Lectio Divina – Miércoles I de Adviento

«Siento compasión de la gente”

1.- Introducción

Señor, hoy quiero que me des, como a Salomón, “un corazón que escuche”. No quiero escuchar sólo con mis oídos externos. Quiero que los gritos de todos los que sufren rompan mi corazón y se metan dentro. Hazme, como Tú, sensible a los problemas de la gente. Si yo no miro,  si paso de largo ante las personas que sufren, no por eso esas personas dejarán de mirarme. Dame un corazón compasivo.

2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 15, 29-37

Pasando de allí Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y él los curó. De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino». Le dicen los discípulos: «¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?» Díceles Jesús: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos». Él mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

Normalmente, cuando el evangelio dice que Jesús sube al monte, lo que nos quiere decir es que Jesús se retira a orar, a estar con su Padre Dios, a descubrir su voluntad. Y cuando Jesús “se sienta en el monte”, se pone como Maestro a enseñar. Así en el sermón de la Bienaventuranzas (Mt. 5,1). En este evangelio de hoy  Jesús se sienta, pero no dice ningún sermón, no pronuncia ningún discurso. Después de sentarse acude mucha gente con enfermos de todo tipo, y se pone a curar. ¿No nos querrá decir el Señor que el mejor sermón es ponerse a hacer el bien? ¿No nos insinúa que las palabras deben ir necesariamente acompañadas de las buenas obras?  En este evangelio aparece   una de las frases más bellas de Jesús: “Siento compasión de la gente”. Jesús miraba a la gente “con los ojos del corazón”. No podía ver sufrir y quedarse sin hacer nada. A la gente que veía sufrir la metía dentro de su piel, más aún, dentro de su propio corazón. Y quisiera terminar con otro pensamiento: “de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas”. Los que hemos vivido en países de Misión sabemos todo lo que allá se puede hacer “con lo que a nosotros nos sobra”. Con los alimentos que nos sobran, con los vestidos que nos sobran, con los zapatos que nos sobran, con el dinero que nos sobra, y con todo lo que derrochamos, podrían comer millones  de niños en los países del Tercer Mundo.  

Palabra del Papa

         “Frente a la multitud que lo sigue y -por así decir- ‘no lo deja en paz’, Jesús no actúa con irritación, no dice ‘esta gente me molesta’. Jesús  siente compasión, porque sabe que no lo buscan por curiosidad, sino por necesidad. Estemos atentos, compasión es lo que siente Jesús. No es simplemente sentir piedad, es más, significa misericordia, es decir, identificarse con el sufrimiento del otro, al punto de cargarlo en sí mismo. Así es Jesús, sufre junto a nosotros, sufre con nosotros, sufre por nosotros. Y el signo de esta compasión son las numerosas curaciones que hace. Jesús nos enseña a anteponer las necesidades de los pobres a las nuestras. Nuestras exigencias, aún legítimas, no serán nunca tan urgentes como las de los pobres, que no tienen lo necesario para vivir. Nosotros hablamos a menudo de los pobres, pero cuando hablamos de los pobres ¿sentimos a ese hombre, esa mujer, ese niño que no tiene lo necesario para vivir? No tienen para comer, no tienen para vestirse, no tienen la posibilidad de medicinas, también los niños que no pueden ir al colegio. Es por esto que nuestras exigencias, aún legítimas, no serán nunca tan urgentes como la de los pobres que no tienen lo necesario para vivir. (Papa Francisco, 3 de agosto de 2014)

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Me privo de algo que a mí me sobra y lo doy a Manos Unidas.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, yo quiero ser maestro; pero no de palabras, de conferencias, de discursos. No quiero dar estas lecciones a nadie. Como Tú, quiero ser maestro de vida, quiero enseñar con mis manos, con mis pies, con mis ojos, y, sobre todo, con mi corazón. Quiero estar atento a las necesidades de mis hermanos los más pobres, los más pequeños. Y quiero darles algo que a mí me sobra y a ellos les falta. Gracias, Señor.

Comentario – Miércoles I de Adviento

Mateo 15, 29-37

Muchas gentes fueron a Jesús llevando consigo cojos, ciegos, baldados, mudos y otros muchos enfermos.
He ahí la pobre humanidad que corre tras de Ti, Señor. La lista de San Mateo es significativa, por la acumulación de miserias humanas.

