Notas para fijarnos en el Evangelio

• El itinerario del Adviento marca un proceso que va de lo universal a lo concreto, de la humanidad a la persona individual, de lo global a lo local.

• La última etapa de la vida de Jesús, su corta estancia en Jerusalén, está marcada por la controversia: la idea diferente del mundo.

* Judíos dirigentes creen que el mundo está constituido entre clases dominantes (ellos) y clases dominadas (el pueblo).

* Jesús, por la idea que tiene de dignidad de la persona, cree que el mundo está llamado a una plenitud en la que cada persona alcance la felicidad.

• Puede ser bueno leer el Evangelio de Lucas desde la entrada de Jesús en Jerusalén (19, 28ss). Busquemos qué hace, qué dice y con quien está Jesús en el recinto del templo, que es el lugar dónde dice las palabras de este texto de hoy. Más en concreto, leamos el comienzo del capítulo 21: la ofrenda de la viuda pobre (21, 1-4) y el comienzo del discurso a propósito de la fascinación que provocaba el templo en algunos (21, 5-6). Fijémonos: qué personajes se mueven en este recinto, cuales son sus intereses y sus preocupaciones; a qué aspiran. Si queremos tener una visión más amplia, podemos tomar un contexto más ancho, desde la tercera vez que Jesús comenta que ahora subimos a Jerusalén (18, 31ss): Jesús, qué hace, qué dice, qué actitud toma con las personas, qué los provoca … como se posiciona ante el templo y las maneras diversas de vivir la religión que tienen los otras personajes.

• Es un texto, con un lenguaje apocalíptico, que no quiere transmitir una perspectiva catastrofista (fin del mundo) sino la idea de sociedad y mundo llamado a la plenitud.

* Lucas 21,5-36 es una instrucción sobre el tiempo previo a la venida del Reino. Se suele llamar discurso escatológico, porque habla sobre los acontecimientos últimos y definitivos, sobre la última venida del Señor («eskhaton» = último, definitivo). Debido a que habla de la venida del Hijo del hombre con poder y gloria, se le designa también como discurso sobre la parusía («parusía» significa «presencia» y, en la literatura cristiana, designa la venida o manifestación gloriosa y definitiva de Cristo). Otras veces, por el lenguaje e imágenes que emplea, se le denomina discurso apocalíptico («apocalipsis» = revelación; «apocalíptico»: género literario en el que, a través de visiones que hablan de tribulaciones y cataclismos cósmicos, se nos revela la salvación y se proyecta ansiosamente la mirada hacia el futuro del que se espera llegue la liberación).

• Los signos cósmicos (v.25) han de entenderse como el tambalearse de los poderes opresores (sol, luna, estrella, signos de los poderosos), ¡algo se mueve! El poder del sistema no es tan inexpugnable como los poderosos quieren hacer creer.

• “Las potencias del cielo temblarán” (v.26) se quiere anunciar un nuevo orden basado no en desplazar a los que están, sino en otro basado en la dignidad de la persona como realidad fundamental de la sociedad nueva.

• Esta dignidad básica viene señalado con la imagen “alzar la cabeza” (v.28). La cabeza doblegada es señal de una vida sometida al imperio de opresión. Levantada no es signo de orgullo, sino de dignidad. Jesús quiere a las personas erguidas.

• “Estar de pie” (v.36), es tener la misma actitud resistente de Jesús que no ha abdicado de sus sueños de un mundo nuevo y ha sellado su utopía con la entrega total de todos sus días, su sangre. Esta resistencia es el rostro de la verdad de la fe en la dignidad de la persona, base honda de la utopía cristiana de la sociedad nueva.

• Y miramos los versículos de este domingo (21,25-28.34- 36). A pesar de todo el impacto inicial, hay palabras que son buena noticia: “el Hijo del hombre viniendo” (27), la “liberación se acerca” (28). Motivo de gozo, por lo tanto.

• También descubrimos novedades respeto a los discípulos, nosotros mismos: Jesús propone una manera de vivir. Hace la propuesta del hombre nuevo (hombre y mujer) que Dios quiere. Vida nueva en “la liberación” que “se acerca” (28). Nos cuestiona, por lo tanto: ¿de qué tenemos necesidad de ser liberados?

• Y si miramos el contexto social dónde vivimos, el que pasa en nuestro entorno inmediato, en el país, en el mundo… y el que viven las personas que tenemos cerca, nos podemos preguntar (del mismo modo que lo buscábamos en los personajes del Evangelio): qué intereses y preocupaciones tiene la gente; qué cosas las fascinan; religiosamente, qué buscan, qué hacen, qué practican; qué los ata, de qué tienen necesidad de ser liberadas. Y nosotros. Y yo.

• Y, todavía más: todos estos hechos y situaciones ¿como quedan tocados por las palabras de Jesús? Lo que descubrimos de Jesús y de la libertad que trae, como afecta a esta realidad.