier tiempo pasado fue peor”. Es mucho mejor lo que nos queda que lo que ya hemos vivido. De Dios nos queda casi todo por descubrir. Él siempre nos sorprende. ¡Gracias, Señor!

Comentario – Martes XXXIV de Tiempo Ordinario

(Lc 21, 5-11)

Uno puede apegarse a cosas que terminan esclavizándolo. Eso se entiende fácilmente si hablamos del alcohol, de los bienes materiales, del sexo. Pero tenemos que decir también que a veces las cosas sagradas nos pueden esclavizar.

De hecho, algunos judíos de la época de Jesús estaban atados a las leyes, y creían que por cumplir ciertas leyes ya eran agradables a Dios, pero olvidaban el amor, el servicio humilde a los demás y la justicia.

De la misma manera, algunos, sobre todo los sacerdotes, estaban apegados al templo, a su belleza y a sus adornos. Y por estar en el templo creían que estaban cerca de Dios, cuando sus corazones quizás estaban muy lejos de él, no lo amaban, no lo adoraban sinceramente.

Jesús anunciaba que el templo sería destruido, que no quedaría piedra sobre piedra. El mayor orgullo de los habitantes de Jerusalén no iba a ser eterno, sino que su fin estaba cercano. ¿Dónde se apoyaría entonces el corazón de los que olvidaban a Dios y sólo pensaban en el templo?

Pero Jesús va más allá, y a esos que contemplaban admirados el templo, les dice que finalmente todo se termina, todo se acaba, nada de este mundo es eterno.

No interesa saber cuándo. Lo importante es vivir con esa conciencia para no aferrarse a las cosas como si fueran el Dios infinito y eterno. El es el único que no pasa, que no se termina, que no se acaba, que no se desgasta con el paso del tiempo. El es el fin último del hombre, el sentido definitivo de su vida; y todo lo demás, por más importante que sea, debe orientarnos al encuentro definitivo con él.

Oración:

«Señor, en mi vida hay muchas cosas bellas y santas que tú me regalas para que me encuentre contigo. Pero ayúdame para que no las confunda contigo, para que mi corazón no se quede en ellas, sino que llegue a ti, te ame y te adore por encima de todo».

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Música – Domingo I de Adviento

Entrada: A ti Señor. CLN (Apéndice); Ven, Ven, Señor, no tardes CLN 9; Vamos a preparar  CLN-17
Introito en latin: Ad te levavi.
Acto Penitencial: Señor ten piedad. CLN B O bien
Misa de Adviento
Salmo Responsorial y Aleluya:  A ti Señor levanto (Propio)
Ofertorio: Rorate Coeli;  CLN 32
Santo: de Manzano. CLN I 3
Aclamación al memorial: CLN-J 1.
Comunión: Como el ciervo  que a las aguas. (Cantos varios) El Dios de paz. CLN 1; Tiempo de esperanza CLN 13.  Palabra que fue luz  CLN 18
Final: Un pueblo que camina CLN 7 Maranatha Nº 2 (Liturgia de las horas)

Recursos – Ofertorio Domingo I de Adviento

PRESENTACIÓN DE LA CORONA DE ADVIENTO

(Seguimos con esta bella tradición de la Corona de Adviento. Puede haber sido confeccionada en la propia comunidad o haberse encargado a una floristería. Debe hacer la ofrenda el Presidente del Consejo Parroquial. Dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, con este símbolo del Adviento y en nombre de toda la comunidad, te quiero hacer presente que todos/todas y cada uno/cada una nos comprometemos a vivir este tiempo fuerte de preparación a la Navidad de tu Hijo y a su venida definitiva. Danos fuerza y luz, Señor, para vivirlas, de acuerdo a tus deseos, santos e irreprochables en el amor.