La atención de Dios va en primer lugar hacia estos. La misericordia amorosa de Dios se interesa primero por los que sufren, por los pobres, por los enfermos.

En este tiempo de Adviento, propio para reflexionar sobre la espera de Dios que se encuentra en el corazón de los hombres, es muy provechoso contemplar esta escena: «Jesús rodeado… Jesús acaparado… Jesús buscado… por los baldados, los achacosos.

Y los pusieron a sus pies y El los curó.

Es el signo de la venida del Mesías: el mal retrocede, la desgracia es vencida.

¿Es éste también el signo que yo mismo doy siempre que puedo? ¿Procuro también que el mal retroceda? Y mi simpatía, ¿va siempre hacia los desheredados? Mi plegaria y mi acción ¿caminan en este sentido?

Entonces la multitud estaba asombrada… y glorificaron a Dios.

La venida del Señor es una fiesta para los que sufren. Cuando Dios pasa deja una estela de alegría.

¿Me sucede lo mismo cuando trato de revelar a Dios?

Sé muy bien, Señor, que las miserias materiales no suelen ser aliviadas hoy; quedan muchos baldados, ciegos, achacosos… Es una de las graves cuestiones de nuestra fe.

Quiero creer, sin embargo, que Tu proyecto es suprimir todo mal.

Quiero participar en él… con la esperanza de que por fin el mal desaparecerá.

Y aún cuando desgraciadamente, las miserias físicas no puedan ser siempre suprimidas, creo que es posible a veces transfigurarlas un poco.

Señor, da ese valor y esa transfiguración a todos los angustiados.

Y Jesús, convocados sus discípulos, dijo: «Tengo compasión de estas turbas…»

Jesús está visiblemente emocionado. Hay una emoción sensible en estas palabras. Contemplo este sentimiento tan humano en su corazón de hombre y en su corazón de Dios. Hoy todavía Jesús nos repite que se apiada y sufre con los que sufren.

Si «llama a sus amigos», es para hacerles participar de su sentimiento.

¿Ante quiénes, experimenta hoy Jesús lo mismo? ¿A quiénes quiere hacerles partícipes de su actitud de amor?

«No tienen qué comer, y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino…

¿Cuántos panes tenéis?… El Señor nos invita a prestar atención al grave problema del hambre. Los que hoy tienen hambre. Todas las hambres: el hambre material, el hambre espiritual.

Siete panes y algunos pececillos…

Es de este «poco» que va a salir todo. Siete panes no es mucho para una muchedumbre. Es en el reparto fraterno que se encuentra la solución del hambre y en el amor siempre atento a los demás.

Jesús multiplica.

Pero ello ha tenido un primer punto de partida humano, modesto y pequeño. A pesar de ver cuan insuficientes son mis pobres esfuerzos, ¿no debo, sin embargo, hacer ese esfuerzo?

Señor, he aquí mis siete panes, ¡multiplícalos!

Noel Quesson
Evangelios 1

¡Qué admirable intercambio!

El Hijo de Dios en persona, aquel que existe desde toda la eternidad, aquel que es invisible, incomprensible, incorpóreo, principio de principio, luz de luz, fuente de vida e inmortalidad, expresión del supremo arquetipo, sello inmutable, imagen fidelísima, palabra y pensamiento del Padre, él mismo viene en ayuda de la criatura, que es su imagen: por amor del hombre se hace hombre, por amor a mi alma se une a un alma intelectual, para purificar a aquellos a quienes se ha hecho semejante, asumiendo todo lo humano, excepto el pecado. Fue concebido en el seno de la Virgen, previamente purificada en su cuerpo y en su alma por el Espíritu (ya que convenía honrar el hecho de la generación, destacando al mismo tiempo la preeminencia de la virginidad); y así, siendo Dios, nació con la naturaleza humana que había asumido, y unió en su persona dos cosas entre sí contrarias, a saber, la carne y el espíritu, de las cuales una confirió la divinidad, otra la recibió.

Enriquece a los demás, haciéndose pobre él mismo, ya que acepta la pobreza de mi condición humana para que yo pueda conseguir las riquezas de su divinidad.

Él, que posee en todo la plenitud, se anonada a sí mismo, ya que, por un tiempo, se priva de su gloria, para que yo pueda ser partícipe de su plenitud.

¿Qué son estas riquezas de su bondad? ¿Qué es este misterio en favor mío? Yo recibí la imagen divina, mas no supe conservarla. Ahora él asume mi condición humana, para salvar aquella imagen y dar la inmortalidad a esta condición mía; establece con nosotros un segundo consorcio mucho más admirable que el primero.

Convenía que la naturaleza humana fuera santificada mediante la asunción de esta humanidad por Dios; así, superado el tirano por una fuerza superior, el mismo Dios nos concedería de nuevo la liberación y nos llamaría a sí por mediación del Hijo. Todo ello para gloria del Padre, a la cual vemos que subordina siempre el Hijo toda su actuación.

El buen Pastor que dio su vida por las ovejas salió en busca de la oveja descarriada, por los montes y collados donde sacrificábamos a los ídolos; halló a la oveja descarriada y, una vez hallada, la tomó sobre sus hombros, los mismos que cargaron con la cruz, y la condujo así a la vida celestial.

A aquella primera lámpara, que fue el Precursor, sigue esta luz clarísima; a la voz, sigue la Palabra; al amigo del esposo, el esposo mismo, que prepara para el Señor un pueblo bien dispuesto, predisponiéndolo para el Espíritu con la previa purificación del agua.

Fue necesario que Dios se hiciera hombre y muriera, para que nosotros tuviéramos vida. Hemos muerto con él, para ser purificados; hemos resucitado con él, porque con él hemos muerto; hemos sido glorificados con él, porque con él hemos resucitado.

San Gregorio Nacianceno
(Sermón 45, 9. 22. 26. 28: PG 36, 634-63s. 654. 658-659. 662)

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Predicación de Juan Bautista – Lucas 3, 1-6

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán , predicando un bautismo de conversion para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios»

Explicación

Juan Bautista, hijo de Zacarías y de Isabel, pasaba algún tiempo en el desierto, a solas, sin ruidos ni nada que le pudiera distraer. Y allí permanecía a la escucha de la Palabra de Dios. Cuando escuchó el deseo de Dios, se puso en camino hacia los pueblos cercanos al río Jordán, y decía a la gente, con palabras del Profeta Isaías: ¡Preparad el camino al Señor! Allanad los senderos. Que los valles se eleven , los montes se abajen y lo torcido se enderece. ( Se refería no a los caminos de la tierra sino a los del corazón de cada persona )

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

Lucas: ¡Hola, amigos y amigas!

Niño 1: ¿Quién eres tú?

Lucas: ¿No lo recuerdas? Soy el evangelista Lucas. Este año os voy a acompañar muchos domingos.

Niño 1: ¿Qué bien, Lucas! ¿Y qué nos vas a contar hoy?

Lucas: Hoy os hablaré de un amigo de Jesús que intentó prepararle el camino y se llamaba Juan, de sobrenombre “el Bautista”. Escuchad: En el año 15 del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisario, virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Niño 2: ¡Sabes muchas cosas de Juan! Has debido estudiar un montón…

Lucas: Sí, he estudiado bastante. Yo era médico y lo dejé todo para explicar a los demás lo bueno que era Jesús de Nazaret.

Niño 1: Juan también lo dejó todo y se fue a vivir al desierto. Bautizaba en el río Jordán a quienes querían convertirse para recibir bien a Jesús.

Lucas: Tienes razón. Juan intentaba que todas las personas fueran un poco mejores, porque sabía que Jesús era el Hijo de Dios y venía a salvarnos.

Niño 2: ¿Y las personas de entonces hicieron caso a Juan?

Lucas: Unos sí y otros no, y eso que Juan gritaba muy fuerte. Escuchad.

Juan: ¡Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos; que se eleven los valles y desciendan los montes y las colinas; que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale! ¡Y todos verán la salvación de Dios!

Niño 1: ¡Para preparar un camino al Señor como el que dice Juan, se necesitan muchas máquinas de obras públicas!