SE ENCIENDE LA PRIMERA VELA DE LA CORONA DE ADVIENTO

(Una vez, que todo el mundo está sentado, se acerca quien preside hasta la corona, situada delante del altar o sitio bien visible, y enciende el primero de los velones, que corresponde a este primer domingo de Adviento. Tras ello, dice la siguiente monición-oración)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Padre nuestro, en el inicio del Adviento, queremos hoy encender la primera vela de esta corona, como signo de la luz que alumbra nuestra esperanza. A la vez, queremos hacer de ella la señal de nuestro permanecer despiertos/despiertas y con los ojos del corazón abiertos para leer todos los signos y rastros de tu venida y de tu presencia entre nosotros y nosotras. Que no se nos escape, Señor, nada de lo que nos habla de Ti. Que no se embote nuestra sensibilidad para sintonizar contigo allá donde Tú estés.

PRESENTACIÓN DE UN SUEÑO, UN DESEO, UNA ESPERANZA Y UNA ORACIÓN

(Hacen la ofrenda un niño o una niña, un o una joven, un matrimonio y un anciano o una anciana)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN:

El NIÑO o la NIÑA: Señor, yo te traigo un sueño infantil: que el mundo sea como nuestros juegos, un ámbito de fraternidad e igualdad.

El JOVEN o la JOVEN: Por mi parte, te traigo, Señor, un deseo: que los hombres y las mujeres y la sociedad sólo se muevan desde la verdad.

El MATRIMONIO: Nosotros, que vivimos mirándonos en nuestros hijos e hijas, te ofrecemos una esperanza: que el clima de las relaciones entre las personas sea la paz.

El ANCIANO o la ANCIANA: Yo vivo, Señor, marcado por el pasado y tocando con las yemas de los dedos el futuro. Por eso, te traigo mi oración: perdona cuanto retarda tu venida definitiva y haz que el sueño del niño (de la niña), el deseo del (de la) joven y la esperanza de nuestro matrimonio, por la fuerza de tu gracia, lleguen a ser una realidad.

PRESENTACIÓN DE LOS NIÑOS Y NIÑAS DE LA COMUNIDAD

(Quien preside la celebración pide a los niños, a las niñas de la comunidad, presentes en la misma, que se adelanten y se pongan junto al altar. Si hubiera niños y niñas suficientes, podrían hacer un corro en torno al altar, dándose las manos. Una vez situados y situadas, se dice la monición-oración)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Con la corona de Adviento, en la que hemos prendido la primera vela, queremos hoy, Señor, presentarte, también, lo que tenemos más prendido de esperanza: nuestros niños y niñas. Su presente es su futuro. Y, por eso, en sus juegos, lo adelantan cada día. Pero queremos en ellos y en ellas, Señor, mirarnos en sus mismos ojos y, si nos vemos ya adultos, sin embargo, conservamos el corazón lleno de esperanza.

PRESENTACIÓN DE UN PERIÓDICO

(Lleva el periódico uno de los miembros de la comunidad, mientras otro hace la ofrenda:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, nosotros/nosotras te traemos hoy un periódico. Es el resumen de la vida de una jornada a nivel local, provincial, regional, nacional e internacional. Son pocas las noticias buenas que nos ofrece. Es más numerosa la información de signo negativo. Hay guerras, injusticias, corrupción, sucesos. Son un resumen de cómo somos los hombres y las mujeres. Pero son también un signo de tu presencia entre nosotros y entre nosotras, si somos capaces de agudizar nuestra vista y ver bajo la pesada realidad cómo Tú nos hablas. Señor, no permitas que se embote la sensibilidad de nuestra fe para reconocer tu presencia entre nosotros y entre nosotras.

Oración de los fieles – Domingo I de Adviento

Señor, necesitamos de Ti. Necesitamos que vengas y pongas en pie nuestra debilidad y vivifiques en nuestro interior aquello que no tiende a Ti:

SEÑOR, TU PUEBLO TE NECESITA.