Lucas: Me parece que Juan no habla de los caminos de tierra, ni de carreteras…

Juan: Es verdad, yo hablo de los caminos del corazón, que pueden estar llenos de cosas buenas o de cosas malas.

Niño 2: ¡Claro! De mentiras, peleas, palabrotas y muchos de esos agujeros y baches.

Juan: Esos son los caminos que hay que preparar. Así todos veréis la salvación de Dios.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Juan el precursor (Oración ante la Corona de Adviento)

JUAN EL PRECURSOR

 

«Pueblo de Sión: mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El Señor hará oír su voz gloriosa en la alegría de vuestro corazón. (Antífona de Entrada Is 30, 19.30)

«Señor todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente del esplendor de su Gloria.

COMIENZO DE LA CELEBRACIÓN EN TORNO A LA CORONA DE ADVIENTO

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén

Guía: Ven Espíritu Santo,

Todos: Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Guía: Envía tu Espíritu creador.

Todos: Y renovarás la faz de la tierra.

Guía: ¡Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de sus consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

 

Bienvenida

Guía: Una vez más nos reunimos, atentos al anuncio de la llegada de Dios nuestro Señor. Se acerca la gran fiesta de Navidad, la fiesta del Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en Belén y en nuestros corazones. Preparémonos a recibir a nuestro Salvador reuniéndonos en torno a esta corona.

Se enciende la segunda vela

Guía: Escuchemos la palabra de Dios.

Lector: Lectura del santo evangelio según Lucas 3, 1-6

En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Itumea y Tracónitide, Lisanio tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: “Voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados; lo torcido será enderezado, lo escabroso será camino llano. Y toda carne verá la salvación de Dios”.

Lector: Palabra de Dios.

Todos: «Credo».

Reflexión

Guía: La venida de Cristo exige una continua conversión. El tiempo del Adviento, es una llamada a la conversión para preparar los caminos del Señor y acoger al Señor que viene. El Señor ya no quiere nacer en una cueva, el Señor quiere nacer, ahora, en cada uno de los corazones de los hombres.

 

Diálogo

Después de unos momentos de silencio el guía debe motivar que los participantes hagan comentarios sobre el texto bíblico. Para terminar este diálogo se invita a los presentes a hacer un compromiso.

 

Compromiso

Guía: Pongámonos en presencia de Dios y meditemos:

  • En el contacto con Dios, a través de la oración nos damos cuenta de lo que aún tenemos que cambiar. La conversión es un proceso de todos los días, y tiene sólo un límite: el ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto.

Reflexión en silencio

Despedida

Guía: Señor, gracias por reunirnos una vez más en torno a esta corona. Ayúdanos a vivir intensamente este Adviento y prepararnos para recibirte. Por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Comentario al evangelio – Miércoles I de Adviento

Con la solemnidad litúrgica de todos los santos la Iglesia proclama la santidad anónima, pero no por ello menos eximia, de tantos hombres y mujeres que forman el séquito de Cristo. Esa gran muchedumbre que -según el vidente del libro del Apocalipsis- nadie podía contar. Pertenecientes a todas las razas y tribus y pueblos y lenguas: apóstoles, mártires, vírgenes, confesores, doctores, pastores, santos varones, santas mujeres (según la terminología del santoral)… Y aún podríamos añadir nombres de los diversos oficios y condiciones de vida, y la lista de santos y santas sería interminable.

Los santos y santas anónimos son esos que nos han precedido en la tierra llevando una “vida corriente”, que nos estimulan con su ejemplo y que ahora interceden ante Dios por nosotros.

“¿Será difícil ser santo?”, se preguntan algunas personas. La verdad es que lo difícil, difícil, es que la santidad -de existir- sea reconocida oficialmente. Para eso, debe producirse algún que otro milagro, además de requerir un papeleo interminable y el empleo de no pocos recursos económicos. Así van las cosas de palacio… Pero ser santo o santa -según el caso-, que eso es lo importante, está al alcance de nuestra mano, contando siempre con la gracia de Dios.