1.- Por el Papa Francisco, por los obispos y sacerdotes, por los diáconos y los laicos comprometidos, para que sientan la felicidad de estar llenos de Ti y la trasmitan a los demás. OREMOS

2.- Por el cese de toda rivalidad entre pueblos y por el anuncio de un respeto mutuo entre todos los hombres. OREMOS

3.- Por los que viven bajo el temor, la angustia, por los que sufren enfermedades o necesidades, para que encuentren en Dios y en la iglesia una razón para luchar y seguir adelante. OREMOS

4.- Por los que viven lejos de Ti, para que en este tiempo de retorno vuelvan a descubrirte como Padre. OREMOS

5.- Por todas las familias que esperan algún nuevo miembro para que esa espera se una a la de la Iglesia y vivan con autentica alegría la celebración de la Navidad. OREMOS

6.- Por todos los presentes en esta Eucaristía y que desde hoy preparamos la venida de Nuestro Señor Jesús, para que este tiempo de espera sirva de reflexión y cambio en nuestra rutina. OREMOS

Padre, en este comienzo de Adviento te pedimos que acojas estas súplicas y nos ayudes a preparar la venida de tu Hijo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.


Elevamos nuestras oraciones al Señor, que por medio de Jesucristo nos llama a participar de la vida, y le decimos:

AYÚDANOS A ESTAR VIGILANTES

1 – Por el Papa Francisco, que con su fe y su sabiduría, está demostrando la pujanza universal de la Iglesia. OREMOS

2. – Por los Obispos, los sacerdotes, diáconos, ministros y todos aquellos que trabajan en la Iglesia por el bien de sus hermanos. OREMOS

3. – Por los gobernantes, los políticos, los profesores, los periodistas y los artistas para que su trabajo coincida con la esperanza que trae el Adviento. OREMOS

4. – Por los pobres, los marginados, los tristes, los que están solos, para que todo el pueblo de Dios los tenga en cuenta en estos días que, jubilosos, esperamos al Señor. OREMOS

5.- Por todos aquellos que son prisioneros del consumismo, de la adoración al dinero, del egoísmo y de la insolidaridad hacia los hermanos, para que el Niño que esperamos les traiga pobreza en el espíritu OREMOS

5. – Por los organismos internacionales y sus dirigentes, para que luchen sin descanso en pro de la paz, el amor y la libertad para todos los pueblos de la tierra. OREMOS

7.- Por los que hemos venido a esta Eucaristía y así festejar el Primer Domingo de Adviento y por aquellos que no pudieron y no quisieron venir, para que la esperanza inunde los corazones de todos. OREMOS

Acepta Padre nuestras súplicas humildes y confiadas que te dirigimos hoy al iniciarse el tiempo de Adviento

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amen

Comentario al evangelio – Martes XXXIV de Tiempo Ordinario

Continuando el pasaje evangélico de ayer, el autor sitúa a Jesús en el templo anunciando la destrucción del mismo y el advenimiento de grandes desastres humanos y naturales. Todo ello debe de ocurrir antes del fin (Lc 4, 5-11).

Una lectura de tipo fundamentalista nos llevaría -sin dudas- a una visión muy catastrófica del mundo, del hombre y su destino. Reforzaría esta idea el hecho de que se observan en la vida diaria hechos semejantes a los que menciona. Es difícil compaginar esta interpretación literal con la enseñanza de un Dios-Amor. Tal vez muchas veces nos lo hemos preguntado (creo que con legítimo derecho): “¿dónde estabas Dios cuando…?” y un largo etc.

Pero la idea del texto no es anunciarnos una serie de cataclismos que destruyan la vida. Porque la Biblia no es un libro “mágico”; ni tampoco un manual del orden del universo. Como bien me decía un amigo -al comentarle al respecto-, la intención del texto radica en los “cataclismos interiores” que a veces necesitamos experimentar. Ocasiones en las que nos encontramos al límite y tomamos mayor conciencia de las realidades de las cuales formamos parte o de aquellas que nos rodean. Es decir, reconocer en nosotros todo aquello que no es cristiano, hacerlo desaparecer, morir, y hacer espacio para que surja algo nuevo… Escribirlo resulta mucho más sencillo que vivirlo así como “desaprender” puede ser más complejo que “aprender”. No obstante, cuestionarnos y dejarnos interpelar por el mensaje de Jesús puede ser el primer paso del camino. En realidad, cuando acogemos su Palabra en profundidad desaparece nuestro “viejo mundo” personal y todo se hace nuevo.