Alguien dijo que, para ser santo, no hay que hacer nada extraordinario. Basta con hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias. ¡Eso es nada! En el cielo -cuando vayamos- nos encontraremos con mucha gente sencilla que estará rodeada de un halo de santidad esplendoroso porque aquí, en la tierra, realizaron a la perfección sus deberes familiares, cívicos y religiosos sin llamar la atención: padres y madres, abuelos y abuelas, vecinos, colegas de profesión y cientos de miles de seres anónimos, a algunos de los cuales conocimos algún día o nos cruzamos con ellos en la calle, en el metro, o coincidimos con ellos en el ascensor de nuestra casa, etc.

Seamos santos porque santo es el Señor. Eso va por todos.

Ciudad Redonda

Meditación – Miércoles I de Adviento

Hoy es miércoles I de Adviento.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 15, 29-37):

En aquel tiempo, pasando de allí, Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y Él los curó. De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel.

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino». Le dicen los discípulos: «¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?». Díceles Jesús: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos». El mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.

Jesús subió al monte y se sentó; esperó que llegaran a Él los que quisieran. A unos pide que le sigan, como hizo con los apóstoles; a estos les pide, pero a muchos, se sienta a esperarlos.

Mira que Jesús está sentado esperándote a que vayas a Él; está en el Sagrario de todas las Iglesias. Ve y dile que sufres sin Él, que tu vida no es vida sin Él, que lo necesitas como necesita del agua el que tiene sed. Ve y dile que te cure, que te sane, que te devuelva la alegría de vivir, porque sufres y te falta el agua que sacia, el agua que es Él.

¡Corre!

P. Jesús

Liturgia – Miércoles I de Adviento

MIÉRCOLES DE LA I SEMANA DE ADVIENTO, feria

Misa de feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio I o III de Adviento.

Leccionario: Vol. II

  • Is 25, 6-10a. El Señor invita a su festín y enjuga las lágrimas de todos los rostros.
  • Sal 22.Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
  • Mt 15, 29-37.Jesús cura a muchos y multiplica los panes.

Antífona de entrada Cfr Hab 2, 3; 1Cor 4, 5
El Señor llegará y no tardará, él iluminará lo que esconden las tinieblas y se manifestará a todos los pueblos.

Monición de entrada y acto penitencial
Para Isaías el signo peculiar de los tiempos mesiánicos es que, por medio del Mesías, Dios dará a su pueblo abundancia de alimento y de bebida. El pueblo anhela la vida y la paz. Los prisioneros quieren quedar libres, los ciegos quieren ver, los hambrientos quieren pan. Pero también, así mismo, el pueblo tiene hambre de consuelo, amistad, perdón, entendimiento, aceptación, justicia, a mor. Estos deseos serán colmados cuando Jesús, el Mesías llegue. Él dará alimento al pueblo hambriento. Y nosotros sus discípulos, tenemos también que satisfacer el hambre de los hermanos, porque él quiere actuar por medio de nosotros.

            Yo confieso…

Oración colecta
SEÑOR y Dios nuestro,
prepara nuestros corazones con tu poder divino,
para que cuando llegue Cristo, tu Hijo,
nos encuentre dignos del banquete de la vida eterna
y merezcamos recibir de su mano el alimento celestial.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos al Señor, nuestro Dios.

1.- Para que aleje de la Iglesia todo mal. Roguemos al Señor.

2.- Para que no falten los sacerdotes que multipliquen para todos la eucaristía, pan de vida. Roguemos al Señor.

3.- Para que sacie el hambre del mundo. Roguemos al Señor.

4.- Para que cure a todos los enfermos. Roguemos al Señor.

5.- Para que nos reconforte con el gozo de la salvación. Roguemos al Señor.

Escúchanos, Señor, que sepamos anunciar a todos, con nuestro amor compasivo, al que viene a curarnos y saciar nuestra hambre: Jesucristo, Señor nuestro. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
HAZ, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio
como expresión de nuestra propia entrega,
para que se realice el santo sacramento que tú instituiste
y se lleve a cabo en nosotros eficazmente la obra de tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I o III de Adviento

Antífona de comunión Is 40, 10; Cf. 35, 5
Nuestro Señor llega con poder para iluminar los ojos de sus siervos.

Oración después de la comunión
IMPLORAMOS tu misericordia, Señor,
para que este divino alimento que hemos recibido,
nos purifique del pecado y nos prepare a las fiestas que se acercan.
Por Jesucristo, nuestro Señor.