Pidamos a Dios que nos conceda la gracia necesaria para buscarle y encontrarle en la vida diaria, aún en las situaciones que nos pueden resultar desagradables y dolorosas. Los dolores de este mundo –dijo un gran pensador- no son de muerte, sino de parto.

Ciudad Redonda

Meditación – Martes XXXIV de Tiempo Ordinario

Hoy es martes XXXIV de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 21, 5-11):

En aquel tiempo, como dijeran algunos acerca del Templo que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida».

Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?». Él dijo: «Estad alerta, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato». Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo».

Hoy, empezando el «Discurso Escatológico», reencontramos el anuncio del dramático final del Templo de Jerusalén. El «Señor de la Historia» ni se equivocó ni exageró… Efectivamente, el 5 de agosto del 70 (unos 40 años después de su Ascensión) hubo un acontecimiento de grandes consecuencias para la historia de las religiones: a causa de la carestía de los elementos necesarios, hubo que suspender el sacrificio cotidiano en el Templo. Poco después, fue demolido por los romanos. 

Para el judaísmo, el cese del sacrificio y la destrucción del Templo tuvo que ser una conmoción terrible. Templo y sacrificio estaban en el centro de la Torá. Y todavía más: Dios, que había puesto su nombre en este Templo y que misteriosamente habitaba en él, lo abandonó; ya no era su morada sobre la tierra. ¡El Antiguo Testamento debía leerse de un modo nuevo!

—Es la Sangre del Cordero de Dios (Jesús) la que quita los pecados del mundo; la de los animales sacrificados era sólo una figura de esa realidad suprema.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Martes XXXIV de Tiempo Ordinario

MARTES DE LA XXXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido, Prefacio común.

Leccionario: Vol. III-impar.

  • Dan 2, 31-45. Dios suscitará un reino que nunca será destruido, y acabará con todos los reinos.
  • Salmo: Dan 3, 57-61. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!
  • Lc 21, 5-11. No quedará piedra sobre piedra.

Antífona de entrada          Sal 104, 3-4
Que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, comencemos la celebración de la Eucaristía poniéndonos en presencia del Señor, a quien está sometido el universo entero y a quien nadie puede oponerse; y a Él, que es Señor del universo, creador del cielo y la tierra y las maravillas todas que existen bajo el cielo, pidámosle perdón por nuestros pecados.

• Tú, que has vencido al pecado y a la muerte. Señor, ten piedad.
• Tú, que reinas para siempre. Cristo, ten piedad.
• Tú, que volverás con gloria y majestad. Señor, ten piedad.

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
que desbordas con la abundancia de tu amor
los méritos y los deseos de los que te suplican,
derrama sobre nosotros tu misericordia,
para que perdones lo que pesa en la conciencia
y nos concedas aun aquello que la oración no menciona.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos. Hermanos, por todo el pueblo santo de Dios.

1.- Para que introduzca en la plenitud de su santa Iglesia a los no cristianos y a los no creyentes. Roguemos al Señor.

2.- Para que inspire a los gobernantes pensamientos de servicio y entrega al bien común. Roguemos al Señor.

3.- Para que libre al mundo del hambre, del paro y de la guerra. Roguemos al Señor.

4.- Para que conceda a nuestra ciudad la paz, la justicia, la libertad y el bienestar. Roguemos al Señor.

5.- Para que acoja siempre nuestra oración. Roguemos al Señor.

Oh, Dios, que sabes que la vida del hombre está sujeta a tanta necesidad: escucha las preces de los que te suplican y cumple los anhelos de los que ponen en ti toda su esperanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
MIRA, Señor,
los dones que ofrecemos a tu majestad,
para que redunde en tu mayor gloria
cuanto se cumple con nuestro ministerio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Sal 19, 6
Que nos alegremos en tu salvación y glorifiquemos el nombre de nuestro Dios.

Oración después de la comunión
CONCÉDENOS, Dios todopoderoso,
que nos alimentemos y saciemos en los sacramentos recibidos,
hasta que nos transformemos en lo que hemos tomado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.